Nació en casa humilde. Su niñez y
adolescencia pueden calificarse como violenta y austera. Violenta porque la
vida se obstinaba por imponerle un destino sin oportunidades e inmerso en las
carencias. Austera porque nunca gozó de privilegios ni de adornos ni de
padrinos para salir adelante en un país donde ser pobre no es una
característica, sino la esencia. Pero hoy el singular diputado Carlos Arturo
Penagos Vargas disfruta como de una segunda vida, cuya larga sombra toca la
esperanza de otros.
“Estoy sentado junto a la
alcantarilla aguardando a que salgan las ranas”, así empieza el primer cuento
de El llano en llamas (1953) de Juan
Rulfo. De manera emblemática, Carlos Penagos se sirvió de sí mismo para no sentarse
a esperar a ver qué le deparaba el futuro, sino activó su imaginación para labrarse
un camino cuando su familia cayó en una terrible crisis financiera en el lejano
1994.
Vivió en un hogar modesto anclado
en el barrio San Roque de Tuxtla Gutiérrez. Es hijo del arquitecto Carlos
Penagos y de la señora María Xóchitl Vargas, ella originaria de la ciudad de
Tapachula. No eran ricos, pero tampoco pasaban pobreza pues el negocio de su
padre daba para el sustento diario y para darse ciertos lujos de vez en cuando.
Pero al llegar el final del salinato, etapa donde cientos de empresas a nivel
nacional quebraron por la recesión económica y la devaluación del peso, las
cosas cambiaron de forma drástica para la familia.
VIVIENDO
EN ESTADOS UNIDOS
En ese momento, un jovenzuelo
Carlos Penagos había sido enviado a Estados Unidos en un intercambio escolar. Aunque
estudió la primaria y secundaria en escuelas públicas, por su buen rendimiento
académico tenía frente a él la oportunidad de encontrar el éxito en “la tierra
prometida” de este lado del globo. El objetivo era estudiar y dominar el inglés.
Por ese motivo no pudo ayudar a sus padres en el sostén del hogar. Sin embargo,
mientras su familia luchaba por mantener a flote el negocio, él sufrió necesidades
en uno de los países más hostiles para los mexicanos.
Años más tarde de haber realizado
ese lance, contó que había iniciado la empresa de estudiar en el extranjero con
el apoyo total de sus padres, pero un día don Carlos le envió una carta en la
que le avisaba que ya no tenían dinero para seguir cubriendo sus gastos.
Obviamente, la noticia lo estremeció y entró en pánico. Algo por demás
entendible para un muchacho que aún no alcanzaba la mayoría de edad. En los
ruidos de la incertidumbre, él le respondió que no se preocupara, que buscaría los
medios para alcanzar sus metas. Fue así que una noche, encerrado en su
habitación, se prometió entre lágrimas no volver a su tierra como un fracasado.
Salt Lake City es la capital del
estado de Utah, fundada por Brigham Young, Isaac Morley, George Washington
Bradley y otros simpatizantes mormones, religión que Carlos Penagos profesa
desde niño. Ahí vivió en la casa de unos amigos de sus padres, que lo aceptaron
con la única condición de que también contribuyera con los gastos. Pero al
verse sin el apoyo económico de antes, salió a las calles a buscar trabajo y lo
que encontró fue un puesto de lavaplatos en un pequeño restaurante. El salario que
obtenía era muy bajo, apenas suficiente para cubrir con lo más necesario.
También fue cerillo en un supermercado.
El país más poderoso del mundo
también es el país más complicado del mundo. Con leyes exigentes y muy
rigurosas, incluso para los propios estadunidenses. Para continuar con sus
estudios, Carlos Penagos tenía la obligación de obtener la visa de estudiante
requisito sin el cual sus deseos de aprender el idioma inglés y estudiar el
bachillerato quedarían truncados. El problema mayor no era la documentación,
sino el costo de la visa, y él no tenía el dinero para cubrirlo.
“Venid a mí todos los que estáis
trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, dice en el capítulo once del
Evangelio de San Mateo. Con la confianza puesta en Jesucristo, apareció de
repente en el camino de Carlos Penagos un buen samaritano. Le ayudó con los
trámites, el papeleo y pagó el precio de tan anhelada visa. Así que aquel joven
que pensaba que en cualquier momento podía ser deportado, se inscribió en una
preparatoria de gobierno, la Hunter High School. De ahí en adelante le
esperaban no días felices, sino de esfuerzo y dedicación. Tenía que trabajar
para poder estudiar.
Cuenta Penagos Vargas que entraba
a la escuela a las siete y media de la mañana y salía a las dos de la tarde. Iba
a su casa a cambiarse de ropa y de ahí al trabajo, cuya jornada terminaba
alrededor de las once o doce de la noche. Regresaba a su pequeño cuarto a
realizar la tarea, lavar el uniforme, dormir un poco, para levantarse a las
cinco y media de la mañana y empezar de nuevo la incesante rutina.
Si alguien conoce los términos de
la cocción de la carne y del freído de las papas en el emporio de la
hamburguesa más grande del mundo, es Carlos Penagos, que después de pasar
largos meses fregando platos y cubiertos encontró una vacante en la cocina de una
sucursal de McDonald´s. Sus ingresos mejoraron. Poco tiempo después, ya con un
dominio pleno del inglés, logró relacionarse con otras personas que lo ayudaron
a mejorar su situación. De esa manera llegó a ser intendente del aeropuerto de
Salt Lake City, donde conoció a otros mexicanos y latinos que al igual que él
habían tenido que luchar para llegar a ser alguien de bien.
Si de algo también está poblado
el mundo, es de historias de discriminación y humillaciones que sufre la gente extranjera
que vive en Estados Unidos. En muchas ocasiones, Penagos fue escupido y
golpeado. De camino a la escuela o al trabajo le lanzaban agua o cualquier otro
líquido para mancharle sus ropas. Aun así no dejó de lado su objetivo y
continuó trabajando por alcanzarlo.
DE
VUELTA A CASA
Amo la casa en la cual no veo
nada superfluo y encuentro todo lo necesario, decía Benjamín Franklin. Carlos
Penagos Vargas tuvo que regresar a Tuxtla Gutiérrez en 1998, ya que doña
Xóchitl había enfermado de una hernia en la columna vertebral.
Lo primero que hizo fue instalar
una pequeña empresa de venta de anillos de graduación. Retomó el oficio de
joyero de don Jorge Penagos Gómez, su abuelo, dueño de la relojería y joyería
La Violeta. La idea resultó un éxito y con eso pudo él ayudar con los gastos de
la casa y costear parte del tratamiento de su madre. Al mismo tiempo, se inscribió
en la carrera de Mercadotecnia en la IESCH y para pagarla dio clases de inglés
en la Universidad Valle del Grijalva y en la Paulo Freire.
Al poco tiempo se casó con
Maricarmen Fuentes Pariente con quien procreó a Carlos, Juan Pablo y Antonio.
Con cierta estabilidad económica y con la responsabilidad de un hogar, incursionó
en el negocio de la publicidad y los anuncios espectaculares, que poco a poco
fue creciendo. Las relaciones públicas dentro del ámbito empresarial lo
llevaron a conocer a Pedro Jiménez León, entonces secretario a nivel nacional
del antiguo Partido Convergencia, hoy Movimiento Ciudadano.
Al integrarse a la militancia no
pasó mucho tiempo para que Penagos se convirtiera en líder del Comité Municipal
del partido, luego en secretario general y, finalmente, en dirigente estatal.
Estando en esa posición fue invitado por el liderazgo nacional a ocupar una
diputación plurinominal en la LXIII Legislatura en el Congreso del Estado de
Chiapas.
En ese lapso conoció a Manuel
Velasco Coello, que era líder del PVEM. Se hicieron amigos y un día platicando Velasco
le contó su proyecto. “Si llego a gobernador, te invitaré a colaborar en mi
gobierno”, le dijo. Y a Penagos que le gustaba escucharlo hablar sobre Chiapas
y lo que podían hacer para resolver los problemas de la gente, le contestó que
aceptaría con mucho gusto. A inicios de esta administración fue nombrado
titular de la Secretaría de la Juventud, Recreación y Deporte.
Hoy, Carlos Penagos es diputado
local por el Distrito I Tuxtla Oriente, y ya fue Presidente de la Junta de
Coordinación Política.
¿PRESIDENTE
DE TUXTLA?
Dice un dicho que todos los
caminos conducen a Roma. Después de un largo trayecto se encontró con su
verdadera vocación: la política.
¿Por qué le cuento esto? Porque Carlos
Penagos se perfila como uno de los mejores postulantes a la alcaldía de Tuxtla
Gutiérrez, y lo hace con resultados, una carrera limpia de escándalos y con el
ejemplo del amor por el servicio a los demás. ¿Votaría por él? ¡Chao!
@_MarioCaballero
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