Las
elecciones de julio de 2018 pasarán al recuerdo como unas de las más grandes y
complicadas que se hayan vivido en la historia contemporánea. Grandes por el
número de cargos públicos que serán disputados y por el tamaño del presupuesto
que se destinará para su organización, cerca de los siete mil millones de
pesos. Complicadas porque los cinco candidatos presidenciales están envueltos
en escándalos de corrupción y ninguno de ellos parece ser la opción que más le
conviene a México.
En
ese terrible escenario electoral, las propuestas de los candidatos se focalizan
en dos temas álgidos y preocupantes: la corrupción y la inseguridad que han derivado
en la peor crisis de la última década. No obstante, la problemática del país va
mucho más allá de frenar el robo de la riqueza nacional y conseguir la paz
social. Hay otras necesidades que merecen ser atendidas con mayor urgencia: la
pobreza y la sanidad de los mexicanos que están siendo esquivadas por quienes
pretenden gobernar la nación.
Sin
duda, la corrupción y la violencia son problemas que se han exacerbado en este
sexenio y merecen la atención adecuada para solucionarlos.
Por
un lado, la corrupción es culpable de un desastre financiero que para 2015 se
estimó en los 906 mil millones de pesos. De acuerdo con estudios del Banco
Mundial, la OEA y el CEESP, de cada 100 pesos que genera la economía nacional
10 se destinan para la corrupción. Con esa constante, en los pasados 17 años el
costo pasó de 672 mil millones de pesos en 2000 a 2.1 billones en 2016.
Por
el otro, la violencia le costó a México 3 billones de pesos en 2016. Es decir,
cada mexicano pagó en promedio ese año alrededor de 25 mil 130 pesos para
combatirla. Si por el lado económico causa espanto, el número de víctimas
sobrepasa el terror, pues según estimaciones de Amnistía internacional hubo más
de 110 asesinatos por día en 2017, cerrando ese año con 42 mil 583 víctimas de
homicidio doloso. Y a eso hay que sumarle que México es el país con el índice
más alto de impunidad en América Latina y el cuarto a nivel mundial.
LAS
PROPUESTAS
¿Hay
que combatir la corrupción y la violencia en México? Desde luego.
Por
eso es lógico que los discursos de los candidatos se concentren en ganar la
confianza de los electores basando sus propuestas en esos temas.
Andrés
Manuel López Obrador, por ejemplo, propone eliminar el fuero de los
funcionarios, establecer una política de austeridad y acabar con la inseguridad
y “la mafia del poder”. Frenar la corrupción es la mayor prioridad, según él.
En
cambio, Ricardo Anaya, además de plantear acabar con el latrocino de la clase
gobernante y la impunidad y recuperar la paz y la seguridad, ha propuesto
reducir el número de funcionarios públicos y ayudar a los emprendedores. Pero
nada ha mencionado acerca de los jóvenes y niños que viven en zonas rurales y
que por falta de recursos tienen que abandonar sus estudios para ponerse a
trabajar en el campo y con ello ayudar en el sustento del hogar.
¿En
qué momento un campesino se detiene a pensar en construir una empresa (esto sin
mencionar los engorrosos y difíciles requisitos para la obtención de
financiamientos y la apertura de nuevos negocios) cuando con mucha dificultad
puede darle de comer a su familia?
El
candidato del PRI, José Antonio Meade, propone igualar los salarios de hombres
y mujeres y que éstas últimas puedan acceder a créditos bancarios sin más
requisitos que su palabra. Y ha prometido terminar con la corrupción mediante
la confiscación de dinero, propiedades y bienes de quienes hayan cometido actos
ilícitos. A la sazón, ¿por qué muchos de los funcionarios del gobierno federal
que estuvieron involucrados en lo que se conoció como “la estafa maestra”, y
que él mismo formó parte de ese grupo, no han sido llamados a rendirle cuentas
a la justicia?
¿Por
qué no ha pedido castigo para los priistas que desviaron cientos de millones de
pesos de los gobiernos estatales que sirvieron para pagar campañas políticas
del PRI? Por qué si ofrece quitarles a los corruptos todo lo que robaron, ¿no
ha exigido que Rosario Robles sea procesada penalmente por los presuntos
fraudes que cometió como titular de la SEDESOL y SEDATU?
No
sé a quiénes más, pero a mí desde pequeño me enseñaron que no hay mejor cosa
que predicar con el ejemplo. Porque, al fin y al cabo, de lengua me como un
taco, y hasta dos.
La
candidata independiente, Margarita Zavala, pondera su proyecto de gobierno
mediante una estrategia contra la corrupción sostenida en tres elementos:
fortalecer valores, fomentar la cultura de la legalidad y ser implacables con
los corruptos.
De
Jaime Rodríguez Calderón, ‘El Bronco’, ni hablar. ¿Con qué cara puede venir a
decirnos que acabará con el enriquecimiento ilícito de los gobernantes y el
despilfarro de dinero público? Si a pocos días de iniciar su mandato como
gobernador del estado de Nuevo León estalló el primer escándalo que se conoció
como “Cobijagate”, por la compra de 200 mil cobijas con un sobreprecio de 167
por ciento a una empresa fantasma, “Mirof”, por un monto de casi 29 millones de
pesos.
Por
ese abuso varios funcionarios de su gobierno renunciaron y, supuestamente,
después de ser investigados fueron multados por 7 mil pesos cada uno. Eso
enardeció la opinión pública y ante las críticas, las autoridades corrigieron la
multa y se dijo que éstas alcanzarían un monto de 274 mil pesos para todos los
involucrados, pero hasta la fecha no han sido pagadas.
Además,
el año pasado la suegra de El Bronco utilizó despensas del DIF estatal para
promoverse como aspirante a la alcaldía de Santa Catarina, y el ahora candidato
independiente a la Presidencia anunció que sería investigada. Días más tarde, dijo
que no había delito que perseguir.
Corrupción…
corrupción… corrupción. Ese es el discurso principal de los cuatro candidatos
presidenciales y al parecer ninguno tiene suficiente credibilidad y autoridad
moral para hablar del tema. Y de todos, Margarita Zavala es quizá quien menos
ha hablado sobre cómo resolver el problema de la violencia en el país. ¿Será
porque su esposo, el ex presidente panista Felipe Calderón, inició la guerra
contra los cárteles del narcotráfico y el resultado que entregó al finalizar su
mandato fueron 70 mil muertos?
COSAS
PRIORITARIAS
Así
las propuestas, pero ¿en qué lugar quedan los pobres? ¿Qué sugieren los
candidatos para atajar las deficiencias del sector salud? ¿Qué se puede hacer
para evitar que los niños que viven en comunidades apartadas sigan muriendo por
enfermedades curables? ¿Cómo reducir la mortalidad materna? ¿Qué proponen para mejorar
la calidad de vida del 43 por ciento de la población mexicana que no tiene
acceso a los servicios de salud, vivienda, educación y empleo?
Una
pregunta más: ¿qué programas presentan para que en ninguna localidad en México la
gente siga sufriendo hambre?
No
podemos soslayar que la corrupción y la violencia son dos de los dilemas más graves
de nuestro tiempo. Son esenciales, son primordiales, pero lentos y cuya
solución es a largo plazo. Siquiera para disminuirlos, ya no digamos
eliminarlos, se necesita un cambio en la cultura política mexicana para que lo
que haga el próximo presidente en seis años, no sea destruido por el siguiente.
Es
así que la lucha contra la pobreza debe estar en primer lugar en orden de
importancia. El segundo, y que ningún candidato a tocado, es la salud. La
crisis de los hospitales, el abandono, la falta de medicamentos, etcétera, no
puede ser olvidado. Nada más en materia de atención hospitalaria México ocupa
el último lugar de los países que integran la OCDE, que determina que por cada
333 personas debe haber un médico. Y nosotros tenemos 1.8 médicos por cada mil
habitantes.
De
tal manera, el combate a la pobreza y el mejoramiento de los servicios de salud
son dos objetivos más alcanzables y menos retóricos que pretender acabar con la
corrupción y la violencia. Los ahora cinco candidatos presidenciales deberían
enfocarse en ello, y obviamente México lo agradecería.
PARA
MAGDALENA
PRIMA,
¿la tercera será la vencida para Carlos Morales Vázquez que intentará
nuevamente ganar la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez nada más que
ahora bajo las siglas de Morena? Dice que es muy amigo de Andrés Manuel López
Obrador. Ya veremos qué tanto le beneficia su relación con el tabasqueño y el
empuje actual del partido… ¡Chao!
@_MarioCaballero
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