LA SELFIE DE ARREOLA MOGUEL


En 2013, el Diccionario Oxford eligió selfie como palabra del año. De este modo se definió una época donde al parecer lo más importante no es vivir un acontecimiento, sino registrarlo. La gente no va al Louvre, en París, a ver a La Mona Lisa sino a fotografiarla o, para ser más precisos, a fotografiarse al lado de ella. Como el pasado sábado, cuando minutos después de terminar el discurso del senador Roberto Albores Gleason, el alcalde de Cintalapa Carlos Enrique Arreola Moguel se acercó al legislador para tomarse la foto del recuerdo, sin saber que al grabar el momento estaba documentando su imagen como futuro presidiario.

Dos días después de la selfie, Enrique Arreola Moguel fue arrestado como cualquier otro delincuente de siete suelas. Fue detenido al mediodía del lunes 24 de abril por elementos de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR, por el desacato al fallo de un juez federal para liquidar el adeudo de casi dos millones de pesos a una empresa proveedora de materiales. Por su impertinencia y supuesta corrupción fue llevado a los separos en la Delegación de la PGR en Chiapas a cumplir 36 horas de prisión. 

La sustancia de la detención fue por la denuncia mercantil que interpuso la empresa Distribuidora Calli Materiales, S.A. de C.V., en la que exigió el pago del adeudo del ayuntamiento municipal, según consta en el expediente 104/2016. En un inicio la deuda era de 600 mil pesos, pero con la suma de los intereses de varios años llegó cerca de los dos millones. El presidente municipal intentó ampararse y suspender el reclamo del pago dictado por el juez, pero le fueron negados. Así que en la tarde del domingo 23 de abril, los agentes le llevaron a Arreola Moguel la orden de captura.

John Lennon afirmaba que la vida es lo que sucede mientras hacemos otros planes. En otras palabras, nos pasamos mayormente evocando el pasado o anhelando el futuro sin tomar la menor importancia a las exigencias fugitivas del presente. El alcalde Arreola pensó que al retratarse con una buena aura, alcanzaría un futuro refugiado en la impunidad sin temor a las demandas mercantiles que lo afligían, pero no contaba con que en estos tiempos de legalidad la corrupción se combate sea quien sea.

EL ALCALDE CHIMBOMBO

Cintalapa de Figueroa es uno de los municipios más importantes del estado, con gran riqueza cultural e histórica. Se encuentra ubicado en el extremo Oeste de Chiapas, colindando al Norte con Tecpatán, al Oeste con Belisario Domínguez, al Este con Jiquipilas y Ocozocoautla, y al Sur con Arriaga, la ciudad de los vientos. Y desde el 6 de enero de 1942 su nombre se acompaña por el apellido Figueroa en honor al poeta Rodulfo Figueroa Esquinca.

Pero no siempre estuvo en el mismo lugar. De acuerdo con la historia se sabe que durante los años de su fundación se le conoció como Tlacuatzin (Cerro de los tlacuaches), pero después de que una gran epidemia enfermara a todos los habitantes de la comunidad, los principales gobernadores decidieron trasladarla a un valle cercano conocido con el nombre de Cintalapa.

La región Valles Zoque fue habitada en la antigüedad por los olmecas. Pero luego se asentaron los toltecas, en los siglos XI y XII d. de C. Y a estos le siguieron los zoques. Cuentan los historiadores que durante las expediciones de conquista los aztecas fueron los que después llegaron al lugar. Según con las descripciones de Fray Bartolomé de las Casas y de Tomás Gage, Cintalapa fue en la época colonial una aldea ganadera, que el 17 de julio de 1926 se le concedió la categoría de Villa y, el 3 de febrero de 1931, el de ciudad.

De manera emblemática, hoy el tamaño de su dolor es del mismo tamaño que el de su historia. Por décadas, la comunidad ha sido vejada por la corrupción y el abuso de poder de sus gobernantes. Es una ciudad marcada por la indolencia, la falta de obras públicas, la pobreza de sus habitantes y la impunidad. Es una sociedad con treinta años de atraso, con una condición de marginación dominante, comenzando con la escasez de agua potable, alumbrado y problemas con la seguridad.

A principios de 2016, con apenas unos meses de que Enrique Arreola Moguel tomara el cargo, un ciudadano dijo: “El descontento está creciendo. Cada vez más personas son víctimas de la delincuencia. Ahora, hasta quienes viven en las localidades lo está siendo y creemos que las autoridades deben tomar cartas en el asunto, trabajar para disminuir todos estos actos y la inseguridad porque se está saliendo de control”.

Con la llegada de Enrique Arreola Moguel a la presidencia municipal, en Cintalapa se ha recrudecido la violencia, cobrando la vida de decenas personas y aumentado los robos a casa habitación, los asaltos en la vía pública, las golpizas, las desapariciones y los actos vandálicos, que no se limitan a la cabecera municipal, sino que se extienden a todas las comunidades.

Durante las festividades de la Feria de la Candelaria 2016, perdieron la vida en actos callejeros Román Reyes Vázquez, de 56 años de edad, originario de la localidad Rizo de Oro; también, Clever Díaz Morales, de 19 años, perteneciente al ejido Nueva Maravilla. Familiares de las víctimas y organizaciones sociales han solicitado a las autoridades municipales cumplan con su deber de guardar el orden público y garantizar la seguridad de los habitantes, pero pasado cerca de un año no han obtenido respuesta. Por el contrario, la ola de crímenes empeora por el vacío de poder que se impone en la ciudad.

La gestión de Carlos Enrique Arreola es un gobierno en la simulación. Por un lado presume enfrentar la criminalidad rampante en el municipio con importantes programas de atención a las víctimas y prevención del delito, y habla de las decenas de millones de pesos invertidos en patrullas, herramientas y equipo de seguridad. Pero por el otro un negocio y un hogar son asaltados, como la casa ubicada en el barrio Santa Cecilia del que fueron sustraídos varios electrodomésticos, dinero en efectivo y hasta una motocicleta.

Dos empleadas de una gasolinera y una mujer indígena de la comunidad UNESCO, Pascuala Vera Cruz, también sufrieron el látigo del hampa. A las primeras les robaron 600 mil pesos y, a la segunda, cinco mil, en plena luz del día y a unas cuantas calles de la presidencia municipal. Esto por mencionar algo.

En el Informe Anual sobre la Situación de Pobreza y Rezago Social 2016, de la Secretaría de Desarrollo Social, la situación de Cintalapa es calificada como desastre social. De acuerdo con el estudio, la localidad cuenta con una población de 84 mil 455 habitantes, de los cuales el 44.5 por ciento no tiene acceso a los servicios básicos en el hogar, el 21% tiene carencias alimentarias y casi el 30% tiene un grave rezago educativo.

Hay más de 18 mil personas con carencias en la vivienda, con techos de cartón, muros endebles y pisos de tierra. El 21.7% del total de las casas no tiene servicio de agua potable, más del 9% no tiene drenaje y el 27.5% de la gente que vive en estos hogares cocina con leña y carbón.

LA PUNTA DEL ICEBERG

“Estamos en el mundo para darnos lata”, se lamentaba el escritor Ítalo Calvino. Por desgracia, la lata también produce delitos, y quizá el adeudo con dicha empresa es tan sólo la punta del iceberg de la corrupción de Carlos Enrique Arreola Moguel, que no podido brindar seguridad al pueblo ni ejercer un buen gobierno. ¿Por qué?

Porque es sorprendente que a pesar de que Cintalapa recibió nada más en 2016 un fondo de 13 millones 571 mil pesos para el fortalecimiento de la infraestructura municipal, no hubo obras públicas visibles. A la sazón, ¿qué pasó con ese dinero? ¿Y dónde están los recursos destinados a la cultura, educación, programas sociales, vivienda, salud, entre otros?

La investigación sobre el caso de Arreola Moguel debe ir más a fondo. La PGR y el Órgano de Fiscalización Superior del Estado, así como el Congreso local, tienen la obligación de tomar cartas en el asunto y ordenar nuevas pesquisas para conocer qué se hizo con el erario de los cintalapanecos. Hay que tomar en cuenta que Javier Duarte empezó así como se presume de Arreola: robando de poquito.

Pero mientras vemos en qué termina la historia, el arresto de 36 horas del priista Enrique Arreola Moguel representa hoy un duro golpe para la moral del PRI. Lo que sigue es saber ¿qué hará el priismo chiapaneco con la selfie? ¿La eliminará para exigir justicia para el pueblo y castigar a Arreola Moguel con todo el peso de la ley o la dejará para decirnos que la complicidad en el tricolor sigue siendo la misma fotografía que desde hace setenta años? ¡Chao!

@_MarioCaballero

yomariocaballero@gmail.com

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