EL ALFIL DEL PRESIDENTE LÓPEZ



En México muchas reformas han provocado revoluciones. La Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma, por ejemplo, que acotaron definitivamente el poder material y espiritual de la Iglesia, desató la guerra civil. Cuando Porfirio Díaz abrió las puertas a la inversión extranjera hubo un crecimiento económico firme, aunque esa media agravió a los campesinos que se vieron cercados por las modernas haciendas y fueron explotados por las compañías norteamericanas. Poco a poco la riqueza nacional fue quedando en manos de unas cuantas familias. Eso despertó sentimientos de ira contra el gobierno y terminó por desencadenar la Revolución Mexicana.

Las reformas que propuso Enrique Peña Nieto difícilmente pudieron desatar una revolución violenta, pero la reacción contra la mayoría de ellas ha sido intensa y provocó que grupúsculos hambrientos de poder y dinero levantaran movimientos radicales que desestabilizaron el gobierno y nos robaron la paz.

En retrospectiva, la administración de Peña Nieto no sólo fracasó por la corrupción de sus integrantes, sino también porque como resultado de las dichosas reformas constitucionales sobrevinieron los gasolinazos, las altas tarifas de la luz eléctrica, el encarecimiento de los alimentos, el cobro excesivo de impuestos que quién sabe a dónde fueron a parar; asimismo, los plantones, las marchas y los paros del magisterio que se opuso a la evaluación docente contemplada en las nuevas leyes de educación.

Y no podemos olvidar el saqueo, el vandalismo y los muertos que suscitaron en las distintas protestas sociales, ni la desigualdad y la pobreza que se recrudecieron más en este sexenio. Tenía mucha razón Octavio Paz cuando dijo que “del poder puede esperarse poco bien y mucho mal”, porque de esto último hubo sobradamente.

Para el futuro gobierno, Andrés Manuel López Obrador ha prometido devolverle la paz a México y acabar con la corrupción y la impunidad. Con mucha ambición ha dicho que su mandato logrará la Cuarta Transformación del país. Será un evento comparable con la Lucha de Independencia, la Revolución y la Reforma.

Empero, para alcanzar ese propósito es imprescindible hacer nuevas reformas. ¿Está preparado el gobierno de López Obrador para llevarlas a cabo?

EL ALFIL

El presidente López Obrador tendrá frente así una tarea difícil de lograr y muy poco tiempo para realizarla. En primer lugar, debe comunicar de manera clara, honesta y abierta, la naturaleza y los alcances de las reformas que promoverá. En segundo lugar, garantizar que las nuevas leyes y las instituciones que las apliquen no contradigan la esencia de esos cambios constitucionales. Y, por último, lograr que la gente sienta de manera tangible y pronta los beneficios.

AMLO deberá reunir a los mejores profesionales para obtener las reformas más beneficiosas. De lo contrario fracasará como Peña Nieto. Al hacer mal la tarea construirá su propia sepultura. Y en lugar de la Cuarta Transformación, será la Cuarta Deformación.

¿Quiénes acompañarán al presidente en esta titánica labor? Hasta el momento el panorama no es bastante claro, pero recientemente las fuerzas políticas que convergen en el Senado de la República le dieron a Andrés Manuel un valioso aliado, responsable, un político profesional que entiende de temas legales, que tiene experiencia legislativa, que sabe la lógica empresarial y la política, que conoce la historia y posee una vasta comprensión de la realidad mexicana: Eduardo Ramírez Aguilar.

Lalo Ramírez fue designado presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales, instancia que tiene como objetivo conocer, analizar y dictaminar iniciativas, asuntos y temas en materia de reformas y adiciones a la Constitución de México. Su designación fue por méritos propios, y desde el 25 de septiembre se ha convertido en el alfil del presidente López. No es todo. Ya que por la importancia de esa Comisión, pesan sobre los hombros de Ramírez Aguilar las consecuencias de lo que desde ahí se apruebe, se rechace o elimine.

Se entiende que para elaborar una reforma o una iniciativa no se sólo se necesita ser un experto en tal o cual materia, pues es indispensable que quien la haga o la revise tenga un amplio conocimiento de lo que se quiere mejorar, que sienta las causas que la originaron y, especialmente, que esté del lado de los recibirán los beneficios de dicha reforma. Por eso es destacable que ERA haya sido elegido para tal encomienda. Será –digamos- un filtro.

Eduardo Ramírez es chiapaneco. Aquí nació, aquí creció y aquí vive. Es de familia humilde, pero luchona. De su padre aprendió el valor del trabajo y la responsabilidad. Su señora madre le inculcó el amor, la humildad, el fervor por la familia y la disciplina. Por esos valores nunca ha perdido los pies del suelo a pesar del rotundo éxito que ha logrado en la política.

Desde su niñez tuvo que trabajar y estudiar al mismo tiempo, hasta que se graduó como abogado por la Universidad Realística de México. Estudió una maestría en Derecho Constitucional y Amparo y tiene además un doctorado en Ciencias Políticas.

Sus primeros pasos en la política los dio a los 16 años de edad, y a los 23 fue elegido síndico municipal de Comitán, su tierra natal. Tres años más tarde fue nombrado presidente municipal interino. En 2008, con mucha más experiencia en el arte de gobernar, ganó la elección para regir el destino de esa misma ciudad por un periodo más, en el cual se puso a trabajar, ordenó las finanzas del ayuntamiento, diseñó un plan de trabajo con las inquietudes y necesidades del pueblo y erigió un gobierno de puertas abiertas.

Ahora, muchas de las buenas cosas que se lograron en Chiapas durante el sexenio que está por concluir se deben al trabajo incansable de Eduardo Ramírez. Como titular de la Secretaría General de Gobierno, logró destrabar el nudo de conflictos políticos, magisteriales, agrarios y religiosos que permeaban la realidad del estado. Siempre propuso el diálogo y la cultura de la tolerancia como vías de solución y reconciliación. No fue gratuito que durante los primeros tres años del gobierno de Manuel Velasco se lograra la paz y tranquilidad.

El 1 de octubre de 2015 fue elegido presidente del Congreso del Estado de Chiapas. En ese entonces recorrió los 122 municipios de la entidad con una provechosa agenda legislativa. Sostuvo mesas de trabajo con todos los grupos sociales, pues de la misma manera que se reunía con empresarios, líderes políticos y sociales, también lo hizo con artesanos, taxistas, obreros, campesinos y, principalmente, con los indígenas.

Su liderazgo convirtió al Congreso local en un recinto comprometido con la causa de los chiapanecos al que condujo con plena autonomía y en el que logró que el resto de los diputados se aliaran sin distinción de colores partidistas en una cruzada a favor de los más necesitados.

Las reformas recientes hechas a la Constitución Política de Chiapas son producto de la necesidad, del interés común, de las ideas de todos los chiapanecos que contribuyeron y participaron en los foros de consulta que Ramírez Aguilar organizó, dirigió y concretó para que tuviéramos una Constitución más humana, más apegada a la realidad del estado y más nuestra. De ese arduo trabajo legislativo surgieron leyes, como la de Turismo, que están enfocadas a propiciar el desarrollo de la entidad en un marco de respeto, transparencia y equidad.

Una vez dijo que realizó esas reformas considerando la situación de pobreza y marginación de muchas familias en Chiapas, que en las anteriores constituciones sólo eran objetos decorativos que quedaban al margen de las decisiones. Y es hacia ellas a las que está destinada esta nueva Constitución.

¿PODEMOS CONFIAR?

¿Podemos confiar en que Eduardo Ramírez hará un trabajo honesto, pensando siempre en la clase desprotegida del país? Obvio. Porque en cada responsabilidad que ha tenido a lo largo de su trayectoria política ha dejado un buen sabor de boca y mejores resultados. Además, porque es un entendido de que la política y la democracia son los mejores vehículos para llevar el desarrollo y la estabilidad a los demás.

Sin duda el presidente López Obrador ha ganado un alfil en Ramírez Aguilar para iniciar la Cuarta Transformación de México, y los mexicanos ganamos en ERA a alguien que nunca se ha prestado a los caprichos del poder.

Llegó la hora de hacer el cambio. De hacer reformas que convenzan con personajes que mucho convienen. ¡Chao!

@_MarioCaballero

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