El
voto del primero de julio será, antes que cualquier otra cosa, un acto de
protesta contra la corrupción. Será un modo de condenar el soborno, la
connivencia, el latrocinio, los abusos de poder. Votar no sólo formará un
derecho de todo ciudadano, sino una exigencia moral con la que podamos, si no
acabar con la crisis, darle al menos un hito de esperanza a México.
LA
DEMOCRACIA COMO MITO
Si
se tratara de una persona, la democracia mexicana ya tendría su propia credencial
de elector. Ya no podemos hablar de ella como una democracia niña, pues ha
cumplido la mayoría de edad. No está del todo claro el día de su concepción,
pero se sabe que nació en México el 6 de julio de 1997, bien que la fiesta
grande se celebró tres años más tarde con el triunfo del panista Vicente Fox en
la elección presidencial.
Las
votaciones del verano de 1997 marcaron un parteaguas en la historia moderna de
México. Fue la primera vez que el PRI perdía la mayoría absoluta en la Cámara
de Diputados. En esa fecha nació el pluralismo, se establecieron los
contrapesos en el poder y se dio por terminado el largo periodo de
presidencialismo hegemónico.
Aquel
6 de julio se cortó el cordón umbilical de la Presidencia autoritaria, que bien
se recuerda era la que controlaba cada fibra del poder, era juez y parte, el
resorte de las ambiciones y el látigo de las amenazas. Así que al perder la
mayoría en el Congreso, dejó de ser el amo del país para convertirse en un
poder entre los demás poderes.
La
elección del 2000 fue muestra de que la sociedad sí puede elegir el gobierno que
quiere a través de un ejemplar ejercicio democrático. Pero ¿qué ha sido de éste
desde entonces?
La
corrupción, indiscutiblemente, también ha venido a resquebrajar las leyes e instituciones
que se encargan de organizar, proteger y promover la democracia. Por la
corrupción se produjo un atentado contra la libre competencia electoral en
2006, cuando se llegó al desafuero de Andrés Manuel López Obrador. Por la
ambición de sostenerse en la soberanía y tener el control de los dineros,
México dio paso hacia atrás.
La
imposición siempre ha sido y será una enemiga de la democracia. Durante los
setenta años de gobierno priista tuvo un nombre: dedazo. Por el poderoso dedo
del presidente eran designados gobernadores, alcaldes, diputados, senadores,
líderes nacionales y estatales del PRI e incluso el sucesor en la Presidencia.
A partir de la derrota del 2000, se supo que el mandatario podía elegir al
candidato priista, pero no a su sustituto. Fue el fin del cesarismo mexicano,
pero por corto tiempo.
El
Partido Acción Nacional no sólo se diferenciaba del PRI por ser más cauto y más
consciente en la creación de políticas públicas y en la postura conservadora
hacia las políticas internacionales. También por fomentar y exigir respeto a la
democracia, tanto dentro como fuera del partido.
Una
vez, estando en campaña proselitista, Felipe Calderón Hinojosa hizo la
invitación a matar al priista que todos llevamos dentro. Vicente Fox no pudo y
lo ayudó a ganar la presidencia como en los viejos tiempos del PRI: comprando
votos, chantajeando a las autoridades electorales, fingiendo fallas en el
sistema de conteo de votos, cerrando casillas, inventando brotes de violencia
donde iba ganando el candidato perredista y, al llegar la medianoche, sorprendentemente
Calderón superó la enorme ventaja de votos que tenía AMLO.
Hoy,
nada queda de ese PAN que llevaba la delantera en la democracia, pues un
reducido grupo de panistas es el que toma las decisiones, controla las
finanzas, se reparte las cuotas de poder, somete a las bases y elige
arbitrariamente a quienes los representarán en las cámaras legislativas y en los
Comités Estatales. Ricardo Anaya Cortés no fue elegido candidato a la
Presidencia por consenso de la militancia, sino por auto imposición. De tanto
criticar al PRI, terminaron imitándolo.
El
partido de la esperanza, MORENA, cuyo líder y candidato presidencial tiene
grandes posibilidades de convertirse en el próximo presidente de México, ha
mejorado las prácticas antidemocráticas del PRI. Andrés Manuel López Obrador,
sus tres hijos mayores y otras pocas personas, son los que mandan en el organismo
e impiden la pluralidad y la igualdad de oportunidades para la militancia. Ejemplo
de ello es la candidatura del tabasqueño y la designación por dedazo del resto
de los postulantes a otros cargos de elección popular.
Si
no puede haber democracia dentro de los partidos, ¿cómo puede haberla en el
país?
IEPC
Y LA CORRUPCIÓN
En
Chiapas, hemos tenido muy malas experiencias. El encargado de realizar esas
tareas es el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC), que algunas
veces ha sido manipulado por los gobernadores y otras ha caído en actos de
corrupción e ilegalidades por los propios consejeros electorales.
En
los retratos de Francis Bacon el cuerpo humano se descompone hasta hacerse
irreconocible. La carne pierde firmeza y se escurre. Creo que ese arte de la
descomposición podría ser la mejor forma para describir la deformidad de
nuestra democracia.
En
2006, se presume que hubo un pacto entre Pablo Salazar y Juan Sabines Guerrero
para heredarse el gobierno del estado. Se sabe que Sabines hizo campaña
utilizando vehículos y personal de gobierno, dinero del erario público y en
algunas ocasiones hasta viajó en el helicóptero oficial.
El
día de la elección, el ex fiscal antidroga y mano ejecutora de Salazar
Mendiguchía, Mariano Herrán Salvatti, fue visto cambiando urnas por otras
repletas con votos para Sabines Guerrero. El IEPC supo todo eso y ni siquiera
hizo un comentario al respecto. Fue cómplice del fraude.
Durante
la administración de Juan Sabines la democracia fue una simulación. No sólo se
reformó el Constitución chiapaneca para emparejar los comicios estatales con el
federa, también se creó la figura del diputado migrante que sirvió nada más
para el pago de facturas políticas. Además, se presume que alcaldes como Jaime
Valls Esponda, Yassir Vázquez, Emmanuel Nivón, Samuel Chacón, Samuel Toledo o
diputados como Rosario Pariente, José Ángel Córdova, Rhosbita López Aquino, Olga
Espinosa Morales, entre otros, fueron impuestos desde Palacio de Gobierno en
complicidad con los consejeros del IEPC, que recibieron en pago dinero en
efectivo y prebendas políticas.
Las
elecciones de 2015 han sido una de las más cuestionables. Presididos por María
de Lourdes Morales Urbina, varios de los hoy ex consejeros electorales y funcionarios
del IEPC terminaron en la cárcel acusados de corrupción y fraude electoral.
Entre
los abusos de esos consejeros fue no cumplir con el precepto de paridad de
género en las candidaturas, no vigilar el tope de gastos de campaña de los
participantes, la sospecha de negociar las alcaldías y curules en el Congreso
local con ciertos políticos ligados al poder, cometer fraude electoral en la
elección del diputado migrante, donde hubo alteración del Registro Federal de
Electores, usurpación de identidad, la manipulación del sistema electrónico
para recibir y contar los votos en connivencia con la empresa DSI Elecciones,
que fue contratada por adjudicación directa.
Al
finalizar la contienda electoral se vio a los ex consejeros más prósperos que
nunca, luciendo camionetas de lujo y regios ranchos.
CONCLUSIÓN
La
democracia es un asunto complejo. Porque ¿qué es el voto sin las medidas
institucionales? ¿Qué es la competencia electoral sin capacidad de
organización? ¿Qué es un gobierno democrático sin frenos al poder? ¿Qué es de
la sociedad viviendo a la intemperie de la ilegalidad?
Sin
duda estamos frente a los comicios más grandes y complicados de la historia
contemporánea, con partidos y actores políticos hambrientos de poder que no les
interesa elaborar un proyecto de gobierno que proponga la paz social, la
estabilidad, el desarrollo económico, la correcta impartición de justicia, la
generación de oportunidades y mejorar la calidad de vida de los chiapanecos.
Por
eso más que nunca resulta imprescindible un IEPC apto y honesto. Oswaldo Chacón
Rojas, presidente de dicho instituto, tiene ante él un desafío nada sencillo:
lograr impedir las arbitrariedades del poder, crear los instrumentos que
permitan a la sociedad elegir con plena libertad y promover sus intereses.
Mientras
eso no suceda, Chiapas seguirá bajo la incertidumbre, con gobiernos y
gobernantes faltos de legitimidad.
@_MarioCaballero
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