Cuando
el Necaxa descendió a una liga inferior en mayo de 2009, se consideró una
tragedia del deporte y fue un duro golpe para su afición. Ahora que es Jaguares
de Chiapas el que se despide del máximo circuito del fútbol mexicano, es causa de
regocijo. Decirle adiós al equipo, es tan gratificante como un gol a favor en
el último minuto.
Jaguares
de Chiapas llegó a Tuxtla Gutiérrez el 28 de junio de 2002. Pablo Salazar
Mendiguchía, ex mandatario estatal, adquirió la franquicia en 20 millones de
dólares (196 millones de pesos de ese entonces) al grupo Pegasso y a otras doce
empresas. El dinero salió del erario de los chiapanecos en una transacción poco
transparente.
Paradójicamente,
Chiapas enfrentaba cincuenta años de atraso social, económico y cultural, pero
tenía equipo de fútbol en la primera división. Pablo Salazar siendo fanático de
este deporte poco le importó la condición de miseria en que vivían miles de
familias, y en lugar de hacer algo por remediar la situación trajo a un club
deportivo que fue un botín para los gobernadores.
En
los meses de diciembre de 2002 y enero de 2003, una misteriosa epidemia afectó
a varios recién nacidos en el Hospital K de Comitán, los médicos le solicitaron
al gobernador Salazar la aeronave del gobierno “El Chamula” para trasladar a los
niños a la Ciudad de México procurando salvarles la vida.
Pero
como era costumbre del ex mandatario usar el avión para transportar al equipo
cuando éste jugaba de visitante, se los negó y ordenó que fuera utilizada para
traer de Guatemala a Tuxtla Gutiérrez al jugador Guillermo, “El Panda”,
Ramírez. Como resultado del abuso y negligencia de Salazar, murieron 35 bebés
que hasta la fecha siguen sin recibir justicia.
Antes
del equipo Jaguares los chiapanecos tenían al Atlético Chiapas, propiedad de
los hermanos Constanzo, que en contraste con los felinos éste sí atraía
seguidores fieles que en cada juego como local llenaban el estadio Víctor
Manuel Reyna.
Empero,
por capricho del gobernador el equipo fue echado a la calle y los dueños fueron
desterrados del estado durante el resto del sexenio. Siguiendo la filosofía
política de Gonzalo N. Santos, que gobernó a San Luis Potosí entre 1943 y 1949,
Salazar Mendiguchía aplicó a sus opositores aquello del encierro, destierro o entierro.
Después
de cometer la fechoría, la administración salazarista anunció la inversión de
cincuenta millones de pesos para la remodelación del estadio, donde Pablo, sus
hijos y el cuerpo de gobierno tuvieron un palco V.I.P. Así, mientras los
jugadores hacían regates en la cancha y Pablo Salazar gambeteaba tretas con el
erario, el pueblo padecía las secuelas de la corrupción.
SABINES
EN EL FÚTBOL
Los
Jaguares nunca fueron un gran equipo. Nada más en el torneo de apertura 2002 finalizó
en el lugar 19 de 20. Y luego de tres temporadas sin calificar a la liguilla,
terminó eliminado por La Máquina en los
cuartos de final, en la campaña de clausura 2004. De ahí en adelante, la poca
afición que llegaba al estadio iba pero a ver jugar a sus equipos: al Cruz
Azul, al Guadalajara, a los Pumas o al club América. En resumen, de 2003 a 2010
los resultados siempre fueron mediocres.
En
una segunda etapa, Jaguares fue administrado por el empresario farmacéutico
Antonio Leonardo Castañón. Y sin buenos resultados en la tabla de posición, el
instituto cayó en una crisis económica originada por los malos manejos y el desinterés.
Más
tarde que temprano, todos nos dimos cuenta que la historia de los Jaguares no
se resolvería en el césped, como suele suceder con los grandes equipos de
España o Inglaterra, sino en el presupuesto de Chiapas. De este modo, el 30 de
diciembre de 2008, Juan Sabines Guerrero autorizó, respaldado por el Congreso
del Estado –sumiso y a modo-, un financiamiento
de 67 millones de pesos para recatar al equipo de la quiebra.
¿Cuántos
hospitales, clínicas, escuelas o caminos pudieron construirse con ese dinero? O
¿cuántas personas en extrema pobreza pudieron ser alimentadas? Nunca lo
sabremos, pero si Chiapas no ganó nada con Jaguares, sí perdió mucho dinero que
pudo ser mejor utilizado.
El
formidable cuentista Guillermo Samperio publicó en 1978 Lenin en el fútbol, y con
una voz coloquial narra la rapiña de los directivos y las consecuencias para
los jugadores del equipo. Bajo esta misma línea de argumentación, Juan Sabines planeó
un engaño para desviar recursos públicos. Dijo que los chiapanecos seríamos
dueños del 51 por ciento de las acciones del equipo y afirmó en un comunicado
oficial que la inversión era para “fomentar la infraestructura deportiva, la
culminación del proyecto del estadio, instalaciones de alto rendimiento para el
desarrollo del talento futbolístico con una escuela de fútbol para niños, niñas
y jóvenes y la permanencia del equipo en Chiapas”.
En
este robusto despilfarro fue contratado el desaparecido astro Adolfo, “El bofo”,
Bautista, que jugó unos cuantos partidos durante pocas temporadas, pero durante
el tiempo que vivió en Tuxtla se dio una vida de lujos, con parrandas cada fin
de semana, tomando el mejor whisky en los antros de la ciudad y ganando un
sueldo en dólares.
En
otra paradoja: en tiempos de desempleo, crisis alimentaria y de salud en
decenas de colonias en la capital del estado, la nómina se pagaba en dólares,
aunque no en su totalidad, con dinero público para mantener a un grupo de
vivales (jugadores y directivos incluidos) que vinieron a darse la gran vida en
Chiapas mientras miles de chiapanecos mendigaban pan, agua potable, seguridad y
desarrollo.
A
mediados de 2010, Grupo Salinas le
compró al gobierno de Chiapas (no al pueblo) el cien por ciento de las acciones
del club por un monto de 25 millones de pesos, una suma en verdad ofensiva,
hilarante, absurda, comparada con lo que costó el equipo en 2002 y por lo que
se gastó en él durante los gobiernos de Pablo Salazar y Juan Sabines.
Entonces,
si el equipo era nuestro ¿cuándo nos participaron de la venta de Jaguares,
cuándo nos preguntaron si queríamos vender el 51% de nuestras acciones o en su
defecto en qué momento nos entregaron la parte que nos correspondía de la venta
de la franquicia?
LA
BURLA
El
20 de mayo de 2013, los Jaguares “de Chiapas” fueron vendidos al Grupo
Oceonografía (el dueño Amado Yáñez fue acusado de vender gasolina robada y de
haber defraudado a Citigroup por 5 mil 312 millones de pesos utilizando
documentos falsos para la obtención de préstamos), y a través del presidente de
la FMF, Decio de María, se anunció que Jaguares desaparecería y sería llevado a
Querétaro. Pero el 5 de junio de 2013, el empresario poblano Carlos López
Chargoy dijo en entrevista que el equipo seguiría usando el apelativo Jaguares
y el mismo logo y colores.
López
Chargoy era un empresario dedicado a la construcción, al igual que su hijo
Carlos López Domínguez, pero hubo un momento en que ya no pudieron más con la
nómina del equipo. Dijo Chargoy que para sostenerla necesitaba 20 millones de
pesos mensuales.
En
una paradoja más: estando en pleno trance económico los jugadores felinos se
negaron a entrenar si antes no les liquidaban los sueldos pendientes, pero por
otro lado el delantero Adrián Marín Lugo subió a su muro en Facebook una imagen
donde se muestra abrazando una botella de Johnnie Walker Etiqueta Azul que
llega a costar los 320 dólares y, burlándose, escribe en el pie de foto: “ahhh
cómo sufro, saludos banda”.
Después
de esa exhibición de cinismo, López Chargoy dijo haber separado a Lugo del
equipo, pero ese es tan sólo otro ejemplo del desastre que fue Jaguares, que
desde su llegada a Chiapas en 2002 tuvo más de una veintena de técnicos que no
tuvieron la capacidad para colocarlo, si no digamos en una posición destacada,
en un lugar digno.
FESTEJANDO
Cuando
Messi fue acusado de evadir impuestos, el zurdo del Barça
reaccionó como villano de película tiñéndose el pelo de rubio para no ser (tan)
reconocido y se fue a vacacionar en yate. El club lo respaldó con vehemencia en
la campaña “Todos somos Messi”, como si las indagaciones fiscales se hicieran
para fracturarle una pierna. Desde luego, la campaña fue equivocada pues no
desagraviaba al acusado, sino exaltaba a un culpable. Lo que pudo ser más
trágico, terminó siendo patético.
Así
con Jaguares, un equipo de fútbol corrupto y saqueador que siempre fue
respaldado por Pablo Salazar y Juan Sabines. Pero ahora que su descenso es
inevitable, los chiapanecos les decimos adiós a los saqueadores. Festejamos su
derrota. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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