El
tiempo y los conflictos magisteriales recientes han venido a revivir la
importancia de los movimientos sindicales de 1958.
La
corriente que se conoció como Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM),
inició en 1956 y fue un factor importante en las conquistas labores y en la
demanda de independencia sindical. Hasta el momento, no ha existido otro
levantamiento similar en cuanto al carácter de los grupos movilizados ni en el
fondo de sus protestas.
El
Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), creado en 1943 bajo
la égida de la “Unidad Nacional” y fuertemente influenciado por el pensamiento
Lombardista, dio coyuntura a la conjugación de varios grupos de poder que lograron
controlar la vida sindical por medio de las amenazas, el favor y el cohecho: política
a la mexicana.
Entre
estos grupos surgió una camarilla de maestros de primaria de la Ciudad de
México, agrupados en la Sección IX del SNTE, que liderados al comienzo por el
profesor Manuel Sánchez Vite llevó a cabo una lucha tan interesante como poco
conocida. Su inicio se sitúa en el contexto de una simple pugna en el interior
del Sindicato. Empeñada en mostrar su fuerza ante el nuevo Comité Ejecutivo
Nacional (CEN) que era apoyado por el gobierno de Ruiz Cortines, se sirvió de
varias movilizaciones para exigir aumentos de sueldo.
El
CEN se opuso al movimiento y en obediencia al gobierno ordenó a los disidentes
que se replegaran, pero no contaba que para ese momento la causa de la rebelión
ya había permeado en las bases. Así, los líderes determinaron que todos los
grupos contendientes del SNTE subsanaran sus diferencias y formaran un frente
común para combatirlo.
Pero
no fue sino hasta finales de 1957 que se constituye formalmente el Movimiento
Revolucionario del Magisterio, en el que participan miembros destacados del
Partido Comunista Mexicano, escritores y algunos intelectuales que poco a poco
se suman a la causa. De tal manera, el movimiento se forja desde sus comienzos con
un rasgo plural y progresista.
Las
demandas fundamentales del MRM se centraron en reclamar el derecho a elegir
democráticamente a sus representantes sindicales, el mejoramiento de las
condiciones económicas y la reivindicación de la función social como gremio. Lo
que un día empezó con los maestros de primaria de la capital del país, pronto encauzó
la inconformidad de 15 mil educadores de toda la República.
En
un manifiesto de 1958, los marchantes argumentaron que “de acuerdo con las
cifras oficiales, en julio de 1956 ganábamos 14% menos que en 1939, en tanto
que en marzo de 1958 la diferencia es más de 35%”.
“Esta
situación que señalamos sólo ha conducido a que los maestros resintamos los
perjuicios consiguientes en nuestra salud y en la de nuestros familiares,
carezcamos de la posibilidad de educar a los hijos y a que desmerezca nuestra
capacidad profesional. Tal estado de cosas exige que le pongamos punto final
mediante nuestra lucha unida y combativa. Proponemos a todos los maestros de
primaria luchar por:
a)
Elevación
del sueldo nominal a mil 200 pesos;
b)
Sueldo
móvil al ritmo del alza de precios;
c)
Jubilación
a los 30 años de servicio sin límite de edad, con el último sueldo y extensión
de los aumentos a los pensionados;
d)
Servicio
médico extensivo a los familiares del maestro, con pago íntegro de medicinas;
e)
Escalafón
que considere la antigüedad y méritos del maestro, elección democrática de las
comisiones de escalafón;
f)
Pasajes
de los maestros en general”, concluye el manifiesto.
Además
de exponer las demandas del conflicto, el MRM se encargó de revelar los actos
de corrupción en el SNTE, el tráfico de influencias y las componendas con el
gobierno. Por otro lado, confirmó que su controversia era para modernizar al
magisterio y evitar que se profundizara el anacronismo de los profesores, que pedían
que los salarios fueran devueltos al nivel de 1939.
Con
el tiempo, al irse incrementando el número de personas, el MRM adoptó una
posición combativa. Pero con el inicio de las marchas llegaron también las
represiones, como la del 12 de abril en el Zócalo de México, que vino a ser el
acicate para que la disidencia pasara de las amenazas impresas en papel al
combate abierto.
El
16 de abril de 1958, el Pleno de representantes del MRM tomó el acuerdo de
suspender clases en los jardines de niños y en primarias dependientes de la
Secretaría de Educación del Distrito Federal. Con esta medida llegó el
dinamismo y la flexibilidad al levantamiento, que se basó en la huelga y la
ocupación de edificios públicos como el de la SEP, para hacer más fuerte sus
exigencias.
El
25 de abril, los docentes entregaron al gobierno el pliego petitorio: su
demanda principal era el aumento del 40 por ciento en los salarios. La
suspensión de labores logró aglutinar el 90% de los trabajadores de la Sección
9: el paro era casi total. Dicho respaldo no se limitó a la huelga y al
abandono pasivo de las aulas, pues incluyó una participación más amplia en las
tareas de organización, propaganda, colecta de fondos y provisiones, pero sin
llegar a la condenable violencia y al vandalismo.
El
30 de abril, toman las oficinas de la SEP y obligan al gobierno a negociar. Las
autoridades acceden al diálogo y acuerdan con los líderes del SNTE un incremento
salarial del 20%. Ahí es cuando aparece Othón Salazar, maestro normalista de
Guerrero, que convoca a un nuevo mitin de protesta. Poco después, en agosto de
1958, es elegido representante legítimo del MRM mediante un congreso llevado en
paralelo al del sindicato nacional que se oponía a la elección de líderes “de facto”.
Othón
Salazar fue un líder natural, disciplinado, entusiasta y cordial. Fue el más
comprometido con la organización y siempre se mostró opuesto a los que usaban
el lenguaje político sólo como vehículo del ascenso y la rapacidad. Sus
palabras motivaron a los docentes a continuar con la pugna, pero eso endureció más
al gobierno.
El
8 de septiembre, Salazar encauzó una manifestación que fue reprimida con
ferocidad por los policías. De esto hay varias versiones de que la mayoría de éstos
estaban armados con pistolas. Ese mismo día Othón es capturado afuera de su
casa, donde lo amarran y vendan. Lo someten a violentos interrogatorios y le
exigen que confiese: “¿Cuántos rublos recibes de la Unión Soviética?”.
Permanece secuestrado durante nueve días y luego lo procesan. Acusado de
disolución social, lo encierran en Lecumberri, pero por la presión de las
marchas que piden su libertad, su encarcelamiento fue nada más de tres días.
El
liderazgo de Salazar y las causas justas
del MRM hace que se sumen las movilizaciones de los estudiantes, telegrafistas,
petroleros, ferrocarrileros y, finalmente, las de la sociedad civil, que
engrandece la lucha magisterial elevándola al rango de causa popular, y
acompaña las marchas, los plantones, ayuda en las labores de volanteo,
elaboración de pancartas y mantas. La gente acude a los campamentos y dona
agua, comida, mantas, lonas y dinero en efectivo. También, desde el interior
del país, padres de familia y otros docentes que no pudieron viajar a la
capital hacen envíos de dinero y en especie para apoyar el conflicto.
Pasan
un par de años y Othón Salazar junto con el MRM extienden la disputa a pesar de
los embates constantes. El presidente Adolfo López Mateos fue más cruel que
Ruiz Cortines en sus intentos de detener el conflicto, y por eso mismo
encierra, destierra y soborna a muchos docentes a los que controla dándoles puestos
en la burocracia. En agosto de 1960, Salazar es reprimido en la huelga de la
Escuela Nacional de Maestros y, como última represalia, es cesado y hasta el
día de su muerte, en 2008, no le fue reparada la injusticia.
¿QUÉ
ES LA CNTE?
El
MRM consiguió importantes victorias tanto en el terreno económico como en el social,
y logró hacer respetar su derecho a escoger libremente a sus representantes.
Los educadores de hoy gozan muchos de sus logros. ¿Qué lección podemos obtener?
Comparado
con lo que fue el MRM, la CNTE es tan sólo un movimiento que ante la dificultad
de construir un proyecto con contenido social, decidió convertir su
intolerancia y rapacidad en proyecto. Frente al MRM, la CNTE es una agrupación
facciosa, cuyo objetivo de los líderes nunca ha sido defender los derechos
laborales de los docentes, porque nunca han sido dañados, sino beneficiarse de
la anarquía, el caos y la violencia que generan en sus protestas y
movilizaciones.
En
este 2017, la Coordinadora ya amenazó con volver a crear el clima de violencia de
los últimos cuatro años y bajo la misma paranoia: derogar la reforma educativa.
Tanta insistencia por la misma razón nos da entender que el activismo de la
CNTE es más un estilo de vida que un
recurso de legítima protesta laboral. Ya hablaremos. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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