“Hay
que combatir al priista que todos llevamos dentro”, dijo Felipe Calderón en su
campaña a la Presidencia de la República en 2006. No podemos perder de vista
que hasta hace poco más de una década la vida en México estaba copada por el
PRI. Sus primeros gobiernos nos dieron un sistema de salud y educación
impresionante para su época. A finales de los años ochenta gobernaba en todos los
estados y el Congreso fue suyo hasta el fin del siglo pasado.
Algunos
autores importantes se preguntaban si teníamos el gen priista en la sangre. Nos
quejábamos de él, pero no podíamos vivir sin él. El PRI se nos metió tan dentro
del pensamiento que se le extrañó en los años del panismo. Tanto así que en las
postrimerías del panato se
multiplicaron las bardas pintadas con la leyenda “Que se vayan los pendejos y
que vuelvan los corruptos”.
Pero
en estos momentos, donde la realidad del gobierno y del priismo está moldeada
por la corrupción y la impunidad, el PRI perdió la confianza de la gente y está
perdiendo a sus figuras más icónicas y representativas, que no sólo se están
pasando a otros bandos donde crecen políticamente, sino también desde donde
combaten al nuevo PRI: el de Peña Nieto, Ochoa, Duarte, Borge, Moreira, entre
otros.
A
punto de cumplir 63 años de edad y 38 de ser priista, Carlos Rojas Gutiérrez
anunció su retiro de las filas del tricolor porque según él “el PRI de hoy es una
caricatura de lo que fue. Tiene una losa insoportable e insuperable que se
llama corrupción. Y nosotros no podemos aceptarlo ni admitirlo ni disimularlo”.
LA
CAÍDA
EL
PRI fue grande. Y actualmente como partido no es malo. Cuando brotó la segunda guerra
mundial golpeando con fiereza en Europa, el papel del PRI marcó la diferencia
al no permitir que en México se desarrollaran movimientos como los que
lideraron Mussolini en Italia, Hitler en Alemania y Franco en España, que
acabaron con la vida de 62 millones de personas. Ante la presión internacional
producto de la guerra, el PRI supo darle autonomía política al país.
El
gobierno del PRI fue reconocido como los mejores y más progresistas de América
Latina, entre otras cosas por impulsar la correcta distribución de la riqueza,
el desarrollo del país, la paz interna y las buenas relaciones internacionales.
Pero luego de un tiempo de paz y prosperidad vinieron las confabulaciones y las
arbitrariedades de los malos priistas.
Luis
Donaldo Colosio dijo en 1994 que había llegado “la hora de cerrarle el paso al
influyentismo, la corrupción y la impunidad”, que era lo mismo que clausurar las
viejas prácticas del PRI, que después de ser el mejor entre todos los partidos
y que inició la reconstrucción de la nación al terminar la guerra civil en
México, se convirtió en una empresa que monopolizó
el poder y creció al amparo de todo lo que Colosio prometió erradicar del
gobierno. “Veo un pueblo con hambre y sed de justicia”, dijo, y lo mataron.
Los
mexicanos sabían que el PRI era corrupto, pero después de eso supo que no sólo
era capaz de robar las elecciones, como las de 1988, sino capaz hasta de matar
a sus mejores militantes.
LA
RENUNCIA DE CARLOS ROJAS
Por
eso es relevante mencionar la renuncia de Carlos Rojas Gutiérrez al PRI, cuya
caída se debe a la corrupción e impunidad de sus gobernantes, como también por
la salida de sus mejores políticos.
Unos
de los primeros en dejar el barco fueron Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz
Ledo, que junto con otros priistas autoexiliados crearon la Corriente Crítica, a la que se unieron las
izquierdas del país para combatir los abusos y las arbitrariedades del PRI y de
sus gobiernos. Eran los tiempos en que los verdaderos priistas luchaban por devolverle
al partido su esencia y el progreso al país.
De
ahí viene Rojas Gutiérrez, uno de los pocos que aún persisten en cumplir con el
legado colosista. Tras una década de
trabajo legislativo –fue senador y enseguida diputado federal- en 2012 se sumó
a la campaña de Enrique Peña Nieto, y ya con el PRI de regreso en Los Pinos fue
el encargado de mudar al vetusto FONAES de la SEDESOL a la Secretaría de
Economía.
La
Cruzada Nacional contra el Hambre fue el modelo de combate a la pobreza que
Rosario Robles le vendió al presidente Peña, pero que Rojas Gutiérrez, como
arquitecto del mítico Pronasol, rediseñó para que desde sus orígenes estuviera
enfocado a dotar de capacidades productivas a las comunidades campesinas y
colonias populares. Terminó con la tarea en 2014 y dijo que nunca en sus casi
40 años de trayectoria priista se sintió tan defraudado y cargado de
desesperanza. Dejó de creer en el proyecto y se alejó de la función pública.
En
este sexenio, en el ámbito federal y estatal los gobiernos priistas han sido
desastrosos. Escándalos como La Casa Blanca, la desaparición de 43 normalistas,
los nexos con el narcotráfico de César Duarte, las empresas fantasma de Javier
Duarte, las dádivas de Borge, son parte medular del fracaso del PRI que no sólo
decepciona sino que debe ser combatido, y quienes mejores para hacer el trabajo
que los mismos priistas.
Rojas
Gutiérrez fue el constructor del programa nacional de Solidaridad, que mucho hizo y hace por las colonias campesinas e
indígenas del país luego de más de 25 años de existencia. También planteó y
operó la Secretaría de Desarrollo Social, institución de vanguardia en México y
Latinoamérica que logró entrelazar las prioridades del pueblo con las áreas
urbanas y rurales junto al cuidado del medio ambiente y la ecología. Estos
buenos resultados nos recalcan que el PRI no es malo, sino sus políticos. ¿Pero
qué ha sido de estas instituciones?
Seamos
sinceros: la nueva camada de
priistas han acabado con ellas. Por ejemplo, de la original SEDESOL no queda
nada: “parece más una oficialía de partes encargada de administrar padrones de
personas y entrega de dádivas, obsesionada por mejorar los indicadores
estadísticos del CONEVAL, no de que la gente viva mejor”, dice Carlos Rojas, y
tiene razón. La secretaría no produce planes ni proyectos que potencialicen el
desarrollo; es una oficina administradora de conflictos que utiliza los
programas de asistencia social para lucrar políticamente con las necesidades de
la gente.
Cuando
Carlos Rojas se alejó del servicio público y se fue a radicar a Oaxaca, ayudó a
jóvenes a mejorar sus habilidades y competencias. Pero al saber de la intención
de su amigo Javier Guerrero, que conoció hace más de 25 años en SEDESOL, de querer
la candidatura del PRI al gobierno de Coahuila, decidió sumarse, pero en el
partido les cerraron las puertas por intereses mezquinos. Así que Guerrero
renunció a su militancia y ambos se lanzaron a la aventura de registrar una
candidatura ciudadana, por el bien del estado y en contra del PRI y sus representantes.
Sin
embargo, esta no es la primera vez que priistas se enfrentan a priistas. Lo
hicieron Cárdenas, Muñoz Ledo, Colosio, Reyes Heroles, Bartlett y hasta Andrés
Manuel López Obrador, por mencionar algunos, que combatieron la corrupción, la
hegemonía y la represión del partido y todos terminaron por sufrir la represión
y supremacía del PRI y de los presidentes.
PRI VS. PRI
El
PRI que construyó a México desde los escombros ya no existe. Está secuestrado
por liderazgos sin talento y sin trayectoria política. Está manipulado por
tecnócratas que son unos perfectos desconocidos hasta para la propia militancia.
Y ha sido desprestigiado por los gobernadores a quienes el presidente Peña
Nieto encumbró y les entregó el poder para controlar las decisiones políticas
en los estados.
Después
de tantos escándalos de corrupción, políticas mal planeadas y ejecutadas, y
pésimos resultados que hunden a los mexicanos en la pobreza y en una grave
crisis de seguridad nacional, el PRI va rumbo a la debacle. Nos quejábamos de
los viejos priistas y fueron los jóvenes quienes están acabando con México.
Con
esta realidad, si gobernar se tratara de una pelea de box Peña Nieto no ganaría
ni por nocaut. Logró encarcelar a Yarrington, pero lo de Yarrington no quita lo
de Duarte y lo de Duarte no quita lo de Borge, y estos no quitan lo de Lozoya y
así por el estilo.
Con
el 2018 encima, el gobierno peñista cree que continuar haciendo justicia en
materia de corrupción logrará encontrar su salvación en la tumba de su propio
partido. Pero no sabe que eso fomentará que desde sus entrañas nazcan luchas
fratricidas de un PRI vs. PRI, donde continuaran las renuncias y sin que esto
signifique un final para la corrupción y la impunidad. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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