Las
imágenes lucen espectaculares. Desde el ángulo en que son tomadas pareciera que
uno está mirando el mar infinito, pero se trata de un mar de personas
congregadas en pos de un político. La mayoría de éstas muestran calles
convertidas en ríos de gente, parques que albergan multitudes, templetes que a
todo lo alto encumbran al candidato que está frente a un paisaje de hombres,
mujeres y niños con cientos de banderas ondeando y que vitorean su nombre.
Rutilio
Escandón Cadenas (Morena) y Fernando Castellanos Cal y Mayor (PVEM) son dos de
los cinco candidatos al Gobierno del Estado que más han sorprendido con eso. Y
han sorprendido porque no se puede creer que siendo dos políticos desconocidos tengan
tanto respaldo. Podrán ser identificados entre la clase política y por la
sociedad capitalina, pero su fama no alcanza para reunir a miles de chiapanecos
en los distintos municipios donde se han presentado.
¿A
qué se debe pues que miles los sigan? Uno de los factores principales es que detrás
de ellos hay dos personajes de mucho peso político, capacidad de convocatoria y
son dueños de una sólida organización.
ERA
Por
un lado está Eduardo Ramírez Aguilar que con apenas 40 años de edad ha logrado construirse
una imagen pública respetable. Ha sido regidor, dos veces presidente municipal
de Comitán de Domínguez y en 2012 obtuvo un escaño en la Cámara de Diputados al
que declinó por aceptar la Secretaría General de Gobierno a invitación del
gobernador Manuel Velasco Coello, puesto que ocupó hasta mediados de 2015.
A
lo largo de tres años, Lalo Ramírez palpó las fibras más sensibles del estado,
conoció las necesidades de la gente y el hambre que permea en varias regiones
de Chiapas. Con gran sentido humano, poniéndose en los zapatos del otro, hizo
valiosos esfuerzos para mejorar las condiciones de vida de miles de familias.
Asimismo contribuyó en la solución de conflictos políticos, obreros, agrarios y
religiosos, siempre proponiendo el diálogo y la cultura de la tolerancia como
vías de solución y reconciliación.
En
mayo de 2015, asumió la dirigencia estatal del PVEM y el primero de octubre del
mismo año fue elegido presidente del Congreso del Estado. En este último cargo
logró conducir con autonomía al poder legislativo proponiendo una agenda de
trabajo que lo llevó a recorrer a los entonces 122 municipios de la entidad y conjuntó
a los 40 diputados que trabajaron con esmero en la solución de los temas más
preocupantes de Chiapas, en la aprobación de nuevas leyes y en las reformas que
nos dio una Constitución Política más humana, más nuestra y más ad hoc a las
necesidades actuales de los chiapanecos.
Si
por un lado el trabajo legislativo fortaleció su carrera y prestigio como
servidor público, las decisiones que tomó como presidente estatal del Partido
Verde lo consagraron como un verdadero líder político.
En
2012 el PVEM se había convertido en la primera fuerza política en el estado
ganando la gubernatura, 47 alcaldías y fue mayoría en el Congreso local. Pero en
2015, bajo la dirección de Ramírez Aguilar, conquistó 59 presidencias
municipales, que equivale a gobernar a más de 3 millones 500 mil chiapanecos,
mayor representación en el parlamento y el 45 por ciento de la votación
federal. Sin duda fue una gran elección.
Por
eso no fue extraño que Eduardo Ramírez lograra reunir a decenas de miles de
personas en el Movimiento por la Dignidad.
Ahora
que está con MORENA, no cabe duda que es él quien está detrás de la multitud
que acude a los mítines de Rutilio Escandón. Es gracias a su poder de
convocatoria que el candidato morenista no está solo en sus actos de campaña porque
más allá de ser un perfecto desconocido, es un funcionario que nunca salió a
darle la cara a la sociedad, es un tipo despersonalizado, sin carisma y sin
propuestas convincentes.
ENOC
Por
el otro lado está Enoc Hernández Cruz, un hijo de campesinos que tuvo que dejar
su tierra y su familia para poder desarrollarse profesionalmente. Es un hombre
inquieto, fervoroso de Dios, que se hizo un político exitoso por su manera
diferente de ver y hacer política.
Es
originario del municipio de Jiquipilas, ciudad en la que estudió toda su
educación básica, porque fue en San Cristóbal de las Casas donde cursó la licenciatura
en Derecho y donde encontró su vocación de servirle al prójimo. Al terminar sus
estudios profesionales combinó la abogacía con el oficio de comunicador dirigiendo
el programa radiofónico que él fundó y llamó “La Ciudad: Periodismo joven en
radio”.
Fue
a través de los micrófonos que se dio a conocer como un auténtico líder,
denunciando abusos de poder, haciendo servicios sociales y motivando una
infinidad de campañas altruistas. La gente lo vio con buenos ojos, así como
empresarios y diversas organizaciones, que lo motivaron a incursionar en la
política.
Con
ese respaldo de la sociedad ganó la presidencia municipal de San Cristóbal para
el periodo 2002-2004. Lo primero que hizo fue sanear las finanzas del
municipio, limpiar la nómina, gestionar recursos para la obra pública y mejorar
la infraestructura eléctrica con cableado subterráneo en 54 manzanas que fue
instalado en un tiempo de tres meses y con una inversión de más de 30 millones
de pesos. Asimismo, instituyó la Medalla al Mérito Ciudadano “Dr. Manuel
Velasco Suárez”, estableció el Festival Cervantino Barroco, entre otros logros
que lo colocaron en el corazón de la gente.
Después
de eso obtuvo una curul en el Congreso local. Y por la amistad que tiene con la
familia Velasco Coello desde hace más de una década, el 15 de mayo de 2013 fue
nombrado titular del Instituto de Capacitación y Vinculación Tecnológica del
Estado de Chiapas (ICATECH), dependencia a la que con esfuerzo y dedicación
colocó entre los tres centros de capacitación más importantes del país. Por el
trabajo que realizó desde ahí, hoy cientos de hombres y mujeres de todo el
estado tienen posibilidades de autoempleo y de mejorar su calidad de vida.
“La
primera responsabilidad de un líder es definir la realidad. La última es dar
las gracias. Entre ambas circunstancias, el líder es un sirviente”, escribió
Max De Pree. Por los buenos resultados obtenidos durante su gestión al frente del
Icatech, Enoc Hernández había demostrado ser un servidor público valioso, pero
aún venía una etapa más en su vida.
Cuando
dejó la dirección del Icatech fue para crear el partido político Podemos Mover
a Chiapas, del que asumió la primera dirigencia estatal y emprendió una cruzada
por todo el territorio chiapaneco para dar a conocer las propuestas del nuevo
instituto político. En menos de nueve meses ya tenía una estructura fuerte con
comités municipales en casi todos los municipios del estado. Y con menos de un
año de existencia participó en las elecciones del 19 de julio de 2015.
De
manera inédita para un organismo de reciente creación, Podemos Mover a Chiapas
se convirtió en la cuarta fuerza política del estado, sólo detrás del PVEM, PRI
y Chiapas Unido. En esos comicios, Hernández Cruz hizo que el partido
compitiera con 108 candidatos a presidentes municipales y 24 a diputados
locales. Ganó casi una docena de alcaldías, 54 regidurías y una importante
fracción parlamentaria en el Congreso del Estado.
Actualmente
ese partido cuenta con miles de militantes en todo Chiapas y con una base
partidista sólida y unida.
Sin
esa fina organización que construyó Enoc Hernández en Mover a Chiapas, el
proyecto a la gubernatura de Fernando Castellanos estaría a la deriva. Y el
candidato del Verde lo sabe bien que por eso nombró públicamente al líder moral
del partido morado en su coordinador de campaña, un cargo demasiado pequeño
para la estatura del jiquipilteco.
ESTRELLAS
SIN LUZ
A
todo esto podemos concluir que en el caso de que Rutilio Escandón o Fernando
Castellanos ganen la gubernatura de Chiapas, será por el fuerte empuje que les dieron
tanto Eduardo Ramírez como Enoc Hernández, según corresponda. ¿Por qué? Porque hasta
el momento han demostrado ser dos estrellas que necesitan de la luz del sol
para poder brillar.
Si
pierde Rutilio será porque no dejó de imitar a Andrés Manuel López Obrador y no
pudo crear su propio proyecto de gobierno de acuerdo a las necesidades de
Chiapas; será porque Fernando Castellanos no logró demostrar que en verdad merecía
la candidatura. Porque al final de cuentas no son los asesores y los operadores
políticos los que ganan los votos, sino los candidatos y sus propuestas. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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