Nada
tan misterioso como la pasión que rodea a un político. El resurgimiento de José
Antonio Aguilar Bodegas ha sorprendido a muchos. En este momento es idealizado
como el mejor prospecto a gobernador del estado, y aunque de propia voz no ha
declarado querer participar en las próximas elecciones, su sola mención en el
corredor político está causando espanto entre los otros aspirantes.
¿Por
qué le temen a Josean?, es la pregunta. Será porque “el que ha naufragado
tiembla incluso ante las olas tranquilas”, así lo dice el poeta Ovidio. La
posible candidatura de Aguilar Bodegas es hasta hoy una propuesta, un rumor,
pero un rumor que cala y suena en todos los rincones de Chiapas. Asimismo lo
aclaman en el sector empresarial, en la clase política, en el priismo local y en
varias organizaciones campesinas y obreras. Sin necesidad de hacer aspavientos,
sin crear fundaciones, sin regalar despensas, sin salir en las revistas de
corazón y sin convocar a las muchedumbres, está logrando penetrar con más efectividad que los demás en la
confianza de la sociedad chiapaneca.
¿Estaremos
acaso ante la inminente contienda entre la juventud y la experiencia?
RESULTADOS
DE LA INEXPERIENCIA
“Los
jóvenes son los herederos del México que, bien o mal, les dejamos y los
arquitectos del México del porvenir. Por ello, que se involucren en la
política, en la construcción del país, siempre es un motivo digno de aplaudirse
y celebrarse. Independientemente del mensaje, es alentador saber que en ellos
vive la chispa de la crítica y el afán por la expresión y la discusión”, dice
Alejandro Martí, presidente y fundador de la organización México SOS que lucha y trabaja por construir una nación más segura.
Estoy de acuerdo con Martí, pero sólo en parte.
La
política mexicana en los últimos años ha concedido grandes espacios para que los
jóvenes tengan participación en la formación de los destinos de la patria. Esto
es bueno. Porque es muestra clara de que nuestra joven democracia es cada vez
más incluyente. Tenemos diputados, senadores, síndicos, regidores y hasta
gobernadores que apenas sobrepasan los treinta años de edad. ¿Pero qué sucede a
la hora de rendir cuentas al pueblo?
No
generalizo, reconozco que hay muchachas y muchachos valiosos, inteligentes y de
propuesta que desde sus trincheras han contribuido a resolver viejos problemas en
las comunidades rurales, en las grandes urbes e incluso en las entidades. Sin
embargo, estos son casos excepcionales. Muy pocos de verdad. La mayoría adolece
de algo fundamental para ejercer un buen gobierno: la experiencia y el tacto
político.
Cuando
un joven Winston Churchill encabezó la batalla de Galípoli, en la Primera Guerra
Mundial, la cosa terminó en desastre. Como resultado de su entusiasmo de
juventud, murieron 250 mil soldados y este fracaso motivó su salida del
gobierno británico. Pero siendo ya mayor, con experiencia en la guerra y en otros
cargos públicos, tras la Segunda Guerra Mundial fue considerado un gigante
político, un estadista y uno de los hombres más influentes en la historia del
Reino Unido.
En
los últimos sexenios hemos podido darnos cuenta que gobernar es más anhelo de
poder que auténticas ganas de hacer el bien común. ¿Qué ha sido pues de los
noveles servidores públicos?
Si
se trata de postular a los jóvenes por su honestidad, Guillermo Padrés del PAN,
tenía 40 años de edad cuando gobernó Sonora, y Javier Duarte del PRI, tenía 37 (la
edad promedio en que están los futuros candidatos al gobierno de Chiapas), pero
finalmente terminaron encarcelados por los delitos de malversación de los
recursos públicos, asociación delictuosa y enriquecimiento ilícito. Juan
Sabines Guerrero, un ejemplo más cercano, tenía 38 años al convertirse en
gobernador del estado y el resultado de su execrable administración fueron 40
mil millones de pesos de deuda pública y 300 mil pobres más.
Si
nos enfocamos en su ideología de partido, los más de tres jóvenes aspirantes chiapanecos que están
afiliados a Morena, organismo que tiene las credenciales más limpias pero sólo porque
ha gobernado menos, ya presenta casos como el de Pedro Pablo de Antuñano,
subordinado de Ricardo Monreal, delegado de Cuauhtémoc, que fue detenido con
600 mil pesos en efectivo.
Por
otro lado, Andrés Manuel López Obrador, líder organizacional, moral y
espiritual de Morena, es un caudillo que los maneja a su antojo, es de viejo
cuño ajeno a las renovaciones liberales, notable en la impugnación y tiene
pocas (muy pocas) cualidades de estadista. En 2006 representó una esperanza, en
2012 fue la opción “menos peor”, ahora, en aras del triunfo, promete perdón
para los corruptos. Doble moral. Sin ninguna duda, su desgaste político será la
sombra que acompañe al candidato de Morena en Chiapas.
Paradójicamente,
estos políticos no votan, pero quieren ser votados.
¿QUIÉN ES
JOSEAN?
En este desolador contexto, José
Antonio Aguilar Bodegas es anunciado como candidato para la elección de 2018.
Esto en modo alguno vulnera la voluntad de Josean de mantenerse al margen de la
conquista del poder, que en reiteradas ocasiones ha manifestado estar
comprometido con su labor en la Secretaría del Campo, donde con trabajo
conjunto entre la federación y el estado ha atendido a más de un millón cien
mil productores en infraestructura productiva, equipamiento agrícola y pecuario,
repoblamiento del hato ganadero, sanidad vegetal y animal, aseguramiento de
cultivos, asesoría, capacitación y desarrollo de proyectos productivos, ejerciendo
en los pasados cuatro años una inversión de 12 mil 600 millones de pesos. Son
estos los mejores resultados en los últimos 15 años de gobierno.
Aguilar Bodegas es originario de
Tapachula, Chiapas, y poseedor de una firme convicción priista. Es licenciado
en Relaciones Industriales por la Universidad del Valle de México y tiene una
maestría en Administración Pública por la misma universidad.
A la edad de 30 años, entre 1980
y 1982, se desempeñó como subsecretario de Desarrollo Económico del Estado.
Luego, fue vocal ejecutivo del Programa Integral para el Desarrollo Rural. Al
año siguiente, fue designado gerente del Banco de Crédito Rural en Tapachula. Y
de 1985 a 1988 fue delegado en la entidad de la entonces Secretaría de
Agricultura y Recursos Hidráulicos.
También, ha sido presidente
municipal de Tapachula, diputado federal en dos ocasiones, diputado local y presidente
del Congreso del Estado, y senador de la República.
En 2006, José Antonio Aguilar
Bodegas es elegido candidato de la Alianza por Chiapas formada por los partidos
PRI y PVEM. Y Juan Sabines Guerrero, su mayor oponente que había renunciado a
su militancia priista de más de 18 años, fue arropado por el PRD, PT y
Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano), cuya alianza se llamó “Coalición por
el Bien de Todos”, así entre comillas.
En un claro fraude electoral,
Sabines lo “superó” por un pírrico 0.57 por ciento de la votación. En esta
estafa, Pablo Salazar Mendiguchía, gobernador saliente, influyó en el triunfo
de Sabines, pero años más tarde éste lo traicionó y lo mandó a encarcelar por
los delitos de peculado, asociación delictuosa, defraudación y homicidio.
¿GOBERNADOR?
Cuando Aguilar Bodegas fue
acusado en diciembre de 2011 por el gobierno de Juan Sabines, que dijo tener
pruebas de las transacciones ilícitas del corporativo Álvarez Puga y Asociados
del que Josean fue director general, él contestó categóricamente: “No tengo en
toda mi vida nada de qué avergonzarme, ni como funcionario público ni como
político de elección popular. Mi vida en Chiapas es abierta, mi condición
humana, mi condición social y mi condición económica, mía y de mi familia,
siempre han estado a la vista de todo mundo”.
Josean no fue a la cárcel, pues
no fue hallado culpable. No huyó como lo hacen los cobardes. Su única culpa fue
ser el más crítico del régimen sabinista, y eso lo convirtió en un perseguido
político.
En tiempos de decisión, debemos
escoger mejor a los candidatos. Darles oportunidad a los jóvenes políticos fue
bueno para la democracia, pero los resultados no fueron tan satisfactorios. Le
apostamos a su fuerza, frescura y carisma, y las lecciones han sido muy
amargas. Lo hemos visto. Pero ¿es posible aguantar más tiempo?
“Cuando se teme a alguien es porque a ese
alguien le hemos concedido poder sobre nosotros”, de acuerdo a la frase de Hermann
Hesse ese poder es la experiencia de
Aguilar Bodegas, obtenida en tres décadas en el servicio público. Churchill
tuvo que recorrer un largo camino para ser el gigante político que después fue.
Hoy, como el ave fénix que renace de las cenizas, Josean vive para la política
y para complacencia de muchos ha vuelto a resucitar. Sólo falta que se decida. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocabellero@gmail.com
Comentarios
Publicar un comentario