El dinosaurio es quizá el
relato más célebre de Augusto Monterroso. Ha sido infinidad de veces criticado y
sobre él se han escrito decenas de ensayos. Fue publicado en 1959 y se compone sólo
de siete palabras. Dice: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.
¿Qué
quiso decir el escritor? Nunca lo mencionó. Sin embargo, es considerado como un
ingenioso juego de palabras para demostrarnos que la respuesta a nuestras dudas
casi siempre está en nosotros. No hacer nada no cambia las cosas, por ejemplo. Porque
cuando nos despertamos, el dinosaurio (la pobreza, la violencia, la
inseguridad, la impunidad, la corrupción) todavía está ahí. Incluso si ese
dinosaurio se tratara simplemente de una promesa incumplida.
¿Cuántos
presidentes prometieron en campaña abatir la miseria? Muchos. Empero, México es
un país con 60 millones de pobres actualmente. ¿Cuántos prometieron solucionar
la criminalidad? Muchos también. Y el 2017 cerró como el más violento de los
últimos 20 años, con una cifra de casi 27 mil asesinatos, 80 muertos cada día,
más de 3 cada hora. El dinosaurio todavía estaba allí, dijo Monterroso.
Para
hacer aún más fiero ese infierno, los partidos políticos se repartirán casi 7
mil millones de pesos las próximas elecciones. Un gasto tan elevado para
financiar campañas políticas en un país donde decenas de niños mueren a diario en
comunidades indígenas por no tener una pastilla para curar la diarrea o la
fiebre, es una obscenidad, un insulto, un escándalo, un crimen moral y ético,
un verdadero atentado a los mexicanos.
¿Cómo
fue que llegamos a esta situación? ¿Cómo es posible que siendo México un país tercermundista,
con 20 millones de personas muriendo de hambre, con jóvenes que optan por el
crimen por falta de empleo, existan partidos y políticos tan ricos? Hay que
admitirlo, parte de esa culpa es nuestra.
ADORAMOS
LA PROMESA
El
éxito actual de Andrés Manuel López Obrador no proviene de sus capacidades intelectuales
y mucho menos de una buena trayectoria política. Surge de su genio para
fabricar promesas.
Ya
prometió acabar con la corrupción y la impunidad de lo políticos, dos temas
prioritarios en la agenda nacional. Y la gente se lo aplaudió. También prometió
quitar la pensión vitalicia a los ex presidentes, y el pueblo saltó de alegría
como que si eso viniera a hacer un poco de justicia. Y prometió elaborar una
“Constitución moral” basada en la honestidad que procure guardar y hacer
respetar los buenos principios y valores humanos y levantar con ella una
“república amorosa”. Muchos seguramente no saben de qué trata todo eso y
tampoco se imaginan cómo pretende llevarla a cabo, pero de igual manera
hicieron suya la promesa.
“Vamos
a construir aquí en la Tierra, el reino de la justicia y la fraternidad”,
promete AMLO con voz profética en la última línea de su libro 50 Lineamientos para un Proyecto Alternativo
de Nación. En un país como el que tenemos ahora donde lo que abundan son
los golpes, el forcejeo político, la corrupción y los proyectos brillan por su
ausencia, ¿cómo no querer esas promesas?
Vicente
Fox prometió el “cambio”, y no sólo no sucedió también se recrudeció la
violencia, el narcotráfico, la corrupción, PEMEX siguió siendo estafado, los
sindicatos tuvieron mayor poder e injerencia en las políticas públicas y en Los
Pinos la que mandaba era una bruja, Rebeca Moreno, quien por solicitud de la
esposa del presidente fue nombrada Directora de Logística. Creer en la promesa
del cambio nos condujo a un trance mucho peor.
Felipe
Calderón prometió ser el “presidente del empleo”. Cuando asumió el mando del
país en México había poco más de un millón 600 mil desempleados, y para abril
de 2011 la población desempleada era de 2 millones 650 mil 974. Prometió
reducir los impuestos. En 2010, el ISR pasó de 28 a 30%; el IVA de 15 a 16% y
el Impuesto a los Depósitos en Efectivo (que resultó ser inconstitucional)
incrementó de 2 a 3 por ciento.
En
ese calamitoso gobierno aumentó la deuda neta del gobierno federal en un 76% y
la inversión extranjera tuvo una baja hacia finales de 2010 del 15 por ciento.
El autonombrado presidente del empleo agravó la economía y creó una guerra
contra los capos del narco que arrojó más de 70 mil muertos al final de su
administración.
En
2012, con un gobierno en crisis, el panismo desprestigiado y con la peregrina
idea de que “con el PRI nunca habíamos estado tan mal”, Enrique Peña Nieto ganó
las elecciones con una diferencia del 6.63% del total de la votación.
El
slogan del priista fue “Te lo firmo y te lo cumplo”. Así fue como hizo en
campaña 266 compromisos que firmó ante notario público, pero al llegar al
Quinto Informe de Gobierno aún le faltan por cumplir 106 promesas. Entre éstas
erradicar la pobreza alimentaria, y en México sigue habiendo más de 9 millones
de personas en pobreza extrema. Otra fue dotar de computadoras portátiles con
internet a todos los alumnos de escuelas públicas de quinto y sexto grado de
primaria, cosa que aún no sucede.
Prometió,
además, la construcción de carreteras, puentes, autopistas, tramos de
ferrocarril, terminales portuarias y el tren interurbano entre la Ciudad de
México y Toluca, que no existen. Juró rescatar a Acapulco de la inseguridad y ponerle
un fin a los cárteles de la droga, por el contrario el crimen arroja ya un
saldo de más de cien mil muertos.
Si
nos fijamos un poco, lo nuestro no es votar con la razón sino con el corazón.
Las elecciones del 2000 nos enseñaron que la democracia no sólo era posible en
México sino que nosotros éramos parte de ella, pero no la hemos utilizado para
erigir gobiernos capaces y menos para exigir buenas cuentas. Si democracia
significa el poder del pueblo, ¿por qué es el pueblo quien tiene que pagar por los
errores y excesos de los políticos?
¿Tenemos
o no tenemos culpa?
UN
ALTO COSTO
Ahora
bien, ¿de qué nos sirve pagar campañas electorales que son cada vez más
costosas y menos confiables? ¿Qué caso tiene desembolsar tanto dinero nada más para
que nos vengan con promesas que en su mayoría no están dispuestos a cumplir?
Según
Lorenzo Córdova Vianello, consejero presidente del INE, dice que el
multimillonario presupuesto entregado a partidos y a los candidatos
independientes no es una determinación arbitraria del instituto electoral. Sin
embargo, nunca reveló con precisión el método en que fue calculado el monto del
dinero. Así que lo que dijo es poco creíble sobre todo si tomamos en cuenta que
los 6 mil 788 millones de pesos que irán a parar en propaganda y publicidad
inútil de partidos y candidatos serán arbitrados por el mismo árbitro que es el
INE.
Veamos
pues cuánto se embolsará cada partido. El PRI recibirá 1,689 millones de pesos;
el PAN, más de 1,281 millones; el PRD, poco más de 773 millones y el partido
satélite del PRI, el PVEM, más de 578 millones de pesos.
Movimiento
Ciudadano obtendrá más de 537 millones de pesos; Nueva Alianza, 419 millones;
el PT, 376 millones. Los nuevos partidos como Morena, más de 659 millones de pesos
y, Encuentro Social, 398 millones. Aparte, a los candidatos independientes se
les asignó un monto de 42 millones 964 mil 332 pesos.
Es
un derroche de dinero. Un crimen monumental comparado con las necesidades más
urgentes de la sociedad como educación, salud y seguridad, principalmente. Y no
olvidemos el dinero sucio que entra en juego en las campañas, tanto de la
delincuencia organizada como de los empresarios que a veces son ellos y no los
partidos los que imponen el candidato para tal o cual cargo público.
Al
momento de registrarse como precandidato a la Presidencia de la República,
López Obrador hizo diez promesas. Suponiendo que para llevarlas a cada rincón
del país utilizará el presupuesto de la coalición (Morena, PT y PES), cada
promesa de AMLO nos costará alrededor de 143 millones de pesos y no sabemos si
las cumplirá en caso de ganar la elección.
Sin
duda nos urge una reforma política que incluya un replanteamiento de
financiación de los partidos políticos basado en el número de votos que reciben
en cada elección. Porque México no puede seguir sosteniendo este despilfarro para
pagar campañas basadas en promesas que no se cumplirán y que servirán para que
muchos políticos se enriquezcan ilícitamente con el dinero de los mexicanos y
del narco.
Prepárese
que esto apenas empieza. El dinosaurio todavía sigue ahí. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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