El
domingo se llevó a cabo el primer debate entre los candidatos al Gobierno del
Estado de Chiapas. Y ante la gran expectativa, el fracaso fue descomunal. Entre
tanta demagogia y frivolidad se escapó la oportunidad para que los chiapanecos
conocieran las propuestas de quienes pretenden gobernarlos. Si realmente hubo
un ganador esa noche fue la fantasía.
El
formato fue novedoso, a ratos fluido y permitió ver la personalidad de cada uno
de los cuatro aspirantes. Pero no puede decirse lo mismo de los moderadores. No
fueron los idóneos para tan importante tarea. Tartamudeaban, se tropezaban con
sus palabras al pronunciar los nombres de los candidatos y fue notabilísimo el
desconocimiento que tienen de la problemática del estado. Su función principal era
representar a los ciudadanos y ni siquiera pudieron cuestionar a los
contendientes acerca de los temas que más preocupa a los chiapanecos: la
corrupción y la impunidad.
El
primer debate en la historia de México fue entre candidatos presidenciales. Y,
en realidad, sólo ese ha tenido un impacto significativo en las encuestas.
Obviamente, las circunstancias eran excepcionales: era el año 1994, el país
estaba al borde de una gran crisis económica, había surgido un levantamiento
armado en Chiapas y el candidato del PRI, Luis Donaldo Colosio, acababa de ser
asesinado en un acto público.
Claro,
las circunstancias no son las mismas. Hoy hablamos sólo de un estado, no de toda
la nación y afortunadamente ningún candidato ha sido ejecutado. A pesar de
ello, no podemos ignorar que Chiapas está atravesando una de las peores crisis
económicas del momento, que está convulsionado, con brotes de violencia en
varias regiones, con cientos de familias desplazadas, con miles de jóvenes
desempleados, con fuga de inversiones, con organismos violando el Estado de
Derecho y con homicidios inexplicables, como el de los dos ciclistas que según
el fiscal de Distrito Selva de la Fiscalía de Justicia de Chiapas, Arturo Pablo
Liévano, murieron en un accidente cuando las evidencias indican que fueron
salvajemente asesinados.
Por
todo este amasijo de dolencias se esperaba un debate más polémico, donde las
ideas de los candidatos fueran expuestas con claridad y ellos mismos fueran confrontados
hasta con sus propias propuestas. Porque ¿cómo alguien que está embarrado en
actos de corrupción promete transparencia en el manejo de los recursos, o cómo
aquel que nunca ha pisado un campo de cultivo dice que reactivará la producción
del maíz? Imposible creerles.
La
gente anhelaba respuestas contundentes, eficaces, que brindaran aunque sea el
más tenue rayito de luz, y no lo hubo. Y los tres periodistas que sirvieron de
moderadores no ayudaron en nada.
ASÍ
SE VIERON LOS CANDIDATOS
“Empezaría
porque cada uno de nosotros nos preguntáramos qué nos afecta en nuestra vida diaria
en materia de seguridad para saber si los candidatos están respondiendo a
nuestra preocupación o están respondiendo a una ocurrencia. Yo pondría sobre la
mesa mi preocupación o la preocupación de mi familia y ver si están dando
respuesta a eso”, dijo la experta en tema de seguridad y violencia María Elena
Morera, directora de Causa en Común, respecto al debate de los candidatos
presidenciales.
Lo
que propone la experta es muy útil. Qué queremos y qué nos ofrecen los
candidatos. En términos mercantiles eso se llama “oferta y demanda”. Sin
embargo, los ciudadanos pocas veces nos detenemos a pensar en los temas desde
antes de abordarlos, mucho menos nos preparamos antes de ver lo que hemos
adoptado más como un show televisivo que como una plataforma para exigir
respuestas y evaluar las reacciones y propuestas de los candidatos. Y, ¿los candidatos
del domingo realmente se prepararon?
Los
que pudimos ver el debate vimos que el candidato de Morena fue el mismo pedazo
de cartón que ya todos conocemos. Estuvo nervioso y fue evidente su falta de
preparación. Rutilio Escandón Cadenas será recordado por ser un candidato desbordante
en la falta de ideas. Fue el cliché malogrado de Andrés Manuel López Obrador. Copió
las poses, la lentitud al hablar y hasta el discurso populista esperando tener
la misma eficacia que el aspirante presidencial.
Cuando
lo confrontaron prefirió callar. En dos ocasiones rechazó su derecho de
réplica. Al ser cuestionado sobre su desempeño como presidente del Poder
Judicial del Estado, su respuesta dio a entender que se dedicó a hacer labores
administrativas y desentenderse de lo que hicieran los jueces, ministerios
públicos, peritos y magistrados. Además desaprovechó su tiempo (y el nuestro)
en repetir lo que tantas veces hemos escuchado de AMLO, que acabará con la
corrupción, la pobreza, impunidad, nepotismo, tráfico de influencias y que
trabajará por recuperar los valores. Aunque de algo sí podemos estar confiados,
de que venderá toda la chatarra que hay en el Gobierno, especialmente los
helicópteros.
El
eterno líder cañero, Jesús Orantes, por su comportamiento soez, inexistente discurso
político y desconocimiento del estado, desgastó ante la opinión pública el
concepto de las candidaturas independientes. Fue la versión chiapaneca de “El
bronco”, Jaime Rodríguez Calderón, con sombrero de palma y paliacate en cuello.
Sin duda, el autonombrado ‘La luz de los pobres’ sirvió para darle folclor al
debate. Nada más. Dio pena ajena. O como él mismo dice: “Yo me da vergüenza”.
José
Antonio Aguilar Bodegas fue en mi opinión el más polemista de la noche. Habló
de forma clara y precisa. Aprovechó bien el tiempo para exponer sus propuestas
y emitir un juicio sobre la realidad de Chiapas. Supo combinar con buenos
resultados planteamiento y ataque. Demostró con datos y estadísticas que conoce
el estado y explicó que analizó el Proyecto Alternativo de Nación de AMLO y
dijo que éste nos llevaría a la ruina. Cuestionó a sus adversarios aunque éstos
no le respondieron. A Chus Orantes, quien lo acusó de corrupto, lo invitó a
interponer una denuncia en su contra si tiene pruebas de alguna infracción que
él haya cometido.
Con
el desempeño del domingo, Jósean se presentó como un candidato preparado y con
un proyecto de gobierno real. Logró posicionarse como uno de los competidores
más fuertes hacia la gubernatura.
Roberto
Albores Gleason, del PRI, llegó preparado para el debate. Decidido. Pudo verse
como un hombre que piensa, que sabe ligar sus ideas con lo que habla. Sin titubeos,
contestó las preguntas de los moderadores. Expuso su proyecto de gobierno y los
logros que obtuvo como diputado federal y senador de la República. Fue ordenado
y certero.
Aseguró
que será el gobernador del empleo y de la transformación económica. Habló de la
nueva Contraloría Social, de establecer prioridades, de la fundamental
rendición de cuentas, del impulsó a las ZEE y que apoyará a los emprendedores,
a los maestros y que los jóvenes tendrán una participación importante en su
gobierno. Puso interés en la intervención de los otros, pero sin confrontarlos.
Administró su ventaja, y al ser el candidato más atacado de la noche demostró ser
el rival a vencer.
CONCLUSIONES
Si
algo quedó claro del domingo es que la contienda por la gubernatura se reduce a
sólo dos aspirantes. La madre de todas las batallas será entre la juventud y la
experiencia. Entre el favorito Roberto Albores Gleason y José Antonio Aguilar
Bodegas, quien después de ser perseguido políticamente y exiliado, hoy está de
nueva cuenta en la lucha por el poder.
Por
supuesto, hay que aclarar que después del debate quedaron muchos espacios
vacíos, decenas de preguntas sin responder y muchas dudas en los chiapanecos
que no todavía no saben por quién votar. Pero que a pesar de ello el debate sirvió
para cambiar la narrativa en los medios de comunicación.
Antes
del domingo, la idea dominante era que Rutilio Escandón sería el ganador, que su
triunfo era inevitable. Después del domingo, la percepción es que tendrá que
hacer mucho si quiere volverse a meter a la batalla, y que puede perder la
elección aun contando con la fuerza de López Obrador. Porque si esta fuera una
carrera de autos, Rutilio estaría anclado en la línea de salida, frente al
volante de un poderoso Ferrari, pero sin saber meter primera.
Habrá
que esperar, desde luego, a ver las encuestas para corroborar si estas
percepciones se reflejan en las preferencias del electorado. Y esperar que el
próximo 1 de julio, gane Chiapas. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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