Cuántas
veces nos hemos topado con la frase “una cosa es una cosa y otra cosa es otra
cosa”. Una manera diferente de recitarla es “una cosa es lo que se dice y otra
lo que se hace”. Hago alusión a ellas tratando de explicar lo que dijo el fin
de semana pasado el presidente electo Andrés Manuel López Obrador en Hidalgo,
en su gira de agradecimiento. Pues estando en un mitin la gente gritó “¡Fuera!
¡Fuera!”, pero a Omar Fayad, gobernador de ese estado.
AMLO,
flemático, contestó: “Bueno, ya escuché. Pero ya ven cómo soy yo, que siempre
digo lo que pienso y siento. Yo no vengo a eso porque yo no soy un dictador, yo
no destituyo a nadie, es el pueblo el que destituye a los gobernantes y no
podemos actuar de manera arbitraria. Estamos construyendo una auténtica
democracia, no una dictadura. Yo no soy un cacique, que quede claro”. Genial.
Eso es lo que se espera de él: un gobernante tolerante y defensor de la
democracia. Pero, indudablemente, es uno en palabra y otro muy distinto en los
hechos.
Supongo
que de la misma forma en que un alcohólico no acepta su adicción al alcohol, tampoco
un ladrón anda divulgando sus fechorías. No creo que Hitler haya dicho en sus
muchos discursos su ambición por el poder. No lo hizo Chávez, ni Castro, ni
Maduro. Ni siquiera Porfirio Díaz. Es más usaron el mismo lenguaje político,
aunque en otras palabras, que López Obrador quien durante los pasados catorce
años ha hablado hasta el cansancio de desterrar el viejo régimen priista y
acabar con la corrupción mediante un transparente ejercicio democrático y el
uso efectivo de las leyes.
¿Es
usted un dictador? No, es lo que siempre ha contestado el futuro mandatario
cada vez que se lo cuestionan. Pero, vaya, no quiero que esto se malinterprete
y digan que estoy conjeturando que el tabasqueño sea un dictador porque tal vez
no lo es ni en lo más mínimo.
Sin
embargo, no podemos dejar de ver la destreza que tiene el presidente electo
para afianzar y ampliar el poder que le dieron los votantes en julio pasado.
Característica particular de los que después de llegar al gobierno bajo el
consentimiento del pueblo, acapararon más autoridad para volverse inamovibles en
el mando y dueños absolutos de la vida de sus gobernados.
TODO
EL PODER
El
Presidente de la República puede ser todo un estadista, lleno de ideas renovadoras
para elaborar las mejores políticas públicas y las iniciativas que México
necesita para salir del letargo, pero si no cuenta con el respaldo del Congreso
no es nada. ¿Cuántas reformas de Zedillo, Fox y Calderón se quedaron congeladas
en la Cámara de Diputados? Muchas. Por eso Peña Nieto tuvo que negociar con las
fuerzas opositoras del PAN y PRD (Pacto por México) para sacar adelante su puñado
de reformas a la constitución. Y López Obrador se está saltando incluso eso.
El
1º de julio, Morena obtuvo 191 diputados, pero hoy tiene una bancada de 252,
uno más que lo necesario para tener sola, sin sus aliados, la mayoría absoluta
en la Cámara.
¿Cómo
lo logró? Mediante una negociación política. Pidió a los legisladores electos del
PT y PES que se cambiaran formalmente la camiseta y se pusieran la de Morena.
Con este movimiento alcanzó a juntar 247, pero le faltaban cinco diputados para
tener la mayoría definitiva que es de 250+1, y esos se los dio el PVEM a cambio
de no sabemos qué cosa.
De
tal manera, como dueño de más del 50% de las curules, el partido de López
Obrador tiene la posibilidad de eliminar, modificar y crear las leyes que se le
vengan en gana, así como aprobar el presupuesto de 2019 a su antojo y sin
necesidad de negociar con sus opositores.
Ante
esto, el Congreso morenista no ha perdido el tiempo en utilizar su supremacía. Por
ejemplo, aprobó con mucha rapidez la ley que propone bajar a la mitad los
sueldos del sector público, que fue una promesa de campaña y parte fundamental
en la reasignación de los 500 mil millones de pesos del presupuesto con los que
aseguró mayor inversión en cultura, educación, salud y otros rubros.
Asimismo,
en el Senado, con esa misma velocidad presentó la propuesta para modificar la
reforma educativa, centrada en suspender la evaluación de los maestros como vía
de acceso, permanencia y expulsión del servicio profesional docente. No
olvidemos que la derogación de la Ley de Seguridad Interior y la reforma a la
Ley de Aguas también tomaron un curso legislativo demasiado rápido.
Ahora,
es interesante que bajo ese manto de poder absoluto el Congreso de Morena está
estableciendo la revocación de mandato en todos los niveles a partir de las
elecciones de 2021, y recortar a la mitad el financiamiento a los partidos
políticos.
¿Qué
se pude entender de esto último?
POR
TODAS LAS CANICAS
Lo
primero le brindará al entonces presidente López Obrador la oportunidad para
medir su popularidad en una campaña política en las elecciones intermedias.
Verá si sigue teniendo el mismo arrastre electoral que en 2018 o si disminuyó.
Si se mantiene en buen nivel, la campaña será un medio para reafirmarse, pero
¿qué pasará en caso de que vaya bajando su nivel de aceptación? ¿Cómo utilizará
el inmenso poder que desde ahora le pertenece?
Cuando
el rechazo social fue demasiado grande, Nicolás Maduro modificó la
constitución, creó una nueva Asamblea Legislativa con gente a modo y puso de su
lado al Ejército para reprimir las aspiraciones de la oposición. Él también
dijo que no era ningún dictador, pero dispuso de todo su poder para mantenerse
en el cargo. Eso sólo por mencionar algo que ojalá nunca suceda en nuestro
país.
Con
lo segundo AMLO está matando dos pájaros de un solo tiro. Mientras queda bien
con la sociedad que desde hace muchos años demanda la eliminación del
financiamiento a los partidos, por otro lado esa reducción presupuestal
representa un duro golpe a los partidos de oposición que aún no logran
sobreponerse a las votaciones de julio. Sin duda esa medida fortalece a Morena
y a nadie más.
Después
de la elección de julio, el PRI y el PAN quedaron en calidad de partidos
testimoniales y el PRD al borde del precipicio. Además, son organismos que no saben
hacer política sin dinero, pues todo lo que hacen en los comicios es con dinero
legal o ilegal, pero en fin con dinero.
Suponiendo
que sea aprobada la propuesta de Morena de recortar el presupuesto legal a la
mitad (ya que tiene el poder para aprobar cualquier cosa), Morena recibirá 720
millones de pesos (71 millones más que en 2018); el PRI, 363 millones (mil 326
millones menos que ahora); el PAN, 387 millones (894 millones menos en 2019) y
el PRD, 169 millones (604 millones menos que los que recibe actualmente). Es,
obviamente, un golpe maestro de López Obrador: una muy buena estrategia para
acabar con la oposición y más dolorosa que un gancho al hígado.
Sin
duda AMLO y Morena están construyendo su hegemonía sin perder ni un solo
minuto. Ganaron la Presidencia, el Congreso, tienen la facultad de controlar el
Poder Judicial y ahora buscan acabar con la oposición. Van de prisa por todas
las canicas.
Así
que no basta con que el presidente electo diga que no está construyendo una
dictadura, porque sus hechos dicen todo lo contrario. Piénselo.
PARA
MAGDALENA
INTERESANTE el trabajo que
está realizando el magistrado Juan Óscar Trinidad Palacios en el Poder Judicial
del Estado. Recientemente, juzgadoras de esa dependencia asistieron a un
encuentro internacional para analizar las resoluciones jurisdiccionales y las
buenas prácticas en materia de impartición de justicia con perspectiva de
género. También se han llevado a cabo talleres impartidos por profesionales de
renombre como María Eugenia Cortázar, exámenes de grado de maestría para
magistrados, cursos de profesionalización, entre otros. Por tales motivos,
podemos decir que ahora el Tribunal de Justicia está mucho más preparado que
nunca, con personal capacitado y profesional. No cabe duda que elegir a
Trinidad Palacios para hacerse cargo de tan encomiable cargo, que ha sabido
dirigir con autonomía, respeto a la ley y en conjunción con el Ejecutivo en una
productiva agenda de trabajo, fue lo mejor. Excelente… TAMBIÉN es interesante ver el nivel de rechazo a la familia Córdova
García en el municipio La Concordia. Nadie en ese lugar quiere ser gobernado
por el hijo de Miguel Ángel Córdova, “el amigo Migue”, a quien acusan de robarse
los recursos del pueblo y afianzar su gobierno con grupos paramilitares. Ya
hablaremos… ¡Chao!
@_MarioCaballero
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