El
poeta Aurelio Arturo descubrió en el paisaje colombiano que “el verde es de
todos los colores”. Yo en cambio descubrí, por curiosa casualidad, que el
movimiento de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE),
es de todas las opiniones.
Ayer,
cuando pasaba entre el reducido grupo de maestros que tomaron la Torre Chiapas,
escuché a un docente entre 24 y 26 años de edad conversar con una joven mujer de
la que supongo es su compañera. Te lo juro –decía- que cuando decidí ser
maestro nunca pensé andar aquí. Estudié la Normal (escuela para normalistas) soñando
que algún día estaría frente a mis alumnos enseñándoles a leer, a sumar, a escribir,
no aquí haciendo desmanes. No de vicio me quemé las pestañas para estar ahora quemándome
de sol y pasando hambre. ¡Qué necesidad, dime! Lo más jodido es que de todos
los maestros que somos en la escuela, la mitad no apoyamos los plantones. Estamos
en contra. Pero ¿qué podemos hacer? Nada. Si venimos es porque nos amenazaron
con levantarnos un reporte. ¡Si te digo! Me cae que me siento como un acarreado del PRI.
La
ocasión lo ameritaba. Me acerqué a las dos personas y les pedí disculpas por
haber escuchado su conversación accidentalmente. Sin embargo, noté que mi
presencia había sobresaltado a la joven, que se acercó a su acompañante
mientras ponía su mano en su pecho. Después de presentarme, la señorita confesó
que en un principio había creído que yo era uno de los tantos organizadores de
la protesta y que los había cachado infraganti hablando mal de la CNTE.
Descuide –le dije- me han comparado con cosas peores.
Hasta
ahí todo bien. El chistorete había roto el hielo. Lo malo fue cuando manifesté mis
intenciones de saber más de lo que pensaban acerca del movimiento magisterial,
pero como periodista en una entrevista informal. El muchacho, de
aproximadamente un metro setenta de estatura, tez morena, de gafas y con el
cabello engomado, se disculpó con mucha amabilidad y me dijo que lo sentía pero
“no quiero meterme en problemas”. No revelaré tu nombre, le contesté. Aun así
me extendió su mano, se despidió y caminó junto con su compañera hacia la entrada
principal del edificio, donde estaba concentrado el mayor número de
manifestantes.
La
primera actitud del joven educador (que con severidad hacia sí mismo dijo
sentirse como un acarreado por los líderes de la CNTE) y la segunda un tanto
más sorprendente (el recelo a manifestar sus ideas de manera abierta), me hizo
pensar en la novela de George Orwell, Rebelión
en la Granja, donde el escritor critica de manera muy sutil la corrupción
del socialismo de la Unión Soviética bajo el gobierno de Stalin.
ALEGORÍA
Y REALIDAD
En
Rebelión en la granja, Orwell hace uso de los símbolos y el lenguaje figurado
para representar a los personajes y el contexto en que se mueven. Los enjuicia,
condena y muestra ante el público como lo que son: una estructura del poder
corrupta que utiliza las luchas de clases para beneficio de unos cuantos, que
son aquellos que ponen la ley y el conocimiento para uso exclusivo de sí
mismos. Y lo hace con la mayor elegancia posible, con inteligencia, con genio,
creando una de las mejores obras del siglo pasado que es de lectura obligada
por ser una novela de gran actualidad.
En
el libro, un cerdo conocido como el “Viejo Mayor” convoca en el establo a los
animales de una granja para contarles un sueño. Luego, les hace ver que como
son ellos los que trabajan de día y de noche para que la granja produzca, son
ellos los que se merecen los beneficios. Y, finalmente, los motiva a iniciar
una rebelión para adueñarse de la propiedad de sus amos, la Granja Manor. Pero muere
tres días después.
Los
cerdos toman el lugar del Viejo Mayor y encabezan al resto de los animales en
una encarnizada lucha contra los humanos. El señor Jones, dueño de la granja, y
su familia no son capaces de detener la furia de los animales y huyen, dejando
atrás todas sus pertenencias. De ahí en adelante los cerdos ostentan el poder y
le cambian el nombre a la granja, que pasó a llamarse “Granja Animal”.
Los
puercos dejan de vivir en la porqueriza y se mudan a la casa del señor Jones.
Ya no duermen en el lodo, sino en suaves camas con sábanas finas. Ya no comen
desperdicios, sino frutas jugosas, leche, queso y los mejores granos. Poco a
poco van aprendiendo a leer, a escribir, a caminar en dos patas, a usar ropa y
las herramientas. Y un día de tantos crean sus propias leyes (Siete
Mandamientos) y las escriben en letras blancas en la pared trasera del establo.
La
granja comenzó a prosperar. Mientras los cerdos vivían en la casa y disfrutaban
de lo mejor que se producía y de los placeres que les otorgaba ser los más
inteligentes entre todos, los demás animales trabajaban incluso más que antes,
comían un poco mejor pero eso no hacía una gran diferencia en sus vidas que
cuando eran dominados por los humanos.
Luego
de un poco de calma, los marranos empezaron a abusar de su poder y a manipular
las leyes a su favor. Aquella bestia que se negaba a cumplir sus órdenes era
atacada por los perros, que estaban bajo el dominio de los puercos.
Sucesivamente, Napoleón, uno de los cerdos, se convierte en el único soberano y
los Siete Mandamientos van desapareciendo conforme éste lo decide.
En
el proceso, Napoleón entabló negocios con los demás granjeros y alcanzó éxito
económico para la Granja Animal. En contraste, los animales dirigidos por él
trabajan largas horas, logrando mayor producción, pero conformándose con la
ración de comida que cada día es menor y jamás se quejan a pesar de los
maltratos. Sorprendidos, todos advierten que sus compañeros cerdos casi han
copiado la conducta y aspecto de los humanos.
Orwell
captó la realidad del comunismo soviético y la plasmó en una ficción llena de
simbolismos, donde el Viejo Mayor representa a Lenin; el señor Jones, al zar
Nicolás II y Napoleón a Stalin. Además, algunos animales como el caballo Boxer
representa al proletariado y el cuervo, al clero.
En
la CNTE, la alegoría es casi la misma. Los cerdos son los líderes que abusan de
su poder y que cambian las razones del movimiento conforme a sus propios
intereses; los humanos son el gobierno al que la Coordinadora quiere expulsar; la
rebelión es la lucha contra la Reforma Educativa, las movilizaciones, los
mítines, el vandalismo, la violencia, los ataques a la vida pública y los daños
a la economía y a la paz social; los animales de la granja son los maestros que
trabajan, los que salen a las calles, los que pasan calor, los que sufren en
los plantones, los que se callan los maltratos ante los cabecillas (como el
joven profesor) para que Adelfo Alejandro Gómez, Pedro Gómez Bámaca, Alberto
Mirón, Armando Falconi, entre otros, disfruten en la comodidad de sus casas los
beneficios que la industria de las marchas produce.
¿SON
O SE HACEN?
Hasta
el final de la historia, los animales se dieron cuenta de que los puercos
podían ser iguales o incluso peores que los seres humanos. Después de cuatro
años del movimiento de la CNTE, me pregunto si los maestros son o se hacen los
desentendidos de que nunca obtendrán nada (a excepción de los líderes, por
supuesto) en esta lucha que a todos nos incomoda.
Me
pregunto, también, si no se han dado cuenta de que son carne de cañón, carnada
para enfrentarse al gobierno, borregos que escuchan la voz de su señor y
obedecen sin oponerse, recuas de un conflicto
político que nada tiene que ver con los derechos sindicales, ni con la
educación, sino con los frutos del vandalismo y la guerrilla urbana.
El
joven docente tiene razón, los maestros son acarreados. Son manifestantes sin
causas justas que son obligados a vandalizar a expensas de sus propias vidas, y
que ante los ojos del pueblo no son maestros, sino delincuentes con visa de
impunidad.
PARA
MAGDALENA
AMADÍSIMA PRIMA, los tuxtlecos
podemos dormir tranquilos. Gracias a las políticas en materia de seguridad que
ha implementado el alcalde Fernando Castellanos Cal y Mayor, Tuxtla Gutiérrez
es una de las ciudades más seguras del país. También debemos reconocer que los
esfuerzos del Dr. Moisés Grajales Monterrosa han dado frutos extraordinarios,
como la reducción de la delincuencia hasta en un 19 por ciento. Fue buena la
decisión de no poner a un policía al frente de la Secretaría de Seguridad
Pública de Tuxtla, sino a un hombre experimentado en la materia y comprometido
con las familias. Excelente… ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
Comentarios
Publicar un comentario