Un
amigo me contó hace tiempo que tuvo un chofer que le resultó un perfecto dolor
de cabeza. No conocía la ciudad, el carro lo andaba siempre sucio, era mal
conductor y faltaba mucho a trabajar. Su única habilidad al volante era su gran
puntería para atinarle a los baches. A pesar de la ineptitud de la persona, lo conservaba
porque alguien a quien le tenía mucho aprecio se lo había recomendado. No
quería faltar a su palabra. Y así pasaron varios meses hasta que dicho
individuo rebasó el límite.
Cierto
día el coche fue llevado al taller por sobrecalentamiento, ya que al chofer se
le había olvidado ponerle anticongelante. Y al ver mi amigo que su carro no
salía del taller después de dos semanas y de desembolsar varios miles de pesos,
se presentó personalmente a reclamarle al mecánico. Se encontró con que su auto
estaba listo desde el día siguiente de haber sido ingresado, que lo único que
se le hizo fue cambiarle una manguera cuyo costo no rebasaba ni los cuatrocientos
pesos, y que cinco días antes el chofer se había llevado la batería y hasta la
llanta de repuesto.
En
el colmo, ese joven que hizo todo lo posible para defraudar la confianza hasta
quedar convertido en un vil ladrón, regresó a pedir trabajo. Cínico. Obviamente,
mi amigo ni siquiera le abrió la puerta y le exigió que se marchara si no
quería que llamaran a la policía.
En
su lugar, usted qué hubiera hecho, ¿le volvería a dar empleo a la servidumbre
que le robó, que lo humilló y que se burló en su cara?
Eso,
desde luego, es cuestión de moralidad, de honor y hasta de orgullo propio si
quiere verlo así. Si eso mismo lo llevamos al terreno político, considerando
que todos los servidores públicos son al mismo tiempo nuestros empleados, ¿estaría
usted de acuerdo que el gobernante de ayer, la “chacha” de ayer que robó, humilló
y se burló en la cara de los chiapanecos, volviera a tener un cargo en el
gobierno? No lo creo.
Pero
así como aquel chofer que tuvo la insolencia de regresar a pedir trabajo a la persona
que tanto perjudicó, Pablo Salazar y Juan Sabines Guerrero están suplicando por
puestos en el gobierno para sus aliados y ex funcionarios, y a través de ellos seguir
teniendo poder en el estado y vivir a expensas de la sociedad a la que dañaron
y despojaron de sus riquezas.
CHACHAS
DESGRACIADAS
Dice
un proverbio bíblico que sólo los perros vuelven a su vómito, así como sólo los
necios repiten su necedad. Y tanto Pablo como Sabines han regresado a su pestilente
vómito, que es símbolo de la corrupción, malos manejos y abusos de autoridad que
dejaron tras su paso en el poder.
Este
asunto debe entenderse primeramente desde el punto de vista político. ¿Cuán
benéfico puede ser para el próximo gobierno morenista tener gente de Juan
Sabines o Pablo Salazar mandando en las distintas dependencias estatales? Y ¿estaría
dispuesto el futuro gobernador a poner en riesgo la credibilidad y la
certidumbre de su administración al contratar servidumbre de pésima reputación
y ruin?
¿Qué
pasaría si se le conceden puestos ejecutivos a Pablo Salazar Mendiguchía? En
primer lugar, se entendería como si se estuvieran perdonando los actos de
corrupción, las desapariciones forzadas, los encarcelamientos injustificados y
los presuntos asesinatos que ocurrieron durante ese gobierno. Se interpretaría,
además, como una dádiva política, como un pacto de impunidad.
Por
consiguiente, es permitir que sigan sin recibir justicia los padres de los 35
recién nacidos que perdieron la vida en un hospital público por negligencia
gubernamental; es olvidar que varios periodistas tuvieron que huir del estado o
que fueron puestos en prisión por ejercer su derecho a la libertad de expresión;
es dejar que la represión al magisterio y a los normalistas siga siendo una
herida abierta; es como girar la orden para que las denuncias penales contra el
exgobernador continúen engavetadas; es burlarse de las centenares de familias
que después de 13 años de haber ocurrido el huracán Stan siguen viviendo en
condiciones inhumanas, con casas de paredes y techos de cartón, sin piso, sin
luz eléctrica, ni agua potable, y todo porque presuntamente Salazar desvió 11
mil millones de pesos que eran para la reconstrucción.
En
segundo lugar, es darle poder a un ex mandatario que utilizó las instituciones
para beneficio personal. Las que no pudo controlar, como la Comisión Estatal de
Derechos Humanos por ejemplo, persiguió a sus titulares, los amenazó, los mandó
golpear y tuvo siempre el respaldo del Congreso del Estado y el Poder Judicial.
¿Qué pueden hacer Pablo Salazar y sus ex colaboradores para la sana gobernanza en
Chiapas si cuando gobernaron la única política pública visible fue la coerción
y el chantaje?
Juan
Sabines Guerrero es la hechura fidedigna de Pablo Salazar, quien abogó por su candidatura
al gobierno del estado, dispuso de toda la estructura gubernamental para su campaña
política de 2006 y lo hizo ganar mediante un fraude electoral donde hasta
Mariano Herrán Salvatti fue captado rellenando urnas con votos a favor de
Sabines.
Por
lo tanto, si la pandilla de Sabines Guerrero vuelve al poder el gobierno
entrante se estaría contaminando de tres cualidades que distinguieron al
régimen sabinista: la traición, el vicio y el enriquecimiento ilícito.
Juan
Sabines no sólo traicionó la confianza del pueblo, pues él fue quien envió a la
cárcel a su principal benefactor, Pablo Salazar, a quien acusó de peculado,
asociación delictuosa, entre otros.
No
olvidemos, también, que los altos funcionarios de ese sexenio se la pasaron en
la fiesta, como Noé Castañón León, ex secretario general de gobierno, quien
tenía una oficina alterna por el rumbo de la colonia Los Manguitos que más bien
era una cantina donde se llegaban a embriagar los amigos del también ex
ministro de la SCJN. Eso sin mencionar los bacanales del exgobernador con artistas,
deportistas y cantantes, como Emmanuel, quien a través de su fundación desapareció
300 millones de pesos que habían sido destinados para la recuperación del Río
Sabinal.
Por
último, no debemos pasar inadvertida la riqueza que acumularon políticos como
Nemesio Ponce, Yassir Vázquez Hernández, Alejandro Gamboa, Mauricio Perkins,
Carlos Jair Bolaños Cacho, Harvey Gutiérrez, Juan Carlos López Fernández, Rosario
Pariente, Samuel Toledo, por mencionar algunos, quienes son empresarios,
poderosos ganaderos o simplemente llevan una vida de lujos y excentricidades
que lograron a costa del sufrimiento de los chiapanecos.
En
resumen, Sabines Guerrero y sus allegados son los causantes del endeudamiento
estatal que sobrepasa los 40 mil millones de pesos, y que nosotros tendremos que pagar por las
siguientes tres generaciones.
ÉTICA,
LEALTAD Y JUSTICIA
Ahora,
desde el punto de vista social, consentir que Pablo Salazar y Juan Sabines
metan las manos en el gobierno significaría no respetar la voluntad del pueblo,
traicionar la confianza que los ciudadanos depositaron en las urnas el 1º de
julio, desestimar la democracia y olvidarse de las promesas de un nuevo régimen.
Sería como querer construir una nueva historia, pero con los cimientos del
pasado.
Es
cierto: no es infrecuente el tráfico de lealtades. Pero es precisamente ese
hábito el que ha producido el desprestigio de los gobiernos. En el pasado los
gobernantes se sintieron dueños del estado y prostituyeron sus administraciones,
no porque era parte de la tradición, sino porque les convenía. Y con eso la
oferta del comienzo ético quedó, desde el primer momento, en ridículo.
Pactar
con lo peor del pasado (Salazar y Sabines, no cabe duda, son lo peor de lo
peor), sería un acto de corrupción bajo cualquier arista. Las cuotas de poder no
se pueden entregar envueltas en cargos públicos como si éstas fueran las
monedas que se tienen en el bolsillo. Sería como tratar el gobierno como
mercancía, no como un pacto de lealtad con los votantes.
Eso
debe cambiar el Doctor Rutilio Escandón Cadenas, quien no le debe nada a
ninguno de esos dos. Impedirlo para no mancillar lo que se vislumbra como un fuerte
cambio de gobierno, de progreso con paz social, y de paz social con equidad. De
entrada, no creo que en sus pensamientos esté abrirle espacios a la corrupción
y la impunidad.
Se
debe dar la espalda a esos exgobernadores por ética de gobierno, pero también por
orgullo y dignidad. El nuevo régimen tiene que bautizarse con justicia para que
su credibilidad crezca y los perros no vuelvan más por su vómito. ¡Chao!
@_MarioCaballero
Comentarios
Publicar un comentario