Si
alguien le pregunta “¿cuántos feminicidios han ocurrido los últimos años en
México?”, la única respuesta a la mano es “no lo sé”. Pero ignorarlo no es
motivo para sentirse apenado porque nadie puede saberlo, ni usted, ni el
gobernador del estado, ni el secretario de gobernación, ni el alcalde del
municipio donde vive, ni el procurador general, ni los medios de comunicación, ni
las organizaciones feministas y tampoco las defensoras de los derechos de las
mujeres. Nadie.
¿Por
qué? Porque según las autoridades no existe información suficiente “para
distinguir con certeza entre el homicidio de una mujer y un feminicidio”. Es
decir, alegan a que la información de contexto que se da a conocer junto con
los datos personales de la víctima es demasiado exigua y deficiente, y que por
eso poco o nada sabemos del asesino y cómo fue que cometió el asesinato. Aunque
a la verdad esto suena más a una excusa para ocultar la dura realidad del país que
a un axioma jurídico.
Sin
embargo, se calcula que de las 26 mil 266 mujeres que fueron asesinadas en
México entre 2004 y 2016, a 8 mil 913 las mataron simplemente por ser mujeres.
Es un promedio de 686 feminicidios al año, 57 cada mes y casi dos al día.
Conoce
primero los hechos y luego distorsiónalos cuanto quieras, decía Mark Twain. Ese
consejo le ha funcionado bien al gobierno que excusándose en “la falta de
información confiable” ha logrado minimizar la importante cifra de feminicidios
e impedido la activación de la Alerta de Violencia de Género en muchos estados,
incluyendo Chiapas.
GLORIA
En
diciembre, la revista TIME escogió como personajes del año a las protagonistas
de la campaña #MeToo, que protesta contra el acoso y la violencia hacia las
mujeres. Son auténticas guerreras que sin intereses políticos ni respaldadas
por ningún partido vienen luchando por acabar con ese flagelo que año con año aumenta
el número de víctimas.
Una
de esas valientes protagonistas es Cristina Rivera Garza, que ha encontrado un
concepto práctico para describir a quienes huyen de los problemas colectivos:
“indiferencia militante”. Ese concepto nos incluye a todos, no sólo al gobierno
que al final de cuentas suele ser el más beneficiado. En dos palabras podemos
saber que la apatía ante la calamidad del feminicidio no siempre proviene de la
desidia, pues en muchas ocasiones se necesita de mucho esfuerzo para evadir
toda responsabilidad.
Por
ejemplo: Si de casualidad un día nos encontramos que en la sección de nota roja
se informa del asesinato de una mujer en manos de su esposo o novio o cualquier
otro hombre, leemos de rapidito para satisfacer nuestro morbo y pasamos a la siguiente
página. En vuelta de unos segundos nos olvidamos del nombre de la fallecida y
llegamos a la condenada conclusión de que “¡qué mala onda que pasen esas
cosas!”. Nada más.
Según
las estadísticas del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en México ocurren más
asesinatos de hombres que de mujeres. Entonces “¿por qué se habla tanto de
feminicidio?”. Ese es un argumento común de la indiferencia militante, mayormente
utilizada por el gobierno, pero la verdad es que estamos frente a un falso
dilema.
Aunque
toda muerte es reprobable, lo significativo en los feminicidios es que son
causados por la agresión del género: la condición vulnerable, sumisa y “reemplazable”
de las mujeres. Más claramente lo dijo Irene Tello Arista, directora de la ONG
Impunidad Cero: “No es lo mismo hablar de asesinato de mujeres por razón de su
sexo, que hablar de asesinatos en general”.
Paso
a la muerte de una mujer que indignó a todo Chiapas. El martes 16 de enero de
2018, la joven Gloria Castellanos Balcázar fue encontrada dentro de un pozo y
sin vida en Tuxtla Gutiérrez. El móvil oficial del crimen fue el robo.
Tenía
sólo 24 años. Salió el viernes 12 de enero alrededor de las tres de la tarde
para recoger unas bases de pirotecnia en el salón de fiestas Al Jabal, ubicado
en la colonia Lomas de Mactumatzá.
Era
una muchacha alegre, estudiosa, emprendedora, que tenía grandes planes para su
futuro. Sus amigos cuentan que siempre tenía una mano dispuesta para ayudar.
Nunca la vieron triste ni quejumbrosa. Dicen que su sonrisa era contagiosa y que
en sus ojos estaba el brillo de una vida que empezaba a florecer. Pero,
desafortunadamente, Gloria corrió la misma suerte que la de tantas otras
jóvenes que teniendo un destino por delante se topó con lo peor de la
humanidad. Lo suyo fue un crimen de género.
Las
muchas flores que cubrieron su ataúd dan cuenta del aprecio que le tenían
amigos y familiares. Su asesinato no es una excepción en Chiapas. De acuerdo
con datos del Colectivo de Mujeres (Colem), el año pasado se registraron 120 feminicidios
en el estado y cuatro en los primeros quince días del presente año: uno en el
municipio de Cacahoatán, otro en Arriaga y un tercero en la región Altos de
Chiapas. El de Gloria fue el cuarto.
Al
llegar al lugar, Gloria bajó de su camioneta para recoger dichas bases de
pirotecnia y fue entonces que en un momento de descuido la golpearon por la
espalda. El agresor, de nombre Octaviano “N”, la amagó poniéndole una navaja en
el cuello y la despojó del teléfono celular, un Ipad y de varias tarjetas
bancarias. A punta de empujones y golpes, la encerró en un cuarto donde la
mantuvo atada. En el ataque fue apoyado por su pareja Rocío Esmeralda “N” y
Carlos “N”, que se quedaron a vigilar mientras él fue al cajero automático.
Pocos
minutos después volvió Octaviano al salón de fiestas y asfixió a Gloria con un
cable. No pudo retirar el dinero de las tarjetas y dejó el Ipad en una casa de
empeño.
Carlos
fue el primero en ser detenido. Lo capturaron elementos de la Fiscalía General
del Estado cuatro días después de cometer el asesinato. Una eficiente
investigación que implicó la realización de entrevistas a familiares, amigos y
compañeros de Gloria, así como análisis de circuitos de cámaras de
vídeo-vigilancia en la zona del feminicidio, permitió dar con su paradero.
Carlos
declaró que nada más había participado en la desaparición del cuerpo, que
Octaviano le había pedido que lo ayudara a cargar un bote de basura pero que él
nunca supo lo que éste contenía. Pero con el arresto de Octaviano y Rocío
Esmeralda, el jueves pasado en el municipio de Simojovel, se supo toda la
verdad.
Metieron
el cuerpo de Gloria en el bote de basura y lo arrastraron hasta un pozo que hay
en un lote baldío ubicado a cien metros del salón de fiestas. Ahí fue
encontrado a una profundidad de veinte metros. Solamente un animal es capaz de cometer
tan salvajes actos.
#MeToo
Si
la cifra de feminicidios en el país va en aumento, ¿por qué no se activa la
Alerta de Violencia de Género en las entidades donde hay mayor incidencia?
Más
allá de que eso pueda provocar una significante disminución en el turismo y por
consecuencia problemas económicos para la entidad que se ve obligada a invertir
dinero del erario para el diseño, implementación, desarrollo, supervisión y mantenimiento
de las estrategias para combatir los feminicidios, desacredita a los
gobernantes por ser incapaces de brindar seguridad a este importante sector de
la comunidad.
Patricia
Mora Herrera era maestra de una escuela del estado de Puebla, donde había
formado el equipo de ajedrez y los equipos de basquetbol y fútbol tanto varonil
como femenil. En su colonia era parte del comité vecinal y organizaba rondines
de vigilancia. Consciente del peligro que asechaba a las mujeres, pidió que se
reforzara la presencia policiaca, pero el representante de la Fiscalía estatal,
Marcos Sánchez Reyes, le advirtió: “Te pido que no hables, que no digas nada
porque por tu culpa la averiguación se verá comprometida”.
El
11 de noviembre de 2017, fue encontrada desnuda y sin vida a ochenta metros de
su casa. La parte oficial dijo que se había tratado de un robo, pero había
indicios de agresión sexual. Patricia habló en vida y las autoridades
desoyeron. Ahora su hermano lo hace después de su muerte.
Desde
el año pasado la Aleta de Violencia de Género está activada en siete municipios
de Chiapas, a pesar de eso las mujeres siguen muriendo. La muerte de Gloria
Castellanos hizo que miles de mujeres salieran a exigir justicia y un alto a
los feminicidios en el estado al grito de “Ni una más”. Despertaron de esa
indiferencia militante.
Si
la revista TIME honró en su portada a quienes rompieron el silencio con la
campaña #MeToo. Es hora de que nosotros digamos: #YoTambién. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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