La
película La ley de Herodes ha sido muchas veces confundida con la novela del
escritor guanajuatense Jorge Ibargüengoitia, que lleva el mismo nombre pero que
no tiene ninguna relación. Sin embargo, la lucidez con que este film mexicano
revela la realidad política de México es extraordinaria. No sólo la actuación y
la calidad de los diálogos son destacables, sino también la trama: un hombre
pobre y honesto que tras recibir un poco de poder se convierte en un gobernante
avaricioso e inhumano capaz de cometer los peores crímenes.
La
historia se desarrolla en San Pedro de los Saguaros, Michoacán, un pueblo
miserable y polvoriento donde mandan el presidente municipal, el sacerdote y la
madrota, quienes se enriquecen con el trabajo de los indios. Simbólicamente son
México, el gobierno, la Iglesia Católica y los empresarios, enredados en una
madeja de complicidades en la que la política está al servicio de la élite y
alejada de los intereses comunes.
Hasta
ese desgraciado lugar llegó Juan Vargas acompañado de su señora esposa. No llevaba
más que un par de maletas y un viejo automóvil descascarado. Era pobre, ya que
antes de que obtuviera el puesto de alcalde interino era el administrador de un
basurero. Así que cuando el gobernador lo mandó a llamar para darle el
nombramiento, sintió que se le hacía justicia por los muchos años de militancia.
“Te lo dije, vieja, que algún día iban a ver lo valioso que soy para el
partido”, le dijo a su consorte mientras se instalaban en una casucha que se
caía a pedazos.
En
un primer momento pensó en luchar por el desarrollo de los habitantes y
gestionar obras. Así que viajó a la capital del estado y el gobernador se burló
de sus buenos deseos. Aquí no hay dinero para nada de eso -le dijo-, pero te
voy a ayudar. Le dio una pistola y una copia de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos.
Aquí
le doy la razón a López Obrador que calificó como mafia del poder al grupo que gobernó
durante más de siete décadas a México, mafia política que hizo del crimen su
modo de vida. Y eso lo entendió muy bien Juan Vargas después de su encuentro
con el gobernador. Supo que el poder hace más fácil el camino a la riqueza y
redistribuye las ganancias políticas entre los miembros de la cúpula.
De
tal modo, tomó la Constitución y la puso sobre su vetusto escritorio, releyó
cada uno de los artículos y los fue modificando para satisfacer su apetito de
poder. El único facultado para cambiar las leyes es el Congreso, pero Juan
Vargas arrancó las hojas y le fue dictando a Pek, su secretario, los nuevos
artículos.
Con
esas “reformas” hizo que los habitantes pagaran impuestos por cualquier cosa. En
su locura incrementó el periodo de gobierno de tres a ocho años, con opción de
reelegirse hasta diez veces. Nada quedó de aquel hombre que soñaba con
transformar la localidad. En su lugar nació un político corrupto y sanguinario
que se apropió del pueblo.
Ante
su poder, el cura se hizo un aliado, pero no doña Lupe, la dueña del congal que
lo recriminaba por los altos impuestos y por abusar de las muchachas. Pues a
Juan Vargas no le bastaba el efectivo, también cobraba con cuerpo. Empero, una
noche la matrona se negó a continuar soportando los abusos del presidente
municipal y éste la mató a tiros por amenazarlo y convertirse en un obstáculo
para sus pretensiones.
LOS
CÓRDOVA
La
Ley de Herodes, por supuesto, no es de las mejores cintas del cine mexicano, aunque
la ficción que guarda ha cobrado vigencia en la realidad de muchos municipios de
Chiapas que han sido gobernados por auténticos caciques que se sienten dueños
de la vida de sus gobernados.
“El
Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza en
vivir a expensas de todo el mundo”, escribió Frederick Bastiat. En el municipio
La Concordia hay una familia que vive a expensas del sufrimiento, las
carencias, la falta de oportunidades y del dinero público: los Córdova García.
Miguel
Ángel Córdova Ochoa es el Juan Vargas de la vida real. Hoy es sin duda un
hombre poderoso y rico, pero antes de eso era un miserable que no tenía ni para
darle de comer a su familia.
De
2002 a 2004 fue presidente municipal de La Concordia. Desde ese tiempo se le
conoce con el apelativo del amigo Migue, pero su gestión fue un fracaso. No
realizó ninguna obra, y sí estuvo implicado en presuntos desvíos de dinero público
que según fue invertido en terrenos, ranchos, casas, joyas y automóviles del
año.
Después
de eso se relacionó con el exgobernador Juan Sabines Guerrero, y aunque no fue
de los consentidos de ese sexenio fue diputado local.
En
el gobierno de Manuel Velasco fue titular de la Secretaría de Desarrollo y
Participación Social, dependencia estatal que convirtió en una cueva de
ladrones. En la nómina incrustó a sus familiares, amigos y compadres, y con sus
principales colaboradores urdió una red de corrupción con la que supuestamente desvió
dinero a sus cuentas personales, acosó a los trabajadores y dotó de recursos
financieros, humanos y materiales al Partido Chiapas Unido, propiedad de
Sabines Guerrero.
Después
de ser secretario fue nombrado dirigente estatal de dicho organismo político,
pero seguía teniendo metidas las manos en el presupuesto de Sedepas, donde el
desfalco a los programas sociales está cuantificado en varias decenas de
millones de pesos.
Herodes
le heredó el poder a sus tres hijos: Arquelao, Herodes Antipas y Filipo. Igual hizo
Córdova Ochoa, quien primero promovió la candidatura de su hijo Emmanuel
Córdova García a la alcaldía de La Concordia, en 2015. Se dijo que Emmanuel ejerció
muchísimo dinero para hacer campaña, además de que contó con personal y
camionetas de la secretaría.
Durante
el tiempo que duró ese proceso electoral se denunció que en la entrada al
municipio, conocido como El zapotal, hombres armados detenían a los
automovilistas con el pretexto de revisar si llevaban armas o drogas, pero al
final los amenazaban: “Emmanuel es nuestro candidato. Ahí les encargamos”.
Emmanuel
Córdova fue presidente municipal de 2015 a 2018. Y si la gestión de su padre
fue una catástrofe, la de él fue incluso peor. Los pobladores señalaron que era
un borracho que toda la semana se la pasaba de antro en antro en Tuxtla
Gutiérrez, y que cuando estaba en la ciudad siempre andaba empistolado y
acompañado de un grupo armado con el que intimidaba a los líderes campesinos y
a sus opositores políticos. Así, mientras el joven alcalde se la pasaba en las
carreras de caballos o rehabilitándose en algún centro para enfermos
alcohólicos, Miguel Ángel Córdova gobernaba el municipio.
Este
2018, Córdova Ochoa hizo hasta lo imposible para que Emmanuel fuera sustituido
en la alcaldía por José Miguel Córdova García, su otro hijo. Lo hizo a pesar
del hartazgo de la gente que acusa a toda su familia de enriquecerse con el
dinero del pueblo. Cuentan que el día de la elección El amigo Migue contrató un
grupo de pistoleros de Guatemala que se paseó por toda la ciudad amenazando a
los pobladores para que votaran por “El Mike”. Y éste ganó.
Hace
pocos días, una multitud salió a manifestarse a las calles de La Concordia en
contra de la imposición de Mike. Una manta decía: “A los Córdova García aquí ya
no los queremos”. Mientras eso ocurría en el municipio el nuevo alcalde estaba
festejando el cumpleaños de su hijo en Tuxtla Gutiérrez, en una fiesta que
costó casi un millón de pesos.
UN
FINAL FELIZ
La
Ley de Herodes carece de un final feliz. Juan Vargas termina huyendo del pueblo
para evitar ser linchado, pero al final se le ve tomando protesta como
diputado. Sus superiores lo protegieron y premiaron la corrupción. El final de la
historia del Amigo Migue y su familia debe ser diferente, en el que haya
justicia y los delincuentes acaben tras las rejas.
En
primer lugar, porque tanta riqueza es imposible que tenga orígenes lícitos. El
estilo de vida de esa familia es como la de los jeques, con lujos,
excentricidades y vicios costosos. Recientemente, importaron seis caballos de
carrera de Estados Unidos por un monto de 357 mil dólares.
Aparte,
se tiene que investigar cómo es que Dámaso Miriam García, esposa de Miguel Ángel
Córdova, se convirtió en criadora de ganado suizo americano cuando antes no
tenía ni para ir al mercado. También por la compra que hizo la familia de casi
300 hectáreas de riego en el ejido La Tigrilla y por los dos ranchos en La
Concordia valuados en muchos millones de pesos. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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