Jamás
he creído que Andrés Manuel López Obrador sea la persona indicada para manejar
los intereses del país. Tampoco creo que sea capaz de convertir a México en una
nación de primer mundo o en una “República Amorosa” como tanto proclama. Ni
siquiera apto para resolver los problemas más comunes. Aunque sería un
despropósito de mi parte no aceptar que no sólo es el rival a vencer en las próximas
elecciones, sino que a partir del primero de julio sea quien probablemente
gobierne a los mexicanos.
¿Cómo
impedir que López Obrador gane la presidencia? Es, quizá, la pregunta que nadie
ha logrado responder con efectividad en Los Pinos y en el PRI. En 2006, Vicente
Fox preparó toda una estrategia para derribar la campaña de AMLO, y comprendía
desde la calumnia pública hasta el desafuero, que logró gracias a la
complicidad del Congreso el 7 de abril de 2005. No obstante, terminó
derrotándolo no con eso, sino en las urnas a través de un claro fraude
electoral. “Lopitos se burló de mí, pero al fin terminé vengándome de él al
hacer que Felipe Calderón ganara la Presidencia”, dijo.
En
uno de los momentos más tensos, el equipo presidencial y los que promocionan la
candidatura de José Antonio Meade han intentado muchas maniobras para entrampar
al tabasqueño, pero con nulos resultados. Han echado mano de la PGR, del Cisen
(agencia de inteligencia civil de México) y de equipos privados de
investigación para comprobar los delitos de Andrés Manuel y los posibles nexos
de éste con el crimen organizado. También, es evidente que la fiera campaña de
desprestigio que se dispersa en su contra desde los medios de comunicación es
parte de ese plan. ¿Algún resultado? Ninguno.
La
operación más desastrosa que han utilizado es confrontar a Meade Kuribreña con
Ricardo Anaya, con el objetivo de posicionar al priista en el segundo lugar de
las encuestas en un intento desesperado de acercársele al candidato puntero. La
misma estrategia de emplear a las dependencias de procuración de justicia contra
AMLO la hicieron con el panista. Sin embargo, se les volteó el chirrión por el
palito, pues debido a esos absurdos enfrentamientos por cada punto porcentual
que pierde Meade o Anaya, López Obrador lo suma para su causa. Por eso el
despunte del dueño de Morena en las últimas semanas.
Si
todo esto no ha funcionado conforme a lo planeado, ¿qué debe hacer el PRI y la
presidencia de Enrique Peña Nieto para derrotar a AMLO?
El
último recurso del que se han servido es manipular las leyes y las instituciones.
En concreto, las candidaturas independientes y las instancias electorales.
PARADOJAS
“El
tiempo de las armas no es el de las leyes”, escribió Plutarco. La frase invita
a revisar la ley electoral diseñada por los partidos, especialmente por el PRI.
Para ser candidato independiente a la Presidencia de la República sólo hay dos
caminos: perder con limpieza o ganar con trampas.
En
primer lugar, quedó especificado que quien deseaba dicha candidatura debía
reunir 867 mil firmas en al menos 17 estados, teniendo en cada uno de ellos el
1% del padrón electoral. Cosa nada sencilla para aquellos que no tenían de
antemano un cuerpo de colaboradores expertos y operadores políticos, como la
indígena María de Jesús Patricio, “Marichuy”.
Y,
de modo lógico, los que declararon haber cubierto la cuota de firmas fueron los
que no encontraron nominación en el PRI, PRD y PAN, tales son Margarita Zavala
y Jaime Rodríguez Calderón, "El Bronco”, que en el caso de la primera
siendo esposa del ex presidente Felipe Calderón y militante de Acción Nacional,
tenía respaldo de las bases panistas, bastos recursos económicos y miles de
simpatizantes. Por otro lado, El Bronco venía de ser gobernador del estado de
Nuevo León.
En
segundo lugar, el INE creó una aplicación para recabar las firmas que sólo
funcionaba en teléfonos celulares de gama media, por mucho un recurso
discriminatorio en un país con más de 50 millones de pobres. Sin duda, las
condiciones no fueron justas para los participantes. Fueron trampas en toda la
extensión de la palabra.
Marichuy
recorrió buena parte del país con sólo 600 mil pesos y una suma solidaria de
préstamos. A unos días de terminar la contienda, su comitiva se accidentó en el
desierto del Vizcaíno, donde murió una persona y varias resultaron gravemente
heridas. Al final, recabó cerca de 300 mil apoyos (una tercera parte de lo
requerido), y lo loable es que de esos el 93 por ciento de las firmas fueron
válidas.
En
cambio, Ríos Piter presentó poco más de dos millones de firmas, pero obtuvo
menos registros lícitos que Marichuy. Margarita Zavala tuvo inconsistencias en
327 mil firmas, y aun así obtuvo la aprobación para convertirse en la cuarta
candidata presidencial. Con esos criterios, ¿se puede confiar en alguien que
permitió tal cantidad de abusos? El caso de Zavala es equivalente al del ex
alcalde de San Blas que se excusó diciendo que “robó poquito”. Jugar limpio no
sirve nada.
EL
BRONCO
Entre
las anomalías de Jaime Rodríguez Calderón está que el 58% de las firmas que
entregó son apócrifas, 810 mil 995 no se encontraron en la lista nominal, 158
mil 532 son simulaciones de firmas, 205 mil 721 fueron tomadas de fotocopias y
23 mil 644 no tienen documentos válidos. Además, se le descubrieron 17.3
millones de pesos de financiamiento sospechoso, al menos 680 mil pesos provienen
de triangulaciones de empresas de legalidad dudosa, no reportó el gasto de un
millón 600 mil pesos e hizo un pago a Facebook por 1.1 millones de pesos que no
comprobó.
Aparte,
se le acusó del uso de dos empresas no registradas en el padrón de proveedores,
de la captura de miles de firmas en un mismo domicilio y en horas de la
madrugada y de que utilizó a funcionarios del gobierno de Nuevo León que están
siendo investigados por juntar firmas en días y horas hábiles.
Con
todo eso, el INE negó darle el registro. Por lo que El Bronco hizo berrinche e impugnó
el dictamen. ¿Tiene sentido hacer trampa para protestar contra la injusticia?
Irónicamente,
sí. Porque hace unos días el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación ordenó al INE que le otorgara el registro como candidato
independiente a la Presidencia, basado en que el INE no le otorgó al inculpado
la garantía de audiencia para revisar la totalidad de los apoyos inválidos. Esto
a muchos dejó perplejos. Y no hay otra manera de explicar el fallo del máximo
órgano electoral, que diciendo que en la democracia mexicana siempre hay lugar
para los tramposos.
Que
se pongan candados legales para evitar las candidaturas independientes y que
después se haya utilizado al Tribunal para romperlos, no es casualidad.
AL
DIABLO
Desde
hace tiempo, el Tribunal Electoral viene arrastrando una serie de eventos
electorales desafortunados. Nada más el año pasado desechó las denuncias de que
el gobierno federal intervino en el triunfo del priista Alfredo del Mazo en las
elecciones del Estado de México, y de los desproporcionados gastos de campaña
que documentó el INE en los comicios de Coahuila. En fin, es un órgano ciego y
sordo, y posiblemente hasta cómplice.
Por
casos como esos, que pueden tomarse como permisos para cometer chanchullos, se
ha vuelto normal que el PRI regale tinacos, que el PVEM reparta tarjetas con
dinero, que Morena no respete los gastos de campaña, que el PAN nos atiborre de
spots en veda electoral, y no pasa nada. Pero que el Tribunal Electoral haga
malabares jurídicos para meter a un candidato con muchos y evidentes ilícitos,
no es normal.
Porque,
a la verdad, ¿a quién conviene o a quién perjudica que El Bronco aparezca en el
boleta? Saque usted mismo sus conclusiones.
Pero
más allá de eso, ¿dónde queda la credibilidad de las instituciones?
El
1 de septiembre de 2006, rechazando el fallo del Tribunal Electoral, Andrés
Manuel convocó a la resistencia y gritó: “Qué se vayan al diablo con sus
instituciones”. Han sido los gobiernos de Fox, Calderón y Peña Nieto los que
han prostituido las instituciones al ponerlas al servicio de sus propios
intereses. Si la crítica de AMLO tiene fundamentos es precisamente por ellos,
que se empeñaron en revivir el corporativismo, en pervertir los órganos
regulatorios, en negociar la ley y en debilitar la credibilidad de los
árbitros.
Una
victoria de Andrés Manuel significaría un retroceso; pero que el PRI y el
gobierno utilicen las instituciones para combatir a sus enemigos profundiza
nuestra crisis como país democrático. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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