PLÁCIDO: TRAICIÓN Y DESMEMORIA


“Recuerde el alma dormida/ avive el seso y despierte”, escribió Jorge Manrique y tal vez con dedicatoria a los desmemoriados de su tiempo, allá en el lejano siglo XV. Paradójicamente, México es un país de buenos historiadores, pero de mala memoria pública. Parece que a conveniencia padecemos a la vez Alzheimer y mitomanía.

Los políticos de nuestro tiempo en cada periodo electoral se olvidan de quiénes son y se reinventan con facilidad. Cínicos. Esconden su negro historial debajo de una espesa bruma de mentiras y sesgan los hechos de la historia reciente. Como Plácido Humberto Morales Vázquez, que por ese capricho de querer ser gobernador de Chiapas no se acuerda de dónde vino, quién le dio la mano en la miseria y qué ha hecho con el poder durante muchos años. 

En otra paradoja, de ser un funcionario disoluto y perverso, mediocre, hoy le dice a la gente que es el mejor, de reputación intachable y mejor calidad moral, para suceder a Manuel Velasco Coello en 2018. Pero no es así, porque nunca así ha sido. Por lo que es imperativo darle una buena refrescada a su memoria.

UNA RECORDADITA

Plácido Morales es como las actrices de telenovela: empiezan como sirvientas y terminan de abuelitas.

Nació en Ocozocoautla de Espinosa, Chiapas, hace miles de años. Fue hijo de un matrimonio humilde y trabajador que fundó una panadería en 1906. Estudió la preparatoria en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas (ICACH). Luego se trasladó a la ciudad de San Cristóbal de las Casas donde cursó un semestre en la Escuela de Derecho. Llegó a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1971 y terminó la carrera de abogado en 1975.

Al concluir sus estudios universitarios, Plácido Morales regresó al estado para realizar su servicio social en el Consejo de Acción para el Desarrollo de la Sierra Madre de Chiapas. Ahí fue bien visto por el gobernador Manuel Velasco Suárez que lo nombró director de Trabajo y Previsión Social, cargo que sostuvo de 1975 a 1977. En los dos años siguientes fue delegado federal en la Coordinación General de la Tenencia de la Tierra.

A la edad de 28 años se afilió al Partido Revolucionario Institucional (PRI), instituto político al que traicionó a pesar de que le había dado todo: una larga carrera en el servicio público y riqueza.

Por las siglas del PRI fue presidente municipal de Ocozocoautla en el periodo de 1980-1982. Pero al término de su gestión lo acusaron de saquear las arcas del pueblo, de haber robado una colección de libros en lengua zoque, misma que algunos aseguran haberla visto en su biblioteca personal en la residencia de “Coita”, inmueble ubicado en la rivera Tzu-Tzu.

También, se llevó los muebles de la alcaldía, un transformador propiedad de una escuela preparatoria, lapiceros, papel bond, grapas y hasta los clips. No se llevó las computadoras porque en ese tiempo aún no se inventaban.

(La primera computadora con propósitos generales fue construida en 1946, llamada ENIAC, y pesaba treinta toneladas.)

En 1995, siendo dirigente estatal del PRI, Morales Vázquez compitió por la vacante que dejó Eduardo Robledo Rincón tras renunciar al gobierno del estado. Y estuvo muy cerca de convertirse en gobernador. El 14 de febrero del mismo año se llevó a cabo la votación para elegir al suplente, pero sus ocho votos no pudieron contra los nueve de Julio César Ruiz Ferro, que como gobernador desplegó una crisis política y de gobernabilidad en el estado, acusado incluso de ser el autor intelectual de la matanza de Acteal. El voto que marcó la diferencia fue nada más y nada menos que el del Presidente de la República, Ernesto Zedillo.

De ahí en adelante se convirtió en una persona non grata para el gobierno y para el partido de Plutarco Elías Calles. De ser considerado por algunos (no muchos) como un hombre inteligente y entendido de los problemas de Chiapas, pasó a mendigar puestos, a vivir del chantaje y de los pactos bajo la mesa.

Después de ese fracaso continuó liderando al priismo, pero entre la incapacidad y las sospechas de corrupción. Mientras por un lado se mostraba como el más combatiente opositor del gobierno de Ruiz Ferro, por el otro era señalado públicamente por el abogado Gerardo Pensamiento de haber robado cinco millones de pesos de un fideicomiso del partido. “Ofendido”, renunció a la dirigencia estatal del PRI y se autoexilia.

En 1998 vuelve a Chiapas y obtiene la candidatura a la diputación federal por el distrito once electoral, pero la cúpula partidista lo desprecia y lo saca de la jugada. Dice que por ese motivo renunció al PRI en 2000, pero la verdad es que nadie lo quería. A la sazón comenzó a hacer trabajo político para el Partido de la Revolución Democrática (PRD), justificándose con el cuento de que siempre había simpatizado con la izquierda nacional. Primero fue candidato externo y después concluyó su afiliación en 2002.

En una ocasión, Umberto Eco tomó un taxi en Nueva York, conducido por un pakistaní. Al enterarse de que era italiano, el taxista le preguntó: “¿Quiénes son sus enemigos?”. Si esta misma pregunta se la hiciéramos a Plácido Morales de seguro respondería con un aluvión de “palabras domingueras” y frases demasiado construidas para decir que es el gobierno y su represión. Aunque si fuera un poco sensato, diría que “él mismo”. Su fracaso es producto de su propia historia.

Estando en el ostracismo, Juan Sabines Guerrero lo nombró secretario de Pesca y Acuacultura. Corrían los primeros días del mes de enero de 2008. Ahí, se presume que engrosó la nómina de la dependencia con sus familiares y que nada más se dedicó a calentar la oficina. Se la pasó en el limbo. Haciendo negocios con los programas sociales y condicionando los beneficios. Manejó a su antojo los recursos del organismo, sin transparencia ni rendición de cuentas. Además, fueron pocas las veces que hizo entrega de lanchitas y apoyos a los pescadores. Por lo demás, fue un festín para la rapiña.

TRAICIÓN A VELASCO COELLO

En abril de 2014, Manuel Velasco Coello lo nombró Coordinador General de Gabinete cuya función era articular la formulación y aplicación de la política general de gobierno, asimismo realizar reuniones de gabinete, dar seguimiento a las tareas específicas del gobernador, coordinar las funciones entre los distintos organismos y trabajar en la elaboración de iniciativas de ley y reglamentos. Pero no realizó sus deberes.

Como coordinador de Gabinete Plácido Morales cobraba un sueldo de 150 mil pesos mensuales, pero en lugar de cumplir con la encomienda y corresponder con resultados a la confianza del mandatario, se pasó el tiempo fortaleciendo sus relaciones con los hermanos López Obrador, al mismo tiempo que enderezaba campañas para desprestigiar a los demás funcionarios y secretarios de gobierno.

Siendo un político desempleado, rescatado de la miseria por el gobierno del PVEM, en junio de 2016 participó en un mitin del partido MORENA. Y desde los inicios del movimiento magisterial en Chiapas contra la Reforma Educativa, ha venido apoyando a la CNTE a pesar de los daños que ésta ocasiona en el estado y de que él pertenecía al gobierno de Manuel Velasco.

Renuncia al cargo el 6 de octubre de 2016, pero no antes de que amarrara acuerdos con Andrés Manuel López Obrador. La moral es un árbol que da moras, dijera Gonzalo N. Santos.

¿GOBERNADOR?

En las arenas de Atacama, en el norte de Chile, el poeta Raúl Zurita excavó una frase de tres kilómetros de largo que sólo puede ser vista desde el aire: “Ni pena ni miedo”. Esta consigna se aplica a Plácido Morales Vázquez que no tiene pena por haber traicionado a quien le echó la mano en el momento que más lo necesitaba. Tampoco siente miedo de que su apresurado destape le traiga consecuencias legales, aún más cuando le debe cuentas a la justicia por los presuntos actos de corrupción desde hace muchos años.

¿Cómo pretende ser gobernador de Chiapas si nunca ha ganado nada? ¿Cómo creerle que él puede ser la solución a los problemas del estado cuando no ha demostrado tener capacidad para gobernar, ni carisma, ni arraigo? ¿Merece ser gobernador un traidor como él que fue priista, militante del PRD, aliado del PAN y hoy partidario de MORENA? No puede, no debe.

Plácido Morales tiene muy pocas probabilidades de obtener la candidatura. AMLO no es ningún tonto. Pero está en los chiapanecos demostrar que no somos ni traidores ni desmemoriados. ¡Chao!

@_MarioCaballero

yomariocaballero@gmail.com

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