Al
mundo no le hacen falta los populistas, sino gentes pensantes. Después del
inesperado triunfo de Donald Trump, existe en México un temor fundamentado a
que otro populista llegue a la presidencia: Andrés Manuel López Obrador, que se
parece mucho a Trump. Ambos capitalizan el descontento de la población, asumen
una postura mesiánica y proponen soluciones mágicas carentes de todo sustento racional.
Son arrogantes y malos perdedores. Si ganan, merecían el triunfo; si pierden,
la culpa es de las leyes y del árbitro. Ambos insultan y menosprecian a la
oposición.
Otras
similitudes es que Trump, antes y después de la victoria, tiene mucha más gente
en contra que a favor, el mismo caso que AMLO. Sin embargo, quienes los
favorecen les perdonan todo. Como Donald que dijo que “podría dispararle a
alguien en la Quinta Avenida y no perdería votos”, y esa verdad aberrante se
cumplió el día de las elecciones. Con López Obrador sucede exactamente lo
mismo.
AMARGAS
EXPERIENCIAS
El
populismo en América Latina ha traído muy malos resultados. Son y fueron gobiernos
populistas los de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela; Fidel Castro en
Cuba; Michelle Bachelet en Chile; Daniel Ortega en Nicaragua; Rafael Correa en
Ecuador; Cristina Fernández de Kirchner en Argentina; Evo Morales en Bolivia y
Dilma Rousseff en Brasil.
En
Bolivia, los estragos del populismo de Evo Morales, que se mantiene en el poder
desde el 22 de enero de 2006, consisten en el deterioro del sistema productivo,
déficit comercial de 800 millones de dólares, retroceso del 20% en las exportaciones
y una deuda externa de 7 mil millones de dólares que duplica la de 2006.
Los
12 años del mandato en Argentina, con Néstor Kirchner de 2003 a 2007 y su
esposa Cristina Fernández 2007 a 2015, dejaron un 29% de la población en
situación de pobreza, una inflación que en 2014 alcanzó el 40%, desgaste
institucional por los choques entre el Poder Ejecutivo y Judicial que causaron
la muerte del fiscal Alberto Nisman en 2015. Y mientras el pueblo se empobrecía,
el matrimonio Kirchner aumentó su patrimonio en más de un 1000 por ciento desde
2003.
Pero
el caso más ejemplar de la devastación del populismo es el de Hugo Chávez, que
dijo acabaría con las cuatro décadas de vivir en la miseria.
“¡Con Chávez manda el pueblo!” fue su lema de
campaña. Prometió una transición política a través de la instalación de una
Asamblea Nacional Constituyente que redactara una nueva Constitución. Esto le
permitió alargar su mandato a seis años y la reelección inmediata por otros
seis años más.
Propuso
establecer una economía humanista, autogestionaria y competitiva, nuevas
relaciones entre el Estado y la sociedad, y una diversificación del aparato
productivo. Pero una vez en el poder comenzó a expropiar y nacionalizar las
empresas como Industria Venezolana Endógena de Papel (por eso no hay papel
higiénico), Lácteos Los Andes (por eso no hay leche pasteurizada ni en polvo),
Fama de América (por eso no hay café), Agro-Isleña (por eso no hay
fertilizantes), Industrias Cementeras (por eso no hay cemento) y las Empresas
Arroceras y de Azúcar (por eso no hay arroz ni azúcar en Venezuela). También
afectó el funcionamiento de los bancos y de la estatal Petróleos de Venezuela.
Por
eso luego de los catorce años de gobierno chavista y los siguientes de Maduro, el
país venezolano enfrenta una oleada de protestas que hasta el día de hoy suman
43 muertos, todos a manos del gobierno. La crisis de Venezuela no es solamente
económica, sino también institucional, política y social, donde el pueblo ve
mermados sus ingresos familiares, padece escasez de productos básicos,
alimentos y medicinas, un aumento creciente del desempleo y una inflación anual
del 500%. La situación presente no es mejor que los 40 años juntos de los
gobiernos anteriores.
En
fin, así es el populismo.
EL
POPULISMO Y SU PRÁCTICA
El
populismo condena la propiedad privada y
la riqueza, como la Ley de Herencias que intentó aprobar Rafael Correa en
Ecuador que grababa con un impuesto del 47.5% los bienes heredados en el caso
de los hijos. Cuando no hay nada más justo y humano que una persona disfrute con
libertad del producto de su trabajo (casa, propiedades, ahorros) y después si
quiere lo herede a sus familiares.
Se
inclina por prohibir la libre expresión
y por expropiar los medios de comunicación para que sean propiedad del Estado.
En Cuba, por ejemplo, populista por antonomasia, no existe la libertad de prensa,
menos aún la crítica y la oposición al régimen.
Otra
característica es la de dividir a la
sociedad con odio. Usa un discurso provocativo, que crea discordia entre el
pueblo y el gobierno, los enfrenta, acusa a unos y defiende a otros, el
gobierno es malo –dice- y la gente es su mártir. Con una lengua viperina señala
la corrupción, los actos de autoritarismo, la represión y la incapacidad de
gobernar del partido, grupo y persona en el poder. Inventa lo inexistente en
los países: el pueblo y el anti-pueblo.
También
destruye las instituciones. Comienzan
por desbaratar el Poder Legislativo quitando la oposición. Luego extorsiona a
los jueces para que no procedan los juicios en contra de los casos de
corrupción. Enseguida, cierra los medios de comunicación hasta acabar con toda
institucionalidad.
Algo
adicional es que estos gobiernos gastan
más de lo que les ingresa. Es una ley económica elemental en cada región
que los populismos han violado. En Argentina, verbigracia, el gobierno dispuso
un millonario subsidio a los transportes y a la energía que terminó en un grave
déficit fiscal para el país.
Y
los que lo practican, los populistas, son individuos que nos creen ignorantes. Engañan
a la gente: “Yo te voy a sacar de la pobreza porque tú eres demasiado tonto,
torpe, inútil y débil. Y para hacerlo me necesitas a mí, mesías”. Y al mismo
tiempo, dicen: “Los ricos son unos malhechores, malditos; son una casta de
inmorales (López Obrador le llama La
mafia del poder). Conmigo vas a estar mejor”. Y condenar el hecho de tener fortunas
y fomentar la antipatía es fundamental para manipularnos.
Los
populistas son hipócritas. Predican lo que no practican. La hija de Hugo Chávez
es considerada una de las cinco mujeres más ricas de Latinoamérica. Siendo
presidenta, Cristina Fernández lavaba dinero del narcotráfico con los hoteles
de su propiedad en la Patagonia. Por eso ¿cómo creerle a AMLO que dice vivir de
las regalías de sus libros cuando en México nadie lee, y cómo aceptar que con
su sueldo de 50 mil pesos le alcanza para hacer campaña todos los días por todo
el territorio nacional, pagar sus gastos y los lujos de sus hijos?
Entonces
si son así, ¿por qué votan por ellos? Simple: por el discurso mesiánico, por el mal trabajo de los
gobiernos que hizo que la gente se cansara de la corrupción y de la
ingobernabilidad y esto hace que crean en estos líderes tropicales y los vote.
Pero nadie es consciente de los resultados.
¡NO
SOMOS VENEZUELA!
El
populismo es un fenómeno destructivo y a la vez fascinante. Todos saben lo
terrible que puede llegar a ser, pero aun así lo escogen. Los venezolanos
dijeron “no somos Cuba”, y ahora están pagando las consecuencias.
Obviamente
los gobiernos populistas no le convienen a nadie. Los que piensan que es la
solución a los problemas de México están equivocados. No basta con decir que
México no es Venezuela. AMLO es tan populista como Hugo Chávez y Rafael Correa,
quien un día en medio de la calle un niño le hizo una señal obscena con el dedo
medio, el presidente Correa se detuvo y lo hizo arrestar.
Votar
a AMLO para hacer perder al PRI, PAN y PRD, tampoco es la opción. El voto de
castigo es para que pierdas tú, tu bolsillo, tu familia y tus posibilidades. Lo
que debemos hacer es auto educarnos, ser más participativos en las decisiones
del Estado, hacer un uso inteligente de las redes sociales para informar e
informarnos y convertirnos en justicieros en potencia usando la tecnología para
exhibir los abusos.
También,
debemos aprender de las experiencias ajenas. ¿Por qué votar por López Obrador que
no tiene el menor respeto por las instituciones, ni por la ley, ni por el
adversario, pero exige que se le trate con reverencia? ¿Por qué darle el poder si
es un mal perdedor, un intolerante que en 2006 se hizo llamar Presidente
Legítimo en total contrasentido con la decisión del pueblo? ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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