Nadie
reniega del padre malhablado y borracho hasta que alguien que te gusta te
pregunta el parentesco que tiene contigo. Así con Andrés Manuel López Obrador
que no quiero imaginármelo -como Presidente de México- representándonos en el
Foro Económico Mundial, por ejemplo, ante jefes de Estado, líderes
empresariales, líderes políticos e intelectuales de primerísimo nivel que se
reúnen año con año en Davos, Suiza, para debatir sobre los asuntos primordiales
de preocupación global, y que AMLO dijera que “la mala jituación en el paíj ej
por culpa de…”.
Tener
a López Obrador como un político de aldea, luchón y soñador, es simpático; pero
verlo actuar en nombre de México en esferas mucho más altas es para sentir vergüenza.
Los
que algo saben sobre la vida pública y privada de López Obrador reconocen el
peligro que implica su ascenso a la Presidencia, y no me refiero sólo a cuestiones
de imagen y pronunciación que al fin y al cabo son bagatelas, sino a cuestiones
de gobernanza. Sin embargo, si hoy fueran las elecciones ganaría sin ninguna dificultad.
Pero
¿qué tanto nos conviene como país tener un presidente como López Obrador?
Sinceramente, nada. ¿Por qué?
RETRATO
DE UN FASCISTA
Benito
Mussolini, Francisco Franco y Adolfo Hitler eran fascistas. Fueron hombres
embriagados de poder, temerarios, sin en el menor respeto por los derechos de
los demás, intolerantes, autoritarios, xenófobos, racistas, antidemocráticos,
discriminadores, ególatras, misóginos, impulsivos, capaces de pegarle a una mujer
o a un niño en plena calle o de matar a un perro a patadas. Igual que Donald
Trump, que dijo que podía dispararle a cualquiera en la Quinta Avenida y no
perder votos.
Hay
una expresión humorística que dice “si parece un pato, nada como un pato y grazna
como un pato, entonces probablemente sea un pato”. A la sazón, si López Obrador
es intolerante, ególatra, antidemocrático y autoritario, tenemos todo el
derecho de suponer que es un fascista. Igual que Trump.
Trump
prometió acabar con la corrupción en el sistema; AMLO también. Trump dijo
eliminar las leyes que perjudican a la sociedad estadunidense, como el
Obamacare; López Obrador promete abolir las reformas estructurales del gobierno
federal. Trump ganó desprestigiando a su rival; AMLO ha ganado adeptos atacando
a la clase gobernante a la que llama “La Mafia en el poder”. Trump prometió
traspasar el poder de Washington al pueblo; AMLO habla de gobernar con la
gente. Trump aseguró devolver la grandeza a Estados Unidos; AMLO ofrece construir
una “República Amorosa”, con dimensión social y espiritual. ¿Notó el parecido?
El
fascismo no se tiene que relacionar directamente con la guerra o los actos
bélicos, sino con el fenómeno
caudillista que es el tipo de liderazgo que toca con el puro discurso las
fibras emocionales de la población, aunque sin comprobar con argumentos
racionales o con datos sólidos, y capitaliza el descontento y el odio para
nutrir un proceso de reivindicación política, que fue lo que Mussolini y Hitler
hicieron en países devastados por crisis económicas para encauzar movimientos de
un caudillismo fascista, como los de Trump y López Obrador.
En
el discurso, Andrés Manuel ofrece el cielo prometido, pero en la realidad es un
político arrogante y fracasado, incapaz de cumplir sus promesas.
En
1988 perdió la elección a la gubernatura de Tabasco ante Salvador Neme
Castillo. En 1989, siendo líder del PRD en Tabasco, perdió los comicios en
todos los municipios. En 1994, perdió otra vez las elecciones para el gobierno
tabasqueño contra el priista Roberto Madrazo, y muy a su estilo impugnó la
legitimidad de las votaciones y demandó un gobierno interino. Su método de
presión fue tomar las instalaciones de PEMEX e instalar un plantón en la Plaza
de Armas en Villahermosa para impedir la toma de protesta de Madrazo Pintado.
Antidemocracia.
En
1996, aparentemente con el objetivo de exigir a PEMEX una indemnización por los
daños ocasionados a tierras de cultivo, organizó plantones, marchas, cierres
carreteros y bloqueó por doce días los pozos de la paraestatal, causando una
pérdida superior a los 63 millones de pesos. El 9 de febrero del mismo año, la Procuraduría
General de la República ejercitó acción penal contra López Obrador por los
delitos de daño en propiedad ajena, sabotaje, conspiración contra el consumo y
las riquezas nacionales, asociación delictuosa, entre otros. Pero AMLO logró
huir.
El
2 de julio de 2000 ganó la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Fue en esta
etapa que sacó a relucir su ineptitud como gobernante, su actitud fascista y
megalómana.
Como
Jefe de Gobierno fue sistémico, sin propuestas, priista, legitimador de sí mismo a pesar de los casos de corrupción
de sus funcionarios con las compañías del empresario Carlos Ahumada (Grupo Quart,
PAGOZA, CASCATA, Grupo Falcon, VANE y TECNOFUTURA), que obtuvieron 36 contratos
de obra sin licitación -es decir, ilegales- por un monto de más de 543 millones
de pesos entre el 27 de marzo de 2001 y el 4 de marzo de 2003.
El
secretario de Finanzas de AMLO, Gustavo Ponce, sustrajo tres millones de
dólares del erario público y los gastó en apuestas en los casinos de Las Vegas,
Nevada. El gobierno federal descubrió el fraude y López Obrador con
“ingenuidad” lo llamó para pedirle que le aclarara la situación y Ponce le dijo
que sí, que al día siguiente, pero en cambio Ponce sacó la computadora de su
oficina y se escapó.
René
Bejarano, el Señor de las Ligas, ex secretario particular de AMLO, fue denunciado
por Carlos Ahumada por el delito de extorsión. En un video se ve que Ahumada le
entrega a Bejarano, cuando éste era integrante de la Asamblea Legislativa del
Distrito Federal, 45 mil dólares para financiar la campaña de Leticia Robles. Andrés
Manuel fue ligado en la fechoría por la cercanía con Bejarano.
Nicolás
Mollinedo, chofer de López Obrador, cobró durante el mandato de su jefe un
sueldo mensual de 63 mil pesos, mientras que un médico cirujano del Gobierno
del Distrito Federal con 40 años de antigüedad cobraba 10 mil 600 pesos cada
mes. Por otro lado, AMLO anunció que se reduciría el sueldo, pero esto nunca
ocurrió.
¿AMLO
ES LA SALIDA?
López
Obrador promete en su libro, “2018: La
Salida. Decadencia y Renacimiento de México”, una era de bienestar
material, con crecimientos de 4% anual, que en 2024 serán del 6%. Además,
incluye un bienestar espiritual, purificación del país, una limpia de los males
de la violencia, corrupción, resentimiento, ambición desmedida que el modelo
neoliberal instituyó en México a partir de 1983. Y afirma que la promesa de “la
prosperidad del pueblo” podrá lograrse con una fórmula sencilla: “la simple
moralidad” y “algunas pequeñas reformas”.
En
el libro, el relato de la decadencia expone con claridad los mayores fraudes de
los últimos 35 años. Y habla del renacimiento con una simpleza que toca “las
ganas de creer”, esas que laten en el desencanto, el coraje y la incredulidad
de los mexicanos. Es el sermón de un mesías y el alegato de un fascista.
¿Cómo
creer que López Obrador es el mesías anhelado? ¿Cómo creer que acabará con la
corrupción si en 1992 -diciéndose de izquierda- aceptó 9 millones de pesos (9
mil millones de viejos pesos) del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari
para que levantara el plantón en el zócalo de la Ciudad de México?
¿Cómo
creerle a AMLO que respetará la democracia, cuando en las elecciones internas
del PRD, en 2009, no quiso aceptar que Silvia Oliva Fregoso obtuviera la
candidatura a Jefe Delegacional de Iztapalapa sobre su amiga Clara Brugada
Molina, y que por eso ayudó al petista Rafael Ángeles Acosta, Juanito, que después de ganar renunció al
cargo para que Clara Brugada ascendiera al puesto de jefe delegacional?
Rumbo
al 2018, AMLO tiene fuerza y va punteando. Se metió en la cabeza de la gente. Una
mujer tabasqueña de religión pentecostés, dijo: “Acá Andrés Manuel es como una
creencia, nosotros pedimos en la iglesia para él”. Otra mujer devota, aclaró:
“Yo que soy católica también pido que gane”. En Guelatao, Oaxaca, pueblo natal
de Juárez, una manta dice: “México necesitaba un mesías y ya llegó López
Obrador”. Pero ¿podrá el “ungido” cumplir las expectativas?
Por
todo lo anteriormente dicho y porque López Obrador es un político radical, un fascista
tentado a destruir las instituciones democráticas y alguien que se creyó el
cuento de que realmente es el mesías, podemos asegurar que su primer golpe será
abolir la No Reelección porque un proyecto mesiánico no cabe en seis años, sino
requiere de mayor tiempo.
De
llegar AMLO al poder las desilusiones de las expectativas mesiánicas
sobrevendrán inevitablemente por su incompetencia y depredación, y México, que
le ha costado casi un siglo llegar a la democracia, perderá años irreparables y
será convertido en otro Venezuela. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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