La caída moral, la descomposición
orgánica, la inutilidad como alternancia política son los principales elementos del desastre del Partido de
la Revolución Democrática (PRD), agrupación que hoy está obligada a buscar
cobijo en algún otro partido para no desaparecer, ya sea en el ámbito nacional
o estatal.
El miércoles pasado, aquí mismo (Rumbo al 2018: PRD), decíamos que el PRD
“fue un partido prometedor, que pudo alcanzar la gloria, pero que hoy vive
inmerso en el desprestigio, consumido por conflictos internos, manchado de
corrupción y con una crisis de credibilidad que no la curará ni el tiempo ni el
renacimiento”, al menos no por el momento.
Y, también, decíamos que “los
grupos internos –llamados corrientes políticas- no obedecen a ninguna
ideología, sino a intereses personales y de grupo. Lejos quedó el sentimiento
de lucha por las clases populares y de trabajadores”, que fue en sus inicios la
razón de su éxito y el encumbramiento en la confianza de la sociedad.
Cuando al poeta Jean Cocteau le
preguntaron “¿qué se llevaría si su casa estuviera en llamas?, él respondió que
el fuego. De manera figurada, la corrupción, las luchas internas y el fracaso
como partido en el gobierno (hablo de los estatales y municipales), son el
fuego que está consumiendo al PRD. Pero ¿cómo llevárselo?
LOCALISMOS
La debacle del PRD en Chiapas es el
reflejo de lo que sucede en el partido a nivel nacional.
En 2000, pensábamos que al votar
por el PRD cambiarían las cosas, pero muy al contrario a nuestras esperanzas la
situación de miseria y pobreza extrema no cambió en nada. Era la primera vez
que el PRD gobernaba en Chiapas y lo hizo con tiranía.
Pablo Salazar humilló al
magisterio, encarceló a activistas, líderes sociales y políticos, censuró a la
prensa con la “Ley Mordaza”, encarceló a periodistas, desterró a otros y clausuró
decenas de periódicos en todo el estado. Usó la fuerza pública para someter al
Poder Judicial e imponer a un magistrado presidente a modo. Coaccionó a los
diputados del Congreso local para que aprobaran el desafuero del presidente de la
Comisión Estatal de Derechos Humanos, al que bajo amenazas de muerte obligó a
huir de Chiapas. Y cerró su execrable gobierno con el robo de más de 11 mil
millones de pesos que la federación destinó para reparar los daños ocasionados
por el huracán Stan, en 2005.
Eso es lo que era el gobierno del
PRD y los perredistas.
Juan Sabines Guerrero era del
PRI, pero terminó perredista. Con él fueron seis años (2006-2012) perdidos en
la holgazanería, en el despilfarro, en la fiesta, con funcionarios que atendían
los asuntos de Chiapas desde la cantina, donde se pagaron cientos de millones
de pesos en publicidad para agrandar la imagen del gobernador, que impuso
diputados, alcaldes, dirigentes en todos los partidos –especialmente en el
PRD-, y que heredó al estado una deuda que sobrepasa los 40 mil millones de
pesos, entre préstamos y deuda a proveedores.
Sabines también controló el Congreso
del Estado, reprimió los movimientos sociales y enriqueció a los líderes del
magisterio con cuotas mensuales de 50 mil pesos que cobraban en el despacho de
Nemesio Ponce Sánchez, quien además fue el ejecutor de operativos policiacos
contra campesinos, políticos incómodos y comunidades indígenas, como el caso
Mitzitón, donde hubo muertos, detenidos y decenas de desaparecidos.
Eso es lo que era el gobierno del
PRD y los perredistas. La alternancia había llegado a Chiapas, pero sin que eso
significara algo.
BIENVENIDA
LA FRIVOLIDAD
Por doce años el Partido de la
Revolución Democrática fue un organismo al servicio de los gobernadores.
Juan Sabines Guerrero fue quien
ungió a Alejandro Gamboa López en la dirigencia estatal del PRD, en 2010.
Antes, Alejandro Gamboa vendía
tamales y arroz con leche en una estación de camiones. Y junto con su hermano
Antonio, administraban un cibercafé llamado “La Canica Azul”. Eran miserables. Pero al terminar el sexenio
sabinista, son políticos acaudalados, dueños de mansiones, autos de lujo y con cuentas
millonarias.
Una tarde, Alejandro Gamboa era
anfitrión de una comilona que preparó en una de sus residencias y en medio de
la charla sonó su teléfono celular. Le llamaban del banco. Comenta uno de los
comensales que Gamboa salió a contestar al jardín, y luego de quince minutos
regresó y les dijo: “Me llamaron del banco para decirme que tengo en mi cuenta
180 millones de pesos”. Estallaron en aplausos y risas.
Gamboa López hizo un desastre del
partido. Con dinero del organismo engrosó sus cuentas y muchos de sus
familiares, incluido Antonio, salieron de la pobreza. Asimismo, alimentó
aviadores y trabajadores fantasmas en la nómina institucional.
De acuerdo con Sabines repartió las
diputaciones locales y federales, y las senadurías entre amigos, compadres y
personas recomendadas del gobierno. De esta manera, obtuvieron el respaldo del
Congreso del Estado para aprobar lo que al régimen se le viniera en gana.
En el colmo de la frivolidad, el
día que se le perdió una perra de raza French Poodle, Gamboa López mandó a
tapizar Tuxtla Gutiérrez con la imagen del animal y ofreciendo una suma de
dinero en recompensa para el que la devolviera. Afuera del edificio del PRD,
colgó una lona gigantesca con una foto de “Lola”,
nombre de la perra, con quien jugaba a la pelota, la peinaba y le pintaba las
uñas. El gasto fue desmedido para tan poca cosa, y obviamente fue dinero del
pueblo.
Fue en ese periodo que Sabines metió
a Zoé Robledo Aburto en el Congreso local y lo impuso en la presidencia de la
Mesa Directiva. Así, Sabines solicitaba los préstamos al parlamento chiapaneco
y Robledo los autorizaba, apoyado por la bancada perredista que también estaba a
las órdenes del sabinato, especialmente la ex diputada Alejandra Soriano Ruiz,
que aunque después se rasgó las medias pidiendo cárcel para Sabines Guerrero, fue
cómplice del fraude más monstruoso en la historia reciente de Chiapas.
LOS ESPINOSA
MORALES
Hoy, la dirigencia estatal del
PRD le pertenece a César Espinosa Morales, cuyo desempeño debería ser caso del
Ministerio Público.
Cuando se definieron -¿o
repartieron?- los cargos legislativos para las elecciones de 2015, el líder
perredista abusó de su autoridad en el partido y se postuló por los distritos
1, Tuxtla Oriente; 2, Tuxtla Poniente; 3, Chiapa de Corzo y 11 con sede en
Pueblo Nuevo Solistahuacán.
En el agandalle inscribió a su hermana Olga Luz como candidata uninominal
y plurinominal al mismo tiempo, según consta en el Acuerdo ACU/CECEN/04/405/2015
de la Comisión Electoral del PRD. Cabe mencionar que Olga Luz es directora
general del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de
Chiapas (CECYTECH), con un sueldo que roza los 72 mil pesos mensuales más
viáticos y prestaciones.
Se presume que la que en verdad
manda en el PRD es Olga Luz, quien enfrenta la Averiguación Previa CHIS/TJC/II/088/2015 girada por la PRG
por presuntos delitos de corrupción en contra de dicho centro escolar, donde
además hay irregularidades relacionadas con aviadurías, ascensos ilícitos y
violaciones a la Ley General del Servicio Profesional Docente.
Así como Gamboa López, Olga
Espinosa fue parte de la mafia sabinista, que le solapó las arbitrariedades, el
manejo indebido de los cargos en el CECYTECH y en el PRD, en donde colocó a sus
familiares, amigos y cómplices en la rapiña.
La amistad de Olga con Sabines fue
muy cercana, tanto así que la hizo diputada federal. En los comicios de 2009,
Olga iba por una diputación plurinominal y llevaba de suplente al químico
Carlos Esquinca Cancino. El convenio era que una vez ascendiera ella al cargo
debía renunciar para que Esquinca se convirtiera en el titular. Pero al final
se negó a entregarla.
El día que estaba planeado tratar
el tema, Espinosa Morales se hizo la enferma y no se apareció en la sesión. En
cambio buscó a Juan Sabines para que la mantuviera en la diputación. Esto
originó problemas políticos entre Esquinca y Sabines, a lo que el químico (un
político trabajador y tuxtleco comprometido) tuvo que acatar la disposición para
continuar su vida en libertad.
AGONIZANDO
Si en lo nacional el PRD está
enfermo, en Chiapas está agonizando por culpa de la mediocridad y la rapacería,
por la anarquía.
La casa está llamas. El PRD es solamente
un cascarón. No tiene credibilidad ni simpatía con la gente. Así, ¿queda alguna
esperanza para el perredismo chiapaneco en 2018? Sí, la de la desesperación, la
de la piedad de los otros partidos o morir con dignidad. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
Comentarios
Publicar un comentario