En
tiempos preelectorales, se confirma la necesidad de discutir el futuro de
Chiapas desde la corrupción de los partidos políticos, porque de alguna u otra
manera todo lo que suceda en el interior de ellos será predicción de lo que
viviremos en los próximos años.
El
PRD en Chiapas es una cueva de ladrones. Esto es al menos lo que puede
deducirse de la protesta de perredistas contra del dirigente estatal César
Arturo Espinosa Morales, que exigen su renuncia y una auditoría a su
administración. Además, lo acusan de enriquecimiento ilícito, peculado y de
financiar sus proyectos políticos personales con recursos del organismo. Para
tal efecto, dicen tener documentadas las pruebas del saqueo.
Entre
otras cosas inculpan a Espinosa Morales de no revelar en qué ha gastado el
dinero del PRD, pues jamás ha entregado el informe financiero y de actividades
realizadas con los recursos del partido, información que ni siquiera aparece en
el portal de internet. Por otro lado, mientras el líder compra casas, ranchos y
vehículos, hay decenas de trabajadores que tienen meses sin cobrar su sueldo. También,
lo señalan de abusar de su autoridad para remover a los miembros de los comités
municipales que fueron elegidos democráticamente en el Consejo Político y, lo
más grave, que utiliza el patrimonio de la militancia para organizar eventos
públicos a favor de actores políticos de otros partidos.
Todas
estas acusaciones, de acuerdo con los estatutos, son causas suficientes para
suspender los derechos partidistas de César Espinosa e incluso para expulsarlo del
PRD.
Pero
¿no es esta la historia del perredismo chiapaneco de los últimos diecisiete años?
PRD:
MERCANCÍA EN SUBASTA
El
PRD fue en otro tiempo un partido de oposición. Era de izquierda. Quizá representaba
la izquierda mexicana más auténtica de la última mitad del siglo pasado. Le
interesaban las cusas sociales y pujaba desde el Congreso federal y los
estatales por dar soluciones a los problemas históricos del pueblo mexicano.
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano fue su figura más representativa y antes de que
perdiera los tornillos Andrés Manuel López Obrador fue considerado en 2006 el
candidato menos malo para la Presidencia de la República.
Pero
ya no es más así. Perdió su prestigio y los principios que lo encumbraron en su
momento.
Un
hombre que quiere liderar la orquesta debe dar la espalda a la multitud, decía
Max Lucado. Pero los que en los últimos años han dirigido al PRD en Chiapas le
han dado la espalda a la multitud y a la misma orquesta.
Pablo
Salazar Mendiguchía fue un tirano. Si tuvo la desvergüenza de tomar al Poder
Judicial del Estado por medio de la fuerza pública, también fue capaz de
adueñarse del Congreso local y de los partidos políticos.
El
PRD le prestó las siglas a Salazar y con ellas llegó al gobierno en 2000. ¿Le
favoreció? En ninguna manera. Para ejemplificar la ignominia basta con
mencionar las imposiciones del ex gobernador, como la de Jorge Antonio Morales
Messner en la dirigencia estatal. Fue, literalmente, un asalto al instituto. El
Sol Azteca perdió su autonomía, se alejó de los objetivos básicos y estuvo
sometido a los juegos e intereses del gobierno salazarista. En ese sexenio de
horror, lo que reinó en el partido fue la rapiña, la coacción a la militancia y
el caudillismo servil, rapaz y violento.
De
2006 a 2012, Juan Sabines Guerrero utilizó al PRD como agencia de colocaciones.
Los puestos directivos y la mayoría de las candidaturas a cargos públicos
fueron destinados para gente aliada o cercana al mandatario. Durante esos seis
años de corrupción, el perredismo chiapaneco no tuvo dirigentes, sino
administradores. Juan Carlos López Fernández conoció el poder y la riqueza después
de ocupar por unos años la presidencia del instituto.
El
caso más sobresaliente en este festín de carroñeros fue sin duda el de Alejandro
Gamboa López, alias el chaquiste: un político de poca monta que por las mañanas
vendía arroz con leche en la antigua estación camionera y por las tardes atendía
un cibercafé llamado “La canica azul”. Él, de igual forma, fue dirigente del PRD
en Chiapas. Se presume que gran parte de su actual riqueza proviene de ese
tiempo, cuando junto con Sabines y Nemesio Ponce lapidaron los dineros de la
asociación política, vendieron las candidaturas e impulsaron iniciativas de ley
apoyados con diputados perredistas sumisos al gobierno.
En
el colmo de la desfachatez, Alejandro Gamboa protagonizó un evento insultante
para los chiapanecos. En cierta ocasión, se le extravió Lola, una perra French
Poodle con la que jugaba en los extensos jardines de sus residencias, le
pintaba las uñas, la acicalaba y la vestía con elegantes y coquetos tutús. En
su depresión, Gamboa mandó a tapizar todo Tuxtla Gutiérrez con lonas y mantas
con la foto de Lola prometiendo una recompensa al que se la devolviera. Gastó
millones de pesos del erario público para encontrar a una mascota en un estado
donde miles de familias no tienen ni para comer.
En
esa misma situación está César Espinosa Morales. Miembros del PRD aseguran que
su nombramiento no fue a través de una elección auténticamente democrática,
sino es una imposición más del poder. Dicen que la indiferencia de Espinosa
hacia las bases del partido y su falta de responsabilidad tiene un motivo
fuerte: recibe órdenes de autoridades superiores en el estado, quienes le dan
impunidad para que maneje a su antojo a la militancia y el dinero del instituto,
y por esos favores éstos reciben lealtad del líder perredista y toda la
estructura del organismo.
Es
decir, que Espinosa Morales vendió al PRD como si fuera una mercancía al mejor
postor.
LOS
ACUSADORES
Al
igual que Morales Messner, López Fernández y Gamboa López, César Espinosa pasó
de pobre a millonario con el dinero de las prerrogativas del PRD. Al menos eso
es lo que da a entender el secretario de finanzas Agustín Bonifaz: “el
dirigente estatal no ha entregado cuentas a los perredistas y sin embargo sus
propiedades han crecido considerablemente”.
Pero
¿quiénes son los acusadores?
Los
que están detrás de las protestas y la exigencia de la destitución y expulsión de
Espinosa Morales son Alejandra Soriano (la pablista y sabinista que dio su
consentimiento para la aprobación de la deuda pública del gobierno de Juan Sabines
en complicidad con Zoé Robledo), Sarain Osorio Espinosa (sobre quien se giró
una orden de aprehensión que nunca se cumplimentó por instrucciones del
entonces gobernador Pablo Salazar), Diego Valera (el títere de Pablo Salazar
que sueña con convertirse en gobernador de Chiapas), Rubén Velázquez López
(mano derecha y amigo de muchos años de Pablo Salazar), entre otros que o
pertenecieron al gobierno de Salazar o de Juan Sabines.
Cuando
llega la desgracia, nunca viene sola, sino a batallones, dijo Shakespeare. La
desgracia que hoy está viviendo el PRD viene por partida doble. De un lado
están los actos de corrupción, los abusos de poder, el acoso laboral y
político, los despidos injustificados, el desvío de dineros, la violencia y el
presunto enriquecimiento ilícito del presidente César Espinosa, que junto con
su hermana Olga Luz han hecho del organismo un botín.
De
ese mismo lado están, asimismo, los presuntos acuerdos entre Espinosa Morales, varios
dirigentes de partido y otros personajes que pertenecen al círculo más elevado del
poder para utilizar los recursos humanos, materiales y financieros del PRD a
disposición de proyectos distintos a los de la militancia.
Por
el otro están los acusadores: un puñado de políticos mafiosos ligados al ex
gobernador Pablo Salazar Mendiguchía, que quieren apoderarse de la agrupación
para repartirse los beneficios, negociar las plazas políticas, chantajear al
gobierno, boicotear los planes y los acuerdos de César Espinosa, vivir nuevamente
del erario público y, quizá, hacer un milagro: resucitar un muerto.
Espinosa
es un peligro para el PRD, eso todos lo saben, pero es más tonto que sus
adversarios y por lo visto lo único que le interesa es robar lo mayor posible. Pero
si los mafiosos logran quitarlo de en medio y quedarse con el control del
partido, entonces el peligro es mucho mayor: Pablo Salazar puede volver al
poder.
En
definitiva, el PRD en Chiapas es un asco. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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