EL MONSTRUO QUE ENCONTRÓ CARLOS



Se ha dicho muchas veces, pero no debemos olvidarlo: el 1º de julio fuimos testigos de la victoria más clara desde que las elecciones en México cuentan en verdad. Ganó, por supuesto, Andrés Manuel López Obrador, y con él muchos hombres y mujeres que no sólo se alzaron con un triunfo contundente, sino además adquirieron una responsabilidad tan grande como el tamaño de las expectativas que hay en ellos.

Entre esos triunfadores está Carlos Morales Vázquez, el morenista quien hace unos pocos días rindió protesta como alcalde de Tuxtla Gutiérrez. Político de experiencia, conocedor de la realidad que lo rodea y de gran capacidad para el cabildeo, confesó que obtuvo el mando de una ciudad en pleno desastre. Porque más allá del desprestigio, los escándalos de corrupción y abusos de poder que heredó del gobierno saliente, está el gravísimo problema de las vialidades, la falta de iluminación, el conflicto con la empresa Proactiva, la deuda pública y la carencia de recursos para salvar las necesidades más básicas. 

Nadie puede negar que temas como la basura, la reparación de calles y la inseguridad son prioritarios e insoslayables, pero existe otro monstruo quizá igual de dificultoso que esos: la corrupción imperante de SMAPA, que requerirá de todo el porte del nuevo presidente municipal para que por fin los tuxtlecos dejen de ser estafados por quienes hoy son los nuevos ricos de Chiapas.

SMAPA: CUEVA DE LADRONES

El Sistema Municipal de Agua Potable y Alcantarillado es una institución que tiene en el nombre su importancia. “El agua es vida”, dice un dicho y Smapa es el encargado de distribuirla en todos los hogares de la capital del estado, asimismo cuidar de la salud de toda la comunidad ya que también es su obligación el correcto funcionamiento de los desagües. Sin embargo, actualmente hay colonias enteras sin agua y por doquier se pueden ver drenajes colapsados y corrientes de aguas negras contaminando la ciudad.

No hay duda de que el mal desempeño de ese organismo depende directamente de la corrupción que hay en su interior. Muchos saben que cada gobernante en turno lo convirtió en una caja chica, donde familiares, amigos, amantes y allegados de los demás funcionarios cobraban un sueldo sin trabajar. Aunque el daño viene de hace mucho tiempo atrás, esa situación se agravó desde la gestión de Juan Sabines Guerrero. No obstante, lo ocurrido durante el gobierno de Fernando Castellanos Cal y Mayor es un asunto que no debe ni puede quedar impune.

En los primeros días de abril de 2016, alrededor de doscientos trabajadores de Smapa fueron despedidos, en su mayoría mujeres y madres solteras que no aceptaron las propuestas de los libidinosos directivos. A todas estas personas las separaron de sus cargos sin ninguna justificación y tampoco las liquidaron conforme lo marca lo ley.

Por ese despido masivo hubo una demanda que nunca prosperó. Se habló de que las influencias del presidente Castellanos Cal y Mayor con el poder estatal detuvo el curso del proceso legal. Además, los ex empleados acusaron de que los motivos de las destituciones eran falsos, ya que las autoridades alegaron que eran por falta de recursos pero la verdad es que sus puestos fueron ocupados por amigos y gente allegada al alcalde y a altos funcionarios municipales, especialmente al director administrativo de esa dependencia, Jonathan Díaz Gallegos.

Díaz Gallegos comandó las arbitrariedades en Smapa. Fue señalado, entre otras cosas, de desviar recursos del organismo a sus cuentas personales y juntar dinero para la campaña de Fernando Castellanos a la gubernatura de Chiapas. Para cumplir sus objetivos tejió una red de corrupción en la que participaron Alejandro Ríos Pfeiffer (quien pasó de chofer del ex alcalde Samuel Toledo (2012-2015) a dueño de residencias y carros de lujo), Luis Pavía, Fabián Tovilla Reyes (ex subdirector de Rezagos y antes de eso operador político de Castellanos Cal y Mayor en el IEPC durante la campaña de 2015), Cervando González y Armando Oltra Paniagua, éste último reconocido como la mano derecha de Jonathan.

Se estima que el fraude a Smapa, de octubre de 2015 a diciembre de 2017, es de al menos 650 millones de pesos. Hay rumores que nada más entre Fabían Tovilla y Luis Pavía desviaban 3 millones de pesos mensuales que entregaban a Díaz Gallegos, dinero que guardaban en una casa de seguridad cerca de San Cristóbal de las Casas, supuesta propiedad de Tovilla Reyes.

El 26 de julio de 2017, Tuxtla amaneció con decenas de lonas colocadas en puentes peatonales, cruceros y bulevares, en las que se reclamaban los actos de corrupción de Jonathan Díaz y la inoperancia de Smapa. En una decía: “Por tus aventuras amorosas, el SMAPA está quebrado”. Esa leyenda estaba acompañada por dos fotografías, una de Jonathan y la otra de una mujer llamada Gloria, su amante, quien aparecía en la nómina con un jugoso sueldo que cada quincena cobraba religiosamente pero sin trabajar.

Trabajadores de esa dependencia filtraron la nómina institucional y por ello se descubrió que habían al menos 60 aviadores, entre recomendados de Fernando Castellanos, el ex secretario del Trabajo Manuel Sobrino Durán, el ex subsecretario de Gobierno Jhovany Salazar et al.

La cantidad que se tenía que pagar cada mes por los sueldos de esos sesenta zánganos era de 873 mil 542 pesos con 34 centavos. Un desfalco descomunal para una ciudad henchida de necesidades que al finalizar este trienio arroja un saldo de 41 mil 616 personas que viven en pobreza extrema.

MÁS CORRUPCIÓN

En mayo de 2018, un grupo de empleados de esa organización exigieron al Cabildo municipal el despido de Jonathan Díaz al que acusaron de no pagar los salarios provenientes de la caja de ahorro, de cancelar los vales de despensa y deber los importes del servicio de salud. Un afectado, dijo: “Hace unos días un compañero llegó de urgencia al Sanatorio y le dijeron que el servicio no sería cubierto por Smapa porque no se habían realizado los pagos”.

Una trabajadora más, agremiada del sindicato de Smapa, confesó: “No tenemos servicio médico, tampoco medicamentos e incluso nos deben las facturas de los medicamentos que nosotros hemos tenido que pagar. Al menos a mí me cancelaron una cirugía porque el Smapa –me dijeron- no ha pagado nuestros servicios médicos”.

En esa misma reunión protestó en un grupo de jubilados: “Nosotros no venimos a agredir a nadie, lo único que queremos es que nos den nuestro dinero por el que ya trabajamos”. En otras palabras, Díaz Gallegos tenía como deporte acosar a los trabajadores y reprimir sus derechos laborales, cosa que hacía bajo el amparo del poder.

En esa serie de abusos, Jonathan Díaz se negó muchas veces a distribuir el agua en cientos de colonias por no querer pagar la factura de energía eléctrica. Por ese mismo motivo no hubo suministro en otras ocasiones, ya que Comisión Federal de Electricidad (CFE) había cortado la energía con la que se encienden las bombas.

Ahora, ¿dónde están los dos pesos que cada usuario paga por saneamiento y los 38 pesos por alcantarillado si ninguno de los dos servicios funciona correctamente? Es decir, ¿en los bolsillos de quién están los más de 4 millones 800 mil pesos que se recaudaron mensualmente por esos conceptos?

A esta corruptela hay que sumarle el importe de la renta mensual de los cien teléfonos celulares con los que se dice operaba Jonathan Díaz y su runfla de saqueadores.

UN DEBER QUE CUMPLIR

Todo gobierno que empieza siempre es una incógnita. Pero lo que sabemos es que Carlos Morales se hizo presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez dentro de un portentoso movimiento político, en una intensa emoción pública, en una campaña política que prometió acabar con la corrupción y la impunidad de los pasados gobernantes. Así que su compromiso con la sociedad es demasiado alto.

Es claro que no es ningún policía para perseguir a los delincuentes que se robaron nuestro dinero, pero tiene la facultad de exigir que sean investigados todos los antes mencionados porque detrás de él hay miles de votantes que esperan que cumpla su palabra.

De tal manera, si lograr el desarrollo de la capital de Chiapas es un reto que necesita mucho más tiempo que sólo tres años siquiera para ver un ligero avance, estoy seguro que si el presidente Carlos Morales pone empeño en hacer justicia por los actos de corrupción y latrocinio, los tuxtlecos estaremos más que satisfechos. ¡Chao!

@_MarioCaballero

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