En
el hablar popular corre un dicho que nos enseña que hacerle caso a un tonto es
engrandecerlo. Hoy, en contra de mis ideales, voy a hacer una excepción.
En
la columna PRD: Un asco, publicada en
este mismo espacio el 23 de agosto, me refiero a que los que están detrás de
las protestas y la exigencia de la destitución y expulsión de César Espinosa
Morales, actual dirigente estatal del Partido de la Revolución Democrática,
están Alejandra Soriano Ruiz, Sarain Osorio Espinosa, Diego Valera, Rubén
Velázquez López y otros perredistas que se presume siguen ligados a los ex
gobernadores Juan Sabines Guerrero y Pablo Salazar Mendiguchía. Esto de algún
modo irritó a uno de los acusados. Enfrentarlo a su realidad, fue una ofensa.
En
un tuit, la ex diputada local Alejandra Soriano me responde (cito respetando
puntuación y ortografía): “Te solicito hacer la aclaración siguiente: jamás
aprobé ningún préstamo a Sabines; fui la única opositora y x lo cual fui
reprimida”. Tomó mi comentario como un atrevimiento abominable. Sin embargo, mi
argumento tiene bases firmes.
Jack
el Destripador fue considerado un monstruo por la prensa londinense por la
brutalidad con que asesinaba a sus víctimas, pero en su locura nos enseñó que
aun en la crueldad debemos ir por partes. Así que, apegándome al protocolo, empezaré
mi respuesta haciendo las debidas presentaciones, por aquello que no conozcan a
Alejandra Soriano.
ALITA
SORIANO
Alejandra
Soriano siempre ha demostrado tener un febril amor por Chiapas. Condena los
abusos del poder y se inclina por defender los derechos de la sociedad.
Pertenece desde hace muchos años a la mal llamada izquierda política, cuyas
siglas son actualmente sinónimo de corrupción y arribismo: PRD. Pero en el
fondo eso no es más que una mera actuación, porque acusa con la izquierda y
cobra con la derecha. Es decir, toda su fortuna proviene del gobierno al que
recrimina en público y con el que pacta en lo privado.
Muchos
saben que en sus años de juventud Alita Soriano era una chamaca pobre que
soñaba con cambiar al mundo. Quería erradicar la pobreza, acabar con la
corrupción y la impunidad. Empero, así como sucede con casi todos aquellos que
comienzan a probar el poder, sus propósitos mesiánicos quedaron sólo en buenas
intenciones.
Sus
primeros pasos en la política los dio al lado del que con el tiempo se
convertiría en su maestro, Sarain Osorio Espinosa, El Picudo, quien desde hace
catorce años carga sobre sus hombros una orden de aprehensión que nunca fue
ejecutada gracias a las relaciones que sostenía con el ex gobernador Pablo
Salazar Mendiguchía. El expediente penal es el 248/2003.
Como
todo mal maestro, Osorio le enseñó a Alita Soriano a lograr una buena pesca en
el río revuelto. Por eso la vemos colgarse de las demandas más sentidas de los
chiapanecos para sacar raja política, como cuando en un abierto afán
protagónico demandó públicamente que todos los involucrados en la corrupción
del gobierno de Juan Sabines Guerrero, incluido el ex gobernador, fueran
enviados a la cárcel. Obvio, al darle a la gente lo que quería oír ella alcanzó
notoriedad y poder. Días después de haber hecho esas declaraciones, dijo que
había sido blanco de amenazas de muerte de parte de los sabinistas. Eso no fue
cierto.
Soriano
Ruiz podrá no saber nada de política, ni de gobernanza, ni del Estado de
Derecho, pero es toda una maestra para el escándalo, el chantaje y la
inmolación.
Empezó
en el gobierno de Juan Sabines como directora del Registro Civil del Estado.
Esa fue sin duda su mejor época no sólo por la gran cercanía que tuvo con
Sabines, sino también porque podía entrar al despacho de Mauricio Perkins
Cardoso y de Nemesio Ponce Sánchez sin pedir permiso. Recordemos que en esos
tiempos Perkins y Ponce eran los que mandaban en Palacio de Gobierno.
Luego
fue diputada local en la LXIII Legislatura, primero como suplente de Marta
Grajales Burguete y después como diputada propietaria, una vez que Grajales
solicitó licencia para sumarse a la campaña de Seth Yassir Vázquez Hernández a
la alcaldía de Tuxtla Gutiérrez.
Una
vez que Yassir estuvo sentado en la presidencia municipal, Grajales Burguete
quiso volver a su lugar en el Congreso del Estado pero no pudo porque Alejandra
Soriano le armó un pleito personal que llegó hasta los tribunales. Ambas eran
mujeres muy allegadas al gobernador Sabines. Alita acudió a Nemesio Ponce y a
Mauricio Perkins para que abogaran por ella ante el ex mandatario y así pudiera
arrebatarle la diputación que legalmente le pertenecía a Marta Grajales.
Fueron
memorables los enfrentamientos entre las dos damas. Cuentan que en varias
ocasiones se pelearon a gritos y mentadas de madre en los pasillos del palacio
legislativo. Pero el asunto no terminó ahí, pues Alejandra Soriano apeló ante
las autoridades electorales alegando que estaban violando sus derechos
políticos. En la controversia, la voz del gobierno del estado le favoreció. A partir
de ese instante, Soriano se convirtió en una legisladora a fin al gobernador
Sabines, en un títere del gobierno.
El
que recibe lo que no puede pagar, engaña, decía Séneca. Entre Soriano y Sabines
hubo un acuerdo, ella tenía que hacerla de contrapeso del poder y en pago podía
disfrutar los beneficios del puesto que le habían regalado. Por eso muchas
veces la vimos usar la tribuna para oponerse a las decisiones del gobierno,
pero la línea y hasta cada palabra que decía salía del despacho de Nemesio
Ponce, donde ella entraba horas antes de cada sesión en el Congreso local.
Desde luego, eso debe recordarlo. ¿O no, Alita?
MAESTRA
DEL ESCÁNDALO Y EL ENGAÑO
Alejandra
Soriano es una maestra del escándalo y el engaño. Para decir esto también cuento
con una base firme, lo digo por aquello de que lo solicite la señora Soriano.
Alita
participó en las elecciones de 2015 por la diputación federal por el IX
distrito electoral, y al no saber cómo conquistar la simpatía de la gente
utilizó a su hijo como carnada.
El
día 17 de abril de ese año hizo particularmente muchísimo calor en Tuxtla
Gutiérrez. Los rayos del sol caían inclementes. El termómetro marcó los 38
grados centígrados, y a pesar de ello la candidata perredista salió a las
calles a hacer campaña cargando a su hijo en una cangurera. Se acercaba a los
automovilistas y abordaba a las personas en las aceras para entregarles
folletos donde ofrecía su proyecto como legisladora. Muchas señoras la
reprendieron por su actitud inconsciente y por andar haciendo proselitismo de
una manera obscena, engañosa y exponiendo a su bebé.
Un
golpe de calor lo puede sufrir cualquiera, dicen los médicos: “no hace falta
tener una condición especial”. Sin embargo, son las personas mayores y los
niños el grupo más vulnerable. De tal manera, las críticas hacia Soriano fueron
duras. Las redes sociales se inundaron de reclamos al ver una fotografía que
ella misma subió estando con su niño ese preciso día. Quiso aparentar ser una
madre abnegada y trabajadora, cuando lo único que consiguió fue demostrar que
estaba usando a su propio hijo con fines políticos. La maestra del escándalo.
En
esa misma campaña, no pudo hacer contacto con los electores. Así que para ganar
puntos a su favor emprendió una operación para difamar a sus oponentes. Un día,
mediante trampas, invitó a los colonos del Barrio San Francisco a un restaurant
ubicado en la quinta norte poniente para supuestamente darles a conocer sus
propuestas. Todo fue una vil mentira. Soriano Ruiz no ofreció nada, se dedicó a
hablar mal de los demás candidatos y repartió volantes donde los difamaba. Esto
no sólo es deshonesto, sino además viola el artículo 207 de la Ley Electoral que
prohíbe hacer propaganda o alusión a la vida privada de otros aspirantes. La
maestra del engaño.
¿O
NO, ALITA?
Alejandra
Soriano me solicitó que le aclarara si aprobó o no los préstamos de Juan
Sabines, siendo que ella –dice- fue la oposición de ese gobierno.
Podría
responderle a la señora empezando a decir de su moral que, por un lado, se dice
de izquierda, pero que, por el otro, ha vivido del gobierno al que critica
ferozmente. Pero me limitaré a preguntar que si siendo diputada local impuesta
por gente del sabinato, con quienes tuvo o tiene una profunda e íntima
cercanía, ¿no se dio cuenta y no autorizó las deudas del gobierno de Juan
Sabines? Todos supones que sí. Tú lo sabes, ¿o no, alita? ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomaricaballero@gmail.com
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