A veces las cosas no son lo que
parecen o -muy probablemente- no sucedieron como nos dijeron que sucedieron,
como el Caso Caña Hueca, por ejemplo, que después de haber intervenido los funcionarios
del Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez de súbito tuvo un giro inesperado.
Si ponemos un poco de atención en
los hechos que le siguieron al encuentro de los paramédicos con la joven que
supuestamente fue violada por tres sujetos que la secuestraron en un taxi, fácilmente
nos daremos cuenta que en el desenlace hay una evidente manipulación de parte
de las autoridades municipales y estatales. ¿Por qué? Porque es increíble que
una mujer después de haber sufrido uno de los mayores traumas físicos y
psicológicos, tal sea el caso de la violación tumultuaria, haya no solamente
decidido no denunciar, sino además cambiar la versión de lo sucedido.
Las cosas pasaron más o menos
así: María (la que llamaremos así para proteger su seguridad), de 23 años de
edad, fue auxiliada por paramédicos de Protección Civil la mañana del domingo
23 de octubre, sobre el tramo carretero que conduce a la zona de tolerancia, en
Tuxtla Gutiérrez.
Aterrorizada, María declaró a los
policías que había estado jugando un partido de fútbol en el centro deportivo
Caña Hueca la noche del sábado. Terminó de jugar y salió a esperar el
colectivo. Eran alrededor de las 08:00 p.m. Y estando en la parada, sola y sin
iluminación, dos hombres descendieron de un taxi y la obligaron a subir con
empujones y golpes. Una vez adentro del vehículo le dieron a oler una sustancia
empapada en un trapo que le hizo perder el conocimiento.
Cuando recobró la consciencia los
dos hombres y el conductor del taxi estaban abusando sexualmente de ella. Quiso
zafarse, pero las fuerzas se le escaparon y volvió a desmayarse. Ya era de
mañana cuando volvió en sí. Se encontraba en un barranco, el mismo lugar donde
sufrió la violación. Así que como pudo comenzó a caminar hacia la carretera
hasta que una persona la vio y pidió ayuda al 911.
Cuando los socorristas llegaron,
ella tenía puesto el uniforme deportivo, raspones y una herida en la mano
derecha de la que dijo habérsela provocado ella misma con una botella de vidrio
porque había querido quitarse la vida. Las autoridades después de revisarla la
trasladaron a un hospital para su debida atención y en espera de que hiciera su
denuncia.
Hasta aquí la historia de ese
día.
María y su mamá habían decidido
no interponer ninguna denuncia. Estaban en su derecho. Pero el lunes 24 de
octubre, un día después del crimen, en su domicilio se presentó Jorge Ángel Alcázar
Cancino, coordinador de enlace interinstitucional del Ayuntamiento de Tuxtla
Gutiérrez y encargado del centro deportivo Caña Hueca. Y después de esa extraña
visita las cosas comenzaron a cambiar.
En el muro de su página de Facebook, Jorge
Alcázar dice lo siguiente: “Quiero
dejar muy claro que, como encargado de Caña Hueca, lo que hice fue presentarme
ante ella (María) y su familia para ofrecerle todo el apoyo y ponerme a sus
órdenes en lo que se requiriera de nuestra parte”. Supongo que al decir “de
nuestra parte” incluye al Ayuntamiento de Tuxtla, lo que implica además que fue
con el consentimiento del alcalde Fernando Castellanos Cal y Mayor.
En primer lugar, ¿cómo dio Alcázar con el
domicilio de María? Según sus propias palabras la obtuvo con el número
telefónico que le dio personal de Protección Civil, dependencia que no tiene
ninguna facultad para revelar la información de la víctima. Segundo, ¿por qué
acudió a brindar ayuda?
En un principio, Alcázar llegó a la casa de
María diciendo que era un amigo de la joven que sólo quería ayudar, pero después
dijo que era un abogado y una vez adentro de la casa dijo que era un funcionario
del gobierno municipal. ¿Por qué mentir respecto a su condición? No lo sé, pero
obviamente lo hizo por algo.
Se desconoce de qué habló con María ese día.
Lo cierto es que lo que le dijo -¿o le ofreció?- hizo cambiar de parecer a toda
la familia que de haber decidido en un primer momento a no denunciar, llegó a
la Fiscalía Especializada en Protección a los Derechos de las Mujeres acompañada
de Jorge Alcázar, quien se ofreció a llevarlas.
A la Fiscalía llegaron Selene Domínguez del
Frente Feminista de Chiapas, A.C. y María Enriqueta Burelo Melgar de la
Secretaría Municipal para la Igualdad de las Mujeres, que fueron previamente
avisadas por Alcázar de que María había llegado con él a hacer su denuncia.
Estando ahí María no quería hablar con nadie,
pero la insistencia de Alcázar terminó por convencerla. Así que después de un
largo tiempo en que María estuvo llorando y sin hablar, rindió su declaración ante
el ministerio público.
Y la información que debió quedar en secreto
por estar protegida por la fracción tercera del artículo 46 de la Ley General
de Víctimas, el martes 25 de octubre, un medio de comunicación local se encargó
de hacer públicas las declaraciones de María, diciendo que todo se había
tratado de un malentendido. Y recogió las supuestas palabras de la
joven: “La verdad estoy muy apenada con lo que sucedió, pero quiero decir que
no fui víctima de un delito como se manejó en las redes sociales, estaba
confundida ese día”.
Hasta
el momento, María no ha dado una declaración ante medio de comunicación alguno,
ni se ha confirmado de dónde provino la información que se publicó al respeto y
ni quién fue el que la filtró, pero de ser cierta ¿por qué el repentino cambio
de la versión, que se dio justo después de que Jorge Alcázar visitara a María?
Jorge Alcázar es conocido como un
tipo non
grato, arrogante, insolente, prepotente, que siente que nadie lo
merece. Es de esas personas que no dan paso sin huarache; si no obtiene a
cambio un beneficio personal por el favor prestado, no mueve ni un solo dedo.
Por eso es difícil de creer que
sus intenciones hayan sido ayudar a la víctima. Es más fácil creer que su
visita fue para limpiar la imagen del gobierno municipal, si no para qué la
apuración porque María interpusiera la denuncia y la rapidez en que se difundió
la segunda versión de que no hubo violación, versión que no coincide con las
imágenes que muestran a María con lesiones y una herida producto de un intento
suicida.
¿Tiene las manos metidas Fernando
Castellanos en el asunto? Obviamente sí. Pero lo que hay que entender es que
este el tipo de gente, como Alcázar, es la que gobierna a Tuxtla Gutiérrez,
donde si pasan estas cosas con plena impunidad la mujer nunca estará segura.
Y es esta misma gente, comandada
por Castellanos Cal y Mayor, la que quiere gobernar los destinos de Chiapas en
el 2018. Ya lo veremos.
PARA
MAGDALENA
SIN
NINGÚN INCIDENTE concluyó la evaluación para el
ingreso al servicio profesional docente, donde hubo 12 mil 686 aspirantes. Sin
duda fue ejemplar la actuación del Secretario de Educación Roberto Domínguez
Castellanos y de los subsecretarios Eduardo Campos y Eduardo Velázquez
Hernández, de la federal y estatal respectivamente, que al hacer que se
respetaran los lineamientos de la Reforma Educativa y brindar seguridad y
garantías a los derechos de los concursantes, nos prometen tener a los mejores
elementos para la formación de nuestros niños y jóvenes chiapanecos. Bien por
las autoridades educativas… OTRO DATO del
caso Caña Hueca: El secretario de seguridad pública municipal, al saber de la
joven víctima dijo que “la culpa de que la violaran fue de ella, porque qué
tenía que hacer en ese lugar y a esas horas de la noche (sic). Vaya por este
servidor público… Au Revoir.
@_MarioCaballero
yomariocaballero@gmail.com
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