Tuxtla
Gutiérrez carga el peso de su propia historia. Más allá de la modernidad y el
progreso que sólo existe en la información oficial, el sentido común nos permite
ver la verdadera realidad, dolorosa y lamentable, que padecemos quienes vivimos
aquí.
A
fines de 2017 me reuní con un amigo al que por discreción llamaré Stephen. Tiene
poco más de cincuenta años de edad y la sabiduría de uno de ochenta. A diferencia
de mí, él sí escribe y lo hace, incluso, con la misma facilidad con la que se
toma un vaso de agua. Bebe café descafeinado en lugares públicos siempre y
cuando tenga enfrente a alguien con quien compartir el momento, aunque sea nada
más para burlarse de él o ella. En medio de aquella aleccionadora charla, de
repente se apretó la cara con las manos y exclamó: “¡Vivimos en Ciudad Gótica!”.
Se refería, por supuesto, a Tuxtla Gutiérrez.
Sin
hacer comparaciones con esa ficticia ciudad, ciertamente Tuxtla es una localidad
llena de contrastes. Tiene la apariencia de ser como las grandes urbes de
México, con parques, zoológico, museos, teatros, auditorios, estadios de fútbol
y beisbol, centros deportivos, plazas comerciales, hoteles de cuatro y cinco
estrellas, monumentos, edificios emblemáticos, zonas de ecoturismo, además de
asilar a algunas empresas transnacionales. Pero por los niveles de pobreza,
desempleo y otros problemas, parece ser que eso sólo se trata de una fachada.
Claro,
no podemos ni omitir que tiene vida tanto de día como de noche, ni que la culpa
del desastre sea sólo responsabilidad del gobierno municipal actual. “La
realidad no es más que el reflejo de las acciones de los hombres”, escribió
Julia Navarro. Apegándonos a la frase, Tuxtla Gutiérrez es el más vivo reflejo de
la corrupción, indiferencia e ineptitud de quienes la han gobernado.
GOBIERNOS
PANISTAS
Hace
algunas semanas, en redes sociales, se publicó un vídeo en el que el panista
Enoch Araujo Sánchez comunicó su intención de ir en busca de la presidencia municipal
de Tuxtla Gutiérrez. Como era lógico, sus seguidores aplaudieron el destape y estimaron
que el panista será la mejor opción en los comicios venideros. “No hay peor
ciego que el que no quiere ver”. El refrán viene a la memoria porque éstos no
tomaron en cuenta que cuando Araujo Sánchez gobernó la ciudad hace más de
veinte años dejó un muy mal sabor de boca.
Enoch
Araujo fue presidente municipal durante el periodo 1995-1998. Con su arribo al
poder se abrió paso a la alternancia democrática precisamente en el momento que
más se necesitaba. Se creyó que por ser tuxtleco, devoto de Dios y empresario
exitoso, trabajaría comprometidamente por el desarrollo de la comunidad y el
bienestar de las familias. Sin duda vino a aumentar las esperanzas.
Pero
los tres años de su gestión estuvo más preocupado por enfrentarse al gobernador
interino Julio César Ruiz Ferro que por cumplir con la encomienda. En lugar de
estar haciendo obras, construyendo lazos de colaboración con el gobierno
estatal y federal, gestionando recursos, atendiendo las necesidades de la gente
y poner a Tuxtla a la par de las necesidades sociales y demográficas, anduvo de
tribunal en tribunal y se dedicó a hacer poses demagógicas.
Fue
así que aquel empresario llantero, presunto dueño de los Bisquet´s de Obregón, tuvo
un gobierno en la simulación. Si en una primera oportunidad como alcalde no
hizo nada por los tuxtlecos y como diputado federal, tampoco, ¿por qué pensar
que esta vez será diferente?
Araujo
Sánchez fue relevado en la alcaldía por Francisco Rojas Toledo, un médico ginecólogo
también militante del Partido Acción Nacional (PAN).
Paco
Rojas gobernó la ciudad con una desbordante falta de ideas. Si su antecesor
había sido un buscapleitos, él era un payaso de circo que buscaba darse
publicidad con cualquier cosa. Al terminar su gestión (1999-2001) lanzó una
minuta de acuerdo al cabildo de Tuxtla Gutiérrez proponiendo la autorización de
bonos de productividad para el cuerpo de gobierno municipal. En eso que acabó
por ser el mayor escándalo de corrupción, Rojas Toledo recibió un bono de 2
millones 700 mil pesos.
La
actual regidora panista Victoria Rincón Carrillo también administró los intereses
de la ciudad entre los años 2001 y 2004. Cuando recibió la investidura Tuxtla mostraba
un desmedido crecimiento poblacional que chocaba con el descontento social, con
los problemas más básicos que los gobiernos anteriores dejaron sin resolver, la
marginación, la pobreza y la falta de obras. Para ella, eso fue algo sin
importancia, lo urgente era diseñar una estrategia para exterminar a los
zopilotes que poblaban el relleno sanitario ubicado en las inmediaciones del
aeropuerto de Terán, alegando que representaban un grave peligro.
Se
cuenta que una mañana estando en la oficina de la presidencia, la alcaldesa
Rincón Carrillo se levantó de su asiento, tomó su bolso y se dirigió al
vertedero de basura junto con un grupo de sus colaboradores para tratar de
asesinar a los zopilotes a punta de pedradas. En su locura, Vicky ignoraba que
dichas aves son necesarias para la correcta existencia del ecosistema.
LOS
SABINISTAS
La
vida continuó su rumbo y en 2004 llegó Juan Sabines Guerrero a la presidencia
municipal. Con él acabó el reinado de los panistas, pero inició uno peor.
Sabines
Guerrero nunca quiso gobernar la ciudad, pues su intención era otra. Nada más utilizó
la alcaldía como trampolín para postularse al gobierno del estado. Abandonó el
puesto a finales de 2005 y dejó en su lugar a María del Rosario Pariente Gavito,
“Chachita”, quien presuntamente desvió recursos del municipio para financiar la
campaña electoral que llevó a Sabines a ganar la gubernatura en 2006.
En
2007, Jaime Valls Esponda es elegido presidente municipal y al poco tiempo de
haber iniciado su gestión se descubrió que había incluido en la nómina a casi
250 aviadores, y que en complicidad con los líderes sindicales había negociado
las plazas del Ayuntamiento para colocar a sus compadres, amigos y parientes.
Entre otros fraudes, se filtró la información de que realizó pagos millonarios
a constructoras foráneas por obras inexistentes.
Fue
durante el mandato de Valls Esponda que se firmó el contrato para la
privatización del servicio de recolección de basura con la empresa española
Proactiva Medio Ambiente, S.A. de C.V. (hoy Veolia), por la cantidad de 116
millones de dólares. Se rumora que Juan Sabines y Jaime Valls son socios de esa
empresa. Además, a esta fiesta de corrupción se unió la reconstrucción del
Mercado Juan Sabines que nada más sirvió para la rapiña.
Yassir
Vázquez Hernández es hasta ahora el peor presidente que ha tenido Tuxtla
Gutiérrez. Rindió protesta en 2010 y abandonó el cargo dejando una deuda de más
de 900 millones de pesos. La obra “Qué viva el centro” no sólo fue un dolor de
cabeza para la sociedad, sino fue el más descarado atraco al erario público que
se hizo con la autorización del gobierno del estado.
El
último gobierno municipal emanado de las filas de Juan Sabines Guerrero fue el
de Samuel Toledo Córdova Toledo. Aquí,
la corrupción se centró en el pago de aviadores, de obras que no se realizaron
o que no se concluyeron, y en el derroche millonario en publicidad oficial. Se
rumoró que nada más en la entrega del tercer informe de gobierno, Córdova
Toledo ordenó un gastó de ocho millones de pesos, sin contar el pago a medios
de comunicación.
¿PARA
QUÉ QUIERES SER PRESIDENTE?
En
el escenario actual, dos han manifestado que quieren participar en la
renovación de la alcaldía.
Por
un lado está el diputado del PVEM Carlos Penagos Vargas, que podrá tener buena
reputación, habilidad para los negocios y una carrera política alejada de los
escándalos. Pero se sabe que cada paso que da es influenciado por su suegra Chachita
Pariente. Así que de ser presidente municipal, ¿cómo no creer que la sabinista
será el poder detrás del trono?
Por
el otro, Carlos Morales Vázquez tiene mucha mayor experiencia, trayectoria,
preparación y virtudes que el primero. De lograr la candidatura, su mayor
ventaja será precisamente ésta: ser candidato del partido más popular y atractivo
del momento: MORENA.
Cuando
a Eduardo Galeano un amigo le dijo que el lugar donde vivía era feo, escribió:
“Me dolió. Y porque me dolió descubrí que yo quería al pueblo donde vivía”. A
la sazón, los aspirantes deben responder ¿para qué quieren ser alcaldes? Porque
en verdad, la patria son los problemas que te importan. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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