Ninguna
sociedad se escapa del momento de sentir que ha perdido el rumbo. Y esto se
sabe cuando comienzan a surgir las quejas por la falta de seguridad, la
corrupción de los gobernantes, la dificultad para la subsistencia y hasta por
el mal estado del aire. Aunque de algún modo la inconformidad debería ser parte
del estado natural de toda comunidad humana, dado que en algún instante de la
historia todos nosotros hemos compartido perspectivas diferentes de la
realidad, sí existe tal cosa como un sentir generalizado de indignación y
rabia.
¿Por
qué esta palabrería? Porque hoy, en todo México, estamos en el tiempo del: “si
se traficaban drogas, pero no se mataba gente a la menor provocación/ el
gobierno robaba, pero ninguna familia se quejaba de que no tenía para comer o
trabajo/ el gobierno no era totalmente eficiente, pero había buenas políticas
públicas/ no éramos ni la mitad de prósperos que Estados Unidos o Alemania,
pero tampoco el nivel de pobreza era como el actual”. Justamente por ello, algo
revelan las expectativas sobre lo que creemos necesitar y merecer en el futuro
inmediato.
Estando
a meses de que se celebren las elecciones más reñidas de los últimos años, ¿qué
queremos para el porvenir? ¿Qué futuro le queda a un presente tan desahuciado?
Alberto Moravia decía que curiosamente los votantes no se sienten responsables
de los fracasos del gobierno que han votado. Empero, no directamente pero en
algo contribuimos en la destrucción de nuestro país y de nuestro estado porque
fuimos nosotros quienes dimos el poder, quienes votamos por personajes que
prometieron todo y cumplieron nada.
EL
VOTO DESCABELLADO
Hace
unos días escuché un disparate en la radio que decía: “Nosotros los del PRD
sacamos al PRI de la Ciudad de México”. Eso no es cierto porque ¿qué es el PRD para
sustituir a otro partido en el gobierno? Lo correcto era que dijeran “con ayuda
de ustedes, nosotros los del PRD…”. Porque -vaya- somos un país democrático
donde el pueblo es el que decide el gobierno que quiere.
Pero
vayamos por partes. Muy pocas personas saben quién fue Gregorio Marañón, que tenía
razón al decir que la dictadura no se evita declamando contra ella, sino
haciéndola innecesaria con nuestra rigurosa disciplina del deber. Ese deber ciudadano
es elegir inteligentemente a los gobernantes. Pero en verdad ¿sabemos elegir?
Estamos
por cumplir dieciocho años de haber logrado la alternancia democrática en
México, aunque finalmente nos dimos cuenta que eso no significó nada. En 2000,
el pueblo mexicano, harto de los abusos del PRI, vertió su esperanza en un
personaje que tenía mejores cualidades para ser un gerente que un mandatario: Vicente
Fox Quezada, que supo representar bien su papel de salvador de la patria y con
ello ganarse la simpatía de la gente.
Entre
muchas otras cosas, Fox prometió en campaña resolver el conflicto zapatista en
quince minutos. Pero cuando llegó al poder hizo todo lo posible para negarle el
derecho a una vida digna, a la educación, a los servicios de salud, a los
servicios básicos en la comunidad, entre otros, a los pueblos indígenas de
Chiapas. Después de un año de su gobierno nos dimos cuenta que jamás sería “el
cambio” que esperábamos.
En
2006, obnubilados por el rencor y la frustración, los votantes decidieron
seguir castigando al PRI y no votar por quien en ese momento era considerado el
enemigo a vencer, Andrés Manuel López Obrador. Por el contrario, votaron por Felipe
Calderón Hinojosa que convirtió a México en un camposanto por una mal planeada
guerra contra los cárteles de la droga. El autonombrado en campaña como “el
presidente del empleo”, dejó al país con 8 millones 671 mil personas
desempleadas y con el 54.5% de la población en el empleo informal.
Con
doce años el poder, el PAN demostró no tener capacidad para gobernar. Eso fue
lo que lo sacó de Los Pinos. Y quien en 2006 había sido el candidato a vencer
para 2012 era el menos malo, pero eso no fue suficiente para derrotar la
juventud, el dinamismo, la elegancia y la fama de Enrique Peña Nieto de tener
el copete más reconocido de todo México.
Por
creer en la falacia del nacimiento del “Nuevo PRI” y fascinados por la imagen
bonita del mexiquense que fue bien construida por las dos televisoras más
importantes de la nación, la gente depositó todas sus ilusiones en el candidato
menos ilustrado de todos, que durante cinco años ha dirigido un gobierno desastroso
con escándalos de corrupción y altos índices de criminalidad. Al parecer, muchos
en lugar de votar con la cabeza lo hicieron con los ojos.
VOTAR
POR LA DICTADURA Y LA JUERGA
El
voto a favor de Pablo Salazar Mendiguchía fue provocado por la misma
circunstancia que llevó a Vicente Fox a ganar la Presidencia de la República: la
aversión por el PRI. Siendo sólo dos los candidatos que se disputaron la
gubernatura del estado en 2000, el priista Sami David David y Salazar que fue
respaldado por ocho partidos políticos, era obvio que éste se quedara con el
triunfo electoral. Cabe precisar que durante esa elección se registró el mayor abstencionismo
en la historia de Chiapas, pues Salazar ganó con sólo 525 mil 50 votos.
¿Hubiéramos
estado mejor con Sami David? Nunca lo sabremos, pero la verdad es que Pablo
Salazar hizo de su administración una tiranía que destruyó las instituciones,
avasalló el poder Legislativo y Judicial, combatió las manifestaciones sociales
con la fuerza pública, tuvo un gobierno que no se hizo responsable de la muerte
de al menos cien personas, que fue indiferente ante el fallecimiento de 35
recién nacidos y presuntamente desvió once mil millones de pesos para la
reconstrucción de los daños provocados por el huracán Stan. De ser posible
definir ese gobierno en una sola palabra esa sería delincuencia.
Los
votantes creyeron que él sería la solución a los problemas de Chiapas y terminó
por empeorarlos.
François
De La Rochefoucauld, escribió: “Los apellidos famosos, en vez de enaltecer,
rebajan a quienes no saben llevarlos”. Seducidos por el famoso apellido de Juan
Sabines Guerrero, los chiapanecos cometieron otro de sus más grandes errores al
votar por él pensando que sería igual o superior a su padre, Juan Sabines
Gutiérrez, que siendo gobernador interino (1979-1982) ocasionó un estallido de modernidad
en el estado. Fue un político que gobernó con alegría y de puertas abiertas.
Que ayudó a la gente. Que creó un clima de estabilidad social y económica.
Conocido como el “Ciclón del sureste”, es tal vez el ex mandatario mejor
recordado de Chiapas.
Sabines
Guerrero no sólo defraudó la memoria de su padre y de su ilustre familia, también
decepcionó a todos los que esperaban más de su administración, que estuvo llena
de políticos viciosos, drogadictos, corruptos, que despechaban los asuntos de
Chiapas desde las cantinas o los antros. Que haya dejado endeudado al estado
por más de 40 mil millones de pesos es sólo el resultado de su megalomanía, de
su ambición de querer convertirse en presidente de México y de las
complicidades con los grandes empresarios, entre ellos Ricardo Salinas Pliego,
dueño TV Azteca y presidente del Grupo Salinas.
PENSAR
O FRACASAR
En
este momento, Roberto Albores Gleason, Luis Armando Melgar Bravo, Rutilio
Escandón Cadenas, Eduardo Ramírez Aguilar, Zoé Robledo Aburto, Fernando
Castellanos Cal y Mayor, María Elena Orantes y José Antonio Aguilar Bodegas son
los nombres más sonados para competir por la gubernatura del estado en las
elecciones venideras. Pero ¿por quién votar?
Considerando
los ejemplos anteriores y la decepción de elegir a gobernantes jóvenes que
tienen el carisma y las fuerzas, pero no la inteligencia, la sensibilidad, la
capacidad, experiencia y tacto político, votar con inteligencia no sólo se ha
convertido en una urgencia, sino en una necesidad de poner el gobierno de
Chiapas en quien pueda recomponer la situación en la que actualmente vivimos.
Estudiemos,
pues, a los aspirantes. Comparemos las trayectorias. No nos dejemos llevar sólo
porque es joven o guapo. Tampoco porque sus promesas sean lo que queremos
escuchar. Entreguemos nuestra confianza a aquel a cuyas palabras las respalda
un trabajo político real y cercano a la gente. Votemos por quien en verdad conoce
a Chiapas y sus necesidades. Porque ante el fracaso de los gobiernos pasados y
actuales, es mejor pensar bien el voto hoy para no tener que arrepentirnos
mañana. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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