En
un programa de televisión transmitido el 7 de febrero de 2017 por la cadena
Univisión, Andrés Manuel López Obrador declaró que la democracia venezolana es
mejor que la mexicana. Todos conocemos que el país de Venezuela está
atravesando un viacrucis provocado por su autoritario y antidemocrático gobierno,
y eso es prueba de lo contrario de esa declaración.
Hay
otras pruebas que contradicen el pensamiento del líder de Morena, sobre todo
por el lado electoral, lo que AMLO siempre ha criticado. Por ejemplo, él mismo
ha aparecido más de un millón de veces en spots de radio y televisión
promocionando con absoluta libertad su candidatura a la Presidencia de la
República. Además, en esos medios y en la prensa ha sido entrevistado cientos
de veces y sin que nadie lo censure. Más aún, utiliza los espacios para
condenar, desaprobar, agredir e injuriar a lo que él ha llamado “la mafia en el
poder”.
A
pesar de que Morena es quizá la oposición más férrea del gobierno federal, hoy
cuenta con una importante representación en el Senado, en la Cámara de Diputados,
en los Congresos estatales, en la Asamblea de la Ciudad de México y gobierna en
varios municipios en todo el país. Como instituto político con registro, recibe
un fuerte financiamiento por parte del Estado para realizar sus actividades en
los distintos comités estatales y municipales. Y por ende, tiene los recursos suficientes
para ejercer libremente sus labores legislativas.
Desde
antes de su fundación en 2011, año en que fue creado por López Obrador como una
asociación civil, y después de obtener su registro, el 9 de julio de 2014, el
Movimiento de Regeneración Nacional ha celebrado sin ningún obstáculo sus
mítines y congresos. En las elecciones federales y estatales del año entrante,
Morena participará bajo las normas e instituciones de la democracia mexicana,
esa que AMLO considera inferior que la venezolana.
En
resumen: Morena y su presidente han podido hacer política, construir las bases
del partido, obtener financiamiento público para su sostenimiento, hacer
negociaciones con otros organismos, armar grupos de resistencia contra el
gobierno de México, participar en elecciones, tener representación legislativa
federal y estatal y llevar a cabo sus planes hacia el 2018, y sin que nadie se
le oponga. Muy por el contrario, si López Obrador estuviera en el bando
opositor de Venezuela, no tendría ninguna de estas libertades y ya lo habrían encarcelado.
¿DEMOCRACIA
VENEZOLANA?
A
la luz de los acontecimientos en Venezuela, ha llegado la hora de que empecemos
a llamar a las cosas por su nombre, y nos refiramos a Nicolás Maduro como lo
que en verdad es: un dictador; no un demócrata.
Según
la Real Academia Española, un dictador es una “persona que se arroga o recibe
todos los poderes políticos y, apoyada en la fuerza, los ejerce sin limitación
jurídica”. En el diccionario Merriam-Webster la palabra dictador se define como
una “persona que gobierna un país con autoridad absoluta y a menudo de manera
cruel o brutal”. Por eso no estuvo mal el asesor de Seguridad Nacional de
Estados Unidos, H. R. McMaster, al decir que “Maduro no sólo es un mal líder:
ahora es un dictador”.
Nicolás
Maduro llegó al poder después de ganar una elección altamente dudosa en 2013
con un 50.5 por ciento del voto. Su primera acción fue llenar el gabinete
presidencial con generales corruptos para hacer más fuerte y avasallante la
represión a los opositores políticos. Lo que hoy podemos observar es que él ya
ha completado el trabajo que inició su predecesor Hugo Chávez de desmantelar
todas las instituciones democráticas de Venezuela. Cuando no nos podíamos
imaginar un gobierno peor que el de Cuba y Fidel Castro, Maduro levantó más
alto la voz.
AMLO
sostiene que es mejor la democracia venezolana que la nuestra. No es cierto. En
2015, a pesar de la represión gubernamental y la censura, la oposición en
Venezuela logró ganar las elecciones legislativas obteniendo la mayoría con dos
tercios de la Asamblea Nacional, lo que le permitía despedir a ministros y
cambiar la Constitución. Pero mediante trampas legales, Maduro disminuyó esa
mayoría impidiendo que varios de éstos legisladores electos pudieran ejercer
sus cargos.
Para
hacer más duro el golpe, poco tiempo después de eso ordenó ampliar el Tribunal
Supremo de Justicia (TSJ) con trece nuevos jueces. Desde entonces, el TSJ ha
sido utilizado por el mandatario para reducir los poderes de la oposición en la
Asamblea Nacional.
El
30 de julio pasado, Maduro convocó a una elección para crear una Asamblea
Constituyente, cuya primera encomienda sería la redacción de una nueva
Constitución que literalmente desapareciera a la Asamblea Nacional, su principal
estorbo para perpetuarse en el poder. Las elecciones fueron un fraude. Así como
en Cuba, sólo se podía votar por gente del mismo gobierno. Los 5 mil 500
candidatos eran personas ligadas al presidente. Por si esto fuera poco, durante
las votaciones no hubo observadores internacionales confiables y los medios de
comunicación tenían que estar a quinientos metros de las casillas.
Obviamente
eso generó inconformidad en la sociedad, que ya no tolera los abusos de poder y
la crisis total del país. Así comenzaron los mítines, las protestas y la
exigencia a Nicolás Maduro a dejar el cargo.
Cuando
a López Obrador lo entrevistaron sobre el tema venezolano, aconsejó a la
oposición a “no caer en la violencia” (sic). Pero ¿por qué no mencionó que esa violencia
es gubernamental y que a diario es exhibida en las redes sociales?
Luego
de hacer desaparecer a la Asamblea Nacional, Maduro despidió a la fiscal
general y en su lugar asignó una Fiscalía servil al régimen. Asimismo, por
órdenes del Poder Judicial, decenas de alcaldes de la oposición están en la
cárcel o bajo investigación penal. También, las autoridades electorales
bloquearon un referéndum revocatorio legal, pospuso elecciones regionales y
cometió fraude al meter millones de votos falsos al resultado que favoreció la
creación de la Asamblea Constituyente, que muchos gobiernos y organismos
internacionales desconocen su legitimidad.
En
la democracia que AMLO defiende no hay televisión independiente, y la poca
radio y prensa independiente que aún queda en aquel país sufre desde hace mucho
tiempo acoso y persecución del gobierno de Nicolás Maduro.
Pero
eso no es lo peor. Lo más grave es la violencia hacia la sociedad. La gente ha
tenido que salir a protestar a las calles en una proeza de coraje cívico sin
precedentes. Reclama pacíficamente por la falta de alimentos y medicinas, por
la inflación que llegó al 700 por ciento el mes pasado y por la privación de las
libertades constitucionales. La situación ha llegado a tanto que en Venezuela
no hay ni papel higiénico.
La
represión de la Guardia Nacional Bolivariana ha sido brutal hacia el pueblo.
Hasta el día de hoy, hay más de cien muertos, cientos de heridos y una cantidad
importante de detenidos injustamente.
Esa
es la democracia que López Obrador dice que es mejor que la de México.
SABEMOS
A QUÉ ATENERNOS
Es
absurda la apreciación de Andrés Manuel López Obrador. El régimen de Nicolás
Maduro no es una democracia, sino una dictadura en toda la extensión de la
palabra que no puede ocultarse ni tolerarse.
“Yo
confieso, ante la Frontera todopoderosa y ante ustedes, hermanos, que he pecado
mucho de pensamiento, obra y omisión, y que seguiré haciéndolo por los siglos
de los siglos”, dice Luis Humberto Croshwaite en su texto Misa fronteriza. AMLO ha pecado mucho de pensamiento. Dice ser
seguidor de Gandhi, pero nada le interesa la protesta pacífica de los
venezolanos. Dice ser juarista, pero se enmudeció cuando fue aplastado el
Congreso y la Constitución. Se cree de izquierda, pero no censura la violencia
ni la represión de las fuerzas armadas de Maduro, y es indolente ante el
sufrimiento y la tragedia humanitaria de Venezuela.
La
fundamental aquí es saber con quién está López Obrador, ¿con la democracia o
con la dictadura? Con el solo hecho de no condenar la violencia, el saqueo, la
corrupción, la opresión y las muertes provocadas por el gobierno de Nicolás
Maduro, es seguro que está con la dictadura.
No
podemos saber con certeza que nos deparará el 2018. Pero si AMLO llega a ganar
las elecciones, con seguridad sabemos a qué debemos atenernos: México se
convertirá en otra Venezuela. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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