Una
de las críticas que se desprenden del segundo informe de actividades de Eduardo
Ramírez Aguilar, habla sobre la entrega de tú a tú entre el gobernante y los gobernados,
en una relación de confianza mutua. “Fue vistoso y moderno”, dijo un columnista.
Otras críticas, sin embargo, atacaron inmisericordemente al legislador,
influidos por el deseo de la destrucción. Así que cada quien vio lo que pudo y
dijo lo que mejor le convenía. Lo cierto es que a veces lo más simple y austero
se enriquece con la polémica.
En
un estado como Chiapas donde la pobreza es endémica, estamos no sólo ante una
crisis de la realidad, sino ante una crisis de las expectativas. Juan Villoro
dijo que una de las peores cosas que le puede pasar a un país es que pierda la
esperanza y la ilusión. Es cierto, porque ¿quién acude por voluntad propia a un
informe de gobierno o quién se interesa por saber lo que van a decir los
gobernantes cuando la injusticia, la pobreza y la corrupción están frente a
nuestros ojos?
Ciertamente
los mexicanos estamos viviendo una situación en la que no hay alternativas. Por
falta de honradez y abundancia de cinismo se perdió la costumbre de ver los
informes del Presidente de la República cuando hasta hace no muchos años el
primero de septiembre era un día de fiesta nacional, donde las fábricas paraban
la producción, las oficinas detenían sus labores y en algunas escuelas los
maestros acomodaban a los alumnos frente al televisor para que atestiguaran uno
de los actos cívicos más importantes de la nación. Pero ya no es más así. La
política se desacreditó y la gente le perdió el sentido.
La
rendición de cuentas es la obligación de todos los servidores públicos de
explicar y justificar sus actos al pueblo, que es el último depositario de la
soberanía en una democracia. Pero esa entrega se convirtió en un ritual de desvergonzados.
La clase gobernante, desde el Presidente hasta los mandos más bajos, miente y
modifica las cifras para decir que todo está bien, que la economía va creciendo
y que ya no hay pobres, como José López Portillo que dijo que tendríamos que
acostumbrarnos a administrar la abundancia o Carlos Salinas que aseguró que
México ya era un país de primer mundo.
“Los
mentirosos medran”, dice una frase anónima. Así, alcaldes, diputados, senadores
y gobernadores mienten en sus informes porque lo que les urge es promocionar su
imagen y ganar votos para seguir en el gobierno. Quieren convencernos a la
fuerza de que son los mejores y que se merecen más. Hay diputados que quieren
ser presidentes de su municipio, alcaldes que quieren ser gobernadores y
gobernadores que sueñan con llegar a Los Pinos. Incluso hay algunos a los que no
les basta utilizar el informe para hacerse visibles, sino también para desprestigiar
a sus adversarios.
Por
eso la importancia de destacar el informe de Eduardo Ramírez Aguilar, porque es
una muestra real de coherencia política con la vida personal del diputado que,
sin demagogia y oportunismo, le rindió cuentas a los chiapanecos de lo que ha
venido haciendo al frente del Poder Legislativo durante los últimos dos años.
EL
INFORME
Lalo
Ramírez nació en Comitán de Domínguez el 13 de octubre de 1977. Es el menor de
los seis hijos que procrearon sus padres Óscar Ramírez y doña Natividad Aguilar.
Entre el día que dio sus primeros pasos en la política con el movimiento
“Jóvenes por la paz”, creado en 1994 para dar una respuesta a los
acontecimientos que sacudieron al estado con el levantamiento del EZLN, hasta
el día de su segundo informe de actividades legislativas, tiene un largo camino
recorrido.
Fue
elegido presidente del Congreso del Estado el 1 de octubre de 2015, y desde ese
momento empezó a trabajar en lo que ninguna de las demás legislaturas se
preocuparon por hacer: darle voz a los chiapanecos.
A
partir de ahí, él y el resto de los diputados llevaron a cabo foros de consulta
para que los líderes políticos y sociales, los profesionistas, las padres de
familia, las amas de casa, los artesanos, los taxistas, los obreros, los
indígenas y los jóvenes estudiantes plasmaran sus aspiraciones y sus sueños en
la nueva Constitución Política del Estado que hoy tenemos, más ciudadana y más
nuestra.
Eduardo
Ramírez es un hombre que sabe del trabajo y la disciplina, es fervoroso de la
familia y está educado en sólidos principios morales. Sabe qué es la pobreza y
lo difícil que es venir de abajo. Una vez en el municipio de Tonalá manifestó que
le preocupa la falta de empleo, por eso mismo habló en su informe de la Ley de
Zonas Económicas Especiales, que entre otras cosas garantizará estímulos
fiscales para las empresas, lo que ocasionará mayores inversiones, empleos y
derrama económica en el estado.
Fue
idea suya la Ley de Turismo, pero fueron los hoteleros, restauranteros y demás
prestadores de servicios quienes la elaboraron con sus necesidades e ideas, y
son ellos los principales beneficiados. Esta ley busca hacer del turismo la
principal actividad económica del estado, sabiendo que las enormes riquezas
naturales de Chiapas, asimismo la cultura y la calidez de nuestra gente pueden
aprovecharse para construir fuentes de autoempleo y sustentabilidad para cientos
de familias en todo el territorio chiapaneco.
Lalo
Ramírez es abogado, tiene una maestría en Derecho Constitucional y Amparo y un doctorado
en Ciencias Políticas. A sus 23 años de edad fue elegido síndico municipal y a
sus 26 es nombrado alcalde interino de Comitán. En 2008, fue candidato a la
presidencia de ciudad natal y ganó por un amplio margen de votos, después de
eso emprendió un gobierno alegre y de puertas abiertas. Cuando cumple 34 años
se convirtió en diputado federal. Luego, es invitado por el gobernador Manuel
Velasco para hacerse cargo de la Secretaría de Gobierno. En 2015, obtuvo la
diputación local. Así que no es un improvisado en el arte de gobernar.
Con
esa experiencia y trayectoria en el servicio público, preocupado por los
derechos políticos de las mujeres, diseñó la Ley de Desarrollo Constitucional
en materia de igualdad de género, que protege a las mujeres contra la violencia
política y establece que a partir de 2018 el Gabinete estatal de gobierno estará
integrado por ellas en un 50 por ciento.
La
entrega del informe de Ramírez Aguilar fue el 30 de agosto en el Centro de
Convenciones. Invitó a políticos, diputados, senadores, funcionarios del
gobierno estatal, alcaldes, líderes sociales y campesinos, rectores de
universidades, académicos, presidentes de agrupaciones profesionales,
empresarios, representantes de colonias y barrios, y uno a uno fueron llegando por
su propio pie al lugar que fue insuficiente para albergar a tanta gente. Cuando
el poeta Jaime Sabines llenó el Palacio de Bellas Artes para uno de sus
recitales, muchos intelectuales dijeron que era un gran triunfo para la
cultura. Que Eduardo Ramírez inundara un modesto lugar en estos tiempos de
agitación e ira social, es un triunfo para la política.
Las
reformas a Ley de Adquisiciones y la Ley de Obra Pública fueron impulsadas por Lalo
Ramírez, porque dice que hay muchos empresarios y constructores chiapanecos muy
talentosos que pueden brindar un mejor producto y servicio que gentes de otros
estados e incluso del extranjero. “Que lo que aquí se gaste, que aquí se
quede”, proclama.
“Estoy
convencido que el problema del país no es la corrupción, sino la impunidad”,
dijo. De ahí viene el Sistema Estatal Anticorrupción que permite a la sociedad
ser vigía del ejercicio de los recursos públicos. En ese mismo sentido presentó
las reformas al Código Penal del Estado, donde las penas por los delitos de
robo a transeúnte y casa-habitación se agravan al doble.
Los
Gobiernos de Coalición es otra de sus inspiraciones, que promete darle mayor
empuje a la democracia y un equilibrio más real entre las fuerzas políticas en
el poder.
El
año pasado, en una gira por La Independencia y La Trinitaria, municipios
olvidados por los gobiernos anteriores, un anciano con sombrero de palma,
huaraches de cuero y la piel curtida por las muchas horas de trabajo bajo el
sol, se le acercó a Eduardo Ramírez y le dijo: “gracias, hijo, por lo que
viniste hacer”. Eso y los aplausos voluntarios que recibió el día de su segundo
informe demuestran que él está haciendo lo imposible: recobrar la relación de
la gente con la política. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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