BAILAR CON LA MÁS FEA


Cuando decimos que “le tocó bailar con la más fea” siempre nos referimos a alguien que tuvo la mala fortuna de lidiar con una tarea desagradable y sin posibilidades de tomar una mejor. Lo mismo podemos decir de un gobernante que tiene por obligación responder o solucionar los problemas heredados por sus antecesores. Es decir, que sin parte ni suerte, tienen que sacar a bailar a la gorda de lentes llena de acné.

Fernando Castellanos Cal y Mayor, alcalde de Tuxtla Gutiérrez, es uno de ellos al que le tocó bailar con la más fea. ¿Por qué? 

Tuchtlán, que en lengua náhuatl significa “lugar donde abundan los conejos”, es una ciudad cosmopolita de gran riqueza cultural, histórica, cuna de personajes ilustres como don Jaime Sabines o su abuelo Joaquín Miguel Gutiérrez, o Laco Zepeda, o Fernando Castañón Gamboa. También es la sede política y económica del estado, fundada a las faldas del Cerro Mactumatzá donde al mediodía su gente toma pozol de cacao con manguito verde y por las tardes baila al son de la marimba o va al cine en uno de sus tantos centros comerciales. Por la noche sus calles cobran vida entre luces de neón, música y juventud.

Los zoques prefirieron llamarla Coyatoc (Casa de conejos), que desde el 11 de agosto de 1892 es definitivamente la capital de Chiapas por determinación del gobernador Emilio Rabasa.

A pesar de su rostro bello y de vanguardia, Tuxtla no ha sido siempre una ciudad dedicada a la transformación diaria de sus habitantes. Lo que la hermosea es tan solo una máscara. Cúmulo de obras públicas con fines demagógicos, políticos, electorales. Porque como decía mi abuela, “arriba el lujo y abajo el tufo”, debajo de esa supuesta modernidad está el desastre, una comunidad pletórica de problemas, endeudada, con daños ecológicos, con carencias básicas: herencia de los gobiernos de por lo menos treinta años.

SABINES: LA PESADILLA

En cualquier lugar donde el pueblo es discriminado, los políticos triunfan al proponer la fuerza de un proyecto de gobierno que venga a deshacer los dolores del pasado, pero siempre con afán electorero. Porque una vez en el poder dicho proyecto se vuelve un amasijo de promesas incumplidas y esperanzas frustradas. En una estafa.

Víctor Lustig fue un estafador que se conoce por haber realizado la hazaña de vender la Torre Eiffel en dos ocasiones. Proeza similar a la de Juan Sabines Guerrero que nos vendió la misma mentira dos veces, una como candidato a presidente municipal y otra a gobernador del estado. Fue un aspirante convincente, de buen apellido, de casta política, pero un gobernante caco.

Actualmente Juan Sabines es un ser de pesadilla. Cuando menos nos lo esperamos está presente en una calle destruida, en una lámpara rota desde el 2005, en una tubería averiada, en una colonia abandonada, en un desagüe taponeado, en un escándalo de corrupción, en un vertedero de basura que daña la ecología, en una esquina o en un parque convertido en centro de prostitución, en una avenida atestada de vendedores ambulantes, en una cantina sin permiso, en empresas extrajeras que vinieron a Tuxtla a enriquecerse con el dinero de los tuxtlecos, etcétera.

Antes de retirarse de la presidencia municipal para hacer campaña al gobierno del estado, Juan Sabines firmó un convenio de prestación de servicios con el consorcio español Proactiva Medio Ambiente, S.A. de C.V. por un monto superior a los 116 millones de pesos, con una duración de veinte años a partir de 2006.

Dicha empresa se comprometía a brindar un servicio de calidad, eficiente, con asistencia tecnológica, oportuno y cuidando los recursos naturales de la región, incluyendo la recolección de los residuos sólidos municipales, el barrido de calles, la construcción y operación de una planta de transferencia, otra de reciclaje y un nuevo relleno sanitario, además del cierre del viejo vertedero. Pero todo quedó en el dicho. No cumplió.

En el contrato, Juan Sabines pactó entregarle a PROACTIVA el relleno sanitario de 40 hectáreas que colinda con el predio San Martín Mujular, que hoy por la negligencia de la empresa española se está viendo afectado por la filtración de los contaminantes que afectan ríos, flora, fauna y vida humana, porque las corrientes de agua del lugar desembocan en el Río Grijalva del que diariamente se bombean millones de litros de agua para abastecer a cientos de colonias en Tuxtla Gutiérrez.

Sabines Guerrero le concedió infinidad de privilegios a PROACTIVA, entre estos la exclusividad en el servicio y un contrato multimillonario. Jaime Valls Esponda, Seth Yassir Vázquez Hernández y Samuel Toledo Córdova Toledo continuaron con la estafa. Éste último, Toledo, al término de su periodo dejó una deuda con la empresa de más de 150 millones de pesos, adeudo desde septiembre de 2014 a septiembre de 2015, lo que provocó una crisis sanitaria durante los primeros días de abril del año pasado cuando la empresa se negó a recolectar la basura por falta de pago.

¿Dónde está el fraude? Primero, en la falta de cumplimiento del contrato por parte de PROACTIVA, que deviene en el deterioro del erario público; segundo, en el precio inflado de los servicios que la misma empresa suministra más baratos en otros estados del país; tercero, en una cláusula que especifica que en el caso de que el gobierno municipal decida cancelar el contrato antes de tiempo deberá indemnizar a la compañía con mil millones de pesos y, cuarto, se presume que Juan Sabines Guerrero y Jaime Valls son socios de dicha corporación.

Otra estafa de Juan Sabines fue el proyecto “Agua para todos, todos los días”, que lo hizo su bandera de campaña política a la presidencia municipal.

SMAPA ha estado siempre en números rojos porque cada alcalde lo utiliza como caja chica, y por eso nunca hay dinero para reparar las fugas de agua, las alcantarillas, ni para extender el servicio de agua potable a las colonias de la periferia de la ciudad. Tampoco para modernizar las instalaciones, las tomas y los ductos del drenaje. Esto como paréntesis.

“Agua para todos, todos los días”, fue un proyecto que nació como un acto de justicia social para dar respuesta a la más sentida demanda de los tuxtlecos, que al final resultó ser un mega fraude valuado en cientos de millones de pesos.

Sabines Guerrero, siendo ya alcalde de la capital de Chiapas, solicitó un préstamo al Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (BANOBRAS) a través del Congreso del Estado para llevar a cabo el proyecto. Sabines aseguraba que al concluirse la obra “cualquier día de la semana, cuando abran la llave del grifo, habrá agua” (sic).

Al paso de los meses, BANOBRAS le concedió a Juan Sabines un monto por más de 500 millones de pesos para realizarlo, pero nunca se hizo la inversión, no hubo infraestructura, ni bombas, ni construcciones de tanques de almacenamiento, ni plantas de tratamiento, ni subsistemas y mucho menos agua para todos, todos los días.

Por otro lado, se presume que Juan Sabines Guerrero utilizó los recursos de la obra para financiar su campaña electoral al gobierno del estado. Para indignarse a gusto.

CASTELLANOS Y LO IMPOSIBLE

Ahora ya sabe por qué a Fernando Castellanos le tocó bailar con la más fea. Pues heredó un gobierno que se dedicó a empeorar los males de la sociedad tuxtleca, a dilapidar los recursos públicos, a dar rienda suelta a sus deseos y frustraciones. Dejando a la deriva a toda una comunidad que hoy exige solución a los problemas que no son propios del presente, sino del pasado.

Es entendible el mal humor social originado por la escasez de agua potable y el pésimo servicio en la recolección de basura. Pero, ¿es viable cancelar en estos momentos el contrato con PROACTIVA cuando se necesitan mil millones de pesos para hacerlo? Además, el gobierno municipal no tiene ese dinero.

En el otro caso, ¿cómo resolver treinta años de atraso, indiferencia e ingobernabilidad? Es casi imposible, sobre todo cuando la crisis económica del país está golpeando en todas partes, y por eso la lentitud en la solución y respuesta a los conflictos. Sumemos, pues, el recorte presupuestal de 5 mil 200 millones de pesos que Chiapas tuvo este año y que en gran manera está afectando a Tuxtla Gutiérrez.

Sin embargo, las horas y las palabras del alcalde Castellanos Cal y Mayor son distintos: prometió un gobierno hecho con la gente y por la gente y lo está cumpliendo. Hay que confiar.

Pero como gobernante Fernando Castellanos no debe ser omiso, debe hacer hasta lo imposible por hacer justicia. Sabemos que no es un policía para meter a la cárcel a Juan Sabines Guerrero, pero sí puede luchar y exigir que los crímenes contra la sociedad tuxtleca no queden impunes. ¡Chao!

@_MarioCaballero

yomariocaballero@gmail.com

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