En agosto de 2016, dos imágenes
dramáticas compungieron a la sociedad mexicana por lo que vio en ellas retratado.
La primera fue la de un niño
rescatado milagrosamente con vida de los escombros durante los bombardeos en
Alepo, Siria. La segunda, muestra el cuerpo de un niño arrojado por el mar a
las playas mediterráneas de Bodrum, cuya familia intentaba llegar a Turquía
huyendo también de la guerra.
Los mexicanos se estremecieron al
ver en imágenes la peor cara de la miseria humana, en una guerra producida por
la intolerancia radical. Pero, ¿por qué no se indigna al ver las imágenes
diarias de los niños que son obligados a salir a vender cigarros a las calles, a
bolear zapatos, a pedir limosna, a deambular en los basureros para rescatar
comida y que –por si esto fuera poco- son presas fáciles de la prostitución y
el consumo de drogas?
¿Por qué no se enoja, por qué no
ve ni oye las tragedias diarias de los millones de niños de Chiapas, Oaxaca,
Guerrero y Michoacán que son el retrato fiel de la miseria humana de México,
que por una guerra absurda desatada por la CNTE desde hace más de tres décadas
son condenados a la pobreza, a la miseria y a la ignorancia, y todo por la
avaricia de los líderes que se han enriquecido con la lucrativa industria de
las marchas?
¿Dónde está esa indignación
social que sintió al ver a los niños destrozados por la guerra de Siria, frente
al desamparo de los niños mexicanos por sus maestros? Sin duda, esa ira está emparentada
con una doble moral de la sociedad.
Hay familias que se muestran
severas ante las faltas de buena conducta, son disciplinadas y siempre defienden
las buenas costumbres y la moralidad. Pero si un día la hija adolescente queda
embarazada, para no verse envuelta en escándalos y en el desprestigio llevan a
la muchacha a abortar. Hay otras que enseñan a sus hijos a no robar, a no
mentir, pero si son detenidos por conducir ebrios o por el simple hecho de
pasarse una luz roja, sobornan al oficial para no ser infraccionados. Doble
moral.
El pasado 4 de mayo, un amplio
sector de la sociedad chiapaneca se mostró indignado por la detención que hizo la
Fiscalía General de 236 normalistas que previamente habían robado dos autobuses.
Antes de eso habían cometido otros delitos. Y, con evidente oportunismo, la
sediciosa CNTE condenó el acto de justicia como terrorismo de Estado. Esto también es doble moral. ¿Por qué?
LOS
NORMALISTAS Y EL VANDALISMO
Las escuelas para normalistas en
Chiapas no están produciendo maestros, hombres y mujeres de bien que combatan la
ignorancia sembrando el conocimiento y los buenos valores en los niños, a la
vez de que ellos se conviertan en apóstoles
que ayuden a las próximas generaciones a construirse un mejor futuro, sino están
fabricando vándalos que confunden la libertad con el libertinaje, la gimnasia
con la magnesia.
Amparados en el artículo 6° constitucional,
que garantiza la libre manifestación de ideas sin ser objeto de investigación
judicial o administrativa, los normalistas saquean tiendas de conveniencia,
secuestran autobuses, vandalizan centros comerciales, causan daños en empresas
del sector privado y destrozan edificios públicos. Eso no es libertad de
manifestación, sino vandalismo y delincuencia. Equivocaron la gimnasia con la magnesia.
Seguramente son pocos los alumnos
que en verdad conocen la causa principal del movimiento estudiantil. Sin
embargo, el miércoles 3 de mayo secuestraron un camión de pasajeros y saquearon
una tienda de la cadena Oxxo, en Ocozocoautla, donde en un vídeo se ven a
jóvenes con el rostro cubierto saliendo de la tienda con hieleras llenas de
cervezas, botellas de licor, alimentos y con las cajas registradoras. Meten el
despojo en el maletero y huyen. Nadie fue detenido.
El lunes primero de mayo, en
medio de las marchas de la CNTE, alumnos de la Escuela Normal Jacinto Canek
atentaron contra las instalaciones de la embotelladora Coca Cola, en Tuxtla
Gutiérrez, donde realizaron pintas, quemaron llantas, invadieron propiedad
privada, destruyeron una máquina despachadora y volcaron ocho vehículos de la
empresa que estaban estacionados en el interior.
Pero hay más. En diciembre de 2016, cien
normalistas encapuchados y armados con piedras, palos y bombas molotov,
llegaron a las oficinas de la Secretaría de Educación Estatal en dos camiones
del transporte público Conejobus. Rompieron los ventanales, hicieron pintas de
la “CENECH” (Coordinadora Estatal de Normalistas del Estado de Chiapas) y quemaron doce automóviles, en su
mayoría oficiales.
Esto nada más por mencionar
algunos casos.
PLAZAS
EN AUTOMÁTICO
Los normalistas saquean y
destruyen todo lo que está a su paso en demanda de plazas automáticas. Esa es la
causa original de sus protestas. Pero en el proceso son manejados por líderes
de la Coordinadora como Armando Falconi Borraz y otros docentes de la Asamblea
Estatal Democrática (AED), que los utilizan para continuar enfrentados con el
gobierno.
¿Es justo el reclamo de los
normalistas? Definitivamente, no.
La reforma a las leyes de
educación determina que toda aquella persona que aspire a una plaza magisterial
tendrá que ostentar un examen para demostrar que cuenta con la aptitud y la
capacidad para desempeñarse frente a grupo. Y sólo los más preparados podrán
ser merecedores de dicha plaza. Si queremos que nuestros hijos sean más
competentes, es necesario que en primer lugar tengan a los mejores maestros.
Esta medida vino a ponerle fin al
negocio que los líderes del magisterio hacían con la venta de las plazas, que
iban desde 80 hasta 120 mil pesos, dependiendo de dónde estuvieran ubicadas. También,
vino a poner un dique para que éstas no fueran concedidas a normalistas de bajo nivel académico, a
esos que durante la carrera se la pasaron en la fiesta, en el relajo, en el
ocio y la galbana, sabedores que al final de cuentas tendrían en automático una
plaza, donde producirían alumnos tan ignorantes como ellos. Por culpa de esta
práctica, Chiapas ocupa el primer lugar con el
rendimiento escolar más bajo a nivel nacional.
Pregunto: ¿Quiere que sus hijos
sigan siendo unos incompetentes e incultos? Pues continúe defendiendo el
vandalismo de los normalistas.
LA
DOBLE MORAL
Cuando Eva Cadena, diputada local
de MORENA y ex candidata a la alcaldía de Las Choapas, fue exhibida en un vídeo
recibiendo dinero en efectivo para ella y para Andrés Manuel López Obrador, el
líder nacional del partido dijo que se trataba de un “cuatro” (trampa) planeado
por el gobierno. Pero en la segunda y tercera ocasión su excusa ya no fue aceptada. Por un lado, AMLO exige cárcel para los
políticos ladrones, pero por el otro él, su partido y sus candidatos son
mostrados como lo que son: corruptos de
doble moral.
Durante años hemos venido
pidiendo a la autoridad que aplique la ley ante los delitos de los manifestantes.
Ahora que se aplicó contra los delincuentes que se dicen llamar estudiantes,
muchos acusaron al gobierno de represor. ¿Quién los entiende, pues?
En noviembre de 2003, Pablo
Salazar reprimió el movimiento estudiantil de la Escuela Normal Mactumatzá que
solicitaba plazas automáticas para los egresados. Y nadie dijo nada cuando el
ex mandatario cerró la escuela, clausuró el curso escolar, encarceló a 24
alumnos en Cerro Hueco y golpeó a padres de familia y sociedad que apoyó la
lucha.
Tampoco nadie se indignó al ver
que un trabajador de la institución fue asesinado de un tiro en el pecho por
agentes de la policía, cuando éste manejaba un autobús que transportaba un
grupo de alumnos que venían de una manifestación en la plaza central de Tuxtla
Gutiérrez.
¿Qué importa si millones de niños
se quedan sin clases por los plantones de la CNTE? ¿Por qué sentirnos ofendidos
si los normalistas golpean a las personas a las que obligan a bajarse de un
camión de pasajeros? ¿A quién le interesa si maestros y estudiantes roban una
tienda, queman automóviles, dañan edificios públicos o toman una caseta para
cobrar el peaje? No pasa nada.
Si alguien es detenido por
robarse una gallina pedimos que sobre éste caiga todo el peso de la ley. Pero
si es nuestro hijo, amigo o padre el detenido, entonces decimos que es un abuso
de autoridad. Tenía hambre y por eso se la robó.
Decir que la detención de los
normalistas por la Fiscalía General es represión y terrorismo de Estado, no
habla mal del gobierno porque éste actuó bien dentro de un marco legal, cumpliendo
con su función de guardar el orden, sino dice mucho de la doble moral ciudadana, que tanto aprueba la delincuencia como condena
la justicia a su conveniencia. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
Comentarios
Publicar un comentario