Le
han dicho que es un ladrón, un corrupto, un pillo, aunque él dice que no roba.
No obstante, sus leales y principales colaboradores nunca explicaron el origen
de las pacas de dinero que metieron en bolsas de supermercado y tampoco dijeron
el costo real de los fraudulentos segundos pisos y de la Línea Dorada del
Metro. También un presidente de la República lo llamó “un peligro para México”,
y puede que sea cierto.
Habla
de una “honestidad valiente”, pero nadie sabe de qué vive, cuánto dinero posee,
cuántas propiedades tiene, cuánto dinero gasta, cuánto paga de impuestos y cómo
le ha hecho para sostener una campaña política por doce años consecutivos. Asimismo,
se desconoce de qué viven sus hijos y de dónde sale el costoso gasto de su
familia que dice vivir con mucha modestia pero que no tiene empacho en ocultar
sus viajes a Europa, vestir ropa exclusiva, calzado de dos mil dólares y vivir
del poder.
Habla
de tener una pureza ideológica y de que se basará en ella para darle a México
el mejor gobierno que nunca ha tenido. Sin embargo, su “empresa política” está
hecha de una amalgama de inmoralidades. Buena parte de los que militan en su
partido son ex priistas, ex panistas, ex perredistas, ex narcotraficantes, ex
funcionarios del gobierno de Vicente Fox, de Felipe Calderón, de Ernesto
Zedillo y, especialmente, de su archienemigo, “el innombrable” como le dice, Carlos
Salinas.
Acusa
al PRI de ser una “mafia en el poder”. Empero, diputados, alcaldes y jefes delegacionales
de la Ciudad de México emanados de su partido, así como los miembros de su
equipo más cercano, han sido evidenciados desviando recursos públicos,
recibiendo moches de dinero en efectivo para financiar su campaña, encubriendo
organizaciones criminales que trafican droga, dirigen redes de prostitución, secuestran,
roban, extorsionan y asesinan.
Entre
estos está Claudia Sheinbaum, precandidata a la Jefatura de Gobierno de la
Ciudad de México, que fue acusada de operar una red de corrupción a través de
los negocios inmobiliarios en la Delegación Tlalpan, puesto que ocupó
recientemente. Además, se presume que hurtó dinero del Fideicomiso para el
Mejoramiento de las Vías de Comunicación del Distrito Federal cuando fue la
encargada de regular la construcción del Segundo Piso. La información de dicha
obra estuvo oculta durante más de doce años.
Define
a otros como mafiosos, cuando él es el líder de una propia.
Acusa
al PAN y al PRD de haber traicionado los ideales fundacionales y de haber
perdido los principios, basado en que se aliaron al PRI en el “Pacto por
México”. Un axioma bíblico nos enseña que antes de mirar la paja en el ojo
ajeno hay que quitar la viga que tenemos en el nuestro. Pues en su partido se
perdonan las deslealtades, los delitos, los desfalcos y las peores atrocidades
cometidas contra el pueblo de México.
Prueba
de ello es que perdonó al ex priista Evaristo Hernández Cruz que durante su gestión
en la alcaldía del municipio de Centro, en Tabasco, vació las arcas y dejó a la
población en el desamparo total.
Proclama
en cada pueblo, ciudad y estado que no es ningún populista, pero todo su
discurso y buena parte de su proyecto son una lépera imitación de lo que
presidentes como Hugo Chávez, Fidel Castro, Nicolás Maduro, Evo Morales, Daniel
Ortega y Rafael Correa implementaron en sus países y que los tienen al borde de
la ruina. Tal es el caso específico de Venezuela, cuyas políticas públicas
populistas derivaron en la inflación del 700 por ciento, en carencia de
alimentos, medicinas y hasta de papel de baño.
En
este sentido, niega que quiera erigir un gobierno populista y dictatorial como
el de cualquiera de los antes mencionados. Sin embargo, comparte con su aliado
partidista, Alberto Anaya, eterno dirigente del Partido del Trabajo, su devoción
por las formas de gobierno de Nicolás Maduro y Fidel Castro.
En
noviembre de 2016, dijo lo siguiente sobre la muerte del dictador cubano:
“Nosotros pensamos distinto, nosotros sí reconocemos a quienes luchan por la
dignidad y la independencia de los pueblos. Para nosotros el comandante Fidel
Castro es un luchador social y político de grandes dimensiones, porque supo
conducir a su pueblo y alcanzar la auténtica, la verdadera independencia”.
Por
otro lado, critica el nepotismo de políticos y servidores públicos. Otra verdad
bíblica dice que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Su
primogénito, José Ramón López, tiene un puesto alto en el partido por el que
cobra un jugoso sueldo, además de que se aprovecha de los recursos partidistas para
recorrer el Estado de México, donde conversa con aspirantes a coordinadores de
organizaciones municipales y distritales. Hace pocos meses, trascendió que
aparece en la nómina de varias delegaciones y presidencias municipales.
Seguramente, en los comicios de 2018 será diputado plurinominal.
Andrés
Manuel López Beltrán, el segundo hijo, también está en las tomas de decisiones
del partido y es muy probable que herede su puesto y aparezca en el Congreso de
la Unión. Se dice que buena parte de su familia tiene cargos en el gobierno
federal y en los estatales.
Aparte,
dice que es un complot y parte de la guerra sucia que hay contra él y su
partido las acusaciones de que está recibiendo apoyo político y mediático del
gobierno ruso, que se presume influyó en el triunfo de Donald Trump. Pero hay
líderes de opinión e investigadores que documentan que sí está vinculado y que
es a través de uno de sus principales promotores, John Ackerman, que trabaja
para Russia Today, que es un controvertido vehículo de propaganda que en poco
tiempo se convirtió en el canal de noticias más visto de Estados Unidos, pero
que es realmente una herramienta dirigida a apoyar proyectos capaces de
desestabilizar países enteros.
Aun
con todo ello, ninguno de los que hoy lo acusan puede negar que Andrés Manuel
López Obrador sea el candidato a vencer en las próximas elecciones
presidenciales. Menos de que carece de un rival digno de su estatura y
popularidad. Puede que uno no esté de acuerdo con muchas de sus propuestas,
pero ciertamente es el único que las ha ofrecido.
Propuso
acabar con la violencia perdonando a los criminales; echar para atrás la reforma
educativa aunque eso equivaldría devolver el control de la educación pública en
manos de los maestros. Así como esas tiene un montón de propuestas sin sentido,
como eliminar el Estado Mayor Presidencial, cancelar la construcción del
aeropuerto de la Ciudad de México y vender el avión presidencial, que se antoja
caro e inútil.
Quizá
lo que proponga AMLO no sea lo mejor ni lo que necesitamos, pero lo hace
incluso cuando Ricardo Anaya (PAN) y José Antonio Meade (PRI) no aportan más
que puras generalidades.
Igualmente,
no es una exageración que la sola presencia de López Obrador es capaz de
cambiar el rumbo de una elección local y de hacer ganar al candidato más débil.
INFLUENCIA
ELECTORAL
Está
comprobado que no se puede chiflar y comer pinole al mismo tiempo. También que
el agua y el aceite no se pueden mezclar. La experiencia nos dice que no hay
candidato al gobierno del estado que pueda ganar una elección sin el respaldo
del más favorito candidato a la presidencia.
El
apoyo que le dio Vicente Fox al proyecto de Pablo Salazar Mendiguchía fue
esencial para que éste se levantara con el triunfo en las elecciones de 2000;
Juan Sabines Guerrero obtuvo fuerza cuando Andrés Manuel le alzó la mano en un
mitin en el parque central de Tuxtla Gutiérrez. También, en algo Manuel Velasco
Coello se vio beneficiado con el respaldo del hoy presidente priista Enrique
Peña Nieto.
Ahora
bien, ¿qué sucederá cuando AMLO cargue sobre sus hombros al candidato de Morena
a la gubernatura de Chiapas?
Porque
aun con las descalificaciones que le hizo Fox en 2006, la fama de López Obrador
hizo que Marcelo Ebrard tuviera mayor impulso en la campaña y ganara la
Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Caso similar en 2012 con el
perredista Miguel Ángel Mancera, que terminó ganando cuando por momentos se
creyó que perdería la plaza que desde los noventas posee el PRD. Y así hay una larga
lista de jefes delegacionales, diputados, senadores, alcaldes y gobernadores.
Parece
que el PRI y el PVEM en Chiapas se están olvidando del peso de López Obrador.
Mientras pierden el tiempo en discusiones y berreos, en una de esas el
morenista Rutilio Escandón les come el mandado. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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