Si
algo nos enseñó la elección del domingo pasado es que nuestra joven democracia
sí funciona y que en las reglas y en los votos podemos reconocernos todos. Al
final de cuentas la jornada electoral concluyó con un reencuentro nacional. El
pueblo se puso de acuerdo para propinar un severo castigo a quienes ejercieron
el poder de la peor manera y quiso también dar elementos al nuevo gobierno para
echar a andar cambios sustanciales. Aunque, dicho sea de paso, el votante fue
más entusiasta que cauto.
Se
presentía un voto masivo al partido Morena, pero ni el politólogo más brillante
fue capaz de imaginar que éste iba a ser arrollador. El partido que llevó a
Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia obtuvo mayoría de votos en 31 de
las 32 entidades federativas. Sólo el estado de Guanajuato se resistió. En la
Cámara de Diputados, este partido y sus aliados (PT y PES) ganaron 303 curules,
y en el Senado tendrá 70 espacios.
En
los Congresos locales, Morena es mayoría en 12 de los 27 elegidos, incluso en
bastiones priistas como Coahuila, Hidalgo y el Estado de México, y desbancó al
PRD en la Ciudad de México, mandándolo al tercer lugar. Después de 24 años de
vida política, es la primera vez que un presidente contará con mayoría en el
Poder Legislativo. En resumen, el mapa de la República se tiñó de guinda.
¿QUIÉNES
SON ESA MAYORÍA?
Morena
arrasó, pero ¿eso significa que cambió la democracia? Esa y otras dudas surgen
a partir de cómo leerá su victoria la nueva mayoría política.
Empecemos
por preguntar qué es Morena. Dicho partido surgió de la necesidad de volver a
creer en la política, en el cambio, y fue creado como un instituto político de
izquierda que respondiera a un Proyecto Alternativo de Nación opuesto al actual
sistema económico y político y a las reformas neoliberales. El líder y
fundador, Andrés Manuel López Obrador, lo definió como un movimiento cuyo
objetivo era recuperar la soberanía y hacer valer la constitución emanada de la
Revolución Mexicana. Su principal lucha es contra la corrupción y porque nadie
esté por encima del Estado de Derecho.
Sin
embargo, dentro de Morena hay una amplia diversidad de posiciones que ha venido
a desvirtuar la idea central del partido y por ende su ideología. Ya no se sabe
si realmente es de izquierda, o de derecha, o de centro izquierda o una
combinación extraña de todas éstas. Porque antes y durante el proceso electoral
reciente se fue llenando de ex priistas, ex panistas, ex perredistas, ex
zedillistas, ex salinistas, ex foxistas y ex calderonistas. Por esa
pluriculturalidad política no es fácil definir a qué tipo de corriente
ideológica pertenece. Lo que es claro es que ha sido la oposición más beligerante
y atractiva de las últimas dos décadas.
En
cuanto al Partido del Trabajo la situación es un poco más clara. Nació en 1990
como un organismo político que según busca transformar al país a través de la
movilización de los grupos sociales más humildes, pero nunca ha representado
una alternativa política exitosa, ni ha favorecido a la población en pobreza y
por lo mismo tampoco ha ganado nada importante.
En
sus 28 años de existencia el PT ha tenido sólo un dirigente, Alberto Anaya, que
ha repartido los cargos legislativos entre familiares, amigos, compadres y nada
más. Es, en resumidas cuentas, una millonaria empresa familiar que subsiste por
el financiamiento público a los partidos y por los recursos que manejan sus
líderes de manera abusiva de las estancias infantiles, las famosas Cendis.
A
la sazón, ¿qué beneficios ha brindado a la sociedad? Ninguno. Si después de
casi treinta años todavía tiene su registro es debido a las alianzas con
partidos más grandes como el PRD, el PAN y el PRI. Si ahora será mayoría en el
Congreso no es por méritos propios, sino por la popularidad de Morena y López
Obrador.
El
Partido Encuentro Social es de centroderecha. Puede afirmarse que es un partido
auténticamente cristiano, que mientras se opone al aborto, al matrimonio entre
parejas del mismo sexo, a las revistas pornográficas y arremete contra los
políticos corruptos, su líder Hugo Eric Flores Cervantes ha sido acusado de
malversación de recursos públicos, violentar la ley y proteger a sus dirigentes
estatales y diputados señalados de corrupción.
Esta
es en esencia la nueva mayoría. Pensando hacia adelante, me pregunto ¿cómo le
van a hacer para ponerse de acuerdo estos tres partidos en la elaboración de la
agenda legislativa si son de polos opuestos? ¿Cómo coincidirán el presidente guadalupano
y el partido cristiano? O ¿se olvidarán de sus atavíos ideológicos para luchar
por los intereses comunes?
NUESTRA
DEMOCRACIA A PRUEBA
Siento
mucho no poder responder a esas preguntas. No por el momento. Pero lo que más
me preocupa es la fragilidad de los contrapesos.
“El
poder absoluto fue y será siempre la causa de la decadencia y de las desgracias
de los pueblos, que tarde o temprano llegan a padecer los mismos reyes”, decía
Barón De Holbach. Si México continuó siendo un país de desigualdades incluso
después de la lucha revolucionaria, fue porque el PRI tuvo durante setenta años
un dominio total sobre la política y la democracia. Los partidos de la vieja
izquierda nacional eran testimoniales. No influían en nada y no tenían
facultades para oponerse a los abusos de los priistas.
¿Por
qué la matanza que ordenó el ex presidente Gustavo Díaz Ordaz en el 68 quedó
impune? Porque tenía el respaldo del Congreso. ¿Por qué Carlos Salinas no fue
enjuiciado por las transferencias de fondos del erario a cuentas bancarias
privadas? Porque impuso a un sucesor a modo y el Congreso lo protegió. ¿Por qué
Ernesto Zedillo no fue criticado por favorecer a sus familiares con
condonaciones fiscales, evasión del fisco y el trato privilegiado sobre el
resto de los millones de mexicanos? Por el apoyo del Congreso que nunca dijo
nada.
Ahora
que López Obrador ha ganado la Presidencia y Morena tiene el control sobre el
Poder Legislativo, esperemos que aquellos tiempos no vuelvan. Se sabe que para
que todo país tenga un gobierno honesto y eficaz, primero debe estar
distribuido el poder en forma equitativa entre todos los participantes, y hoy
no lo está.
Ciertamente,
las elecciones del domingo pasado relegitimaron la democracia mexicana. Por un
lado, dieron la victoria a quienes más inconformes estaban con ella y, por el
otro, repartieron drásticamente tanto el poder como la representación. A mi
humilde opinión esas elecciones nos dejaron como herencia un sistema de
partidos bastante débil, con un PRI, PAN y PRD a punto de ser simples
espectadores, y la debilidad de un nuevo partido mayoritario, Morena, que no
acaba de construirse.
Admito
que esa avalancha electoral que fue Morena resolvió de tajo el problema de
representación de la partidocracia, que mucho daño le ha hecho al país. Pero
cuando volteamos a ver a ese partido no sabemos qué es, y cuando miramos a sus
aliados surgen las dudas sobre los beneficios que obtendremos de un PT y PES
que nunca han representado nada digno pero que ya son un exceso en el Congreso.
De
modo que a partir del 1 de julio tenemos una democracia a prueba. En 2000 se
dio una ola de optimismo y de expectativas desbordadas, pero mucho menor a la
actual. No obstante, el incumplimiento de promesas de Vicente Fox y del PAN no
permitió disfrutar de los frutos de la democracia.
Así
que dependiendo de los buenos o malos resultados de Andrés Manuel López Obrador
y del respaldo o complicidad que obtenga del Congreso, que es todo suyo, los
mexicanos sabrán si fue bueno entregarle todo el poder o fue malo no haber
sabido repartirlo entre todos los partidos. Ya lo veremos.
PARA
MAGDALENA
HA VUELTO el abogado Raciel
López Salazar a tomar las riendas de la Fiscalía General de Justicia. Una de
las 48 Leyes del Poder, de Robert Green, habla sobre el efecto de la presencia
y la ausencia de las personas, y vaya que la ausencia de López Salazar pesó
mucho en los pasados meses. Así que bienvenido sea, que ya hace falta poner
orden en Chiapas… RUTILIO ESCANDÓN
CADENAS prepara un magno evento en el Foro Chiapas para recibir su
constancia como Gobernador Electo. Él también fue parte de esa avalancha que
fue Morena el domingo pasado, y son muchas las expectativas que pesan sobre su
futuro gobierno. Todos están invitados… ¡Chao!
@_MarioCaballero
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