No
existe peor cosa en la vida que el que te quieran ver la cara de tonto. El PRI
dice sentirse traicionado por la corrupción de Javier Duarte, y la Secretaría
de Hacienda y Crédito Público (SHCP) ha tratado de desmentir la acusación del desvío
de recursos federales en los estados para financiar las campañas electorales
del PRI. A estas alturas del tiempo es más fácil creer en el billete de treinta
pesos que en la inocencia del gobierno.
El
Partido Revolucionario Institucional no puede ser víctima de sus militantes. Pero,
de acuerdo con el cerco informativo, es con todo rigor el beneficiario principal
de la red de corrupción que tejió con los gobernadores priistas a los que ahora
exhibe como traidores a la patria.
De
tal manera, el encarcelamiento reciente de Alejandro Gutiérrez, ex secretario
general adjunto del PRI que fue señalado como el operador del desvío de dinero
público, puede tratarse nada más de la punta del iceberg de la defraudación más
grande en la historia del partido.
Tomando
en cuenta que nada más el gobierno de Chihuahua de César Duarte desvió cientos
de millones de pesos a través de empresas fantasma para después mandarlos al
PRI nacional, no sólo estamos hablando de que el partido de Calles es más
corrupto que antes, sino que ha mejorado los métodos del fraude.
Jaime
Herrera Corral, ex secretario de Hacienda de César Duarte, declaró que
Alejandro Gutiérrez no era el único ni el principal operador del esquema de
desvío de recursos, sino que todos los movimientos se hicieron con el aval de
la Secretaría de Hacienda, encabezada en su momento por Luis Videgaray Caso,
además del entonces dirigente nacional del PRI Manlio Fabio Beltrones y los
gobiernos priistas de César Duarte, Javier Duarte y Egidio Torre.
Según
lo relatado por Herrera Corral, las cosas sucedieron más o menos así: Las
operaciones fueron ejecutadas por el secretario de Educación estatal, Ricardo
Yáñez, el director de Adquisiciones, Antonio Enrique Tarín García y por el
director de Administración, Gerardo Villegas, quienes simularon compras por más
de 250 millones de pesos que después triangularon para dirigirlos a las
campañas del PRI en Veracruz, Tamaulipas y Chihuahua.
El
delito se descubrió cuando la Auditoría Superior de la Federación (ASF)
encontró documentos con fechas erróneas. Ese indicio permitió investigar a la
Secretaría de Educación chihuahuense que había realizado contratos simulados
con empresas que fueron señaladas por el hijo de Alejandro Gutiérrez. Asimismo,
la ASF detectó fallos en las solicitudes de recursos a la SHCP, que según
Herrera fueron con los que Alejandro Gutiérrez presionó para que se liberara el
dinero.
Más
claro: los priistas planearon que los 250 millones de pesos de recurso federal ingresaran
primero a las arcas del estado para luego enviarlos al PRI, tratando de pasar desapercibidos
por las auditorías federales. Mejor método, pero pésimos y descuidados
operadores.
LA
SONRISA DE JAVIDÚ
La
primera vez que supimos que algo andaba mal con el gobierno de Javier Duarte,
conocido como Javidú, fue en enero de 2012, cuando dos funcionarios de su
administración fueron detenidos con 25 millones de pesos en efectivo en el
aeropuerto de Toluca. Por tal motivo se abrió la averiguación previa PGR/MEX/TOL-VI/310A/2012.
A pesar de ello, nada sucedió contra Duarte y el gobierno hasta tuvo que
devolverle el dinero.
Al
respecto, el ex presidente Felipe Calderón dijo: “la investigación que hicimos
no había parado ahí, llegó hasta la cuenta de un banco en Xalapa, en la capital
del estado, una cuenta del gobierno de Veracruz. De esa cuenta todos los
depósitos que diariamente llegaban, diariamente eran retirados en efectivo, en
billetes, de los cuales nadie sabía absolutamente nada de a dónde iban. ¡Claro
que todos sabemos a dónde iban! Pero los podían retirar como si fueran suyos.
¿Saben cuánto dinero retiró el gobierno de Veracruz en un año de esa cuenta en
efectivo? 3 mil 400 millones de pesos”.
El
gobierno, entonces panista, sabía de la corrupción de Duarte pero nada hizo para
detenerla. Al contrario, le devolvía el dinero.
Con
el PRI en la Presidencia de la República los escándalos siguieron saliendo: era
una fiesta en la que millones de pesos bailaban un suave vals ejecutado por el gobierno
veracruzano. Por ejemplo: se conocía que Javidú dejaba de pagar los salarios de
los empleados y que no transfería el dinero de los programas. Cada año, la
Auditoría Superior de la Federación hacía el debido señalamiento, pero no
pasaba nada. Cuando se dio a conocer que Duarte había desaparecido los fondos
para la prevención del delito, nadie en el PRI ni en Los Pinos dijo nada.
Tampoco o casi nada, cuando la investigación del organismo “Mexicanos contra la
Corrupción” destapó el escándalo de las empresas fantasma.
El
presidente Enrique Peña Nieto visitó 23 veces a Javier Duarte durante los
primeros cuatro años de su administración y nunca habló de los excesos, de la
complicidad de todos, de las casas, de los departamentos, ranchos, camionetas y
cuentas bancarias con cientos de millones de pesos que Duarte había logrado acumular
como gobernador de Veracruz.
No
fue sino hasta que Javidú perdió las elecciones estatales, que el gobierno de
Peña Nieto dijo que éste era un ladrón de siete de suelas, y por eso decidió
perseguirlo como un perro. Parece ser que el PRI perdona todo, corrupción,
traiciones, inmoralidades, abusos de poder, pero jamás perder una elección. De
ahí en adelante no se habló de otra cosa que de la deuda, inseguridad, violencia
y el caos que había dejado Duarte en Veracruz.
Pero
hay algo que no cuadra en las imágenes de la detención de Javier Duarte, que lo
muestran tranquilo y en varias ocasiones sonriendo. Y no como si estuviera
resignado, sino como aquel que desde hace mucho tiempo sabía que su destino
sería una celda, como aquel que entiende que el castigo sería necesario. Tal
vez la sonrisa de Javidú no era de nerviosismo, sino se burlaba de nosotros.
¿DE
QUÉ SE OFENDE MEADE?
Después
de todo esto, ¿de verdad nadie en el PRI, ni en la SHCP, ni Peña Nieto sabían
que en los estados gobernados por priistas estaban desviando dinero público
para favorecer las campañas políticas del partido? Mentira.
El
vocero de Hacienda, José Luis Ruiz, como para lavarle las manos al gobierno
federal, dijo: “son las entidades federativas quienes deben acreditar ante los
órganos de control y fiscalización el ejercicio, destino y resultados de los
recursos que les hayan sido transferidos”. Y añadió: “la SHCP no atiende
situaciones electorales, ni está sujeta a partido u organización política
alguna. La programación, presupuestación y ejecución del gasto público se
realiza con estricto apego a las disposiciones constitucionales y legales”.
Falso.
Conforme a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, esa secretaría
tiene el control del dinero y entre sus responsabilidades está calcular los
ingresos y egresos de la federación y las entidades. De igual manera, realizar
y autorizar todas las operaciones en que se haga uso del crédito público. Es
así que sabe muy bien lo que hace cada estado con el dinero de los mexicanos.
Así
que es obvio que la Secretaría de Hacienda sabía que César y Javier Duarte
estaban robando recursos públicos para ellos y el PRI. Y si lo sabía Hacienda,
también lo sabía el Presidente.
Ahora,
¿de qué se ofende el “candidato ciudadano” José Antonio Meade que en precampaña
en el Puerto de Veracruz, dijo: “Nos duele profundamente que Javier Duarte nos
haya traicionado con la corrupción, nos duele porque no nos define y no nos
describe?”.
Para
empezar él ni siquiera es priista, y para terminar es lógico que cuando él
asumió la SHCP se enteró de la tracalería y de los métodos de la estafa, tanto así
que hasta podemos suponer que pudo entregar información valiosa para que las
autoridades judiciales iniciaran el proceso que terminó por encarcelar a Javier
Duarte, de quien podemos sospechar que su detención es parte de un plan estratégico
entre el gobierno federal y el PRI para ganar credibilidad y, de paso, vernos
la cara de tontos.
Piénselo.
Quizá por eso Javidú está tan sonriente y su esposa karime Macías y sus suegros
no son tocados ni con el pétalo de una rosa. En cuanto a Meade, al declararse
traicionado se agrega a sí mismo una mancha pero no en su físico, sino en su
moralidad. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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