Hace
pocos días en San Cristóbal de las Casas, una ciudad que en sus calles
empedradas, templos y construcciones antiguas guarda los años de una época marcada
por la muerte y la rapiña, un grupo de jóvenes con gorra y playera blanca, estampadas
con la frase “Zoé Robledo, Senador”, fueron de puerta en puerta promoviendo la
imagen de su benefactor a través de una encuesta simulada.
En
un video que sigue circulando en internet, un muchacho entre veintitrés y
veinticinco años de edad le pregunta a una señora de edad avanzada si sabe
quién es el senador Zoé Robledo Aburto. Sentada en una silla tejida con lazo
azul, responde con la sinceridad más diáfana: “No sé, hijito, quién es esa
persona. La verdad no lo conozco”.
En
otro segmento de la grabación una joven que aparenta no rebasar los veinte años
de edad, encuesta a otra señora. “¿Qué opinión tiene sobre la política en
Chiapas?”, pregunta. “No me interesa la política, señorita”, le contestan desde
detrás de la ventana de la puerta. “¿Sabe quién es el senador Zoé Robledo
Aburto?”, vuelve a preguntar.
No
sé quién es –responde la encuestada-. Ya le dije que no me interesa saber nada
de la política ni de los políticos. Porque cuando quieren el voto vienen hasta
a tu casa y te prometen esto y aquello. Pero cuando ya están en el puesto se
olvidan de uno y jamás vuelven a poner un pie aquí. “Bueno. Pero ¿le gustaría conocer
el trabajo que…”, la muchacha es interrumpida. “Discúlpeme, tengo otras cosas
que atender”, le dice la mujer y cierra la ventana.
En
otro video grabado el mismo día, cuya duración es de cuatro minutos con dieciocho
segundos, una dama con chamarra negra y mayones grises se acerca al grupo de
jóvenes encuestadores que estaban reunidos ante un señor del que se presume era
el que los coordinaba y el enlace directo con el senador Robledo.
La
mujer comienza a hacerles preguntas y todos nada más se miran entre sí. Consternados,
no saben qué hacer ni qué responder. ¿Usted es quien tiene más memoria? –la
pregunta iba dirigida al hombre, de estatura promedio, cabello cortado a la
moda y barba- Ok. Entonces ayúdeme a decirles a estos jóvenes qué pasó con el
papá de Zoé Robledo. Los cinco muchachos, bajando la cabeza como avergonzados,
caminaron hacia la acera de enfrente. Ella los sigue, pero sin acosarlos. Se
notaba en sus gestos que lo único que quería era darles a conocer un poco de la
historia de esa calle.
¿Ustedes
–le pregunta a los chicos- tienen algún trato con gente de Zoé Robledo? “No”,
le responden. ¡Qué tristeza! –dice la mujer. Si se ofrecen como voluntarios,
¿le ayudarían a un asesino? ¿Saben que ese apellido debe cuatro muertes y justo
de los que vivieron en esta casa? –dice señalando una vivienda con el índice de
su mano derecha.
¿No
se los han dicho? Y ¿no les gustaría seguir ayudando a un asesino, engañando
gente, seguir en verdad ayudando a un asesino? A ver ¿quién es el enlace? ¿Es
el señor que… ¡Hey, usted! No se vaya. Qué no me iba ayudar a hacer un poco de
memoria –le grita al señor de barbas que había huido del lugar como un bandido,
dejando atrás a los muchachos.
Continúa:
“Zoé Robledo es el hijo de Eduardo Robledo, asesino de Agustín Rubio Montoya, Rigoberto
Mauricio Villafuerte, Ernesto Fonseca”. En ese momento los muchachos se
retiran. Se van con las manos metidas en los bolsillos del pantalón. No corren,
pero ganas no les falta. Ella va detrás, tranquila. “A ver, a ver, ¿no les
gusta la historia? Díganle al hijo de ese asesino que esta calle se res-pe-ta.
¿Entendido? Se va a armar. Estará en las redes sociales (el video). Y repito:
es el hijo de un asesino”. A partir de ese instante el que grabó los hechos se
quedó rezagado y por lo mismo el audio se pierde.
Resulta
ser que la valiente mujer es Concepción Avendaño, hija de don Amado Avendaño
Figueroa, precursor en la defensa de los derechos humanos e indígenas en los
Altos de Chiapas y decano del periodismo chiapaneco.
RAZÓN
PARA ACUSAR
Hasta
el día de su desaparición, el periódico Tiempo
ejerció un periodismo abierto y crítico, se puede decir que fue el primer
periódico de los pueblos indios de Chiapas. A través de sus bellas páginas el
mundo conoció la noticia del levantamiento indígena que cambiaría la historia
de México y muy especialmente la vida de Amado Avendaño, el primer reportero
que entrevistó a los indígenas zapatistas en la plaza central de San Cristóbal
de las Casas.
Las
oficinas del periódico, que también era la casa de Avendaño y Concepción
Villafuerte, su esposa, se convirtió en la sala de redacción y difusión para
los principales medios de América y Europa. Dicho de otro modo, ahí fue el
primer servicio de fax para la recién encendida mecha zapatista.
Pero
Tiempo no sólo era un periódico, un lugar frío donde se tejían historias apunta
de golpes en los teclados, sino un hogar. Guimar Rovira, autora de Las mujeres del maíz y una de los muchos
hijos periodísticos que acogieron los Avendaño, dijo que Tiempo “ha sido una
escuela de periodismo, de dignidad, de amor, de entrega. Allí he encontrado
computadora, un plato en la mesa, un abrazo cuando lo necesitaba”. Amado
Avendaño no sólo era respetado por su profesionalismo, también era blanco de
demostraciones de cariño y buenos afectos.
El
martes 11 de enero de 1994, Avendaño Figueroa recibió un comunicado del EZLN
para su publicación. En él el subcomandante Marcos escribió: “Los compañeros me
han encargado que vea la forma en que se puede hacer público, creo que su
periódico podría ser un medio para que este pronunciamiento se distribuya en
otros lados. No pedimos que se esté de acuerdo con nosotros o nuestro camino,
sólo que nos den la oportunidad en la prensa de decir nuestra palabra.
Esperamos que a través de ustedes, de lo poco de periodismo honesto e imparcial
que queda en Chiapas, se puede cumplir la demanda de difusión que hacen los
compañeros del CCRI”.
El
activismo de Avendaño a favor de los pueblos indígenas y su capacidad
periodística que hizo de Tiempo un medio que decía todo lo que los demás
callaban, hicieron crecer su popularidad. Obviamente eso no le gustó al poder.
Con
el paso de los meses, la Asamblea Estatal Democrática del Pueblo Chiapaneco,
compuesta por organizaciones sociales y campesinas de todo el estado, impulsó la
candidatura de Avendaño a la gubernatura de Chiapas en 1994. Su proyecto y
propuesta fue bien recibida por la sociedad. Por eso, políticos chiapanecos y
del centro del país formaron un complot para matarlo. Germán Jiménez Gómez fue
el autor intelectual del crimen e intentó asesinarlo el 16 de julio de ese año,
pero falló.
Nueve
días más tarde, en la madrugada del 25 de julio, un tráiler conducido por
Luciano Tress Virgen embistió la camioneta en que Avendaño y tres de sus
colaboradores se dirigían a Tuxtla Gutiérrez para asistir a un desayuno con los
demás candidatos a la gubernatura. En el “accidente” perdieron la vida Jorge
Ernesto Fonseca García, Agustín Rubio Montoya y Rigoberto Mauricio Villafuerte.
Amado sobrevivió, pero en muy malas condiciones de salud, situación por la cual
no pudo continuar personalmente con su campaña. Por varios meses perdió el
habla y quedó con daños visuales permanentes.
Concepción
Villafuerte reveló que entre los complotistas estaban, además, el candidato
priista Eduardo Robledo Rincón.
Protegidos
por el gobierno, los responsables de los asesinatos no sólo quedaron impunes,
sino fueron premiados. Por ejemplo, el chofer del camión quedó libre y Eduardo
Robledo fue impuesto como gobernador de Chiapas.
Años
después, Villafuerte publicó lo siguiente a uno de los sospechosos del atentado:
“Si tan grande era el compromiso que tenías con Eduardo Robledo Rincón, ¿por
qué no lo planearon mejor y mataron sólo al candidato (Amado Avendaño)? ¿Por
qué tenían que matar a inocentes, a jóvenes que apenas comenzaban a vivir?”.
HIJO
DE TIGRE…
Hijo
de tigre pintito. Hoy, Zoé Robledo quiere seguir los pasos de su padre y
convertirse en gobernador del estado en 2018. ¿Lo apoyará MORENA? ¿Dejarán los
chiapanecos que el hijo de un presunto asesino gobierne a Chiapas? ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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