¿Cuánta
culpa han tenido los gobernantes de la cruda pobreza que vive el campo
chiapaneco? El abandono es quizá el menor de los males, porque desde hace más
de cinco décadas los campesinos han cosechado más sangre que vegetales.
Desde
los años setenta hay hechos dolorosos que nos hablan de que Chiapas se
convirtió en un auténtico sembradío de muertos. Las invasiones de terrenos y
las luchas históricas en regiones como Venustiano Carranza, fueron el
catalizador que por un lado reveló la indiferencia gubernamental y, por el
otro, el odio y el rencor en un estado eminentemente agrario que ha sido botín
de líderes defraudadores que se enriquecieron con el infortunio de la gente.
El
papel del gobierno y las instituciones es elemental. La función que deben tener
no es la de un burócrata, sino la de un agente capaz de asegurar la legítima
posesión de las tierras, dar seguridad a la producción y desde luego procurar
la paz. Pero las complicidades de los que antes mandaron en el estado crearon
un statu quo de cerrazón y violencia.
BAÑO
DE SANGRE
En
un análisis retrospectivo veremos que Chiapas ha vivido una crisis política
recurrente. Nada más de 1976 a 1994 hubo ocho gobernadores en lugar de tres.
Eso condujo a una inestabilidad gubernamental en todos los municipios. Y paralelamente
a esa crisis del poder político, en el campo y en la ciudad fueron reiteradas
las protestas de maestros, campesinos, estudiantes, colonos y obreros que representaron un paisaje de caos total.
En
medio de esa anarquía surgieron diferentes grupos de choque y organizaciones civiles
que contaron con la protección de los poderes locales. Y mientras ellos les
quitaban las tierras a sus legítimos propietarios, el Estado empleaba al
Ejército y a los diferentes cuerpos policiacos para oprimir las movilizaciones.
En
el gobierno de Jorge de la Vega Domínguez (1976-1977), siete policías
resultaron muertos en el ejido Nueva Providencia, municipio de Ocosingo. Los
agentes habían torturado a un campesino y a su hijo de ocho años, razón por la
cual fueron atacados por un numeroso grupo de indígenas. La causa del conflicto
fue la invasión de terrenos de un familiar del exgobernador.
Ante
lo cual, De la Vega Domínguez pidió la intervención del Ejército que tendió un
cerco en Simojovel, Huitiupán y Sabanilla. En total fueron 16 los ejidos
desalojados y varias escuelas fueron convertidas en cárceles. En esa represión diez
indígenas choles y tzotziles fueron asesinados. El cuerpo de dos de ellos
fueron lanzados desde un helicóptero y a tres niños los ahogaron.
En
1978, el gobernador del estado Salomón González Blanco ordenó el desalojo de
indígenas de Nuevo Monte Líbano, en la Selva de Ocosingo, y soldados del
Ejército mataron a dos tzeltales y torturaron a seis. En lugar del diálogo,
prefirió usar la fuerza para resolver una supuesta invasión de la finca Hebert Stacpoole,
cuyo dueño fue señalado de poseer 100 mil hectáreas de manera ilegítima entre
sus hijos y prestanombres.
Aparte,
defendiendo a los caciques de San Juan Chamula realizó desalojos, cometió
homicidios y expulsiones. En Sabanilla, el Ejército agredió a peones de la
finca Xoc y los demás agresores torturaron a dieciséis indígenas choles, saquearon,
incendiaron chozas y cosechas y violaron a las mujeres. El finquero Wulfrano
Constantino fue acusado de ordenar la embestida y el gobernador simplemente dejó
pasar las cosas.
Un
año después, siendo gobernador Juan Sabines Gutiérrez, pistoleros a sueldo
atacaron a campesinos del municipio Venustiano Carranza y Villa de las Rosas,
matando a siete. El caso quedó impune.
En
1980 ocurrió otra masacre en la hacienda Wololchán, en Sitalá. En un primer
enfrentamiento entre la oficialista CNC y el Partido Socialista de los
Trabajadores, dos indígenas resultaron muertos. En el segundo murieron doce,
unos incinerados y otros a balazos. Se dijo que los soldados utilizaron
ametralladoras, bombas lacrimógenas y lanzallamas. En las dos operaciones estuvo
a cargo el entonces jefe de la 31 Zona Militar, el general Absalón Castellanos
Domínguez.
Absalón
Castellanos gobernó Chiapas de 1982 a 1988, y en ese periodo no hubo un fomento
al campo pero sí asaltos, asesinatos y violaciones a campesinos que fueron perpetradas
por las autoridades estatales, municipales y terratenientes. Tal es el caso de
los once campesinos masacrados en el paraje Tzakiuc´um, en Chalchihuitán, donde
los autores intelectuales fueron los caciques de la localidad.
Otro
episodio fue el ataque de los policías judiciales y de seguridad pública contra
campesinos de La Lagunita, en Bochil, donde además realizaron quemas de chozas
y robos. O el de los finqueros armados que hirieron a balazos a indígenas del
poblado La Granja, en Simojovel. En ambos hechos el gobierno protegió a los
victimarios.
Quizá
el acontecimiento más lamentable fue el de San Felipe Ecatepec, en San Cristóbal de las Casas, en el que policías
estatales arremetieron contra comuneros tzeltales que reclamaban las tierras
que habían sido invadidas por funcionarios gubernamentales y particulares. En
fin, ese gobierno terminó con 153 asesinatos políticos, en su mayoría indígenas
campesinos, 327 desapariciones, 692 detenciones, 503 secuestrados y torturados.
El
exgobernador Patrocinio González Blanco tampoco hizo nada a favor del agro
chiapaneco y menos por calmar la ola de violencia en el estado. El 28 de
diciembre de 1988, fue asesinado Sebastián Pérez Núñez, diputado local y ex
dirigente de la CIOAC, por el hacendado Roberto Zenteno Rojas, quien se dio a
la fuga.
Asimismo,
47 familias del poblado Niños Héroes de Ocosingo, fueron desalojados por grupos
antimotines de la policía de seguridad pública. Por si fuera poco, 70
campesinos del ejido Joaquín Miguel Gutiérrez, de Pijijiapan, fueron emboscados
por agentes del Ministerio Público de ese mismo municipio y de Tonalá. Y el 6
de marzo de ese año, Arturo Albores Velasco, fundador de la OCEZ, fue asesinado
mientras estaba en la papelería de su propiedad El Círculo, en Tuxtla
Gutiérrez. De ese homicidio se acusó al gobierno del estado. Esto sólo por
mencionar algunos ejemplos.
OTROS
GOBIERNOS: LA MISMA SITUACIÓN
Gobernadores
indolentes como Javier López Moreno, Julio César Ruiz Ferro, Roberto Albores
Guillén y Pablo Salazar Mendiguchía despreciaron la importancia del campo
chiapaneco y no sólo toleraron la rapiña de líderes pillos, también ellos
gozaron de inmunidad.
Por
otra parte, el exgobernador Juan Sabines Guerrero creó programas como el
CODECOA y el CODECOM que nada más sirvieron como tapadera de corrupción. Los
millonarios recursos que por ahí supuestamente se canalizaron a los campesinos
fueron manejados con plena opacidad. Quienes se encargaron de dirigir ambos
programas hicieron jugosos negocios con empresarios a los que les cobraron el
diezmo. También repartieron migajas a la gente humilde mientras ellos
engrosaban sus cuentas bancarias. Y no podemos olvidar que los conflictos
agrarios también se resolvieron con uso de la violencia, como en el caso de
Mitzitón donde hubo muertos, muchos heridos y desaparecidos.
UNA
VALIOSA OPORTUNIDAD
Por
eso la importancia del ofrecimiento del futuro gobernador Rutilio Escandón
Cadenas: “Queremos que el campo vuelva a florecer, que haya producción
agropecuaria en los ejidos, que generemos la soberanía alimentaria e impulsemos
empleos en el medio rural. No vamos a generar programas que se impongan ni a
confrontarnos con los hermanos campesinos. Queremos paz a partir de la
generación de riqueza alimentaria, y estabilidad a partir del trabajo en el
campo”.
No
se puede hablar de una Cuarta Transformación del país sin antes voltear a ver
al campo. Sin duda el reto para el Doctor Escandón Cadenas no será sencillo,
pues tendrá que enfrentarse a viejas heridas que no han cicatrizado y a un
mundo de problemas que llevan décadas esperando solución.
“La
visión sin acción es un sueño. Acción sin visión es simplemente pasar el
tiempo. Acción con visión es hacer una diferencia positiva”, escribió Jack
Welch. El gobernador Rutilio Escandón tiene la valiosa oportunidad de cambiar
la historia. Está en sus manos la responsabilidad de mejorar la calidad de vida
de miles de familias que viven del campo. Y tiene a su favor haber nacido en
casa de campesinos y conocer el largo camino al éxito.
Le
deseo la mejor de las suertes, porque si a él le va bien como gobernante a
Chiapas le irá mejor como sociedad. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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