José
Antonio Meade ha llegado a un punto donde no tiene nada qué ganar ni qué
perder. Estando hoy a 56 días de las elecciones del 1 de julio y a 53 de terminar
la campaña, se ve muy difícil que logre alcanzar al puntero en las encuestas.
Está estancado en el tercer lugar y con 24 puntos porcentuales por debajo de
López Obrador, según el sondeo más actual del Grupo Reforma. Aun así vale
preguntar si todavía tiene alguna probabilidad de ganar la Presidencia. Y tal
vez sí, sólo una, la peor de todas.
Hace
unos días surgió una polémica a partir de lo dicho por Ricardo Anaya de estar
dispuesto a sentarse con el presidente Peña Nieto para negociar una alianza
anti-AMLO. “Yo estoy absolutamente abierto a construir con quienes haya que
construir para ganar esta elección y darle viabilidad al futuro del país”, fue
lo que dijo ante la pregunta de Leonardo Curzio sobre el tema, en la reunión de
sostuvo con un grupo de directivos de Citibanamex.
Eso,
sin embargo, ya venía hablándose con insistencia desde hace mucho tiempo de que
un acuerdo entre el PRI y el PAN sería la respuesta a la pregunta “¿cómo
ganarle a López Obrador?”. Por supuesto, Meade Kuribreña declinaría a favor del
panista. Empero, tal declinación no tiene viabilidad legal. ¿Por qué?
UNA
DECLINACIÓN IMPOSIBLE
En
primera instancia, la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales
(LGIPE) no contempla tal posibilidad, ya que nada más regula la sustitución de
candidatos. Es así que la propuesta de declinación da lugar a varios posibles
escenarios.
Escenario
número uno: Si José Antonio Meade declina a favor de Anaya, pero sin renunciar
formalmente a su propia candidatura priista, los votos que obtengan los
partidos que lo postularon contarían para él y no para el panista. Esos votos
se perderían. Y si no renuncia y termina quedando en el tercer lugar en la
elección, de todos modos sus sufragios no servirían de nada.
Es
por eso que Ricardo Anaya está llamando al voto útil, que es una estrategia que
se emplea cuando la carrera presidencial queda entre dos candidatos, como por lo
regular han sucedido las elecciones en México, donde el que va en segundo lugar
pide a la gente que apoya al tercero, cuarto o quinto lugar en las encuestas,
le dé su voto para que tenga más fuerza contra el puntero. En este caso, los
que vayan a votar por Meade, que no tiene posibilidades de triunfo, voten por
él que sí las tiene.
Escenario
número dos: En el supuesto de que Meade renunciara a su candidatura a más
tardar el 31 de mayo, la coalición ‘Todos por México’ (PRI-PVEM-PANAL) se vería
obligada a sustituirlo y los votos serían para el sustituto legalmente
registrado ante el INE. Y Anaya no puede ser ese sustituto a menos que se viole
la ley, porque la alianza que lo postuló no puede ser modificada para incluir a
los partidos que respaldan a Meade, y éstos ni en lo individual ni en grupo
pueden apadrinar a Anaya porque él ya fue registrado por una coalición de la
que no forman parte, según lo afirma el cuarto párrafo del artículo 87 de la Ley
General de Partidos Políticos.
Escenario
tres: Si José Antonio Meade renuncia y el PRI, PVEM y Nueva Alianza no lo
sustituyen pudiendo hacerlo legalmente, todos los votos que reciban serán
anulados por no tener ningún candidato registrado.
Escenario
cuatro: Si Meade dimite a su candidatura dentro de los treinta días antes de
realizarse la elección, los partidos de la coalición ya no podrán nombrar otro
candidato porque la ley se los prohíbe. De tal manera, los sufragios que
cosechen también se anularán, esto de acuerdo al artículo 267 de la LGIPE.
Escenario
número cinco: Se sabe que las boletas electorales se comenzaran a imprimir el
próximo lunes 6 de mayo. Una vez impresas, ya no se podrán modificar aunque
hubiera algún cambio. Si Meade es relevado en la candidatura, los sufragios
serán para el sustituto. Y como ya vimos antes, éste no puede ser Anaya.
ELECCIÓN
DE ESTADO
Sin
embargo, no esa la ilegal y fraudulenta declinación a favor de Anaya la peor de
las probabilidades de la que hablé en el párrafo inicial de esta columna.
No.
Ante la propuesta de Anaya de estar dispuesto a crear un pacto estratégico para
impedir que el dueño del partido Morena llegue a la Presidencia, Enrique Peña
Nieto respondió: “Nadie negocia conmigo, yo soy Presidente. Los candidatos y
sus campañas corren en otro camino. Yo soy presidente de la República y estoy
dedicado a trabajar y a cerrar bien mi administración”.
Estoy
seguro que hasta el mexicano más positivista dudaría mucho en llamar
“administración” lo que Peña ha tenido durante casi seis años, y la única
manera en que puede “cerrar bien” su sexenio sería robando la Presidencia a
través de una clara Elección de Estado. Y ya dio el primer paso al echar a
patadas a Enrique Ochoa Reza y nombrando al priista de la vieja guardia René
Juárez Cisneros como nuevo líder nacional del PRI.
Aunque
diga el presidente que nadie negocia con él, en un intento de que nadie ligue
lo que dice con lo que hace, no puede hacernos creer que en sus planes no está
utilizar los vicios y las antiguas prácticas del PRI para no perder el poder.
Lo hemos visto hacerlo recientemente en los comicios del Estado de México y
Coahuila, donde en el primer caso fue evidentísimo el robo en el que se hizo uso
de dinero público para la campaña priista, la compra de votos, la manipulación
de los programas sociales, los pactos entre partidos e incluso se habla de que
Alfredo del Mazo ganó la gubernatura porque Peña Nieto lo negoció directamente
con López Obrador.
A
la sazón, ¿por qué Peña Nieto eligió a René Juárez y no a su mano derecha
Aurelio Nuño, o a su amigo el senador Emilio Gamboa, o al ex rector de la UNAM
y actual secretario de Salud José Narro Robles, que fueron los más sonados para
relevar a Ochoa Reza? Simple, porque ninguno de ellos sabe revolcarse tan bien
en la podredumbre como Juárez Cisneros, que se ha mantenido en el poder a pesar
de tener decenas de denuncias por malversación de recursos públicos, peculado,
enriquecimiento ilícito y, especialmente, fraude electoral, como lo acusó el
perredista Félix Salgado Macedonio durante los comicios a la gubernatura de
Guerrero en 1999.
René
Juárez es priista desde hace más de 40 años. Por las siglas del PRI ha sido
presidente municipal de Acapulco (1990-1993), diputado federal (1994-97),
gobernador (1999-2005) y senador (2012-16), además de haber desempeñado varios cargos
en la administración pública, el último de éstos fue como Subsecretario de
Gobierno de la Secretaría de Gobernación en la administración de Peña Nieto.
Tiene
una demanda pendiente ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación por no
repartir los recursos a los municipios cuando fue gobernador de Guerrero.
Aparte, fue culpado de encabezar grupos de secuestradores y de proteger a
narcotraficantes a través de Jaime Figueroa, que fue su jefe de policía.
Hay
que sumar la creación del Sistema Estatal de Coordinación Fiscal con la
complicidad de los diputados priistas con el que Juárez desvió 115 millones de
pesos propiedad de los municipios guerrerenses, la defraudación al erario por
la adjudicación de contratos de obra pública a presuntas empresas de su propiedad,
la imposición de alcaldes y legisladores en el Congreso local, la reducción del
presupuesto al sector salud y educación, y los miles de conflictos
magisteriales, estudiantiles, campesinos y obreros que surgieron por su corrupta
y autoritaria administración. Supongo que de ahí viene la confianza que le
tiene el presidente para “fortalecer” la campaña de José Antonio Meade.
Así
que preparémonos para el infierno que viene. Porque con la arrebatada
designación de René Juárez Cisneros, un político que no conoce la lealtad,
honestidad y legalidad, Peña Nieto y el PRI nos están diciendo que están
dispuestos a todo con tal de no dejar la Presidencia en manos extrañas.
Si
en Chiapas hemos visto cómo se impuso desde la Presidencia al candidato del PRI
al Gobierno del Estado, y cómo supuestamente ahora se está utilizando la
estructura del gobierno federal para promocionar su proyecto, obstruir las
campañas de los candidatos opositores, el monstruoso despilfarro de dinero
público para el acarreo de gente, entre otros delitos electorales, que no quepa
duda que enfrentaremos una vasta e ilegal operación de Estado que ya está en
marcha en el país para favorecer a Meade. ¿O tal vez a Anaya? ¡Chao!
@_MarioCaballero
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