Todas
las mañanas, sobre el boulevard Belisario Domínguez, en el cruce de la colonia
Los Laureles, una señora regordeta y de baja estatura que aparenta haber
alcanzado ya los cincuenta años de edad, vende periódicos para ganarse la vida.
No
sé cómo se llama y desconozco dónde vive. Lo poco que sé sobre ella es que se
dedica al oficio de voceador desde hace muchos años. Tiene una buena clientela
y es amable en su trato. La última vez que la vi fue hace dos semanas, estaba
con su ropaje acostumbrado: mandil y gorra azul con el nombre impreso de un
periódico. Ese día, con la luz roja del semáforo a sus espaldas, se acercó
corriendo a una elegante camioneta color blanco, por el lado del copiloto.
El
señor bajó la ventanilla y ella puso en sus manos un diario enrollado. “Buenos
días, señor –saludó. No nos vaya a quedar mal ¡eh! A usted lo queremos para que
sea nuestro gobernador. Todos lo vamos a apoyar”. La mirada de la voceadora
reflejaba sinceridad. “Usted va ser el próximo gobernador”, remató y se
despidió con una larga sonrisa. El hombre de la camioneta blanca era José
Antonio Aguilar Bodegas.
El
peculiar encuentro entre el priista y la vendedora de periódicos es el reflejo
de algo cada vez más generalizado en los chiapanecos: el deseo ardiente de
tener un gobernador con experiencia en Palacio de Gobierno. No uno popular que
salga bonito en la foto, sino alguien que conozca del ejercicio del poder para
ponerlo al servicio de los demás.
AMARGAS
LECCIONES DE VIDA
En
los sexenios pasados hemos visto que gobernar se ha convertido más en un anhelo
de poseer el poder que de auténticas ganas de servir al pueblo. ¿Qué tipo de
gobierno le conviene a Chiapas? La pregunta es retórica y casi metafísica, pues
los costos de haber tenido gobernantes jóvenes y sin experiencia recaen en
quienes le apostaron a la frescura de los noveles políticos, a los apellidos
famosos y al cambio de partido en el poder, o sea, en los chiapanecos.
Aristóteles
describía a la juventud como la etapa en la que el hombre, debido a su
inexperiencia, es guiado por sus deseos y pasiones sin tener el control
necesario, es vehemente, confiado y cree saberlo todo. Por otro lado, aseguraba
que el hombre en la madurez es más cauteloso, vive con intensidad pero con un
pleno dominio de sí mismo, confía sin exceso, es moderado en el gasto, juzga
según lo que considera verdadero y tiene un temple sereno, sin caer ante las
pasiones que llevan a los jóvenes a cometer barbaridades.
Más
sabe el diablo por viejo que por diablo, dice un refrán. La sabiduría no se
obtiene con el hecho de leer cantidades ingentes de libros, sino por el simple
acto de vivir y aprender de la vida.
En
el Londres del siglo XVIII el uso de la peluca blanca formaba parte fundamental
de la indumentaria de los jueces, abogados y magistrados, pues era símbolo de
sabiduría. Se dice que las canas en la cabeza de cualquier hombre o mujer
revelan juicio, prudencia, sensatez y sobre todo experiencia.
Los
presidentes de México por lo regular han sido hombres con trayectoria en la
administración pública, dirigiendo desde una secretaría hasta un estado. Vicente
Fox antes de ser inquilino de Los Pinos había sido gobernador de Guanajuato;
Ernesto Zedillo, que tuvo que gobernar un país en la ruina financiera en 1994,
fue titular de la Secretaría de Educación Pública y de la Secretaría de Programación
y Presupuesto, posición que también ocuparon Carlos Salinas y Miguel de la
Madrid antes de asumir la Presidencia de la República.
No
digo que fueron los mejores por haber sido titulares de un organismo de
gobierno antes de ser presidentes, pero sin duda alguna eso les permitió saber
qué hacer con los recursos del país cuando llegaron al poder. Un político podrá
haber sido diputado o senador infinidad de veces, pero si nunca ha dirigido un
organismo o gobernado a un grupo de gente, difícilmente sabrá ejercer el poder
con provecho para la sociedad.
¿Qué
sucede cuando alguien sin experiencia en el manejo de los recursos se convierte
en gobernador del estado? Se vuelve un desastre.
Carlo
Bini decía que “quien no sabe gobernar es siempre un usurpador”. Pablo Salazar
Mendiguchía inició en el servicio público como Subprocurador General de
Justicia del Estado en 1978, pero no fue el procurador general. En 1993 fue vocal
ejecutivo en el Instituto Federal Electoral (IFE), pero no fue el presidente
del IFE. Después, para el periodo 1994-2000, siendo senador fue miembro de la
Comisión y Concordia y Pacificación para la solución del conflicto zapatista. Nada
más. Del Senado brincó a la gubernatura de Chiapas.
¿Pudo
haber sido Salazar mejor gobernador de haber tenido experiencia como titular de
una dependencia? Nunca lo sabremos. Sin embargo, por su carácter agresivo y
violento, su inclinación por la represión y métodos dictatoriales, que pueden
ser consecuencia de su incapacidad e inexperiencia, llevaron al estado a una
situación de desasosiego con actos de corrupción, desvío de recursos públicos,
avasallamiento de los otros poderes del Estado, ingobernabilidad, desapariciones
forzadas, destierros de líderes políticos y más de cien muertos durante los
seis años de su administración.
Juan
Sabines Guerrero ni siquiera vivía en Chiapas. Nació en Tepetlaoxtoc de
Hidalgo, Estado de México. Entre otros cargos fue diputado local priista de
2001 a 2003, por un año y cuatro meses fue alcalde de Tuxtla Gutiérrez, pues
renunció al puesto por hacer campaña política al gobierno de Chiapas. La gente que
votó por él quizá lo hizo por el buen recuerdo que tenía de su padre, el ex
gobernador Juan Sabines Gutiérrez, y ganó porque presumiblemente Pablo Salazar
manipuló el conteo de los votos.
Por
falta de pericia en el gobierno, Sabines Guerrero puso en marcha políticas
públicas mediocres, construyó obras como las Ciudades Rurales Sustentables que
sirvieron para la rapiña, la defraudación fiscal y para enriquecer a
empresarios foráneos. Las CRS son en día pueblos fantasmas. También creó
programas que fueron un fraude, como el Biodiesel, Banchiapas, el Instituto Chiapas
Solidario, entre otros. Finalmente, heredó al estado una deuda de más de 40 mil
millones de pesos.
Anteriormente,
casi todos los gobernadores de Chiapas fueron personas maduras física, mental y
políticamente. Si no lograron sacar al estado de la pobreza y la marginación,
al menos no destruyeron las instituciones como lo hicieron Salazar y Sabines.
QUE
SEPA GOBERNAR
“A
usted lo queremos para que sea nuestro gobernador”, dijo la voceadora. Si no me
equivoco esa confesión hacia José Antonio Aguilar Bodegas viene de dos
ambiciones: rechazar la corrupción de los jóvenes gobernantes y sus malos
resultados, y abrigar a un personaje que tiene una larga trayectoria en el
servicio público, con arraigo en el estado, que conoce la problemática de
Chiapas y que se piensa puede garantizar un buen gobierno.
Aguilar
Bodegas siempre ha vivido en Chiapas, nació en Tapachula y vive con su familia
en Tuxtla Gutiérrez.
Entre
1980 y 1982 se desempeñó como subsecretario de Desarrollo Económico, luego fue
vocal ejecutivo del Programa Integral para el Desarrollo Rural. Pero también ha
sido gerente del Banco de Crédito Rural en su natal Tapachula. De 1985 a 1988
fue delegado de la entonces Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos. A
parte de ocupar un escaño en el Senado de la República y en la Cámara de
Diputados en dos ocasiones, ha sido presidente del Congreso del Estado y
presidente municipal de Tapachula, donde su gestión dejó un buen sabor de boca.
Actualmente
es titular de la Secretaría del Campo del gobierno del Estado y desde ahí se ha
convertido en uno de los hombres que le ha dado mayores resultados al
gobernador Manuel Velasco Coello.
En
sus más de 30 años en la política, ha dirigido los destinos de varias
dependencias tanto estatales como federales, administrando los recursos
materiales, humanos y financieros y, esencialmente, gobernando a varios
sectores de la sociedad chiapaneca, como la campesina por ejemplo.
Se
puede afirmar que Josean es un hombre de experiencia y que sabe gobernar. Esa
ventaja lo puede hacer el mejor candidato entre el resto de los aspirantes al
gobierno del estado que en su mayoría no han administrado ni su partido ni su
propia casa.
¿Será
esto suficiente para convertirse en gobernador? ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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