“Es preciso no dejarse llevar a
engaño: ꞌ¡No juzguéis!ꞌ, dicen, pero ellos mandan al infierno a todo lo que les
estorba”, es una frase de Nietzsche que se ajusta bien a los partidarios de MORENA,
ese partido que se hizo parte del patrimonio no revelado de Andrés Manuel López
Obrador en su declaración 3de3.
Si muchos mexicanos creen que AMLO
es el salvador que necesita el país para ser liberado de las cadenas de la
opresión y el mal gobierno; los de Morena creen hasta la necedad que es un dios,
su dios (con minúscula). Si algo hay que reconocerle a López Obrador es la
capacidad de reconstruirse en la mirada y la mente de los demás, quienes
despejan de él toda la podredumbre, la cochinada y la falsedad que lo rodea,
para verlo con un aura de bondad, como un símbolo de la esperanza.
El senador chiapaneco, Zoé
Robledo Aburto, que recién traicionó a su partido para unirse a Morena en un
descarado y evidente oportunismo, dijo de Andrés Manuel que “México necesita un
líder que la gente siga por convicción no por conveniencia, que no ha cambiado
su manera de vivir, que ha hecho de la honestidad un ejemplo para quienes
queremos estar a su lado”. A Zoé Robledo no podemos culparlo sólo de ser
cómplice de la estafa, sino también por la necesidad de mentir.
AMLO engaña a sus discípulos y
los utiliza para su causa, y aunque muchos se dan cuenta de eso de igual forma
lo permiten. Pero un caso en verdad patético
es el del legislador chiapaneco Guillermo Rafael Santiago Rodríguez, que desde
la Cámara de Diputados se ha erigido como un pequeño mesías, gritón e
insolente, que a fin a Morena y al propio estilo de López Obrador censura,
critica, reprende, humilla y calumnia a todos los que no simpatizan con el dios
AMLO y su partido.
Se sabe que la política de
nuestros días está representada por jóvenes, pero no es la situación de
“memito”: un muchacho engallado y bravucón que puede tener más éxito en la barra
de espectáculos de Televisa que en la política, pues es tan ignorante como Ninel
Conde e igual de escandaloso que Niurka.
MAJADERO
SUERTUDO
Emblemático. “Memo” es el
hipocorístico de Guillermo, pero también significa tonto, simple, necio, bobo.
Hay veces que el nombre de las personas les queda como anillo al dedo. Hecho a
la medida.
Guillermo Santiago Rodríguez es
originario de la ciudad de San Cristóbal de las Casas. Dice ser amante de la
lectura y la natación. Ingresó a Morena en 2012, durante la campaña de López
Obrador participando con un grupo de jóvenes que se hacían llamar “Morenaje”.
Antes de eso era un empleado de hotel que de pronto sintió curiosidad por la
política al ver por televisión la marcha del movimiento #YoSoy132, nutrido en
su mayoría por estudiantes universitarios.
De ese tiempo al 2015, era un
perfecto desconocido para la sociedad. A lo máximo que había ascendido era al
nivel de Secretario de Organización del Comité Municipal del partido en su
ciudad natal. Sin embargo, desde el 1 de septiembre de 2015 es diputado federal
plurinominal que, según sus declaraciones, obtuvo mediante el proceso de insaculación (del latín “poner en un
saco”) que instituyó AMLO y Morena para escoger a sus representantes en el
Congreso de la Unión. Dicho de otro modo, se rifaron las curules.
El país está divido en cinco
circunscripciones electorales, y Chiapas pertenece a la tercera junto con seis
estados más del sureste. Así que en Morena en lugar de elegir mediante consenso
a los políticos más idóneos y preparados se les hizo fácil colocar en una
tómbola los nombres de diez personas, cinco hombres y cinco mujeres, para
repartir las diputaciones plurinominales que le correspondían por ley, y el de
Memo salió en quinto lugar.
Fue un golpe de suerte. De otra
forma, no hubiera podido acceder al cargo, pues no es un político debidamente
formado, sino un principiante, ignorante del trabajo legislativo y de las
necesidades del estado, una persona inculta que abandonó la carrera Ciencias de
la Comunicación en el séptimo semestre en la Universidad Autónoma de Chiapas. Es,
con todo rigor, un suertudo y nada más.
En 2014, ya afiliado a Morena,
colaboró en las manifestaciones estudiantiles que se oponían a la reelección de
Jaime Valls Esponda en la rectoría de la UNACH. De estar en las aulas pasó al
griterío en las calles, al bullicio, a la grilla barata e infame. Pero para
Rafael Santiago eso era hacer política, que -consciente o inconscientemente- seguía
los pasos de AMLO, quien por estar en la “protesta” tardó 15 años (1973-1987)
en terminar la licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública, y
se graduó con un promedio de 7.72.
AMLO
ES MI DIOS
Sin pensamiento propio, imita a
López Obrador en el discurso mesiánico: “Aborrezco a los legisladores y
legisladoras que se dedican nada más a robarle al pueblo. Sé que hay mucha
expectativa por mi edad, pero se equivocan, porque soy una persona con
convicciones y el equipo que tenemos somos personas honestas y no estamos buscando
el poder, estamos buscando realmente cambiar al país”.
Y hasta utiliza las mismas
palabras: “Sabemos muy bien que la mafia
del poder -como le decimos- ha tratado de cooptar a todos los demás
partidos”. Imitar en la política es para fracasados. México necesita
personalidades nuevas, que sepan hacer política de manera diferente, con
propuesta, con inteligencia. No requiere que se multipliquen los tiranos que
han hecho del presupuesto un botín para enriquecerse. Lo cierto es que cada
quien se destruye a su manera, unos se alcoholizan, otros se drogan, y algunos
como Memo imitan lo inservible.
Quizá por falta de madurez
Guillermo Santiago no se da cuenta que Andrés Manuel es un digno representante
de la izquierda retrógrada
latinoamericana, que se autoproclama estadista y apasionado creyente de que en la
reducción del gasto público está la varita mágica para resolver los problemas
económicos de México.
Por creer ciegamente en AMLO,
Memo gana 36 mil de los 148 mil 375 pesos mensuales del sueldo que le
corresponde como diputado. ¿Por qué? Porque Memo donó la diferencia a la caja
de Morena, que supuestamente construyó un fondo de becas para universitarios.
El niño no sólo es ignorante, sino ingenuo.
¿Sabrá el diputado más joven del
congreso que López Obrador utiliza ese dinero en su persona y no en acciones
altruistas? ¿O acaso cree que los supuestos cincuenta mil pesos que gana de
sueldo en el partido le alcanza para hacer campaña todos los días, cosa que ha
venido haciendo desde hace catorce años? ¿O de dónde cree Memo que AMLO
mantiene a su familia con un nivel de vida digna de príncipes, con su hijo
paseándose por Europa, con fiestas diarias y comprando ropa en boutiques
exclusivas? Obviamente, del sueldo que mutila de todos los funcionarios, alcaldes
y diputados de Morena en todo el país.
El legislador Santiago Rodríguez
aseguró no convertirse en un levantadedos,
pero dejar que el pejelagarto abuse
de él es peor que eso.
Dice Guillermo Rafael: “Admiro a
Andrés Manuel López Obrador por sus fuertes convicciones y su honestidad”. Empero,
una persona como AMLO que esconde sus bienes, transfiriendo parte de su
propiedad a sus familiares, para simular pobreza no es honestidad. Que tuvo
personas corruptas en su gobierno en la Ciudad de México, algunas encarceladas
por peculado, y haber realizado obras sin transparencia, tampoco es honestidad,
sino corrupción. Un hombre que mete a familiares en cargos del partido y en las
nóminas de los gobiernos de Morena, no es de una persona con fuertes
convicciones, sino con falta de integridad, moral y honestidad.
EL
GRITERÍO
Por sentido común es obvio que la
cruzada que hace en estos momentos Guillermo Santiago Rodríguez con el tema de
la salud en Chiapas no es por convicción propia, sino en obediencia a las
órdenes de López Obrador quiere desestabilizar el estado con claros objetivos
electorales. Por eso vemos a Memo atacar a los legisladores, al gobierno, y lo
hace con impunidad porque miente, inventa cosas, tergiversa las cifras y
amedrenta a la sociedad.
No
tiene la culpa el diablo, sino el que lo hizo su compadre: Guillermo nada más es
un títere.
No hay peor ciego que el que no
quiere ver. Una y otra vez los medios han desenmascarado a López Obrador, pero
esto importa poco. Sus seguidores no quieren la verdad. De ahí que el diputado
Guillermo Santiago Rodríguez, como tantos más, se preste al chantaje y al juego
de quien por tercera vez irá por la Presidencia de la República, pero con su
propio partido y bajo su control absoluto. ¡Chao!
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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