Elegido
presidente del Congreso del Estado el 01 de octubre de 2015, Eduardo Ramírez
Aguilar admite con modestia que el esfuerzo, la dedicación, la constancia,
guiado siempre por Dios y el consejo de sus padres, es lo que le ha permitido
hacer una carrera política prominente.
“Lalo Ramírez”, como todos lo
conocen, tiene 39 años de edad y es originario de Comitán. Es el menor de los
seis hijos que procrearon sus padres Oscar Ramírez Blanco y Natividad Aguilar
Velasco.
Con
una infancia y juventud difíciles, hombre que sabe del trabajo y de la
disciplina, fervoroso de la familia y educado en sólidos valores morales, desde
el Congreso está estimulando un buen sabor de boca en la sociedad, incluso en
la clase política que reconoce el trabajo que ha hecho en Chiapas por casi dos
décadas.
Concentrado
en los objetivos y con visión estratégica en los proyectos, Eduardo Ramírez
sostiene que ha convocado a todos los legisladores a producir en equipo, a
aportar el mayor esfuerzo posible, sin regateos, para que el parlamento salga
del letargo y se sume a la tarea de construir un mejor futuro para los
chiapanecos.
Y
por ese esfuerzo de ERA nacieron grandes legislaciones como la Ley de Turismo,
pero sobre todo la magna reforma a la Constitución Política del Estado de
Chiapas, su iniciativa, que es una ley
hecha con las voces de todos los chiapanecos, porque es para los chiapanecos, vanguardista,
construida para cubrir las necesidades de esta gran sociedad que por sexenios
fue ultrajada al tener un Congreso sumiso a los caprichos del poder ejecutivo que
legisló para privilegiar a los poderosos, a la clase gobernante, para darle
impunidad a los delincuentes.
Por
la integridad, visión y honestidad de Ramírez Aguilar, este parlamento no es
como los del pasado.
ORÍGENES
Lalo
Ramírez no es un político improvisado, pues comienza sus primeros pasos en la
política en 1994 con apenas 16 años de edad, uniéndose al movimiento Jóvenes por la Paz creado para dar una
respuesta a los acontecimientos que sacudieron al estado en ese año. Considera
que la juventud nunca ha sido un obstáculo para lograr grandes cosas, sino una
oportunidad irrepetible.
Como
todo buen Libra, pues nació el 13 de octubre de 1977, Ramírez Aguilar es
diplomático, idealista y pacifista, cualidades que le han servido a lo largo de
su trayectoria para procurar la paz y el desarrollo desde cualquier posición política.
Es de esas personas que entiende la política como el más valioso instrumento
para servir a los demás sin esperar nada a cambio.
Sus
estudios básicos los cursó en su natal Comitán, para más tarde trasladarse a la
ciudad de Puebla donde estudia la carrera en Derecho en la Universidad
Realística de México. Además de la licenciatura en leyes cuenta con varios
diplomados, una maestría en Derecho Constitucional y Amparo, y un doctorado en
Ciencias Políticas.
Pero
sin lugar a dudas la mejor educación la obtuvo en el hogar. De su padre
aprendió la honestidad, el respeto y el trabajo; de su madre, la disciplina y la
humildad, cuenta que doña Natividad le decía a él y a sus hermanos cuando eran
pequeños: “tienen que salir adelante, tienen que trabajar, tienen que
levantarse temprano”. En consecuencia, Eduardo Ramírez es una persona
bondadosa, luchona y preocupada por el prójimo.
Es
en la época universitaria cuando se decide por el servicio público. A sus 23
años fue elegido síndico municipal y a los 26 es nombrado presidente municipal
interino de Comitán de Domínguez. Ese fue su primer gran reto, gobernar en un
brevísimo tiempo una ciudad sumida en el atraso y falta de oportunidades.
Pero
en el 2008 se le vuelve a presentar la oportunidad de trabajar por Comitán. Hace
campaña política desde muy temprano recorriendo las calles de su ciudad,
tocando puerta por puerta, recogiendo las necesidades y exponiendo su proyecto
a los padres de familia, a las amas de casa, estudiantes y campesinos. Y gana las
elecciones con gran margen de diferencia.
Pero
si lograr el triunfo no fue sencillo, gobernar fue más complicado. La clase
dominante y los opositores le tendieron trampas para dificultarle la
administración del municipio. Sin embargo, Lalo Ramírez sorteó con inteligencia
todas las embestidas. No cayó en el juego de las provocaciones. Hizo todo lo
contrario y lo que mejor sabe hacer: se puso a trabajar, ordenó las finanzas
del ayuntamiento y diseñó un ambicioso plan de trabajo con el pueblo, su
auténtico aliado.
Aquel
joven de treinta años decidido a no fallarle a los comitecos, gobernó con
alegría, eficiencia y de puertas abiertas. Y la gente lo vio con buenos ojos
por las importantes obras que realizó como alcalde, por la rehabilitación de
parques, calles, luminarias y la recuperación de la economía.
Cuando
cumple 34 años se separa del cargo de diputado federal y acepta la invitación
que le hace el gobernador Manuel Velasco Coello (con quien sostiene una sólida
amistad de varios años y una relación de respeto y admiración) de tutelar la
Secretaría General de Gobierno.
Esa
encomienda le permitió palpar las fibras más sensibles del estado, conocer las
necesidades desde las entrañas y saber cómo es la pobreza y el hambre que
golpea en varias regiones de Chiapas. Pero con gran sentido humano, poniéndose
en los zapatos del otro, hizo valiosas aportaciones para mejorar la situación
de desamparo en que vivían miles de familias, así como también contribuir en la
solución de los conflictos políticos, de la tenencia de la tierra, del agro
chiapaneco y religiosos. Siempre proponiendo el diálogo y la cultura de la
tolerancia como vías de solución y reconciliación.
Deja
esa posición tres años después pero con la mira de seguir sirviéndole al pueblo
desde el Congreso del Estado.
EL
COMPROMISO
Inspirado
en el legado de Benito Juárez, Lalo Ramírez está orgulloso de sus raíces y su
integridad política. Como el Benemérito de las Américas, también viene de abajo
y es por los de abajo por los que ha trabajado más, esforzándose, manteniendo
sus ideas claras y firmes para poder ayudarlos y alcanzar las metas.
Como
todo chiapaneco venido de casa humilde conoce qué es la pobreza y los desafíos
que ésta representa. Y de ahí emana esa vocación de servicio que lo distingue
entre los demás servidores públicos y la confianza de la sociedad.
Liderando
el Congreso local ha recorrido los 122 municipios de la entidad en una
provechosa agenda legislativa, llegando en su camioneta a lugares donde ningún político catrín ha llegado. Y así como
se reúne en mesas de trabajo con la clase alta de la sociedad y líderes empresariales,
sociales y religiosos, también lo hace con los artesanos, con los taxistas, con
los profesionistas, con los obreros, con los campesinos y con los indígenas.
En
una gira por La Independencia y La Trinitaria, municipios olvidados por los
gobiernos anteriores, un anciano con sombrero de palma, huaraches de cuero y la
piel curtida por las muchas horas de trabajo bajo el sol, se le acercó y le
dijo: “gracias, hijo, por lo que viniste
hacer”. Ese es sin duda el mejor pago al hombre que de madrugada deja el
cobijo de su hogar para ir hasta las comunidades más alejadas con el propósito
de llevar un mensaje optimista y lleno de esperanza a las familias que anhelan
ser protegidas de sus sufrimientos y escuchados sus deseos de cambio.
El
23 de febrero pasado, en Tonalá, dejó constancia del amor que le tiene a
Chiapas y por el que trabaja desde el Congreso estatal. Que es el Chiapas que
quiere para Yazmín y Renata, sus dos hijas que procreó con Sofía, esa mujer de mil batallas que siempre está
a su lado para apoyarlo en los momentos complicados.
Al
iniciar los foros de consulta para la reforma de la constitución dijo que
“Somos un estado lleno de oportunidades y nosotros debemos servir como ese
motor que impulsa a la economía y al desarrollo social, a la paz y al progreso
de cada familia. Cada uno desde nuestra trinchera podemos trabajar como una
gran familia para llegar más lejos en el progreso de Chiapas, nuestra casa
común”.
Eduardo
Ramírez está haciendo lo que antes creíamos imposible: hacer del parlamento
chiapaneco un recinto comprometido con la causa de los chiapanecos, y lo hace
con aptitud, con vocación, trabajando y sirviendo a los demás.
Así
como sus padres, su esposa y sus hijas, Benito Juárez también debe estar
orgulloso.
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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