Dos
temas medulares preocupan en este momento a los mexicanos: la fragilidad de la democracia
y la falta de garantías para ejercer el derecho a la libertad de expresión,
entre estos el respeto al voto ciudadano. No es para menos. Sobre todo tomando
en cuenta los resultados en los comicios de este año en cuatro estados del
país.
La
alternancia en el poder es la prueba más contundente de que hay una verdadera democracia.
Es el testimonio de que los votantes pueden cambiar el destino de su nación
cambiando a la persona y al partido que los gobierna. Sin embargo, el Estado de
México sigue siendo uno de los cinco de las 32 entidades que, después de 20
años de vida democrática, aún no ha tenido alternancia. Lo que nos dice que tenemos
una democracia falaz y de baja calidad.
En
México la democracia llegó pobremente a los estados. Si los electores no han
ejercido su derecho a la alternancia entonces quiere decir que hay una
anomalía: gobiernos fuera de lo normal o simulaciones democráticas, en las que
las luchas por el poder han traído corrupción, impunidad, dinero ilegal para
financiar las elecciones, clientelismo, uso de los recursos públicos y de
programas sociales para comprar el
voto.
Días
antes de celebrarse las elecciones mexiquenses circuló en internet un video
llamado Tinacocracia, en el que se
ven a todos los partidos que compitieron en el Estado de México, Morena
incluida, regalando tinacos a la gente para captar su voto. El video evidenció
con creces a los candidatos y los partidos, porque así es la democracia a la
mexicana: acostumbrada al clientelismo y
la corrupción.
De
tal manera, no siempre ganan los que más votos obtuvieron a base de buenas
propuestas y un mejor elaborado proyecto de gobierno, sino los que fueron más
astutos y hábiles para “obtenerlos”, aunque para ello hayan tenido que quebrantar
las leyes. A este mal se suma el grave problema de seguridad nacional en el que
pensar diferente o elegir diferente, se convirtió en una causa de muerte.
En
2015, varios municipios de los Altos de Chiapas cambiaron de partido en el
gobierno, dejaron a un lado al viejo PRI y optaron por probar un color distinto.
Pero esto no les gustó a los grupos en el poder. Así fue como el 23 de julio de
2016 decenas de pobladores de San Juan Chamula, que desde el siglo XV a.C. ha
sido gobernado por priistas, asesinaron a tiros al ex alcalde Domingo López
González, del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), supuestamente por la
exigencia de la entrega de apoyos a los artesanos, pero en el fondo se habló de
venganza política.
LA
PRODUCCIÓN DE DELITOS
La
democracia y la libre manifestación de ideas son dos valores constitucionales
que se relacionan. Un concepto práctico de democracia es el poder del pueblo, del latín democratia.
Por otro lado, el concepto no se limita al solo hecho de elegir a los
gobernantes, porque es, además, la mejor manera de permitir el acceso a la
alimentación, a los servicios de salud, a la vivienda, a la educación, al
trabajo digno y a las oportunidades de desarrollo personal y colectivo.
Dice
con precisión el periodista Liébano Saénz que “Los partidos han transitado por
la democracia, pero la democracia no ha transitado por los partidos”. Podemos
agregar que en México tenemos una democracia sin demócratas, en la que nadie
quiere soltar el poder y donde se brincan los obstáculos legales; en la que los
políticos no están dispuestos a jugar con apego a las reglas, a reconocer
públicamente las victorias de sus adversarios ni sus propias derrotas.
En
las elecciones de 1988 perdieron los ciudadanos y su libertad de expresión. Los
mexicanos habían elegido a Cuauhtémoc Cárdenas como presidente de la República,
pero terminaron defraudados ante las trampas del PRI y de Carlos Salinas de
Gortari, que misteriosamente ganó por un pretexto eléctrico: la caída del
sistema.
Desde
entonces nos hicimos los entendidos de que nuestra joven democracia había
producido una casta de políticos y de gobiernos que, con todo rigor, no estaban
dispuestos a perder una elección solo porque la gente votara por otros. Se empeñaban
a no ceder ni un milímetro del poder, y por todos los medios, legales e
ilegales, se esforzaban en modelar el voto, inducirlo, coaccionarlo, impedirlo
y, al final de cuentas, desconocerlo. Por eso fue acertada la calificación del
escritor Mario Vargas Llosa al decir que la democracia de México era la
dictadura perfecta.
Esto
terminó por producir gobiernos y gobernantes con falta de legitimidad.
A
veces se escapa por urgencia y a veces por oficio, dice Juan Villoro. En México
estamos tan acostumbrados a violar las leyes que hasta un presidiario conocido
como Chucho El roto convirtió su fuga
de la prisión de San Juan de Ulúa en una de las historias más lucrativas y
extraordinarias de la historia de México. Ningún político tiene la costumbre de
ceñirse a la ley, de resignarse y someterse a ella, sino busca la manera de
darle la vuelta, tergiversarla, burlarla y aplicarla torcidamente a su favor.
En fin, de escaparse.
En
el caso de la democracia esta costumbre ha convertido en una feria de abusos,
simulaciones e ilegalidades a lo que alguna vez se pensó como un proceso transparente
y equitativo. Lo ocurrido recientemente con Eva Cadena, diputada de Morena, que
fue grabada recibiendo dinero ilícito para López Obrador, es muestra palpable
de esta práctica.
Y
sucede en todas partes, en Chiapas, verbigracia, Francisco Rojas Toledo,
“pacomoches”, ex candidato a la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez, también
fue grabado aceptando dinero de empresarios constructores para financiar su
campaña política, con la promesa de que si él ganaba les daría todas las obras del
municipio.
Con
el financiamiento de terceros, los políticos tienen para regalar despensas,
tinacos, sillas de ruedas, muletas, pantallas, dinero en efectivo, y se
condicionan los apoyos de los programas sociales, sobre todo de aquellos
destinados al combate a la pobreza. En resumen: quien pretenda competir en esta
democracia sujetándose a los recursos y a las conductas permitidas por la ley,
se ahogará con facilidad en el mar de ventajas ilegales, dinero sucio y
conductas torcidas que se practican repetidamente en ella.
Otro
corolario es: el político que quiere ganar elecciones en México tiene que hacer
trampa.
LA
SEGUNDA VUELTA
Lo
más terrible de todo esto es que quien gane se enfrentará a un gobierno
dividido. ¿Por qué? Porque, por ejemplo, si se ratifica el triunfo de Alfredo
del Mazo en el Estado de México, gobernará nada más con el 33.78% del
electorado, cuando la oposición será mayoría en el Congreso.
Esta
es otra debilidad de nuestra democracia: crear gobiernos de minoría y con falta
de legitimidad. Una solución es la segunda vuelta electoral, que pone a
competir en una elección definitiva a los dos candidatos punteros de la
primera.
Al
respecto, hay que reformar la constitución, por lo que la analista política
María Amparo Casar propuso hasta la redacción de la reforma: “El Presidente
será electo en votación directa y por mayoría absoluta de los sufragios
válidamente emitidos. Si ningún candidato obtuviera más de la mitad de los
sufragios válidamente emitidos, se procederá a una segunda votación entre los
dos candidatos que hayan obtenido las dos más altas mayorías relativas y en
ella resultará electo aquel que obtenga mayor número de sufragios. La segunda
vuelta se llevará a cabo de “x” días a partir de la declaración de los cómputos
oficiales”.
La
segunda vuelta da más legitimidad a los gobiernos y mayor poder a los votantes,
pues le permite repensar, refrendar o corregir su voto. Este mecanismo acaba de
funcionar en la elección de Francia.
Se
dice que sin periodistas no hay democracia, y sin votantes y autoridades
responsables, tampoco. Así que como sociedad debemos ejercer el derecho a la
libertad de manifestación para tomar esta iniciativa en nuestras manos y exigir
a los legisladores que hagan lo pertinente, porque es lo mejor. Y porque el pueblo
manda.
De
no hacer nada estaremos permitiendo que se sigan reproduciendo gobiernos
ilegítimos que ganan el poder por medio de trampas. Si no gana nuestro
candidato favorito, después no nos quejemos. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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