El
que no tranza no avanza es el refrán preferido de los políticos. Y en “Dios, no
me des, nomás ponme donde haya” estamos contemplados todos: la clase pudiente,
la clase gobernante, la política, la trabajadora, los empresarios, etcétera. Ya
lo dijo el sabio Peña Nieto: La corrupción es un asunto cultural.
Hace
unas semanas me encontré en un cafetín a un amigo que me comentó que había sido
liquidado de su empleo. Varios meses después logró encontrar otro trabajo, pero
lo que no le gusta de éste es que ha sido dado de alta en el IMSS con un
salario menor al real, y el resto de su sueldo se lo paga un tercero a través
de una empresa de outsourcing (externalización).
Su
preocupación es evidente. El que mi amigo sea contratado bajo esa mecánica y
esté cotizando en el IMSS con un salario inferior, sin duda lo afectará en sus planes
de ahorro para el retiro. En el caso de que sufriera un accidente y quedara
inútil para realizar cualquier tipo de labor, la pensión por invalidez que
recibirá no le alcanzará para cubrir los gastos futuros, y por consecuencia de esto.
¿Qué
piensas hacer? –le pregunté. “Pues lo que hacemos todos, agachar la cabeza y
aguantar. Ni modo. O acepto o mi familia no come”, me contestó.
OUTSOURCING
Evadir
las leyes se ha convertido en las dos últimas décadas en un deporte entre la
clase empresarial mexicana, que no le basta defraudar al fisco, sino también
desea tener mano de obra calificada al menor costo y sin ninguna
responsabilidad como patrón.
El
outsourcing –o subcontratación- consiste en que una empresa contrata los
servicios de otra pero especializada en cierta área profesional, como en la instalación
de redes de telecomunicación, ingeniería o contabilidad. El objetivo principal de
todo empresario es aumentar sus ganancias, y una forma de lograrlo es
reduciendo los gastos con la externalización de determinados servicios. De este
modo consiguen mayores rendimientos, mejor calidad en el trabajo y un buen ahorro.
¿Para
qué emplear a una persona a la que tendrás que capacitar constantemente,
pagarle un sueldo que irá incrementando con el tiempo, tolerar sus errores, sus
enfermedades y concederle todas las prestaciones que le corresponden por ley,
cuando en su lugar puedes contratar una agencia de profesionales que te puede
proveer del personal necesario que haga el mismo trabajo pero con mayor
eficiencia y a un costo menor? Esa es la disyuntiva. Obviamente, el outsourcing
resulta muy beneficioso para los patrones, pero perjudicial para la clase
trabajadora.
En
México, al subcontratación inició hace poco más de 40 años. Los primeros
servicios contratados fueron los de vigilancia y limpieza. Luego, ya en la
década de los setenta, vinieron las agencias consultoras. Fue en este tiempo en
que las grandes empresas comenzaron a observar que era más fácil pactar con un
proveedor independiente que crear, desarrollar y mantener un departamento dentro
de la corporación.
También,
vieron la ventaja de que al subcontratar personal podían hacer deducibles al cien por ciento las
facturas por “servicios administrativos” que le entregaban las agencias, despachos
y empresas contratadas, en lugar de asumir la carga de los sueldos y las prestaciones
como el IMSS e Infonavit. Así que con el tiempo muchos empleados fueron
despedidos y vueltos a contratar, pero bajo este esquema. Con ello perdieron el
derecho de antigüedad, los bonos de productividad y el acceso al reparto de
utilidades.
El
auge de las outsourcing vino con las reformas del presidente Felipe Calderón.
La Ley del Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU), que estuvo vigente de 2008
a 2013, impedía la deducción de los salarios a los ingresos, y por consecuencia
el monto de los impuestos era mayor. Así que pagar sueldos se hizo una carga
demasiado pesada. Los patrones se vieron en la encrucijada de pagarle a sus
trabajadores o cerrar la empresa.
Los
comerciantes más astutos evitaron la quiebra recortando la nómina del personal,
no pagando IMSS ni Infonavit y adquiriendo los servicios de outsourcing, que se
convirtieron en compañías de multi-servicios, que tanto te vendían una asesoría
industrial de alto nivel como te prestaban a una señora para que barriera la oficina
y limpiara las ventanas.
OUTSOURCING
Y EL CRIMEN
El
outsourcing no es ilegal en México, pero tampoco es bueno. Tanto afecta a la
clase laboral como a la recaudación fiscal. En los últimos tres años, el
Servicio de Administración Tributaria (SAT) detectó el desfalco de 8 mil 255
millones de pesos en impuestos. De acuerdo con la información del SAT, hay por
lo menos 71 mil 441 contribuyentes que se dedican a los servicios outsourcing y
que defraudan a la autoridad por diversas vías.
Después
de ser una herramienta útil para los comerciantes, pasó a ser otra modalidad de
la delincuencia organizada. El 64 por ciento de estas agencias se ubican
principalmente en la Ciudad de México, Estado de México, Oaxaca, Jalisco,
Puebla y Yucatán. En 2013, el 50% reportó utilidades menores al 20 por ciento
de sus ingresos y el 40 por ciento reportó pérdidas. Durante el 2014, el 12% de
estos contribuyentes declaró no haber obtenido ingresos y el resto ni siquiera
se molestó en cumplir con sus obligaciones fiscales. La corrupción es un asunto
cultural.
El
abogado oaxaqueño Sergio Castro López amasó gran fortuna gracias al outsourcing.
Se le conoce por ser uno de los pioneros en la implementación de los esquemas fiscales agresivos en México, que se desempeñó como operador
financiero del ex gobernador de Puebla Mario Marín, el gober precioso.
Comenzó
con la Consultora IDN (Inteligencia de
Negocios), que se hizo la favorita de los empresarios poblanos que
utilizaron su esquema para evadir las cuotas del IMSS: Castro trasladaba el
pago de nóminas a través de sociedades cooperativas creadas ex profeso para
defraudar al SAT.
Pronto,
las estrategias fiscales de Castro fueron utilizados por políticos ligados a
Mario Marín Torres, quienes encontraron en ellas una forma de lavar dinero
donde todos ganaban. De la nada IDN se convirtió en patrocinador del equipo
Puebla FC y Castro López acabó por realizar los manejos contables de todos los prestanombres del marinismo.
Pero
cuando se descubrió la corrupción de Marín, el IMSS y el SAT lo pusieron en la
mira y fue entonces que quedaron al descubierto los crímenes. Como resultado de
las investigaciones, las autoridades congelaron las cuentas bancarias del entonces
director técnico José Luis Sánchez Solá y de varios jugadores del Puebla, que
evadieron impuestos por la asesoría de Castro López, que fue el encargado de
operar la administración del equipo.
En
2008, el SAT boletinó a Castro y a su empresa por ser uno de los principales
promotores de la evasión fiscal en el país. Al poco tiempo fue detenido por la
extinta Agencia Federal de Investigación, pero tras pagar una fianza se dio a
la fuga y nada se supo de él. Según versiones periodísticas, Sergio Castro no
sólo lavó dinero para Mario Marín, sino también para Ulises Ruiz y Javier
Duarte.
Tras
darse a la fuga, Sergio Castro disolvió Consultoría IDN en varias firmas pequeñas,
que fueron operadas por otros empresarios, como los hermanos Federico y Gabriel
Sada Bolaños en Oaxaca, Francisco López Aragón en Jalisco y los Álvarez Puga en
Chiapas, a quienes en días recientes el gobierno de Costa Rica les impidió el
ingreso al país por presuntos nexos con el narcotráfico y estafa fiscal en
México.
La
riqueza de los Álvarez Puga es tanta que viajan por el mundo en jets privados . Se cuenta que detrás del Consorcio Álvarez Puga y Asociados hay una larga estela de delitos
como el de prestanombres, evasión fiscal, lavado de dinero, entre otros.
Recordemos que en 2011 intentaron matar a un periodista, pero éste es un tema
aparte.
Lo
urgente es una reforma fiscal que erradique la subcontratación u outsourcing,
porque es una práctica legal que desde hace varios años evade impuestos,
denigra a los trabajadores y crea una competencia desleal entre empresas. Si
Peña Nieto afirma que la corrupción es un asunto cultural, entonces empecemos
por hacer más equitativas, justas y progresistas nuestras leyes. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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