Dicen
que con el inicio del Mundial de fútbol muchos dejarán de ser analistas
políticos para convertirse en analistas deportivos. No lo creo de todo cierto,
pero considero que eso nos despejará la mente para no seguir pensando en las
ocurrencias de los candidatos, en los más de cien políticos muertos por el
narco, en la estafa maestra y en tantas otras cosas nefastas y nefandas. Lo
cierto es que saldremos de los escándalos del PRI para entrar a las decepciones
del Tri.
No
existe otro deporte tan representativo social, económica y políticamente como
el fútbol. Podría decirse que es un sistema de representación del mundo y a
través de eso podemos entrar en contacto con todo lo que éste es. Viene siendo como
un espejo extremado de nuestras sociedades que tiene que ver con la conducta
humana y la comunidad, como la solidaridad, el pensar que el adversario tiene
méritos, el reconocer el triunfo del rival y aceptar nuestras derrotas. De todas
las disciplinas es la única que puede abarcar todos esos elementos.
Empero,
al mismo tiempo puede convertirse en el espejo de lo peor de nosotros. Refleja
las lacras sociales, el nacionalismo, la xenofobia, el racismo, el machismo y
que sin ser el origen de esos males, simplemente es el motor, el espacio y el
lugar donde esos problemas se encarnan.
Por
ejemplo, un equipo de fútbol es capaz de representar los valores de toda una
sociedad en los momentos más trascendentales de la historia o en las grandes crisis
de un país. Cuando la selección de Argentina enfrentó a Inglaterra en el mundial
de México 86 se disputó algo más que un partido, pues ese juego sucedió cuatro
años después de la guerra de las Malvinas en la que el gobierno argentino intentó
recuperar sin ningún resultado favorable la soberanía de las islas ante el
Reino Unido.
Cuando
el equipo de Alemania ganó sorpresivamente la final de Suiza 54, los alemanes
pudieron gritar por primera vez con inocente orgullo el nombre de su patria
después de la Segunda Guerra Mundial. Cuando los jugadores del club Corinthians
salieron al campo portando una camiseta que decía “Democracia” durante la dictadura
brasileña, sus goles contenían el peso político que se necesitaba para protestar
frente a los ojos de todo el mundo.
Tal
vez lo que digo es una exageración. Pero Carlos Monsiváis decía que cada vez
que un mexicano quiere sentirse patriota tan sólo necesita gritar ¡Goooool!
NUESTRA
SELECCIÓN
Nuestra
selección es el reflejo de la crisis del país. Si no ¿cómo entender que nueve
jugadores del Tri hayan preferido irse de fiesta con 30 prostitutas antes de cantar
el Himno Nacional en el Mundial? Algo similar con el gobierno de Enrique Peña
Nieto, que teniendo el 43.6% de la población viviendo en pobreza y 881 mil
hogares donde un niño comió una sola vez o dejó de comer todo el día, se dedicó
a gastar el dinero en publicidad, viajes y casas blancas. El “equipo de todos” como
representación de nuestra crisis gubernamental.
Lo
que hicieron estos “profesionales” del balompié mexicano es una falta de
respeto a los aficionados, al público que se le conoce como “El Respetable” y a
México, porque antes del silbatazo de inicio nos pusieron en vergüenza.
En
cierta ocasión le preguntaron a George Best, un ícono carismático del fútbol
inglés: ¿qué fue de tu fortuna? Él respondió con desenfado: “Gasté en coches y
mujeres, y lo demás lo desperdicié”. Los placeres nunca han sido ajenos a un
deporte donde sobran los deseos y el dinero. Aunque obedecer a los caprichos y
a las más bajas pasiones siempre produce claroscuros.
No
podemos saber cuál será el resultado de la reciente borrachera de los nueve
seleccionados nacionales con 30 mujerzuelas. Lo cierto que es que su conducta
como futbolistas ya no volverá a discutirse en el área chica, sino en el área
íntima. Es claro que estos jugadores fueron escogidos para meter goles en nombre
de la patria, y no por eso tienen que ser magníficas personas. Sin embargo, el
escándalo les afectará sin duda la vida familiar, la relación con sus demás
compañeros y sobre todo en su rendimiento en el campeonato.
En
lo personal me gustaría preguntar a cada uno de ellos ¿qué idea tienen de su
país? Especialmente porque han jugado en equipos europeos donde han aprendido
otra disciplina y otra cultura. Y tan quiero hacerlo porque como el mexicano
que tira basura en Tijuana deja de hacerlo al cruzar a San Diego. Quizá los
nueve en cuestión creen que en esta tierra no hay más ley que la suya propia.
Lamentablemente,
no sólo ellos están envilecidos. Recordemos que hace algunos años los
federativos falsificaron actas de nacimiento en la rama juvenil (el caso de los
cachirules), fraude por el cual no pudimos estar en Italia 90.
Y
qué decir de los aficionados, que nos han hecho pasar infamias en tierra ajena.
En Francia 98, un hincha azteca orinó en la llama del soldado desconocido,
apagando el fuego que debía ser eterno. En Corea y Japón 2002, un paisano jaló
el freno de emergencia del “tren bala”, logrando que la línea más puntual del
mundo se embotellara como en un eje vial de la Ciudad de México. En Alemania 2006,
un chihuahuense quedó encerrado en un búnker que el gobierno de Alemania
acondicionó para que durmieran cerca de mil personas. Estaba tan embrutecido
por el alcohol que no pudo despertarse a tiempo. Luego de varias horas de
gritos de auxilio, el Ejército alemán se movilizó para ir a sacarlo. “¿Eres un
mexicano?”, le preguntaron, y apenado tuvo que asentir con la cabeza.
En
Sudáfrica 2010, otro fanático intentó ponerle un sombrero de charro a una
estatua de Nelson Mandela, la acción fue tomada como un insulto y lo
encarcelaron. En Brasil 2014, un grupo de siete personas con la camiseta de la
selección nacional fue captado robando cervezas de un contenedor en el estadio
donde se jugó el partido entre México y Camerún. Si no ganamos el oro,
enseñamos el cobre.
¡SÍ
SE PUEDE!
Cada
doce años, el Mundial coincide con nuestras elecciones. En 2006, Ricardo La
Volpe armó un equipazo con Oswaldo Sánchez en la portería, Rafael Márquez,
Salcido, Osorio y Guardado en la defensa; Gerardo Torrado, Pavel Pardo y Zinha
en el mediocampo y como extremos Jared Borgetti, Ramón Morales y Arellano. Se
creyó que ese dream team llegaría al quinto partido, pero terminó perdiendo
igual que Andrés Manuel López Obrador, que era el rival a vencer en esos
comicios.
Este
2018, la inclusión de Rafa Márquez en el plantel definitivo nos hace pensar en la
ausencia de líderes. A pesar de no estar en su mejor etapa y de enfrentar
procesos legales en Estados Unidos por sus negocios, viaja a Rusia por la
importancia de que se necesita alguien de su veteranía para hacer equipo y
transmitir experiencia. Como en la política, López Obrador es el más viejo de
todos los candidatos y es el que más pinta de presidente tiene, pero así como
Márquez, tampoco representa una garantía de éxito y millones de mexicanos lo
ven con desconfianza.
Pues
bien: Rafita Márquez deberá conjuntar los talentos de un brujo, un psicoanalista
y un estratega para poder motivar a una escuadra que sin empezar el torneo ya
metió el pie izquierdo.
¿Acaso
alguien que aspira a tener el mejor gobierno podrá ser seducido por el equipo que
ha sido ridiculizado por miles de memes? ¿Quién dejará de ver las crisis de
México para volverse analista deportivo? No lo sé de cierto, pero supongo que
habrá muchos. Los mexicanos tenemos una relación bastante cómplice con la derrota
que nos resignamos con mucha mayor facilidad a perder que otras gentes. Eso
puede constatarse por los aficionados del Atlas que tienen un dicho: “Le voy al
Atlas aunque gane”.
No
me gusta ser ave de mal agüero, pero “lo que mal empieza, mal acaba”. Sólo
espero que la suerte de la selección mexicana no sea la misma que nos toque con
el gobierno que elegiremos el primero de julio. Si algo nos ha enseñado el
grito de guerra de “¡Sí se puede!”, es que muchas veces no se ha podido.
PARA
MAGDALENA
¿Te acuerdas, prima, de
Reynol Ozuna, el delegado de la Sagarpa que tanto defiende Pablo Salazar? Pues
parece que no es tan honesto como dicen. Hay evidencias de que está desviando
dinero público en complicidad con el secretario de Desarrollo Social, Eviel
Pérez Magaña. Ya te contaré… Entusiasma
la seguridad con la que Carlos Penagos habla de sus propuestas, y eso le ha
permitido ganar miles de simpatizantes. ¿Será que este arroz ya se coció?… ¡Chao!
@_MarioCaballero
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