Los
últimos acontecimientos indican que la sucesión presidencial y la del gobierno
de Chiapas no será por la vía democrática, sino por pactos bajo la mesa. No importa
que el presidente Enrique Peña Nieto haya declarado ante un grupo de
empresarios que no dejará morir a su candidato, que no abandonará a Meade, que
rehúsa aliarse con Ricardo Anaya para hacer perder a López Obrador, que no
intervendrá en la elección y que se atendrá a los resultados. Porque una cosa
es lo que dice y una muy diferente la que demuestra con sus actos.
Peña
Nieto empezó su gobierno con una aprobación ciudadana del 54 por ciento, según
Consulta Mitofsky, y cinco años después está en 26%. Dejará la Presidencia como
el mandatario peor evaluado de los últimos 30 años. Y las claves de su
“despeñadero”, como dice el dueño de Morena, es la corrupción de sus
funcionarios, de los gobernadores del PRI, la impunidad y la violencia.
Se
irá sin esclarecer la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, los
sobornos de la empresa brasileña Odebrecht, la estafa maestra que desvió más de
7 mil millones de pesos en dos años, los escándalos de corrupción de la SEDESOL
y SEDATU, la Casa Blanca, entre otros desfalcos que aún se mantienen bajo
investigación. Prometió “Mover a México” y el resultado final es un país
ensangrentado y saqueado, y una administración desacreditada cuya estupidez más
grande fue ponerle la alfombra roja a Donald Trump para que éste insultara a
los mexicanos en su propia tierra.
LA
OPCIÓN
Por
todo ese catálogo de anomalías Peña Nieto es un digno candidato a una celda en
cualquier prisión del país. Es mentira que un ex presidente no pueda ser
juzgado. Dice el experto abogado y profesor de Teoría Constitucional por la
Escuela Libre de Derecho, Elisur Arteaga Nava, que el presidente después de que
deja el cargo puede ser juzgado por cualquier delito. El único competente para
juzgarlo un año después es el Senado de la República. Pasado ese año la
Procuraduría de los estados o la federal puede hacerlo. Y para ello no se
necesita ninguna reforma como lo afirma López Obrador.
¿Qué
puede entonces librar al presidente de pisar la cárcel? Al parecer sólo tiene
dos opciones: heredar su puesto a alguien de su entera confianza para que lo
proteja al culminar su execrable gobierno, en este caso José Antonio Meade, pero
ya que el candidato del PRI no es capaz de convencer a nadie de que es el mejor
para suceder a su jefe, esto se vuelve una opción casi inviable. De esta
manera, la otra es formalizar un pacto con el candidato con mayores probabilidades
de triunfo.
Ricardo
Anaya se ha pronunciado por meter a prisión a todos aquellos funcionarios acusados
de corrupción, abuso de poder y de cualquier otro delito, por supuesto con una
investigación de por medio. Y en esa propuesta está incluido el presidente Peña.
Sin duda alguna, Anaya podría remontar con el debido apoyo de la Presidencia.
Empero, la amenaza de cárcel lo deja fuera de una posible alianza.
En
cambio, Andrés Manuel dice que acabará con la corrupción y sacará de Los Pinos
a la mafia del poder, pero sin perseguir a nadie. Sintiéndose el mesías ha otorgado
el perdón a los pecadores. Dice que lo suyo no es la venganza, aunque se
equivoca porque el hecho de castigar a alguien enviándolo a presidio por haber
causado daños a la sociedad, como robar dinero público, no puede tener como
motivo la venganza o la persecución política, sino debe ser un acto por mera
justicia.
Sin
embargo, el mensaje de que de llegar a la Presidencia le dará el perdón a todos
los maleantes, así sean políticos, ex gobernantes, narcotraficantes, asesinos,
secuestradores, violadores, etcétera, etcétera, ha sido escuchado por Peña
Nieto que entendió que hacer un pacto con AMLO no es su mejor opción, sino la
única. Él que tiene la autoridad puede ofrecerle a López no impedir que llegue
al poder si en pago recibe de éste impunidad. Un trato muy rentable para ambos.
Ganar ganar.
EN
BUSCA DE LA IMPUNIDAD
Ese
largo camino que podemos llamar “En busca de la impunidad” ya ha sido
emprendido por el presidente.
Para
todos es conocido que entre López Obrador y el mandatario existe una rencilla.
El primero no sólo desconoció el triunfo de Peña en las elecciones de 2012,
también ha sido el que más ha denunciado los abusos del gobierno, de los
gobernadores, del PRI y de todo lo que esté contra su proyecto, tenga o no
razón, tenga pruebas o no, es la mafia del poder, dice, y por eso son todos
unos maleantes.
Así
que como para calmar un poco las cosas con el candidato puntero, Peña ha arremetido
duramente contra Ricardo Anaya que sigue en el segundo lugar en las encuestas.
Durante los últimos meses ha utilizado a las instituciones para investigarlo,
denunciarlo y desprestigiarlo ante el electorado. Puso al panista como persona
non grata, como un político deshonesto que ha hecho su riqueza a través de
presuntas acciones ilícitas.
Con
eso le mandó el primer mensaje al dueño de Morena diciéndole que rompía con la
alianza partidista anti-AMLO que lo hizo perder en 2006 y 2012. Fue un pequeño
guiño, pues. “¿Cuándo nos tomamos un café, guapo? Estoy dispuesto a formalizar
un pacto contigo. Ándale, no seas malito”.
Enrique
Peña podrá no saber el título de tres libros que cambiaron su vida, pero entiende
que un acercamiento con su principal rival político no es nada sencillo ni para
uno ni para el otro dada la presión política que hay sobre ellos, y que para
eso necesita a un intermediario, a alguien cercano a él que tanto lo respalde
como tenga una buena relación con Andrés Manuel López Obrador. Y no le costó
encontrarlo.
EL
POLÉMICO ABRAZO
Fernando
Coello Pedrero es el abuelo materno del gobernador Manuel Velasco Coello, que dice
ser amigo del tabasqueño desde hace más de 35 años. Y el mismo Andrés Manuel lo
confirma al decir que cuando él era candidato a la Jefatura de la Ciudad de
México, su amigo Fernando le regaló un automóvil para que se moviera durante su
campaña. Al ganar la elección, Coello Pedrero fue nombrado asesor y Leticia
Coello, mamá del gobernador, tuvo un cargo en la Secretaría de Turismo.
Sabiendo
de esa amistad entre la familia Coello y AMLO, y que ninguno de los demás
gobernadores tiene buenas migas con éste, Peña Nieto aprovechó que Manuel
Velasco fue erigido presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores. Es
decir, pensando en que el dueño de Morena ganará la elección del 1 de julio, utilizará
a Velasco como puente de enlace con López Obrador. Lo más idóneo es que ambos
se encuentren en una reunión de la CONAGO y el gobernante chiapaneco disponga
de todo a su alcance para que ellos se estrechen la mano y todos los mexicanos lo
veamos.
Eso,
desde luego, disminuirá el impacto de la opinión pública contra Peña Nieto y disimulará
el pacto de impunidad con el Peje, a la vez que le dará al encuentro un aire de
civilidad política. Para que esto suceda Enrique Peña debe continuar con la
campaña de desprestigio contra Ricardo Anaya y no manipular la elección a favor
del priista. Eso está pasando.
Extrañamente,
el PVEM rompió la alianza con el PRI al día siguiente de que Manuel Velasco recibiera
ese nombramiento, y eso no causó ningún altercado entre rojos y verdes como
pudo haberse esperado. Después de tantos meses de luchar por ser ellos los que
asumieran la candidatura, lo lograron así de repente, como no queriendo la
cosa. Fácil.
Y
los dos partidos locales que le sirven al sistema también lo hicieron y se
alinearon en una candidatura común con el Verde, llevando como candidato a
Fernando Castellanos Cal y Mayor, el hijo político del gobernador de Chiapas. Y
cuando todos suponíamos que esa ruptura originaría un enfrentamiento
encarnizado entre Velasco Coello y el presidente Peña, vino el sorpresivo abrazo.
¿Qué
nos hace pensar todo esto? Básicamente en una elección de estado planeada desde
la federación en la que Peña Nieto buscará beneficiar a López Obrador para
asegurarse una salida fácil.
También
hace suponer que con ese abrazo se limaron asperezas y que Manuel Velasco tiene
ahora el poder para que sea él quien dirija la sucesión en el Gobierno del
Estado. Y no creo que la estructura gubernamental vaya a favorecer en alguna
forma al candidato de Morena, sino a Fernando Castellanos.
Así
que no se sorprenda cuando vea a Fernando Castellanos Cal y Mayor tomando
protesta como el nuevo gobernador de Chiapas. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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