Hace
no mucho tiempo, en 2011, Tuxtla Gutiérrez fue enlistada como una de las diez
mejores ciudades para vivir o visitar en México. Contaba con el reconocimiento
de Ciudad Limpia por parte de la Profepa y ese mismo año había obtenido el
certificado de Comunidad Segura de la International Safe Community Network,
siendo la tercera ciudad en Latinoamérica y la primera en el país en recibir
dicha certificación. Pero todo era una mentira. Parte de una estafa planeada
para impulsar la carrera política del acalde de ese entonces que anhelaba
convertirse en gobernador de Chiapas.
Tuxtla
Gutiérrez no se compara en nada con las capitales de otros estados de la
República, y aunque tiene la apariencia de una ciudad moderna y desarrollada presenta
un atraso de al menos cuarenta años y la mayoría de sus habitantes vive en
situación de pobreza y marginación. El desempleo, las complicaciones con la
basura, el agua potable, el drenaje, el alumbrado público y el abandono de las
vialidades son quizá sus principales problemas.
Casi
desde que decretaron a Tuxtla como municipio libre fue gobernado por priistas.
Pero sin duda el periodo de gobierno más infame empieza en 1995 con la
administración del panista Enoch Araujo Sánchez, y termina en 2015 bajo la
gestión de Samuel Toledo Córdova Toledo. Durante esos veinte años la ciudad fue
despojada de su dignidad, saqueada por presidentes corruptos que no hicieron
más que saciar su hambre de poder y riquezas, agrandando la desigualdad social
al tiempo que creaban una deuda pública impagable.
NUEVE
AÑOS FALLIDOS
Tal
vez Enoch Araujo sea un exitoso empresario, pero ese éxito contrasta con lo
mediocre que fue su gobierno. Fue el segundo panista en asumir la presidencia
municipal de Tuxtla Gutiérrez y lo hizo después de dieciséis años de gobierno
priista, pero no hubo un cambio. Los tres años de su alcaldía los dedicó a pelearse
con el exgobernador Julio César Ruiz Ferro, quien acabó huyendo del estado
manchado con la sangre de los 45 indígenas asesinados en Acteal en 1997.
Otro
panista lo relevó en el cargo, el ginecólogo Francisco Rojas Toledo. Siendo experto
en ovarios nada pudo hacer para resolver los históricos problemas de la ciudad.
Su gobierno fue una simulación. Con el discurso de la honradez encabezó un trienio
absurdo, dicharachero y descocado, cerrando ese episodio con un descarado robo
a las arcas de los tuxtlecos. Antes de abandonar el puesto solicitó al cabildo
un bono de productividad para el cuerpo de gobierno, y nada más él se autorizó
un generoso bono de 2.7 millones de pesos. De ahí que sea conocido como Pacobonos.
Victoria
Rincón Carrillo, también del PAN, continuó después de Rojas Toledo pero obtuvo
la presidencia de Tuxtla Gutiérrez bajo un supuesto fraude electoral. No
obstante, se convirtió en la primera mujer en gobernar la capital chiapaneca,
aunque eso no significó nada.
El
mandato de Vicky estuvo salpicado de actos de corrupción. Por ejemplo, según la
Acta de Cabildo 137 perteneciente al periodo 2001-2004, que presidió la
panista, da cuenta de una deuda de 104 millones de pesos que se adquirió para
la realización de diversas obras que nunca se llevaron a cabo. Entre éstas está
la construcción de un relleno sanitario, la pavimentación de vialidades, el
levantamiento de un puente en el río Sabinal, la apertura de la Prolongación
del Boulevard Juan Sabines y la elaboración de la techumbre del mercado
Pascasio Gamboa. Además, de la reparación de fugas de agua y del alcantarillado,
y la edificación de 4 puentes en la colonia Bienestar Social.
El
caso del relleno sanitario es el desfalco de mayor gravedad. Principalmente
porque la exalcaldesa compró el terreno para tal fin a unos amigos suyos, pero
éste se encontraba en una zona ejidal, en Copoya, que legalmente no podía ser
adquirido de manera directa por el Ayuntamiento. Aparte, esa deuda que se
obtuvo con el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos sigue vigente. Se pactó
a un plazo inicial de diez años que luego fue reestructurada a 20, por lo que
los tuxtlecos aún la seguimos pagando sin haber recibido nada a cambio.
DE
SABINES A CÓRDOVA TOLEDO
En
este valle, la tierra es tan temperamental como los habitantes. Después de esos
nueve años fallidos la sociedad tuxtleca salió a las urnas y volvió a elegir a alguien
del PRI para que los gobernara. Y sin saberlo votaron por quien inauguró una
etapa incluso peor que la de los panistas: Juan Sabines Guerrero.
Sabines
ni siquiera terminó su periodo de gobierno, y en el poco tiempo que estuvo al
frente del municipio se empeñó en utilizar el puesto para promocionar su
imagen. Fue un insulto la cantidad de dinero que invirtió en publicidad. Desde
luego, antes de dejar la alcaldía se encargó de colocar a gente de toda su
confianza para que encubriera los abusos y respaldara su candidatura al
Gobierno del Estado.
Se
separó del cargo el 26 de abril de 2006 y fue relevado por María del Rosario
Pariente Gavito, quien no sólo ocultó los desfalcos pues también se presume que
desvió millones de pesos del erario capitalino para financiar la campaña de
Sabines. Ella, en complicidad con Jaime Valls Esponda y su benefactor, firmó el
convenio que privatizó el servicio de limpia con la empresa española Proactiva
Medioambiente, S.A de C.V., hoy Veolia.
En
2007, una vez más la gente se volcó por el cambio y escogió al perredista Jaime
Valls, quien fue tesorero municipal durante la gestión de Sabines. Déspota y
prepotente, Valls estuvo enredado en escándalos y tráfico de influencias. Se
supo que varios miembros de su familia estuvieron en la nómina del Ayuntamiento
cobrando un sueldo sin trabajar y que los constructores que ejecutaron las
obras del municipio eran amigos de él que vinieron de la Ciudad de México nada
más a llenarse los bolsillos. Se dice, también, que cometió uno de los más
grandes hurtos a la comuna tuxtleca a través de la reconstrucción del mercado
Juan Sabines, antes Díaz Ordaz.
Su
sucesor fue Yassir Vázquez Hernández, el hijo putativo de Sabines Guerrero, de
quien se tienen los recuerdos más despreciables. Antes de ser investido como
presidente municipal vivía en una casa de interés social y tomaba caguama en
una cantina de la colonia Las Palmas. Hoy es millonario. Se comenta que tiene una
cadena de hoteles en Cancún y que es propietario de lujosos departamentos en la
Ciudad de México, donde bebe champán y los mejores whiskies.
Con
la obra “¡Qué viva el centro!”, que supuestamente buscaba darle una imagen
vanguardista al primer cuadro de la ciudad, Yassir hizo un festín de rapiña con
la que se enriquecieron varios funcionarios del gobierno municipal y estatal,
constructores y, por supuesto, el propio alcalde. Por la presión de los
proveedores un día tuvo que escapar dentro de la cajuela de un coche. Y cuando
renunció al cargo dejó una deuda de más de 900 millones de pesos.
Le
siguió Samuel Toledo Córdova Toledo, quien había sido titular de varias
secretarías en la administración de Juan Sabines. Lo primero que hizo fue
inflar la nómina del Ayuntamiento con familiares y amigos, entre ellos el hijo
mayor del gobernador, malversó millones de pesos en frivolidades, publicidad y en
sus recurrentes borracheras. Dicen que renegoció el pago mensual a Proactiva
llevándose una jugosa tajada. Se rumoró que para la organización del último
informe de actividades gastó 80 millones de pesos.
¿UNA
NUEVA ETAPA?
De
tal manera, las expectativas que hay en Carlos Morales, presidente municipal
electo, son muchas. Respaldado por el partido Morena que idealiza la honestidad
y el combate a la corrupción como medios para el desarrollo, ¿podríamos decir que
llegó la hora de inaugurar una nueva etapa para Tuxtla Gutiérrez?
Morales
ganó conforme a lo previsto y con contundencia. Cuando tantos votantes apoyan a
un candidato tan fervientemente se vuelven más significativos que el candidato
mismo. Por lo cual el virtual alcalde dispone de un capital político inmenso,
pero no puede desligarse de la gente que lo eligió.
Así
que Carlos Morales tiene frente a sí la mejor oportunidad de hacer realidad el
mensaje de transformación que dio en campaña y para convertir su éxito
electoral en éxito gubernamental. Ya dio muestra de ser un gran político, ahora
debe demostrar que ser depositario de la confianza ciudadana es sólo el
principio de los tiempos de esperanza que han inundado a todo México. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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