Dudo
que el tercer debate entre candidatos presidenciales cambie las preferencias electorales.
Sin embargo, sirvió para que muchos pudieran ver cómo Andrés Manuel López
Obrador no sólo es capaz de mentir con tal de descalificar a sus oponentes y
verse bien ante el electorado, sino también es capaz de caer en un
enmudecimiento profundo cuando sus corruptelas son manifiestas.
Esto
último se vio en el momento en que Ricardo Anaya exhibió una fotografía en la
que el tabasqueño aparece al lado del ingeniero José María Rioboó. “Andrés
Manuel –dice Anaya-, te has convertido en lo que tanto criticabas. Como los del
PRI, ya tienes también tus contratistas favoritos, entre ellos el ingeniero
Rioboó. Contesta sin chistes, sin payasadas. ¿Sí o no cuando fuiste Jefe de
Gobierno a Rioboó le entregaron contratos por adjudicación directa, sin
licitación, sin concurso por 170 millones de pesos?”.
En
un inicio, López Obrador quedó mudo. Luego soltó una sonrisa nerviosa. Al
sentirse acorralado, dijo: “No tiene sentido lo que planteas, que digo que no,
yo no soy corrupto… yo no soy corrupto… yo no soy corrupto”.
A
eso vino el reto del panista: “Si te presento los contratos, ¿renuncias a la candidatura?”.
Y la respuesta de AMLO fue repetir que él no era corrupto.
Dice
un dicho que el que nada debe nada teme. Si en verdad es López Obrador una
persona honesta, ¿por qué no aceptó el reto? Si las acusaciones eran falsas, un
sí le hubiera tapado la boca a Ricardo Anaya y hubiera resaltado la (dudosa)
imagen de honestidad de AMLO. Aunque también está la otra opción, no aceptó
porque sabía que eso lo llevaría al fracaso de su carrera a la Presidencia.
CASO
RIOBOÓ
Tenía
mucha razón James Boswell al rechazar las definiciones habituales del hombre.
Ni especialmente racional, ni tan dotado para la palabra y, desde luego, poco
urbano. Y Andrés Manuel se ha definido a sí mismo como un político intachable,
de solvente calidad moral y en reiteradas ocasiones ha dicho con egocentrismo que
él es la esperanza de México. Hay que reconocer que ha tenido el talento para
crear un culto alrededor de su persona, donde todos lo veneran sin importar lo
que éste haga y ni sus nefastas ocurrencias.
No
obstante, Ricardo Anaya logró aboyar su armadura de hombre íntegro. Tan sólo
era cuestión de tiempo para que casos como el de Rioboó desmintieran esa falsa
fachada de honestidad.
La
relación de AMLO con Rioboó data desde hace dieciséis años o tal vez de mucho
más tiempo. Este ingeniero es egresado de la Facultad de Ingeniería de la
Universidad Autónoma de México e inició como colaborador de la empresa
Presforzados Mexicanos, S.A. de C.V. (Promesa), que era dirigida por su
profesor Francisco Robles Fernández Villegas.
Después
de siete años de actividad académica, fundó en 1974 la empresa Rioboó, S.A.,
cuyo giro es la realización de obras de ingeniería civil y diseño de elementos presforzados.
En 1981 erigió la compañía Jorod, S.A., dedicada a los trabajos de
investigación y diseño estructural. La constructora Rioboó, S.A de C.V., que es
a la que el candidato panista hace alusión, fue fundada en 1984 y trabaja
específicamente la supervisión de Líneas del Metro, puentes y pasos de
desnivel.
Por
último, dicho empresario creó Ingeniería Rioboó, S.A. de C.V. que realiza la
gerencia de proyectos, dirección, coordinación y supervisión de construcciones
del sector privado. En fin, este singular personaje es dueño de un emporio de
la construcción que ha hecho muchos y grandes negocios con la obra pública
tanto de gobiernos estatales como del federal, y no siempre dentro de la
legalidad.
Para
el caso resultó cierta la acusación de Ricardo Anaya: Andrés Manuel López
Obrador sí benefició a José María Rioboó con contratos ilegales de obra pública
cuando estuvo al frente del gobierno del Distrito Federal (2000-2005).
De
acuerdo con documentación oficial, la compañía Rioboó, S.A de C.V. recibió
entre 2002 y 2005 cuatro adjudicaciones directas por un monto de 171 millones
de pesos, todas para la construcción del Segundo Piso del Periférico, aunque
hay que aclarar que dos de ellas fueron cuando el hoy candidato presidencial ya
había dejado el cargo de jefe de Gobierno capitalino.
La
Ley de Adquisiciones para el Distrito Federal determina que toda aquella
empresa que quiera tener tratos relativos a adquisiciones, arrendamiento o
prestación de servicios con el Gobierno de la Ciudad de México deberá cumplir
con una serie de requisitos para obtener el registro como proveedor y luego poder
participar en licitaciones públicas y concursos. Y Rioboó se brincó la parte de
los concursos y obtuvo de manera privilegiada contratos de manera directa,
violando las leyes. Obvio, con el consentimiento de López Obrador.
No
es todo. En el momento en que la constructora de Rioboó obtuvo el contrato con
el gobierno de Andrés Manuel estaba impedida legalmente para hacerlo, ya que antes
había incumplido con varios convenios.
La
primera adjudicación directa, y la más cuantiosa, fue otorgada a Rioboó en
febrero de 2002 por un total de 161 millones 923 mil pesos. El proyecto incluía
los estudios de impacto ambiental, urbano y vial, y el proyecto ejecutivo para
la construcción de las vías rápidas de la Ciudad de México en segundo nivel del
anillo periférico.
Se
dice que se iban al moche, un porcentaje importante de dinero que se repartía
entre funcionarios, intermediarios y el mismo Andrés Manuel.
A
partir de ese momento, José María se volvió el constructor consentido de López
Obrador, que además de recibir contratos millonarios de fieles al peje como
Marcelo Ebrard que como jefe de Gobierno lo contrató para construir la Supervía
y ampliar la Línea 1 del Metrobús, también tuvo negocios con José Ramiro López
Obrador, hermano de Andrés Manuel, que siendo presidente municipal de
Macuspana, Tabasco, le dio a las empresas de Rioboó contratos por más de 120
millones de pesos para el Proyecto Macuspana XXI, en 2006, y sí, también por
adjudicación directa.
¿NO
SOY CORRUPTO?
Hay
que ver que detrás de esa relación hay actualmente portentosos intereses
económicos de por medio. En primer lugar, José María Rioboó fue uno de los
muchos contratistas que quisieron obtener contratos en la construcción del
Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, y no fue sino hasta que perdió la
licitación (al parecer de mil millones de pesos) que junto con el dueño de
Morena comenzó a arremeter en contra de ese proyecto del gobierno federal.
¿Cuál
hubiera sido la situación en el caso de haber ganado el contrato? Probablemente
Rioboó se hubiera quedado callado y, quizá, hasta AMLO pudo voltear la mirada para
otro lado. Como no fue así se unieron para echar pestes y el 3 de noviembre de
2015 presentaron una propuesta alternativa que según ellos permitiría un ahorro
de 100 mil millones de pesos.
Empero,
el día 30 de ese mismo mes López Obrador salió a decir que mejor le darían otra
revisada a la propuesta y hasta el momento no ha dicho nada al respecto, tan sólo
la misma cantaleta de siempre: la corrupción y la mafia del poder.
¿Por
qué si estaban tan seguros de repente se echaron para atrás? Saque usted sus
propias conclusiones. Pero no olvide considerar que AMLO no es ningún experto
en la materia, tampoco ningún erudito, pero sí un político ambicioso que toda
su vida ha vivido del erario de los mexicanos. ¿O conoce usted que se dedique a
otra cosa aparte de la política?
La
frase de “yo no soy corrupto” no debe de ninguna manera celebrarse o tomarse a
la ligera porque López Obrador es tan corrupto como cualquier priista. Incluso creo
que esa expresión debería pasarse por el filtro del razonamiento, apoyado en
evidencias (como las anteriores) y no ser aceptada con simpleza, ni por el entendible
odio al PRI, mucho menos por ese fanatismo que el dios AMLO ha inyectado en sus
seguidores, militantes y aliados que le aplauden hasta los eructos.
PARA
MAGDALENA
LEÍ
un panfleto que dice que Alfredo de Jesús Pinto Aguilar, candidato de Morena a
la alcaldía de Yajalón, “ha sido una persona de palabra que cumple lo que
promete y que jamás ha negado la mano al que necesita una gestoría”. Entiendo
que eso fue escrito con fines electoreros, pero no admito la burla. Pinto
Aguilar ha sido dos veces presidente municipal de Yajalón y nadie desconoce los
escándalos de corrupción en los que ha estado envuelto. Lo suyo nunca ha sido
servirle al pueblo, sino servirse del pueblo. Ya hablaremos… ¡Chao!
@_MarioCaballero
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