Con el uso de los teléfonos
inteligentes, las nuevas tecnologías y las redes sociales, estamos cada vez más
expuestos a ser supervisados y enjuiciados visualmente. Por eso se ha vuelto
común en las canchas de fútbol que jugadores y técnicos se tapen la boca al
hablar para que nadie sepa lo que dicen. El mundo se ha convertido en una
enorme caja de cristal donde casi todo puede ser visto y donde los mensajes
difundidos por internet zumban como un gran enjambre de abejas.
En mi infancia, cuando alguien se
llevaba la mano a la cara al sonreír significaba que le faltaban dientes. Pero
las cosas han cambiado. En una época donde las cámaras son omnipresentes, el
miedo a ser descubiertos en pecado de franqueza
no sólo concierne a los personajes públicos. El otro día, por ejemplo, vi a dos
personas cubrirse la boca mientras hablaban en un restaurante.
Esta posibilidad de ser filmado
ha contribuido al pánico. Quien tira la basura en la calle, quien maltrata a
una persona o quien patea a un perro, puede ser grabado sin que se dé cuenta y
crucificado en internet. Claro que esto responsabiliza al ciudadano, pero
también viola su privacidad.
Tal vez por ello, muchas personas
optan por el anonimato y utilizan un alias en Twitter para vengarse de la
infamia, o decir lo que piensan sin el temor de represalias en la oficina o en
la escuela, o simplemente para atacar con impunidad. Si alguien grita en la
plaza pública una consigna contra el gobierno, queda registrado y hasta puede
ser sancionado con una multa; pero si la escribes en la red con un seudónimo
apropiado, eres impune. Así de fácil.
¿Por qué digo esto? Porque ya se
volvió habitual que cada vez que alguien hace un comentario de lo que sea en
las redes sociales, así se trate de la vecina que todas las mañanas te deja
amontonada la basura afuera de tu puerta después de barrer su banqueta o del
borracho de enfrente que pone música de banda a todo volumen a las doce de la
noche, recibas una, dos o mil respuestas recriminatorias. Y lo peor del caso es
que detrás de esa desaprobación o censura nadie muestra la cara.
Así como la paliza que recibí en Twitter
por el artículo Sabines: Más astuto y
corrupto que Duarte que publiqué en este mismo espacio el martes 18 de
abril, donde un tuitero sin cara me dijo: “Y a ti, q estas dedicado solo
tuitear en contra de Juan Sabines, q te dan? porque no reconocen q hizo mas q
nadie y q mucha gente lo quiere?” (en las faltas de ortografía se despliega la
indignación). Fue un puñetazo de 140 caracteres. Y por cierto, el más blando de
todos los que recibí ese día.
La especie humana es la más
complicada de todas las que existen en el mundo. Entre muchas cosas porque es
la única que ama odiar. Y puesto que
no hay especies sin enemigo natural, pero a diferencia del tiburón que enfrenta
la astucia del delfín, el hombre tiene la facultad de elegir a sus propios
oponentes para descargar sobre ellos los dardos que lo hacen sentir bien. Y
aunque el rencor o la indignación provengan de causas naturales o imaginarias,
como “Y a ti que estás dedicado sólo a tuitear en contra de Juan Sabines, ¿qué
te dan?”, sirven a la vez para desfogar sentimientos de frustración: dañar al
otro nos alivia. No obstante, no tengamos la razón.
Lo que el tuitero, o tuitera,
dijo puede ser cierto, y tal vez Juan Sabines en verdad es querido por mucha
gente. Pero, ¿quién es esa gente? Por otro lado, el tuitero, o tuitera, debe
tener sus razones para defender al ex gobernador. Sin embargo, muchos también
tenemos nuestras razones para no quererlo y reprocharle su saña y corrupción. Así
que expongo, a manera de respuesta, algunas de éstas:
1. Al
cierre del gobierno de Juan Sabines Guerrero, el 33.5 por ciento de la población
tenía rezago educativo. Lo que es lo mismo a un millón 695 mil chiapanecos.
2. En
2012, un millón 263 mil personas carecían de acceso a los servicios de salud. Y
más de cuatro millones 200 mil no contaban con seguridad social.
3. De
los poco más de 5 millones de habitantes en el estado, 3 millones 782 mil
vivían en pobreza, que equivale al 74.7 por ciento del total. De estos, 870 mil
tenían en promedio dos carencias sociales y un millón 629 mil personas estaban
en pobreza extrema, es decir, con más de tres carencias en el hogar y sin el
ingreso para proveerse una alimentación diaria.
4. Ese
mismo año, 2012, un millón 476 mil chiapanecos carecían de vivienda. Dos millones
878 mil no tenían los servicios básicos en el hogar y un millón 252 mil no
contaban con una alimentación continua.
5. Juan
Sabines heredó un estado con dos millones 365 mil habitantes con un ingreso
familiar inferior a la línea de bienestar mínimo. En otras palabras, ganaban a
penas para llegar a fin de mes, pagando renta, alimentos y la inscripción de
los hijos en escuelas públicas. Y con 3 millones 869 mil con un ingreso de
miseria, sin posibilidades de enviar a los hijos a la escuela, tener una casa
digna aunque sea rentada y una comida regular.
6. En
2010, Chiapas estaba situado en el puesto número tres de los 32 estados con
mayor rezago social, con el grado de “Muy Alto” (siendo que la escala va desde Muy
Bajo, Bajo, Medio, Alto y Muy Alto), por encima de Veracruz (4) y por debajo de
Guerrero (1) y Oaxaca (2). (Todos los datos arriba mencionados son parte del
Informe de Pobreza y Evaluación en el Estado de Chiapas 2012, del Consejo
Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL).
7. Del
préstamo de 3 mil 870 millones de pesos que aprobó el Congreso del Estado el 3
de octubre de 2012 para el pago de proveedores, gastos de instrumentación y
cambio de gobierno, Juan Sabines Guerrero tenía derecho a ejercer el 50% del
monto; sin embargo, nada se supo de ese dinero.
8. Al
cierre del ejercicio 2011, el endeudamiento público ascendía a 26 mil 972
millones de pesos, más los 3 mil 870 millones otorgados a finales de 2012, que sumó
30 mil 842 millones. Pero añadido a la deuda con proveedores, la cifra aumentó a
más de 40 mil millones de pesos, de los cuales se paga cada mes cerca de 120
millones de pesos de intereses.
9. A
pesar de la crisis económica del estado, el aumento de la deuda pública, los
300 mil pobres que se sumaron a la cifra de 2006, el ex diputado Javín Guzmán
Vilchis (hoy incrustado en el gabinete del ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez),
declaró: “Le fue muy bien a Chiapas durante el sexenio de (Juan) Sabines
Guerrero, pues ha dejado de ser el primer lugar en pobreza y pasó al tercero”.
No podía decir otra cosa puesto que fue miembro de la mafia sabinista. La
complicidad.
10. En
los seis años que duró Sabines Guerrero en el poder, fracturó las instituciones
(IEPC, UNACH, OFSCE, SEDESOL, UNICACH, etcétera), impuso presidentes
municipales corruptos (Yassir Vázquez Hernández, Samuel Toledo Córdova Toledo,
entre muchos otros), controló el Congreso estatal (Zoé Robledo Aburto, Javín
Guzmán), se hizo de impunidad desde al Poder Judicial (Juan Gabriel Coutiño
Gómez), manejó a los partidos políticos con dinero del erario público (Arely
Madrid Tovilla (PRI), Carlos Palomeque Archila (PAN), Luis Raquel Cal y Mayor
(PRD) y hasta creó su propia militancia, el partido Chiapas Unido del que su
primer dirigente fue Isabel Aguilera de Sabines.
Basta. Creo que con enumerar diez
razones es suficiente para demostrar que el enojo contra Juan Sabines no es
algo personal -como me lo reprochan-, sino un acto de coherencia y moralidad
cívica. Es, también, un catalizador que mueve a la opinión pública y explica que
la indignación –no mía, sino de los chiapanecos- tiene un fundamento real y no
imaginario. Y que cada palabra dicha en la prensa, radio, televisión e
internet, tiene un propósito en común: exigir justicia.
Pedir que el Presidente Peña
Nieto, el Congreso de la Unión, la PGR y otras autoridades competentes soliciten
la renuncia del ex mandatario de Chiapas al Consulado de Orlando, no es sólo un
berrinche mediático o un capricho infantil. O ¿acaso alguien se quedaría
tranquilo después de que su vecino se metiera a su casa por la fuerza, la
robara sus bienes, le rompiera otras, golpeara a su familia y, luego, fuera
premiado como si nada hubiera pasado o, peor aún, como que si lo que hizo fue algo
bueno? No lo creo.
Mientras no haya justicia,
entretanto no se reparen los daños y la situación de miles de chipanecos sigan
siendo contradictorios, continuaremos en la brega, pidiendo justicia y no
favores, aunque esto a muchos incomode y se cubran la boca para ocultar su mala
leche y ataquen con ira detrás del cobarde anonimato. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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