“El espectáculo no es un conjunto
de imágenes, sino una relación social entre personas mediada por las imágenes”,
escribió Guy Debord en 1967 para definir lo que era la sociedad del espectáculo.
La política y el crimen siguen esta lógica. Gobernar o asaltar (conceptos a
veces intercambiables) no basta: eso debe llegar a las pantallas del pueblo.
El gobierno de Juan Sabines
Guerrero fue un gobierno construido por la televisión y las caras bonitas. Una
telenovela a la mexicana con actores, actrices y cantantes que aparecían cada
dos minutos en las pantallas para decirle a los chiapanecos que las cosas iban
bien, aunque detrás de cámaras se estuvieran germinando las complicidades.
Durante su gestión, Sabines
Guerrero destacó por sus montajes televisivos. Cuando ocurrió la tragedia en
San Juan del Grijalva el 4 de noviembre de 2007, donde las fuertes lluvias
provocaron un deslave que arrasó con al menos 100 casas, Sabines corrió con
cámara en mano para mostrar ante el gran público que desde el primer minuto de
la desastre su gobierno estaba ahí para ayudar a la gente.
En el afán de lucirse como un
héroe hizo que las víctimas se hicieran pasar como personal de rescate para que
en la toma abierta se viera que llevó una multitud de gente para las labores de
socorro y atención médica. Además, con diálogo previo “invitó” a hombres y
mujeres, sobre todo ancianos, para que declararan ante las cámaras y micrófonos
que la catástrofe era de dimensiones apocalípticas. Las lágrimas en los ojos de
los declarantes hacían conmover hasta al más insensible de los espectadores. En
fin, Sabines produjo del sufrimiento ajeno un show para engrandecer su persona.
Felipe Calderón fue otro apasionado
de filmar cada uno de sus actos de gobierno deseoso de convertir su vida en una
película. Así, mientras Calderón esperaba las cámaras para simular una captura
en vivo de los delincuentes (Florence Cassez, por ejemplo), Sabines Guerrero
montaba sus logros con los rostros más conocidos del medio del espectáculo.
LA
ALFOMBRA ROJA
Sabines Guerrero se sintió más
cómodo en la televisión que en la realidad. No fue a Mitzitón o a Los
Chimalapas después de las muertes de varias personas y jamás encabezó una marcha
por la paz como lo hicieran otros ex gobernadores por la ola de asesinatos en la
guerra contra el narcotráfico. Incapaz de recitar de memoria el nombre de los héroes
patrios, bien podría decir los de 30 actores de telenovelas.
Chiapas fue para muchas
celebridades una alfombra roja. Como la actriz y presentadora Andrea Legarreta
que fue durante varios años la imagen del gobierno de Chiapas, que tanto dio a
conocer los resultados de la administración sabinista como publicitó los bellos
paisajes del estado. Algo similar a lo que Angélica Rivera hizo en el Estado de
México antes de entrar en un tórrido romance con Enrique Peña Nieto.
Por esa misma alfombra roja
pasaron actrices jóvenes como Sherlyn, Seoane y el bombón asesino, Ninel Conde,
que por unos cuantos spots para promocionar las bellezas naturales de la
entidad entraron como aviadores en la nómina gubernamental con contratos
millonarios, dinero que pudo ser mejor aprovechado en la compra de medicamentos,
en la construcción de escuelas, clínicas, hospitales, etcétera, en lugar de
derrocharlo en el estribillo de “Me dicen bombón/ Me dicen bombón/Me dicen
bombón/Me dicen bombón/Me dicen bombón …”.
También, Sabines Guerrero puso a la
entidad a los pies de actrices en decadencia, como Verónica Castro que apareció
tan sólo unos segundos en anuncios del gobierno y que por ello le pagaron
varios millones de pesos. Lourdes Munguía corrió con la misma suerte. Ambos, fueron
casos en que siendo ex estrellas de la T.V., desempleadas y añosas, se
cotizaron en Chiapas como si se trataran de grandes luminarias de Hollywood. Aunque
a la verdad fue un intenso espectáculo
geriátrico.
El asunto de Lourdes Munguía fue
uno de los más sonados durante el sabinato. Munguía fue embajadora artesanal
del estado, pero daba igual si la veíamos vestida con el hermoso traje de
chiapaneca en las Cascadas de Agua Azul o tomando pozol de cacao en La Pila de
Chiapa de Corzo, rodeada de mujeres tejiendo rebozos o por hombres trabajando
la laca, porque de la extensa cultura artesanal del estado nada sabía. Sin
embargo, fue tanto el dinero que ganó que hasta se vino a vivir a Chiapas.
En un juego de simulacros, las
actrices querían pasar de la pantalla a la realidad (y para materializar ese
sueño tenían a disposición el erario público) y Juan Sabines de la realidad a
la pantalla.
TODA
LA VIDA
Un día, Juan Sabines organizó una
comida en el Parque Ecoturístico del Cañón del Sumidero para darle la
bienvenida al embajador de Marruecos a Chiapas. Para tal acontecimiento, el
lugar fue cerrado al público. Así, empresarios, miembros distinguidos del
gabinete y amigos, entre estos el cantante Emmanuel, disfrutaron de un gran
festín entre copas de whisky, cervezas y platillos típicos del estado. En
total, eran poco más de una veintena de personas distribuidas en tres mesas
redondas. Select people.
En la mesa del gobernador estaban
sentados la Primera Dama, el hijo mayor de Juan Sabines, el ex secretario de
gobierno y el ex titular de ICOSO. Y justo al lado izquierdo del mandatario,
contando chistes, Emmanuel, con una camisa azul claro y pantalón oscuro.
El motivo del evento pasó a
segundo término. Después de la comida se procedió a la borrachera, que fue
habitual durante todo el sexenio. En un rincón del salón podían verse las botellas
vacías del mejor whisky, que fueron cayendo una a una como buenos soldados en
combate. Y en una de tantas, el gobernador le dio un codazo a Emmanuel y en
tono confidente, le dijo: “Ora pué, vos, échate una, aunque sea a capela”. El
cantante se levantó, y en menos de lo que canta un gallo comenzó a cantar su
éxito de antaño Toda la vida.
Emmanuel fue de los artistas más
consentidos del sabinato. Un lamebotas bajo sueldo. Acompañaba al gobernador en
sus giras de trabajo, firmaba como testigo en convenios internacionales y
gozaba de picaporte en Palacio de Gobierno. Otros cantantes, como Ricardo
Montaner, obtuvieron contratos millonarios gracias a su influencia en el
gobierno para representar a Chiapas en América Latina. Hasta su hijo, Alexander
Acha, grabó discos y videos –algunos en varios municipios del estado- con el supuesto
patrocinio del erario de los chiapanecos.
Con una carrera suspendida en el
tiempo y con muchos años encima, Emmanuel encontró en la amistad de Sabines
Guerrero un espacio para el subempleo.
En palabras de Massimo Rizzante: “Una masa amorfa y sonriente, que ya no sabe
cuál es su verdadera edad, intenta descubrir, por medio de cualquier
instrumento que la técnica le ofrece, la posibilidad de no verse inmersa en la
madurez”. Una vez que vio agotado las aspiraciones de su juventud, y para no
verse sumergido en el olvido, Emmanuel se benefició del poder como cualquier
otro político corrupto.
El 4 de febrero de 2010, Emmanuel
presentó el proyecto “Sistema Integral de Recuperación del Río Sabinal”, que
consistía en sanear dos kilómetros y medio del afluente para volverlo un río
navegable y de esparcimiento, con la construcción de una isla para desarrollos
comerciales, 2 embarcaderos, áreas de descanso, módulos sanitarios, plaza para
restaurantes, fuentes, áreas recreativas y otros espacios para usos múltiples.
El romanticismo de París y Venecia, con sus paseos en góndola a la luz de la
luna y los sonidos de las cuerdas del violín, sería trasladado a Tuxtla
Gutiérrez.
El proyecto contó con el
consentimiento de Juan Sabines y de Yassir Vázquez Hernández, alcalde en turno de
la capital chiapaneca. Para la realización de la obra, Emmanuel recibió 300 millones de pesos, pero el asunto terminó en
fraude. No hubo rescate del río Sabinal, sino rapiña, abuso y corrupción entre las
autoridades y el artista. En tan sólo unos años, Emmanuel había pasado de cantante
a burócrata y, luego, a vil ladrón.
Lo asombroso no es el cinismo de Emmanuel
y el valor de presentarse en el estado a pesar de los antecedentes criminales
en su contra, sino que empezó su trayectoria artística con una ética de lo
vocacional: “Diez razones para cantar”, para que luego de 2010 tenga 300
millones de razones para ser investigado y mandado a prisión por los delitos de
peculado, asociación delictuosa y enriquecimiento ilícito.
Tristemente, Sabines, Emmanuel y
el resto de las estrellas estuvieron actuando para hacer un gobierno de
telenovela, pero los cientos de millones de pesos de los chiapanecos gastados
en ello, no estaban actuando. Aquí tiene el presidente Peña Nieto otra razón
para hacer renunciar al consulado a Juan Sabines Guerrero. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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