Mariana fue el nombre elegido por
Matilde Cruz Aguilar y Reinaldo Cruz para nombrar a su hija, que nacería a
mediados de diciembre de 2002.
El matrimonio de Matilde y
Reinaldo era humilde, pero tenían todos los preparativos listos para recibir a
Mariana. En la habitación principal de la casa, por ejemplo, estaba la cuna con
una suave manta color rosa. En una gaveta del ropero, los mamelucos, las
chambritas, los pañales, los gorritos y los diminutos calcetines aguardaban
impacientes. Mientras tanto, en una pequeña mesita, una pañalera empacada con
lo más indispensable se hallada dispuesta para que cuando la nueva integrante
de la familia avisara su llegada a nadie lo agarrara desprevenido.
Matilde tenía 33 años de edad y
en su rostro se reflejaba el brillo de la felicidad. Dicen que todas las
mujeres embarazadas son bellas y era verdad: Maty estaba radiante. El
infortunio es vario. La desgracia es multiforme sobre la tierra, esas son las
primeras palabras del cuento La caída de
la casa Usher de Edgar Allan Poe. En una vuelta de tuerca, aquella
felicidad de Matilde y Reinaldo se tornó en un largo y doloroso suplicio.
A las cinco de la mañana, con
dolores de parto, Matilde llegó al Hospital Regional de Comitán, dependencia de
la Secretaría de Salud del Gobierno del Estado. Nadie la atendió. Por falta de
personal la mantuvieron sentada por horas en una silla en el área de urgencias.
Reinaldo la acompañaba. Entretanto esperaban la atención médica, notaron que
del hospital salían muchos féretros. “Ten fe, no va a pasar nada”, dijo
Reinaldo a su esposa, al tiempo que observaban a gente corriendo en busca de
cajitas para recién nacidos.
Matilde fue atendida hasta las
siete y media de la noche, más de doce horas después, y tuvieron que
practicarle una cesárea porque los dolores que tenía eran insoportables. La
niña nació bien. “Cuando nació mi hija –dice Matilde- yo la vi desde una ventana
y se encontraba muy bien”.
El 27 de diciembre, a las siete de
la mañana, los médicos le dijeron a la joven madre que Marinita había muerto.
La única explicación que recibió es que de repente tuvo un problema
respiratorio, y que por eso murió. Lo mismo que dijeron del niño José
Guadalupe, que tras siete días de haber estado hospitalizado murió supuestamente
por las mismas causas.
Alicia Anzures, de 24 años de
edad, internó a su hijo en el Hospital General de Comitán el 19 de diciembre de
2002, a las diez de la mañana. José Guadalupe nació el 16 de diciembre, su
nacimiento fue prematuro, pero de acuerdo con las declaraciones de sus
familiares “era un niño hermoso, grandísimo, que había pesado seis kilogramos”.
Pero a los tres días de nacido su estado de salud comenzó a decaer y fue
trasladado a dicho centro médico que en ese entonces era dirigido por el doctor
Raúl Belmonte Martínez.
Pasaron los días y el niño José Guadalupe
siguió empeorando, pero no era el único recién nacido en el hospital en tal
situación. Dos días antes había muerto de forma misteriosa la hija de Irma Cruz
López, Wendy Mercedes, que nació el 13 de diciembre. La madre de 18 años edad
la vio viva hasta minutos antes de que la enfermera se la llevara de su lado al
área de incubadoras, ya que según le dijo que “estaba delicada”.
“Mi mamá entró a ver a mi hijita.
Estaba en la incubadora. La revisó y salió. Todo estaba bien”, comentó Irma. La
pequeña Wendy murió la tarde del 17 de diciembre. La causa del fallecimiento:
problemas respiratorios.
Ese mismo día, María Antonieta
Solís Gordillo dio a luz a un niño, a quien nombró Arturo Enrique. Fue
bautizado en el hospital por una religiosa carmelita, que al ver al niño en
buen estado de salud les comentó a los padres que pudieron haber esperado unos
días más para que el bebé recibiera las aguas bautismales en la iglesia.
NUBE
TÓXICA
En ese diciembre de 2002, el
hospital se encontraba más o menos vacío por tratarse de temporada vacacional.
De tal manera, el personal del nosocomio decidió fumigar el área de pediatría y
cuneros. Al enterarse los padres de los recién nacidos, se opusieron. El
primero de ellos fue Alberto Pérez, papá de José Guadalupe, pero no lo
escucharon. “Fumigaron sin tomar las medidas preventivas”, dijo.
También Lesbia Solís Gordillo,
tía de Arturito y hermana de María Antonieta, se opuso a la fumigación y acudió
al departamento de Trabajo Social para preguntar por qué lo iban a hacer, y una
enfermera le contestó que para que no entraran virus. En eso andaba cuando
escuchó que los directivos del hospital dijeron “vamos a aislar a los niños. No
va a pasar nada”. Efectivamente, los niños fueron trasladados a un lugar fuera
de peligro, pero poco tiempo después fueron regresados a los cuneros. Lesbia
Solís afirmó que un fuerte olor a herbicida se mantuvo durante varios días en
las áreas de pediatría y cuneros.
“Oí llorar al niño cuando yo aún
estaba en el quirófano. Le pregunté a la enfermera cómo se encontraba mi hijo y
dijo que bien”, comentó María Antonieta. Horas más tarde, notó que dentro del
hospital había una nube tóxica.
Arturo Enrique murió el 23 de
diciembre por problemas respiratorios. Tres días después, el 26 de diciembre,
José Guadalupe murió por la misma razón. Y nadie en el hospital supo dar las
respectivas explicaciones.
EXHUMACIONES
En el acta de defunción 006623
expedida por el oficial de Registro Civil número uno, Ernesto Carboney
Fernández, se estable que las causas del fallecimiento de José Guadalupe fueron:
hipertensión endocraniana, neuroinfección y septicemia (en el caso de la
septicemia, que suele ser consecuencia de determinadas infecciones, por lo
regular es adquirida en el hospital). De acuerdo con esto el deceso del niño
fue por otros factores que nada tienen que ver con los primeros síntomas que el
niño manifestó al nacer y por los cuales había sido internado.
Por otro lado, los padres de
Arturo Enrique solicitaron la exhumación del niño porque no creyeron que había
muerto por problemas respiratorios. El 27 de diciembre, fue exhumado su cuerpo.
En el cementerio, alumbrados por los faros del vehículo del padre de Antonia y
Lesbia, los médicos legistas tomaron muestras del tejido del cuerpo de
Arturito.
Irma Cruz hizo lo mismo por su
parte. Lloró la pérdida de Wendy Mercedes pero al enterarse de que el lugar de
los cuneros fue fumigado, solicitó la exhumación de la que fue su primera hija del
panteón de Las Margaritas, y se confirmó que la causa de su deceso fue
envenenamiento y no problemas respiratorios, tal como los médicos y directivos del
hospital le aseguraban.
PABLO
SALAZAR
El nacimiento sólo puede
entenderse a la luz de la muerte, decía el maestro mexicano Abel Pérez Rojas. Entre
los meses de diciembre de 2002 y enero de 2003, murieron 35 recién nacidos en
el Hospital K de Comitán de Domínguez, Chiapas, todos aparentemente por
problemas respiratorios.
Ante los primeros 24
fallecimientos, los padres de los niños exigieron al entonces secretario de
salud, Ángel René Estrada Arévalo, la investigación de las muertes, pero éste
fue indiferente al dolor de las familias y no hizo nada. Al contrario, fue
premiado con la rectoría de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH),
impuesto por el ex gobernador Pablo Salazar Mendiguchía el 4 de diciembre de
2006.
El director del hospital, Raúl
Belmonte, denunció falta de medicamentos, equipo y personal médico para la
atención de los bebés. Por lo que solicitó a Pablo Salazar el helicóptero del
gobierno, “El Chamula”, para trasladar a los niños a la Ciudad de México. Aún
había tiempo para salvarles la vida. Pero se los negó.
En cambio ordenó que fuera
utilizado para traer al jugador Guillermo “Pando” Ramírez del país de Guatemala
para integrarlo al equipo Jaguares.
El responsable de la muerte de
los niños es Pablo Salazar Mendiguchía, por omisión, porque de acuerdo con el
artículo 4 de la Ley General de Salud del Estado, él era el principal garante
del derecho de la salud en Chiapas. Abandonó el hospital por corrupción y
despotismo, principalmente, pero también porque éste estaba en la tierra de
donde es originario el ex gobernador Roberto Albores Guillén, con quien tenía
conflictos políticos.
Hoy, éste cínico tirano quiere
regresar al poder. Es un insulto a las familias que tanto daño les causó. Y un
grupo de mafiosos políticos están dispuestos a venderle su regreso.
Mañana, el partido político que
puede hacer que Pablo Salazar haga realidad su deseo. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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